MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 8    NO 102  MARZO DEL AÑO 2007    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Inseguridad alimentaria:
otro fantasma del milenio
Hernando Guzmán Paniagua - Periodista - elpulso@elhospital.org.co
Bien dicen que uno es lo que come; una persona mal alimentada y malnutrida tiene en promedio 5 centímetros menos de estatura, un año menos de escolaridad y demora 7 meses más que los demás en iniciar su educación. Con datos como éstos, el doctor James Garrett, consultor del Banco Mundial, expuso en Medellín la dramática situación agroalimentaria de Colombia, América Latina y el Caribe, en el reciente Foro Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional. Los indicadores mostrados allí por expertos nacionales y extranjeros dan cuenta de un escenario donde el derecho a la alimentación definido en la Cumbre Mundial de Alimentación y Nutrición -Roma 1996- como derecho humano básico, fundamental y sin el cual no se pueden garantizar los demás derechos, es un sueño todavía muy lejano.

James Garrett, quien asesora proyectos nutricionales del Banco Mundial en todo el orbe, reveló que uno de cada 10 niños colombianos sufría desnutrición en 2005.

Colombia, ¿con qué comer?
Colombia dista mucho de la anhelada seguridad alimentaria y nutricional. María Cecilia Cuartas Arango, consultora del Programa Mundial de Alimentos (PMA), expresó que en este país la
malnutrición crónica afecta a 12% de la población, índice similar al de América Latina y el Caribe, donde 52 millones de personas padecen hambre y malnutrición. En esta región del continente, los altos costos sociales y la pérdida de la productividad son resultados de la mortalidad infantil, del aumento de costos de la salud sobre todo para los niños, del ausentismo y la repitencia escolar asociados al hambre, y del retardo del crecimiento, entre otras variables. Anotó que en éste y en los demás países de la región abundan cuadros de anemia por deficiencia de hierro, que pueden reducir hasta en 4% el ingreso de un país, mientras que otro 3.4% del ingreso se pierde por pobre desarrollo cognitivo de la población infantil.
James Garrett, quien asesora proyectos nutricionales del Banco Mundial en todo el orbe, reveló que uno de cada 10 niños colombianos sufría desnutrición en 2005, la desnutrición aguda de los menores de 5 años apenas bajó de 1.4 a 1.3% entre 1995 y 2005, y la desnutrición crónica de 15 a 11.5% en el mismo lapso, mientras que los casos de sobrepeso subieron de 2.6 a 3.1% en el mismo grupo etáreo. En las mujeres de 15 a 49 años el sobrepeso creció más de 20 puntos porcentuales en 10 años y en general más de la mitad de las colombianas sufren sobrepeso y una de cada 5 es obesa. Garrett señaló como impactos globales de la crisis agroalimentaria, la reducción de ingresos en 10% y del Producto Interno Bruto (PIB) entre 2 y 3%, aludió al decaimiento agroalimentario, como quiera que en Colombia la producción agrícola bajó de 20% en 1980 a 12% en 2005, en tanto que el sector de los servicios ascendió de 47 a 53% y los demás sectores mantuvieron un relativo dinamismo. De su diagnóstico no se vislumbra a mediano plazo un cambio sustancial de la situación; así, en los países llamados en vía de desarrollo, el proceso de urbanización conlleva desarrollo económico sólo en 40% en la actualidad y para el año 2025 se calcula que a duras penas subirá a 60%.
Según las mismas proyecciones, en Colombia no parece previsible una mejoría frente al desequilibrio campo-ciudad, si vemos que hoy tenemos 33 millones de habitantes urbanos y 12 millones de rurales, y una expectativa de 39.5 millones de pobladores urbanos con el mismo número actual de rurales para 2015. Sobra decir que esto es mera proyección estadística, en un país con variables tan explosivas e inmanejables como el desplazamiento por la violencia y el empobrecimiento acelerado, en un entorno socio-económico cada vez más inequitativo. Situación semejante viven los demás países latinoamericanos y del Caribe; a apropósito, el biólogo Julio Baca del Moral, experto principal del Programa de Seguridad Alimentaria de la FAO en Méjico, informó en el foro referido que 3 de cada 10 mejicanos viven en extrema pobreza y 43 de cada 100 en condiciones aceptables pero no satisfactorias.
Antioquia: ni tan rico...
La imagen estereotipada de Antioquia como el departamento más rico, próspero y pujante tiene más de reminiscencia o de publicidad turística que de realidad. En un panorama contradictorio, conviven una riqueza inmensa de recursos y potencialidades, un Potosí de liderazgos e inteligencias navegando en un mar de inequidades. En su ponencia, el secretario de Agricultura Departamental, Sergio Trujillo Turizo, señaló como macro-problema de Antioquia “la inequidad y el bajo nivel de desarrollo humano integral”, que para el sector agropecuario se traduce en “inequidad, baja competencia y desarticulación en procesos de desarrollo rural”. Precisó que 49% del territorio antioqueño muestra alto conflicto por el uso de la tierra, 24% conflicto medio y sólo 27% baja conflictividad, y 80% de la población que habita fuera del Valle de Aburrá vive en pobreza o en miseria, o sea, 4 de cada 5 personas de fuera del Área Metropolitana de Medellín son pobres. Antioquia es un departamento con 3 millones de habitantes pobres (54.4%), y de ellos un millón (19.6%) son miserables. Ello equivale a la población conjunta de Roma y Oslo en una y media veces el territorio de Suiza. Frente a ello hay esfuerzos gubernamentales y no gubernamentales, sobre todo del orden seccional, bien encaminados y articulados pero de origen muy reciente, en contra de una herencia crónica de pobreza, injusticia y exclusión.
En este contexto es digno de elogio el programa Mejoramiento Alimentario y Nutricional de Antioquia (MANÁ), modelo de gestión aplaudido por la FAO, la Organización Panamericana de la Salud y por ponentes colombianos y foráneos del pasado Foro Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional, como también lo fueron el programa de agricultura urbana de la Alcaldía de Medellín y el Plan Alimentario para Aprender (PAPA) con el cual la Gobernación de Boyacá y el ICBF atienden a 123 municipios de ese departamento.
“El hambre en Latinoamérica y el Caribe cuesta entre
US$104.000 y 170.000 millones anuales, sólo en atención
de las carencias de salud, de los enfermos y del lucro cesante”.
María Cuartas Arango, vocera del Programa Mundial de Alimentos.
Basado en la integración territorial, cambio para el desarrollo humano equitativo y sostenible, revitalización de la economía, construcción del tejido social y paz incluyente y participativa, MANÁ brinda complemento alimentario diario a 200.000 niños antioqueños. Su directora Dora Cecilia Gutiérrez informó que así se frenó la tasa de 2001 y 2002, cuando moría un niño de desnutrición cada dos días; sus 35 Centros de Recuperación Nutricional atienden a 3.027 menores y han evitado la muerte de 60% de ellos. Junto con otras acciones de la Secretaría de Agricultura Departamental y del Plan Nacional Alimentario, es un buen ejemplo institucional; la cuestión es: ¿Cuándo habrá un entorno social justo para que MANÁ llegue más allá de su lema, que es “la mejor manera que hemos encontrado de alimentar la esperanza”?
Babel latinoamericana
Con una centralidad administrativa poco funcional y un deficiente soporte investigativo, el Plan Nacional Alimentario y Nutricional cumple su labor mal que bien en Colombia. En el foro, el ex viceministro de Salud Juan Gonzalo López, expuso sus logros principales, a saber: el llegar a 88% de los municipios del país en 3.734 localidades, barrios y parajes, y el cubrimiento de 68% de las huertas familiares en áreas urbanas y suburbanas, así como 32% de las huertas rurales. Lo que no supimos es el peso específico de la acción estatal, al no aportar el diagnóstico alimentario y nutricional de Colombia.
En este punto son pertinentes las observaciones del director del Programa de Seguridad Alimentaria y Nutricional de la FAO en Colombia, Absalón Machado Cartagena, sobre el contexto latinoamericano: “Hay deficiencia grande en investigación, los indicadores son teóricos y genéricos”. Luego cuestionó: “¿Cómo coordinar programas cuando se tienen celos, envidias, criterios diversos, etc.?”. Agregó que existe mucha normatividad sobre las tierras y muy poca sobre alimentación y nutrición, legislación que no es uniforme, data de distintas épocas y no consulta las realidades locales. Concluyó Machado Cartagena que en lo local se deben articular las acciones, y con el orden central los principios y postulados. Idéntica cosa señaló James Garrett del Banco Mundial: “Trabajar de forma multi-sectorial es difícil, depende mucho de la falta de liderazgo y visión, hay celos institucionales, a veces es difícil trabajar con personas de formaciones profesionales diferentes y por eso tenemos que examinar en las estructuras institucionales que tenemos, qué impulsa y qué inhibe las acciones multi-sectoriales en bien de la seguridad alimentaria y nutricional”. A su vez, el experto mejicano de la FAO Julio Baca del Moral anotó: “La FAO propone programas pero no puede imponerlos, pues dependen del gobierno que los solicitó y de su respectiva opción política”.
“Una globalización y un desorden
económico cambiaron el patrón del consumo.
Sí hay conexión entre pobreza, desnutrición y mala salud”.
James Garret Banco Mundial.
Los costos económicos de la crisis agroalimentaria son enormes, como lo precisó la directora del PMA, María Cuartas Arango: “El hambre en Latinoamérica y el Caribe cuesta entre US$104.000 y 170.000 millones anuales, sólo en atención de las carencias de salud, de los enfermos y del lucro cesante”. Ante este panorama, las gestiones del PMA tales como suministros entregados a 6.6 millones de personas en 2005 (incluidos casi 2 millones de niños) y la asistencia alimentaria brindada por la sequía en Cuba, por el huracán Stan en El Salvador y Guatemala, y por las inundaciones en Haití, Guyana y Colombia, son gestos de buena voluntad que están muy lejos de la solución definitiva.
El reto del Milenio
Los retos son mayúsculos. Para el consultor del Banco Mundial James Garrett: “Una globalización y un desorden económico cambiaron el patrón del consumo. Sí hay conexión entre pobreza, desnutrición y mala salud; para mejorar el estado nutricional se requieren acciones del Estado y la sociedad civil, para generar ingreso, disponibilidad de alimentos, precios accesibles a los más pobres, servicios de salud y educación de las mujeres, crear ambientes higiénicos para la familia, cuidados a las madres gestantes y a los niños recién nacidos”. María José de Oliveira, representante de la FAO para Colombia conceptuó: ”Una buena nutrición es la base de una buena salud, y por eso nuestro plan debe garantizar una buena alimentación en los años futuros. Si los gobiernos tienen acuerdos con nosotros, podemos garantizar que el plan no muere al terminar cada administración. Por eso seguiremos trabajando con MANÁ y apoyando a la Alcaldía de Medellín en la agricultura urbana”. Daniel Díaz, ingeniero coordinador de misiones internacionales del Instituto Internacional de Tecnología Agropecuaria de Argentina planteó: “Estamos empezando a revertir en toda la región un proceso de los años 90´s, donde las políticas neoliberales desmantelaron los sistemas de salud pública, educación y seguridad alimentaria que se daban desde los 70´s. Esta inseguridad alimentaria era ante todo falta de acceso económico a los alimentos, pero en los últimos 3 ó 4 años se abrió un debate para reconocer las buenas prácticas, las lecciones aprendidas y remontarlas, porque dicen que quien no conoce la historia está condenado a repetirla”.
¿Podrá Colombia cumplir el primer Objetivo de Desarrollo del Milenio definido por la ONU en la Cumbre de 2000, a saber: Erradicar la pobreza extrema y el hambre, que implica reducir a la mitad el porcentaje de personas con ingresos inferiores a un dólar diario y bajar en la misma proporción la población que padece hambre? La Contraloría General de la República calcula que la pobreza en Colombia llega a 60%. El gobierno dice que los pobres apenas son 49% de la población. Según este dato, Colombia ya cumplió este Objetivo y podemos dormir tranquilos el resto del milenio...si bien con el estómago un poco vacío.
 
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