Las quemaduras
constituyen un serio problema de salud pública a nivel
global. Cada año mueren más de 300.000 personas
por lesiones con fuego y muchas otras mueren por quemaduras
con líquidos calientes, electricidad y químicos.
Además, millones de personas sufren discapacidad o están
desfiguradas por quemaduras severas; quienes sobreviven frecuentemente
tienen secuelas por consecuencias físicas de las quemaduras,
por el estigma y por la discriminación relacionada con
la discapacidad y la desfiguración.
Las muertes relacionadas solo con fuego, figuran entre las 15
primeras causas de muerte entre niños y adultos jóvenes
entre 5 y 29 años. Más de 95% de las quemaduras
fatales relacionadas con fuego ocurre en países en desarrollo.
Por grupos de edades, niños menores de 5 años
y ancianos (mayores de 70), tienen las tasas más altas
de mortalidad por quemaduras con fuego. En Colombia se suma
el problema de lesiones con pólvora.
En países desarrollados se progresó considerablemente
en la reducción de tasas de mortalidad por quemaduras,
mediante acciones de prevención como detectores de humo,
regulación de temperatura de calentadores de agua y pijamas
para niños resistentes a llamas. Además, las mejoras
en la atención de víctimas con quemaduras juega
un papel muy importante. La mayoría de estos avances
en prevención y atención han sido poco aplicados
en países en desarrollo, donde ocurren el 95% de las
muertes por quemaduras.
Con el fin de impactar este problema de salud global, la Organización
Mundial de la Salud puso en marcha el Plan Mundial para
prevención y atención de quemaduras, elaborado
por expertos de 14 países y para ser ejecutado en un
lapso de 10 años (2008-2017). El plan establece la promoción
en términos de soporte, políticas, datos y mediciones,
investigación, prevención, atención en
salud para víctimas y desarrollo de competencias. Pretende
canalizar esfuerzos para mejorar el escenario para la prevención
y la atención, y disminuir significativamente la carga
de mortalidad y sufrimiento por quemaduras.
Estos eventos son aún más trágicos debido
a que las quemaduras son eminentemente prevenibles. Países
desarrollados hacen onsiderables avances en disminuir las tasas
de muerte por quemaduras, mediante combinaciones de estrategias
de prevención ya probadas y mejoras en la atención
de víctimas; la mayoría de estos avances han sido
aplicados en forma incompleta en países en desarrollo.
Si se incrementan los esfuerzos, probablemente lleve a reducciones
significantes en las tasas de muerte y discapacidad.
Entre las principales brechas identificadas en la prevención
y atención de quemaduras sobresalen: la limitada conciencia
sobre el problema, la limitada implementación y aplicación
de políticas y datos inexactos sobre la magnitud del
problema, los factores de riesgo y las consecuencias económicas.
Falta investigación en países en desarrollo sobre
la carga de mortalidad y discapacidad, factores de riesgo y
evaluación del impacto de las intervenciones. Respecto
de la prevención, hay inadecuada aplicación de
estrategias de prevención efectivas e insuficiente evaluación
científica de las estrategias para confrontar los factores
de riesgo. Hay inadecuada atención para el cuidado agudo,
rehabilitación y recuperación a largo plazo de
las víctimas de quemaduras. Además, es insuficiente
el número de personas entrenadas para actividades de
control y asistencia mencionadas.
Se espera que Colombia participe activamente en el desarrollo
del plan propuesto y aproveche esfuerzos multisectoriales, alianzas
y la cooperación internacional
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