MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 10    No. 120  SEPTIEMBRE DEL AÑO 2008    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 


Epicrisis

La “epicrisis” del sector salud
Luis A. Malambo Martínez - Administrador Público- elpulso@elhospital.org.co

Comencemos entendiendo la historia por el principio: la Ley 100/93 no es el origen de la situación actual del sector salud sino tan solo el medio que recoge los instrumentos que obligan a desarrollarlo. Lo que pretende esta Ley es recoger los “tres espíritus”: el espíritu social de la Constitución de 1991, el espíritu económico de la globalización y el espíritu administrativo del Sistema Nacional de Salud (SNS Ley 10/90).
Todo inicia incluso desde antes de la Constitución del 91, por allá a mediados de los 80's. El mundo se globalizaba y Colombia todavía no entraba. Vivíamos en un país proteccionista a la sombra de “Papá Estado”, en donde la ambición de la gente era lograr un buen empleo para poder vivir hasta pensionarse. Ese era el objetivo, el paradigma. En ese entonces, el buen estudiante aseguraba un buen empleo y por eso eran “rapados” por las mejores empresas públicas y privadas. Lo mejor y más codiciado era pertenecer a alguna institución estatal: estudiante de colegio oficial o paciente del Seguro Social (antiguo ICSS), por ejemplo. Cualquier cosa que representara una amenaza al proteccionismo era inmediatamente repelida, tanto así que nos dimos el lujo de rechazar la organización del “Mundial de Fútbol Colombia 86”, porque dizque la platica que había era para la construcción de escuelas y hospitales que igual, nunca se construyeron. Había complementariedad a través de las cajas de compensación auspiciadas por el Estado, que ofrecían educación, salud y recreación.
Los grandes empresarios eran pocos pero poderosos, generaban puestos de trabajo, regalaban becas a los buenos prospectos y a su vez eran protegidos por el propio Estado para mantener los empleos de la gente.
En resumen, el Estado gastaba pero la sociedad no generaba valor económico, pues casi todo lo novedoso venía de afuera (medicamentos, TV color, betamax, automóvil). Vivir así es muy sabroso, pero económicamente contraproducente, puesto que -como en todo-, si se gasta más de lo que se produce, pues el camino es endeudarse ó “poner a funcionar la máquina de hacer billetes del Banco de la República”. Eso era lo que se hacía entonces y por eso también la inflación anual oscilaba entre 25% y 35%.
El gremio de la salud vivía en ese ambiente tan acogedor para quienes tenían empleo, porque estaban afiliados al Seguro Social, a la caja de compensación ó simplemente tenían médico y odontólogo de confianza “a precio según estrato”. Pero también incómodo para desempleados y ‘vaciados’, quienes acudían a la caridad pública poniendo cara de chantaje por aquello del “juramento hipocrático”. Médicos y odontólogos (¡y hasta teguas!), podían vivir de sus consultorios particulares y muchos de ellos trabajaban a su vez en el Seguro Social o en alguna buena clínica particular. Los médicos eran respetados por ese “halo científico” que siempre los ha acompañado, tenían credibilidad y hasta llegaban a fungir como consejeros. Todos soñaban con tener un médico en la familia y -me atrevo a decirlo- la mayoría soñábamos con ser médicos.
Pero llegaron los vientos de la globalización en 1986-87 y el Estado comenzó a transformarse para dejar de ser tan proteccionista y más bien convertir a sus ciudadanos en “productores autosostenibles” y a las instituciones en “entidades promotoras” de generación de valor, todo con el fin de involucrarse dentro de la competencia del mercado mundial. ¡Ah!, pero eso sí: sin perder el espíritu social que es lo que tiene gracia.
El sistema de salud
realmentenunca ha estado en
“cuidados intensivos”, pero
su carácter social si.
El sector salud tuvo entonces que transformarse y se hizo en dos fases:
1) “Organizando la casa” dando cabida a todos los actores públicos y privados (léase hospitales de toda clase, profesionales de la salud, técnicos y auxiliares, empresarios, etc.) para asegurar “valor agregado social”. Se hizo a través de la Ley 10 de 1990 mejor conocida como el Sistema Nacional de Salud SNS;
2) “Organizándose como negocio” para asegurar “valor agregado económico”. Se hizo a través de la Ley 100/93, mejor conocida como el Sistema General de Seguridad Social (SGSS) que -dicho sea de paso-, no sólo organiza el negocio de la salud sino el de pensiones y riesgos profesionales que son otro cuento, aunque son conexos.
Cuando comenzó, todos estábamos felices porque parecía un juego gana-gana. El cambio era (y sigue siendo) seductor: un sector salud “saludable”, al cual todo ciudadano puede acceder, bajo un esquema de autocontrol administrativo y de supervisión estatal, generador de bienestar y empleo… Mejor dicho, ¡una belleza!
Pero, ¿qué pasó? Pues que el modelo podrá ser muy bueno en teoría, pero muy malo cuando el dinero es más importante que la gente. En otras palabras, tanto ciudadanos como profesionales de la salud pasaron de ser personas a ser fichas para ganar dinero, lo que cambió por completo el espíritu social. Muchos médicos, odontólogos, bacteriólogos -antes tan admirados- pasaron a ser vergonzantes (taxistas, vendedores y hasta administradores). Y los usuarios dejaron de ser pacientes, para convertirse en “cuotas de producción”.
¿Qué hacer entonces?
Pues innovar, crear mercado y
generar valores que otros no ofrezcan.
Aprovechar el conocimiento y la
experiencia acumulada para generar
productos novedosos.
Y, ¿por qué pasó? Pues porque el nuevo Estado (Constitución de 1991, social y descentralizada), exige competencia para tener cabida en el mercado global. Los gobiernos de turno pusieron a competir a la gente de la salud contra las EPS, a las malas y sin saber cómo, pero eso sí, con “anestesia”, haciéndonos creer que era la panacea. Fue igual que armar una pelea de boxeo entre, supongamos, el Dr. Llinás vs. Mike Tyson. Éste podrá subirse al ring armado de su inteligencia, pero de ahí a que le resista un combate a aquel….
Igual sucedió con la mayoría de pequeños consultorios, médicos y odontólogos de barrio, que salieron del mercado por asimetría en la competencia o sencillamente porque fueron absorbidos por la infraestructura del SGSSS, pero en las condiciones que impusieron los nuevos “capos del negocio”, es decir, los empresarios de la salud (léase EPS y ARS). Algunos como el Dr. Patarroyo prefirieron emigrar y otros se quedaron, pero sin saber lo que les corría pierna arriba. Entretanto, la ciudadanía perdió al “médico amigo de costo accesible” y empezó a sentir una horrible sensación: la sensación de estafa. Todavía es común encontrar el siguiente reproche por quienes tienen que acudir a los servicios de salud: “Que pereza tener que ir allá a lo mismo: a pagar una cuota moderadora, esperar mínimo 1 hora para que me vean en 5 minutos y me receten lo de siempre: antibiótico con ibuprofeno que debo comprar con otra cuota moderadora…. y para colmo, casi nunca hay. ¡Vuelva en 3 días hábiles a ver si de pronto ya llegaron! Así le dicen a uno”.
El sistema de salud realmente nunca ha estado en “cuidados intensivos”, pero su carácter social si. El ambiente es feo y suena francamente ofensivo escuchar a las EPS decir que tienen dificultades económicas, a las EPS-S glosando cuentas por cualquier estupidez para dilatar pagos o al gobierno nacional más preocupado por el recaudo vía PILA y la privatización, que por el bienestar tanto de pacientes como de profesionales de la salud.
Con el esfuerzo de todos, el
sectorsalud puede volver a adquirir
su espíritu social: así como vamos,
en poco tiempo no estaremos
hablando de “sector salud”
sino de “Cartel Salud”.
Así están las cosas hoy en el sector salud. Su “historia clínica” diría: “…ingresó por Consulta Externa a mediados de los 80's, entró a cirugía reconstructiva SNS el ene/10/90, estuvo en observación durante 16 meses al cabo de los cuales se le formuló Constitución/91, estuvo en observación durante 20 meses, volvió a entrar a cirugía SGSSS el dic/23/93. Una semana después, el ene/01/94 se dio de alta con una dieta “descentralización” y un tratamiento vitamínico con el medicamento “Vuélvalo Negocio” de Laboratorios EPS & ARS. Durante los primeros meses no hubo complicación, pero de repente el paciente ha venido a consultas con la siguiente sintomatología: estancamiento en el crecimiento, falta de apetito social, hiperactividad en el brazo privatizador, retención de líquidos financieros, intolerancia gástrica a ciertos alimentos tales como “inversión” ó “gratuidad”, sed compulsiva del tipo “todo lo cobro”. Se ordenaron los exámenes de rigor (se anexan los elaborados por el laboratorio “Opinión Pública”) que arrojó los siguientes resultados: 1) “Glóbulos gente” estresados, debido al exceso de “plaquetas-trámite” del sistema inmunológico. 2) Producción de Insulina-Profesión-Salud en niveles peligrosamente bajos debido a regulares niveles de los minerales “Hierro de Innovador”, “Calcio de Emprendedor” y “Zinc de Empresario”. 3) Déficit de proteínas “Investigación Científica” y “Estímulos Profesionales”. 4) Buenos niveles de vitaminas “E”-xperiencia y “C”-onocimiento. Epicrisis: el paciente es “buen negocio” pero con pocos ganadores y sigue en observación. Se remite al especialista en innovación y se le recomienda una dieta rica en “Liderazgo”, “Economía Global” e “Ideas de Negocio para la Salud”, para evitar una DIABETES TIPO COLAPSO SOCIAL. Debe seguir en observación...”.
¿Qué hacer entonces? Pues innovar, crear mercado y generar valores que otros no ofrezcan. Aprovechar el conocimiento y la experiencia acumulada para generar productos novedosos. Ideas hay muchas estoy seguro, pero de alguna forma hay que arrancar para volver a dignificar al profesional de la salud y por ende al ciudadano. Con el esfuerzo de todos, el sector salud puede volver a adquirir su espíritu social: así como vamos, en poco tiempo no estaremos hablando de “sector salud” sino de “Cartel Salud”.
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