MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 9    No. 104  MAYO DEL AÑO 2007    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 


¿En qué están los indicadores
de salud en Colombia?
Juan Carlos Arboleda Z. - elpulso@elhospital.org.co

Cuatro muertes por rabia en Santa Marta, un brote de sarampión en la frontera con Venezuela, por lo menos 7 niños muertos en Urrao (Antioquia) por tos ferina, 7 personas fallecidas por rickettsiosis en Córdoba, entre muchas otras, son cifras que saltaron a los medios de comunicación este año y calificadas en su mayoría como “casos aislados” por las autoridades de salud del país, tratados con las mismas medidas: comisiones investigadoras, acciones de reacción, regaños a autoridades locales, “activación de alarmas” en el Ministerio de la Protección Social... Pero, más allá de cada caso puntual, todas las situaciones comparten una característica: podrían haber sido evitadas, por lo que cabe preguntar: ¿No están funcionando las herramientas de alerta temprana?
En foro realizado en Medellín, convocado por Asmedas, el director de Salud Pública del Ministerio de Protección Social, Lenis Urquijo, propuso trascender la discusión de los datos y darle un enfoque integral a la Encuesta Nacional de Salud 2005-2007 como un instrumento periódico y sistemático para complementar la información que no dan los registros permanentes; así, se convertiría en una fuente para el análisis de la situación de salud de Colombia, con mediciones poblacionales de morbilidad, discapacidad y riesgos, relacionándolos con el uso y gasto en servicios de salud.
Problemas desde el corazón
Pero otros análisis muestran que el problema no es la inexistencia de los datos sino su calidad y la forma de utilización. Para Román Restrepo de la Facultad Nacional de Salud Pública de la Universidad de Antioquia, el problema parte del diseño del sistema con un corazón financiero, que debe responder casi al día por asuntos como cambio de régimen de aseguramiento, opacando otros indicadores: ”Aunque exista el riesgo de una epidemia, siempre será más importante la otra información, porque de por medio están los recursos, ya que un sistema de aseguramiento se avala por la cantidad de gente asegurada, independiente de que esté aliviada o enferma”.
A esto se suma el interés natural del Ministerio por mostrar buenos resultados, lo que lo lleva a presentar cifras con manejos lícitos matemáticamente, pero que no reflejan toda la verdad, según el doctor Restrepo: “El Ministerio compara una situación actual con otras dadas alrededor de 2002; el interés político es evidente, pero hacer un corte estadístico alrededor del año 2000 puede mostrar descensos o ascensos: cuando usted coge desde los 80 o 90's, descubre que ese descenso no es real ni marca tendencias, sino que es un momento puntual, y frente a comportamientos variables con subidas y bajadas, se toma el fragmento en bajada para ser mostrado, pero la tendencia general muestra un aumento; no se dice mentiras, pero tampoco se está diciendo la verdad, porque el problema no son los números”. Esta situación se origina por cuanto al sistema de aseguramiento le interesa mostrar las cosas que pasan a su alrededor, sacrificando las que nos son su interés central, y así un caso de sarampión o tuberculosis es “ocultado” fácilmente con decir que en el último año se afilió un millón más de personas al régimen subsidiado.

Bogotá tiene coberturas alrededor del 98% y una población
de 7 millones de habitantes; esa cifra arrastra estadísticamente
al resto del país, que podría estar por el 50%, incluso regiones
como el Chocó solo alcanzan coberturas del 25%,
pero el resultado de la capital arrastra numéricamente,
sin significar mayor protección en salud
Otro problema es manejar como cifras oficiales promedios nacionales que desvirtúan la real situación de salud del país. Un ejemplo sencillo es el tema de vacunación: Bogotá tiene coberturas alrededor del 98% y una población de 7 millones de habitantes; esa cifra arrastra estadísticamente al resto del país, que podría estar por el 50%, incluso regiones como el Chocó solo alcanzan coberturas del 25%, pero el resultado de la capital arrastra numéricamente, sin significar mayor protección en salud, convirtiéndose en un peligroso juego matemático. “En vacunación nos dicen 'vamos muy bien', porque las cifras muestran coberturas alrededor del 80%. Eso no significa estar bien, por el contrario: muestra una amplia población en riesgo; al mirar dos años atrás, que estábamos en 65%, se evidencia que se están haciendo esfuerzos, pero al tomar el período desde 1980 se ve que el país tuvo cifras más altas y sostenidas hasta 1994; el Ministerio dice que nos estamos recuperando, sí, pero eso no significa que no estemos en riesgo. Por eso es arriesgado que el Ministro diga que en vacunación vamos muy bien: le puede aparecer un brote enorme, porque con diferencias tan grandes pueden presentarse epidemias en sitios donde se concentra toda la vulnerabilidad”, explicó el doctor Restrepo.
Otra consecuencia de la globalización
La tendencia de los indicadores en salud a privilegiar la actividad lucrativa y mostrar un empobrecimiento en su construcción y en lo que indican, obedece según el profesor Álvaro Franco de la Facultad Nacional de Salud Pública, a la lógica del modelo de globalización basada en sacar ganancias de los sectores sociales, situación que rebasa la responsabilidad del Ministerio y lleva a cuestionar el modelo de desarrollo colombiano para preguntarse a qué intereses está sirviendo, ya que el Ministerio, como parte de la maquinaria estatal, tiene el interés puesto en servir al modelo macroeconómico del país.
“El problema de los indicadores depende de la óptica en que se miren; desde una visión del bien colectivo, los indicadores y las necesidades del sistema en información en salud obedecerían a las necesidades de la comunidad, pero al mirarlo desde la óptica económica, los indicadores tendrán que servir a la información que apuntale el modelo de desarrollo”, razón por la cual el doctor Franco considera que el actual manejo dado a los indicadores prioriza el dato frío, considerando aumentos o disminuciones, sin saber ni explicar el por qué se aumenta o disminuye. Y agrega que frente a los esfuerzos del Ministerio por consolidar un sistema de información, siempre sucederá que mientras los indicadores de salud pública funcionen como un subsistema, estarán subordinados a los intereses de corte económico o contable: “Se podrá manipular el indicador de salud en función del indicador económico, cuando debería ser al contrario: tener un sistema de información social en salud de carácter publico, que dé cuenta de la situación”
Indicadores con problemas mil
El problema de los indicadores en el país no es sólo de filosofía del sistema: también en la forma presentan falencias que los hacen inexactos. Por ejemplo: desde la fórmula básica de su elaboración, tanto los denominadores como los numeradores utilizados carecen de credibilidad, señala el doctor Francisco Yepes, de Assalud: “Tenemos problemas con los denominadores poblacionales, porque las cifras de los censos son debatidas y cuestionadas, y se tiene que acudir a estimaciones, correcciones y procesos que establecen un margen de duda en relación con la realidad de la cifra; y con los numeradores, el margen de sub-registro así como la deficiencia en la calidad por deficiencias en la capacitación del recurso humano, crea problemas en la veracidad final”. Lo fundamental, agregó, es tener indicadores que permitan controlar el rumbo del sistema y conocer si se avanza hacia una meta propuesta desde la colectividad: “Es importante que la construcción de indicadores sea producto de una construcción colectiva entre los actores del sector; además, deben ser de acceso universal y plenamente transparentes”. Sin embargo, llamó la atención ante el peligro que la discusión sobre los indicadores se vuelva un distractor para no enfrentar los problemas que están detrás de los números.
Coberturas de vacunación en Colombia
Según los expertos, el problema no se focaliza en la cantidad de datos, sino en los pocos indicadores. “Se recoge mucha información pero no se almacena adecuadamente, no se procesa de manera debida, y por tanto, o no generamos indicadores o estos no cumplen con las características mínimas para tener una base sólida en la toma de decisiones”, declaró el doctor Felipe Mejía, Subdirector de Salud de Comfama. Agregó que a esto se suman problemas metodológicos como la captura manual, que resta calidad y oportunidad a los datos; y cuando este proceso se realiza de manera digital, el ingreso al computador continúa siendo manual, exponiéndose al riesgo del error humano, por lo cual lo más confiable sería una captura con métodos automáticos.
Otros problemas señalados por el doctor Mejía son la baja oportunidad de los datos, con indicadores que se remontan a 1998 o 2000, invalidándolos para la toma de decisiones; un subregistro que impide observar la realidad epidemiológica en muchas regiones del país, causando problemas de confiabilidad; además, la mala codificación de diagnósticos que llega a un 20% del total de registros, y la falta absoluta de indicadores de riesgos: ”Si no tenemos indicadores, no hay posibilidad de monitorear resultados e implementar acciones correctivas, con el riesgo de dar pasos en falso y tomar decisiones erradas”.
¿Qué se hace con la información?
Así las cosas, la pregunta es: ¿Quién debe actuar utilizando los indicadores existentes? Generalmente cuando estalla algún escándalo en salud pública, al Ministerio le toca asumir una posición, casi siempre coyuntural, debido según el doctor Román Restrepo, a su falta de visión estructural del país, situación originada en la descentralización que ocasiona pérdida de protagonismo de la autoridad sanitaria nacional y deja en manos de las regiones y municipios los problemas de salud pública: “Según la visión del Ministerio, esa es responsabilidad de los municipios y Direcciones Seccionales de Salud; y como los organismos de control que deben intervenir no ejercen un control previo sino posterior, la intervención la hacen cuando aparecen los enfermos o los muertos efectivos. Para que la acción del Ministerio fuera efectiva, tendría que haber mayor injerencia técnica del Ministerio, porque son muy contadas las regiones del país que tienen como soportar equipos de epidemiólogos y que cuentan con las herramientas para actuar” .
 
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