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En esta época de balances, de mirar lo que deja
la gestión de 2012 en salud, es preciso insistir
en la dramática agudización de la crisis del
sistema de salud en Colombia y en la actitud casi indolente
del gobierno ante esa crisis. No fue un buen año
para nadie.
No fue un buen año para los pacientes que siguieron
padeciendo las dificultades de acceso al servicio y negación
de servicios, hasta de los incluidos en el POS (según
la Defensoría del Pueblo, en 2011 el 67,81% de las
solicitudes requeridas vía tutela en los regímenes
contributivo y subsidiado estaba incluido en el POS). Incluso,
hubo pacientes que pagaron con su vida las dificultades
del sistema, como José Ángel Chíquiza,
fallecido en Bogotá el pasado 16 de octubre al tramitar
la autorización de una diálisis, en un caso
de presunta negación de servicios incluidos en el
POS que debía garantizar la EPS.
No fue un buen año para las EPS, la mayoría
de las cuales registraron caída en sus indicadores
financieros, lo que ameritó la intervención,
liquidación o imposición de la medida de vigilancia
especial de Supersalud por incumplimiento de indicadores
para permanecer en el sistema, especialmente patrimonio
mínimo y solvencia financiera. Si bien en octubre
levantaron la medida de vigilancia especial a 11 de ellas
tras cumplir los planes de saneamiento financiero y administrativo,
el ente de control abrió investigaciones sancionatorias
a otras 9 EPS por presunta reincidencia en incumplimiento
de requisitos de operación. Además, estas
empresas siguen a la expectativa de su permanencia en el
sistema de salud y del rol que asumirán dentro del
mismo, dado que está próximo a salir un decreto
con requisitos mínimos de habilitación y que
según estudio previo, sólo pasarían
2 o 3 de ellas, dijo el Ministerio. También se anuncia
que en la reforma estructural al sistema de salud mediante
ley ordinaria, se modificaría el papel de las EPS.
No fue un buen año para las clínicas y hospitales
del país: todos los prestadores, grandes y pequeños,
públicos y privados, en los pueblos y en las ciudades,
se vieron asfixiados por la grave crisis de iliquidez por
la falta de pago, principalmente de las EPS del régimen
subsidiado y los entes territoriales. Pero fieles a su vocación
de servicio y al compromiso con los pacientes, hicieron
milagros para mantener sus puertas abiertas y no negar
el servicio. Vale resaltar el caso de Antioquia, donde los
prestadores están al límite de su capacidad
de aguante, y pese a insistentes llamados de intervención
al gobierno para que resuelva estos problemas, no han recibido
respuesta a ese llamado angustioso.
Y no fue un buen año para el gobierno. El Ministerio
de Salud tuvo 3 titulares: Mauricio Santa María,
que a principios de año pasó a ser director
de Planeación Nacional, y lo reemplazó la
entonces viceministra de Salud, Beatriz Londoño,
experta conocedora del sistema, a quién sin embargo
reemplazó el presidente Santos por el economista
Alejandro Gaviria, en su intento de ordenar las finanzas
del sistema y de darle un nuevo rumbo.
El caso es que en el sentir de los diferentes actores del
sistema, las medidas del gobierno en su intento de resolver
la crisis se quedaron en meros paños de agua
tibia que no resolvieron los graves problemas que
tienen en jaque al sistema de salud y la expectativa misma
de salud de los colombianos.
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