MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 10    No. 122 NOVIEMBRE DEL AÑO 2008    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co

Reflexión del mes

“La soledad, el sentirse y el saberse solo, desprendido del mundo y ajeno a sí mismo, separado de sí, no es característica exclusiva del mejicano. Todos los hombres, en algún momento de su vida, se sienten solos; y más: todos los hombres están solos. Vivir, es separarnos del que fuimos para internarnos en el que vamos a ser, futuro extraño siempre. La soledad es el fondo último de la condición humana. El hombre es el único ser que se siente solo y el único que es búsqueda de otro.

Su naturaleza -si se puede hablar de naturaleza al referirse al hombre, el ser que, precisamente, se ha inventado a sí mismo al decirle “no” a la naturaleza-, consiste en un aspirar a realizarse en otro. El hombre es nostalgia y búsqueda de comunión. Por eso cada vez que se siente a sí mismo se siente como carencia de otro, como soledad”.

Fragmento de “El laberinto de la soledad”.
Octavio Paz (1914-1998). Poeta, escritor y ensayista mejicano, Premio Nobel de Literatura 1990.

 

Comentábamos un amigo y yo acerca de la trágica muerte del menor Luis Santiago Lozano (nombre ya grabado en la memoria de la repetidera), y le dije que me parecía que todos en general quisieran que corrieran ríos de sangre de ahora en adelante, la sed de venganza está rebosada y la cosa va muy en serio por este desgraciado evento. No me interesa exponer mi pensamiento sobre las penas mayores o máximas, en su orden, la pena de muerte y la cadena perpetua; simplemente no estoy de acuerdo con ellas, punto. Y adicionalmente le comenté al respecto: "Y que amarillismo tan fastidioso, ¿no?".

Conocido el hallazgo del cadáver empezó el colosal espectáculo de imbéciles payasos con su epicentro en Chía, cerca de Bogotá. Los dos frentes periodísticos eran: Uno, exacerbar al máximo los ánimos del público condenando el hecho, invocando la necesidad de penas máximas al victimario y a todo autor de hechos ultrajantes contra los niños; y dos, hundir el dedo en la llaga hasta lo mas profundo del alma en el dolor y la desesperanza de la familia del niño, invocando un "duelo nacional" y mostrando millones de veces las imágenes del niño en vida y las de su lecho de muerte (el más atractivo).
Había que entrar en detalle a como diera lugar y buscar toda polémica posible. Recuerdo que en la mañana del 30 de septiembre, cuando hallaron en la madrugada el cuerpo envuelto en

un costal blanco, el gobernador de Cundinamarca comunicó a los medios la noticia, y que probablemente se trataba del niño Luis Santiago. Del noticiero del Canal RCN lo llamaron inmediatamente al aire, y en tono de regaño la periodista de brazo ancho y muy disgustada le preguntó: ¿No le parece irresponsable de su parte salir a decir que podría ser el niño sin confirmarlo? ¿No le importaba el dolor de la familia en caso de no ser el menor Luis Santiago? A lo cual, el gobernador respondió: "Simplemente informo que encontramos un niño de las mismas características del niño secuestrado, de aproximadamente 11 meses de nacido...", y luego le dijo a la periodista con toda contundencia, "no le agregue polémicas a esto que no tienen lugar". Este medio de comunicación, preocupadísimo inicialmente por la familia del menor, abogando por ellos, increpando al gobernador en caso de que no fuera el niño y que ya lo estaba dando por muerto, doliéndose de la pobre familia porque les acabaron las esperanzas de que estuviere vivo, horas después se dio un verdadero festín mediático; sin piedad alguna con esa familia les ahondaron su dolor hasta el infinito, todos sus miembros se convirtieron en protagonistas del verdadero "reality" del dolor humano con el mejor rating noticioso.
Entrevistaron al abuelo de Luis Santiago sin que este tuviera chance de negarse, le dejaron el micrófono apuntando al mentón para que se desahogara y no se lo quitaron hasta que no rompió en llanto.

No recuerdo su nombre, un señor de verdad bueno, noble y valioso, ¡que palabras las que dijo!, propias de un verdadero humanista. Pero lo más vil de la entrevista fue el show del reportero (que presenta las noticias del medio día), quién casi derrama lágrima al aire y haciendo “puchero” manifestó que era muy difícil presenciar un reportaje de esa naturaleza. En otras palabras: él se convirtió en la noticia, la vivió, opacó al abuelo; carajo, ¡eso es vivir la profesión! (candidato ya al premio Simón Bolívar).
Comentábamos mi amigo y yo que los periodistas en su inmensa mayoría querían mostrar que estaban de verdad de luto, que el dolor lo llevaban hasta en la ropa (casi todos los presentadores estaban de negro), que en sus manos estaba hacer reaccionar a toda la sociedad ante el hecho más atroz que Colombia en toda su historia ha conocido, lo que desemboca en el otro frente que menciono.

Los réditos políticos están a la orden del día con quienes tramitaban un referendo para adoptar la cadena perpetua en Colombia para el abuso de menores, y muchos fueron mas allá proponiendo la muerte como la mejor opción, y así, los medios entrevistando a todos: la venganza como la nota esencial. De forma ridícula entrevistaban los niños y les pedían opiniones y estos no sabían qué decir; a los mayores les ofrecían el “pantallazo” para que pidieran muerte de la manera más descarnada, y de paso incitando a multiplicar ese clamor. Con la autoría del periodismo se decretó la sentencia a muerte del padre secuestrador-homicida y de sus colaboradores.
Encontré en el www.tiempo. com un artículo maravilloso de algún periodista sensato, titulado: "De amarillista e inadecuado calificaron los lectores cubrimiento de la muerte del bebé Luis Santiago”. Esa fue la opinión de la mayoría de foristas en dicho portal que respondieron a la pregunta de cómo les pareció el seguimiento que los medios le realizaron a este caso. Plasmó mi pensamiento en muy buena parte.
No cabe discusión sobre la gravedad de los hechos: la muerte de un menor, así como el homicidio de cualquier persona, es atroz; hay que reflexionar claro, mirar las verdaderas causas, analizar seriamente si las penas tienen o no la solución, o si son solo un elemento dentro de muchos (muchísimos). Pero no se puede aceptar ni dejar de denunciar el crimen cometido por el periodismo de este país en el manejo de esta triste noticia.
Por una parte son criminales por aumentar infinitamente el dolor de la familia, hicieron absolutamente público todo, la casa era el centro de operaciones, todos los vecinos salían a decir cualquier cosa, el señor Jorge Alfredo Vargas de Caracol Noticias y Vicky Dávila de Noticias RCN transmitiendo rodeados de niños, las imágenes mil veces repetidas de las tías de Luis Santiago corriendo loma arriba para hacer el reconocimiento, otra vez el abuelo… Convirtieron esta familia en los seres desgraciados más conocidos del país, y ni más ni menos tendrán que cargar con ese rótulo toda la vida. Esa familia no tiene por qué padecer más de lo que por desgracia les tocó vivir, sobre todo a cuenta de unos mercenarios sacando provecho: Lograron la audiencia esperada y de remate resultaron ser los más humanistas de todos. Eso no tiene nombre. Son absolutamente irresponsables por los daños que causan, la honra de las personas no es límite para ejercer esa clase de periodismo, y es por ello que personalmente quisiera una condena perpetua a estos periodistas irresponsables (ojo, no cadena perpetua, no se trata de cárcel). Ojalá pudieran cargar a cuestas de alguna manera los daños tan profundos que causan, pero son intocables: la libertad de prensa en Colombia es más sagrada que la vida y honra de las personas. Yo al menos los condeno a perpetuidad por vulgares.
De igual manera son instigadores de la violencia y al homicidio (determinadores), eso también es un crimen. La venganza en nuestra sociedad anidará con mayor frecuencia, las masas se están armando y una turba furiosa es capaz de cualquier cosa. En días no se pudo adelantar ningún trámite judicial de los delincuentes por temor a disturbios, la audiencia iniciada se tuvo que interrumpir porque se iban a tomar por la fuerza los juzgados para hacer justicia por mano propia linchando a los asesinos. ¿Cómo no se va a alentar a la violencia después de armar ese espectáculo? Los habitantes de Chía quedaron a los ojos de todo el país y les instigaban para que pidieran a grito herido la muerte. Eso igual les garantiza a los medios más hechos noticiosos para poder exprimir al máximo el cuento. No me cabe duda que hay un claro manejo de las masas perversamente calculado y pasando por encima del que sea. ¡Qué barbarie! 6

 

“Ya hemos cumplido con esperar”, le dijo esa noche su mujer. “Se necesita tener esa paciencia de buey que tú tienes para esperar una carta durante quince años”. El coronel se metió en la hamaca a leer los periódicos.
“El Coronel no tiene quien le escriba”. Gabriel García Márquez
Venimos escuchando acerca de complicaciones y muertes de pacientes alrededor del mundo debido a medicamentos de origen biológico. Desde hace unos dos años se volvió frecuente la noticia de reacciones fatales de personas tratadas con productos que provienen de países que aunque promocionan insistentemente sus productos como eficaces, seguros y de calidad, en realidad tienen débiles mecanismos de vigilancia y control, lo que los hace en realidad inseguros. Baste recordar un ejemplo dramático, cuando en mayo de 2007 un tribunal chino condenó a muerte a quien fuera director de la Agencia de Medicamentos de ese país entre 1998 y 2005, Zheng Xiaoyu, por autorizar irregularmente la aprobación de producción y venta a centenares de fármacos.

Los medicamentos de origen biotecnológico al contrario de lo que la mayoría cree, no son nuevos, pues su desarrollo proviene de las vacunas, que es sorprendentemente antiguo. La Sociedad Española de Pediatría acota al respecto: “La búsqueda de alguna técnica para hacerse resistente a las enfermedades infecciosas es tan antigua como las propias civilizaciones y su investigación se pierde en los orígenes de los tiempos. Se afirma que la variolización, o transmisión de pústulas de enfermos de viruela, ya se realizaba en la antigua India, pasando luego este conocimiento a China, donde fue desarrollada; entonces ya los médicos chinos espolvoreaban intranasalmente el polvo de pústulas desecadas. Luego se extendería a toda Asia. La introducción en Europa de esta técnica es muy posterior, atribuyéndose a Lady Mary Wortley Montagu, que era la esposa del embajador británico en Turquía y vio cómo la realizaban los turcos. Jenner administró por primera vez en 1796 vacuna de la viruela al niño James Phipps, y a él mismo, resultando protegidos al exponerse a la enfermedad.
Consiguió su descubrimiento por atender las creencias populares y comprobar cómo las mujeres de Gloucester que ordeñaban vacas y se infectaban con la vaccinia de estos animales no enfermaban durante las epidemias de viruela humana”. De ahí proviene la denominación de vacuna, de la palabra latina vacca.
Los biofármacos se diseñan y elaboran con materiales de origen biológico, como microorganismos, órganos y tejidos de origen vegetal o animal, células o fluidos de origen humano o animal, así como los obtenidos a partir de proteínas o ácido nucleico utilizando tecnologías de ADN recombinante. Se utilizan para infinidad de padecimientos crónicos o agudos, sea para uso preventivo, curativo o paliativo, en reumatología, oncología, hematología, neurología, pediatría y muchas otras áreas médicas. A principios de los 80's, la FDA en los Estados Unidos aprobó por primera vez una versión innovadora de Insulina recombinante, y la evolución de los biofármacos ha sido tal, que se considera que dentro de unos 5 años, el 10% de todos los medicamentos será de origen vivo.
Ahora bien, los medicamentos biotecnológicos son extremadamente diferentes a los medicamentos de síntesis química y existe suficiente consenso mundial sobre ésas diferencias: mientras las moléculas de los medicamentos químicos son usualmente pequeñas, las moléculas que constituyen el principio activo de un biofármaco son usualmente complejas y de gran tamaño, siendo su peso molecular hasta mil veces mayor. Mientras la estructura de los medicamentos químicos es usualmente 'rígida', la de los biofármacos es 'flexible' debido a su origen molecular orgánico, haciendo que interactúen de manera activa y reactiva con el organismo del paciente. Por lo mismo, sus procesos de producción, envase, transporte, almacenamiento y dispensación son sensibles, complejos y sensiblemente desiguales. Al tener los biofármacos esa intrínseca y reactiva fluctuación molecular, los hace bastante eficaces terapéuticamente hablando, pero al tiempo, hace necesario que por sus potenciales efectos negativos, en particular los relacionados con reacciones inmunogénicas, deban ser estrictamente desarrollados.
Como es natural, una vez que aparece en el mercado un determinado biofármaco original, alguien intenta copiarlo y cuando obtiene la molécula deseada, como es también natural, trata de introducirlo al mercado. A esos productos se le denomina 'biosimilares', 'stand alone' o 'follow-on protein products' y aunque son parecidos al original, existe suficiente consenso científico que señala que nunca serán iguales. Alrededor de estos productos hay un floreciente negocio en especial en el tercer mundo, que será positivo para todos, en tanto que sus estándares de calidad, eficacia y seguridad sean adecuados.
La EMEA en Europa es la que mayores esfuerzos dedica a evaluar los biofármacos y la OMS promueve que los países tomen decisiones serias al respecto. El doctor José Luis Di Fabio, gerente de tecnología, atención en salud e investigación de OPS/OMS, plantea que además del entendimiento de las diferencias notables entre un medicamento tradicional y un biofármaco, hay otros consensos básicos a considerar, como que, tratándose de productos biotecnológicos, NO EXISTEN genéricos y no se acepta el concepto de Intercambiabilidad terapéutica; que todos los medicamentos de origen biológico (originales o biosimilares), deben demostrar ante la agencia regulatoria que son eficaces, seguros y de calidad, y para ello presentar estudios pre-clínicos y clínicos igualmente profundos y amplios; que no puede pensarse que las exigencias de Agencias de medicamentos para verificar calidad, eficacia y seguridad para estos productos va en contra del acceso de la población a los mismos, y que los Estados deben diferenciar y separar reglamentaciones de medicamentos de síntesis química y de origen biológico.
En Colombia, el Invima y el Ministerio de la Protección Social trabajan juiciosamente desde 2006 para reglamentar este complejo grupo de medicamentos; y no me cabe duda que sea necesario reglamentar sus estándares de producción, registro y comercialización pues su uso es cada vez mayor, tienen mayores efectos negativos potenciales, no existen comparadores o equivalencias entre medicamentos convencionales y biofármacos, proceden en muchas ocasiones de países regulatoriamente inseguros, y se ha visto que el uso de este tipo de productos cuando son irresponsablemente fabricados y comercializados, termina en complicaciones y decesos.
Como para no olvidar que estamos en el surrealista mundo de Gabo, le ha parecido aquí a varios, que debemos esperar mínimo 3 años para que el país se entere que existen los biofármacos, proponiendo que comencemos la revisión para su reglamentación luego de esa 'mágica' fecha y sólo después que en el mundo se terminen de hacer todos los debates al respecto. Como si no existieran ya consensos, como si los riesgos no estuvieran allí y como si pudiera pensarse que el desarrollo médico puede un día concluirse. La oposición a meter en cintura estos productos llegó a tal punto, que cualquiera en el gobierno, la academia o la industria, que plantee la necesidad de reglamentar y controlar lo relacionado con biofármacos, no puede menos que señalársele como agente del mal o representante de intereses comerciales.
Como la sugerencia es que esperemos, como en el caso del Coronel que no tenía quien le escribiera, en 3 ó 5 ó 7 años, estaremos llenos de caldos biológicos traídos de quien sabe dónde, tratando de conseguir sus registros soportados en flacos y escuetos estudios, debido a la inexistente reglamentación. Y claro, los episodios de muertes que se suceden en varios países y que nos cercan, se nos volverán un día realidad, mientras que como el Coronel, estaremos metidos en la hamaca… leyéndolas en los periódicos
 
  Bioética
Luis Santiago y muchos más
Ramón Córdoba Palacio, MD - elpulso@elhospital.org.co

La noticia de la muerte del niño de 11 meses, Luis Santiago, nos conmovió hasta lo más profundo de nuestros sentimientos humanos y cristianos y ¡qué tal si no! Sólo esa falta de reacción sería peor que la misma orden de desaparecer al niño, dada por su propio padre y ejecutada cruelmente por 500.000 pesos colombianos. Sí, esta muerte de un ser humano inocente, de un niño, conmovió al país y despertó un verdadero y noble sentimiento de rechazo y, al mismo tiempo, de solidaridad para muchos. De verdadera compasión, quizás no para tantos. Atentado contra la Nación la llamó el Presidente de la República; crimen contra la humanidad la denominaron muchos periodistas y muchos conciudadanos, y son justos calificativos a tan abominable actuación.
Pero, ¡qué volubles son los sentimientos y los conceptos de los hombres, incluyendo los de aquellos que consideramos “cultos” y que orientan la opinión pública o determinan las leyes que nos rigen! Esos centenares o miles de personas que condenaban el cruel episodio, son las mismas que con ardentía defienden y aprueban que se imponga legalmente el aborto y que, además, consideran que es señal de “civilización” permitir el asesinato de niños aún no nacidos, porque su llegada fue no deseada o fue inoportuna, porque ponen en peligro el bienestar de la madre, o porque padecen anomalías, etc.
Dirán: es por las circunstancias que rodean el asesinato de Luis Santiago. Las circunstancias de esta muerte no son muy diferentes de las vividas en los casos de aborto voluntario. Veamos: en ambos casos la víctima es un ser de la especie humana, inocente e indefenso, cuyo padre o, más cruel aún, cuya madre, o ambos, deciden consciente y fríamente que hay que “desaparecerlo”, es decir, hay que quitarle la vida; en ambos casos se paga al verdugo o sicario para que ejecute limpiamente la muerte de la criatura -y pagan menos que al verdugo de Luis Santiago, al ejecutor del aborto-. Lo único diferente, pero que no atenúa la responsabilidad ética, es que la madre no conoce aún el rostro del niño, pero sabe con certeza que es su hijo y que vive en su propio vientre, donde debería encontrar condiciones de vida y no sentencias de muerte.
Otra diferencia: en el asesinato de Luis Santiago hubo oportunidad para que los medios de comunicación ostentaran su capacidad de informar en directo, de proclamar su repudio a un acto tan atroz y repugnante, hubo oportunidad de expresar sentimientos de solidaridad, de mostrar pancartas, etc. En los casos de aborto voluntario, se ostenta el “espíritu de progreso” -¿es progreso asesinar seres humanos inocentes?-, la inadecuada tolerancia con actos inhumanos en nombre de una sociedad pluralista.
A guisa de conclusión: Asesinar niños, seres humanos, es tan grave éticamente, si se lleva a cabo a los 11 meses de nacido como ocurrió con Luis Santiago, como a las 11 semanas o a cualquier otra edad de gestación del aún no nacido, como ocurre en los abortos voluntarios.
Nota: Esta sección es un aporte del Centro Colombiano de Bioética -Cecolbe-

 











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