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La corrupción en el sistema de salud creado por
la Ley 100/93 es crónica y estructural. Una corrupción
institucionalizada y sin castigo: ¿Cuántas
veces oímos de corrupción en el Seguro Social,
ARS, autoridades sanitarias del gobierno central y local,
hospitales públicos, proveedores y aseguradoras?
Que nadie tire la primera piedra, porque TODOS los actores
del Sistema de Seguridad Social en Salud en algún
momento en estos 17 años fueron cuestionados por
indicio de corrupción. ¿Y a quién ha
pagado con cárcel?
Y no es que antes de la Ley 100 todos fueran sanos
y puros. No. Infinidad de veces se habló de
la corrupción en el Seguro Social, institución
que centralizaba la seguridad social antes de 1993. Tanto
así, que se promovió la Ley 100 en aras de
buscar cobertura del servicio de salud para todos los colombianos,
calidad en el servicio y transparencia en el manejo de recursos,
mediante la vinculación del sector privado al sistema.
A 17 años, se reconoce que se ganó en cobertura,
en calidad, en acceso, pero tras lo ocurrido en mayo de
2011, el gobierno mismo reconoce la invasión a la
salud por la mano de la corrupción, en alianzas público-privadas
y en entidades privadas. Desmontar el monopolio público
para llegar al monopolio privado, no fue tampoco la garantía
para evitar la corrupción, cuando allí se
comprueban desfalcos, enriquecimiento ilícito, concierto
para delinquir, cohecho, carrusel, pirámide, un abanico
de delitos al mejor estilo de una Cosa Nostra.
La gravedad de los hechos obliga, en nombre de la decencia
y la eficiencia, a exigir que se establezcan los mecanismos
de control suficientes para evitar que sigan cometiéndose
acciones de corrupción prácticamente institucionalizadas,
en medio de cierta ilegalidad reglamentada desde el origen
y las entrañas mismas del sistema de salud. Mayo
de 2011 marca un hito en el sistema. Y en el Ejecutivo está
que sea un antes y un después.
La escandalosa crisis del sector salud es uno de los episodios
más graves en la historia de la corrupción
en Colombia, y síntoma inequívoco de un mal
que se agudiza: la postración moral que corre paralela
con la decadencia de unas instituciones. Nunca antes, en
el trasegar del desgastado sistema de salud habían
coincidido prácticamente todos los sectores sociales
y políticos en el señalamiento de las causas
del problema y de sus responsables; con diferencias de matices
ideológicos o de simples argumentos técnicos,
todos los expertos y entidades interpretan el fenómeno
como estallido de un problema estructural: el sistema de
salud está mal diseñado, mal concebido, sus
bases filosóficas reposan en principios cuestionables,
muchas veces incompatibles con el bien común.
La corrupción, motivo de las investigaciones, es
un cáncer que hizo metástasis en más
de 8 años de lenta pero segura incubación.
Como tumor maligno, su diseminación afectó
todo el organismo de la salud y tocó a distintos
actores del sistema, prácticamente nadie escapa a
esta crisis moral, pero sí hay unos actores más
comprometidos que otros, que cargan una responsabilidad
mayor y cargarán con más grandes culpas a
la hora del juicio.
La intermediación abusiva en el andamiaje de la salud
es el elemento central; por ende, sus artífices y
usufructuarios son por lo mismo los directos implicados:
las aseguradoras, a las cuales se entregó paulatinamente
un volumen cada vez más cuantioso de recursos de
la salud. Un análisis meramente aritmético
muestra que en 10 años, los dineros del sector aumentaron
de manera muy significativa, y en el mismo lapso se incrementó
de manera geométrica la desviación de los
mismos recursos, se dispararon los recobros de medicamentos
y servicios, se presentaron diversas modalidades de pérdida
de dineros, se profundizó la crisis de hospitales
en especial los públicos, se ahondó el hueco
presupuestal en entes territoriales, se elevó el
gasto de bolsillo, no mejoró de forma sustancial
el acceso ni la condición de salud de la mayoría
de los colombianos, pero sí se engordó la
chequera de las EPS. Así, es muy clara la causalidad
del problema: el cáncer del sistema de salud es consecuencia
directa de su creciente privatización, de la sucesión
de normas que prohijan estos desafueros, y de gobiernos
y entes de control que claudicaron de su misión de
guardianes del bienestar colectivo, pasaron de agache frente
a los abusos y apadrinaron la distracción de los
recursos de la salud.
Sobre todos los responsables, públicos y privados,
pesa una responsabilidad histórica, que ojalá
la justicia pueda determinar con todo rigor y objetividad.
Corruptos de todos los pelambres hicieron su agosto con
recursos oficiales y entes de gobierno los dejaron medrar
a su antojo. En su irresponsabilidad, no se dieron cuenta
del monstruo que alimentaban en sus entrañas: criaron
cuervos que amenazan con sacarnos a todos los ojos. Hasta
en el sector salud, la justicia cojea pero llega, así
haya necesitado más de una prótesis.
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