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Inseguridad
alimentaria:
otro fantasma del milenio
Hernando
Guzmán Paniagua - Periodista - elpulso@elhospital.org.co |
| Bien dicen que uno
es lo que come; una persona mal alimentada y malnutrida tiene
en promedio 5 centímetros menos de estatura, un año
menos de escolaridad y demora 7 meses más que los demás
en iniciar su educación. Con datos como éstos,
el doctor James Garrett, consultor del Banco Mundial, expuso
en Medellín la dramática situación agroalimentaria
de Colombia, América Latina y el Caribe, en el reciente
Foro Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional. Los indicadores
mostrados allí por expertos nacionales y extranjeros
dan cuenta de un escenario donde el derecho a la alimentación
definido en la Cumbre Mundial de Alimentación y Nutrición
-Roma 1996- como derecho humano básico, fundamental y
sin el cual no se pueden garantizar los demás derechos,
es un sueño todavía muy lejano. |
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James Garrett, quien asesora
proyectos nutricionales del Banco Mundial en todo el orbe,
reveló que uno de cada 10 niños colombianos
sufría desnutrición en 2005.
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Colombia,
¿con qué comer?
Colombia dista mucho de la anhelada seguridad alimentaria
y nutricional. María Cecilia Cuartas Arango, consultora
del Programa Mundial de Alimentos (PMA), expresó que
en este país la |
malnutrición
crónica afecta a 12% de la población, índice
similar al de América Latina y el Caribe, donde 52 millones
de personas padecen hambre y malnutrición. En esta región
del continente, los altos costos sociales y la pérdida
de la productividad son resultados de la mortalidad infantil,
del aumento de costos de la salud sobre todo para los niños,
del ausentismo y la repitencia escolar asociados al hambre,
y del retardo del crecimiento, entre otras variables. Anotó
que en éste y en los demás países de la
región abundan cuadros de anemia por deficiencia de hierro,
que pueden reducir hasta en 4% el ingreso de un país,
mientras que otro 3.4% del ingreso se pierde por pobre desarrollo
cognitivo de la población infantil.
James Garrett, quien asesora proyectos nutricionales del Banco
Mundial en todo el orbe, reveló que uno de cada 10 niños
colombianos sufría desnutrición en 2005, la desnutrición
aguda de los menores de 5 años apenas bajó de
1.4 a 1.3% entre 1995 y 2005, y la desnutrición crónica
de 15 a 11.5% en el mismo lapso, mientras que los casos de sobrepeso
subieron de 2.6 a 3.1% en el mismo grupo etáreo. En las
mujeres de 15 a 49 años el sobrepeso creció más
de 20 puntos porcentuales en 10 años y en general más
de la mitad de las colombianas sufren sobrepeso y una de cada
5 es obesa. Garrett señaló como impactos globales
de la crisis agroalimentaria, la reducción de ingresos
en 10% y del Producto Interno Bruto (PIB) entre 2 y 3%, aludió
al decaimiento agroalimentario, como quiera que en Colombia
la producción agrícola bajó de 20% en 1980
a 12% en 2005, en tanto que el sector de los servicios ascendió
de 47 a 53% y los demás sectores mantuvieron un relativo
dinamismo. De su diagnóstico no se vislumbra a mediano
plazo un cambio sustancial de la situación; así,
en los países llamados en vía de desarrollo, el
proceso de urbanización conlleva desarrollo económico
sólo en 40% en la actualidad y para el año 2025
se calcula que a duras penas subirá a 60%.
Según las mismas proyecciones, en Colombia no parece
previsible una mejoría frente al desequilibrio campo-ciudad,
si vemos que hoy tenemos 33 millones de habitantes urbanos y
12 millones de rurales, y una expectativa de 39.5 millones de
pobladores urbanos con el mismo número actual de rurales
para 2015. Sobra decir que esto es mera proyección estadística,
en un país con variables tan explosivas e inmanejables
como el desplazamiento por la violencia y el empobrecimiento
acelerado, en un entorno socio-económico cada vez más
inequitativo. Situación semejante viven los demás
países latinoamericanos y del Caribe; a apropósito,
el biólogo Julio Baca del Moral, experto principal del
Programa de Seguridad Alimentaria de la FAO en Méjico,
informó en el foro referido que 3 de cada 10 mejicanos
viven en extrema pobreza y 43 de cada 100 en condiciones aceptables
pero no satisfactorias. |
Antioquia:
ni tan rico...
La imagen estereotipada de Antioquia como el departamento
más rico, próspero y pujante tiene más
de reminiscencia o de publicidad turística que de realidad.
En un panorama contradictorio, conviven una riqueza inmensa
de recursos y potencialidades, un Potosí de liderazgos
e inteligencias navegando en un mar de inequidades. En su ponencia,
el secretario de Agricultura Departamental, Sergio Trujillo
Turizo, señaló como macro-problema de Antioquia
la inequidad y el bajo nivel de desarrollo humano integral,
que para el sector agropecuario se traduce en inequidad,
baja competencia y desarticulación en procesos de desarrollo
rural. Precisó que 49% del territorio antioqueño
muestra alto conflicto por el uso de la tierra, 24% conflicto
medio y sólo 27% baja conflictividad, y 80% de la población
que habita fuera del Valle de Aburrá vive en pobreza
o en miseria, o sea, 4 de cada 5 personas de fuera del Área
Metropolitana de Medellín son pobres. Antioquia es un
departamento con 3 millones de habitantes pobres (54.4%), y
de ellos un millón (19.6%) son miserables. Ello equivale
a la población conjunta de Roma y Oslo en una y media
veces el territorio de Suiza. Frente a ello hay esfuerzos gubernamentales
y no gubernamentales, sobre todo del orden seccional, bien encaminados
y articulados pero de origen muy reciente, en contra de una
herencia crónica de pobreza, injusticia y exclusión.
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En este contexto es
digno de elogio el programa Mejoramiento Alimentario y Nutricional
de Antioquia (MANÁ), modelo de gestión aplaudido
por la FAO, la Organización Panamericana de la Salud
y por ponentes colombianos y foráneos del pasado Foro
Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional, como también
lo fueron el programa de agricultura urbana de la Alcaldía
de Medellín y el Plan Alimentario para Aprender (PAPA)
con el cual la Gobernación de Boyacá y el ICBF
atienden a 123 municipios de ese departamento.
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El hambre
en Latinoamérica y el Caribe cuesta entre
US$104.000 y 170.000 millones anuales, sólo en atención
de las carencias de salud, de los enfermos y del lucro cesante.
María Cuartas Arango, vocera del Programa Mundial
de Alimentos.
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Basado
en la integración territorial, cambio para el desarrollo
humano equitativo y sostenible, revitalización de la
economía, construcción del tejido social y paz
incluyente y participativa, MANÁ brinda complemento alimentario
diario a 200.000 niños antioqueños. Su directora
Dora Cecilia Gutiérrez informó que así
se frenó la tasa de 2001 y 2002, cuando moría
un niño de desnutrición cada dos días;
sus 35 Centros de Recuperación Nutricional atienden a
3.027 menores y han evitado la muerte de 60% de ellos. Junto
con otras acciones de la Secretaría de Agricultura Departamental
y del Plan Nacional Alimentario, es un buen ejemplo institucional;
la cuestión es: ¿Cuándo habrá un
entorno social justo para que MANÁ llegue más
allá de su lema, que es la mejor manera que hemos
encontrado de alimentar la esperanza?
Babel latinoamericana
Con una centralidad administrativa poco funcional y
un deficiente soporte investigativo, el Plan Nacional Alimentario
y Nutricional cumple su labor mal que bien en Colombia. En el
foro, el ex viceministro de Salud Juan Gonzalo López,
expuso sus logros principales, a saber: el llegar a 88% de los
municipios del país en 3.734 localidades, barrios y parajes,
y el cubrimiento de 68% de las huertas familiares en áreas
urbanas y suburbanas, así como 32% de las huertas rurales.
Lo que no supimos es el peso específico de la acción
estatal, al no aportar el diagnóstico alimentario y nutricional
de Colombia.
En este punto son pertinentes las observaciones del director
del Programa de Seguridad Alimentaria y Nutricional de la FAO
en Colombia, Absalón Machado Cartagena, sobre el contexto
latinoamericano: Hay deficiencia grande en investigación,
los indicadores son teóricos y genéricos.
Luego cuestionó: ¿Cómo coordinar
programas cuando se tienen celos, envidias, criterios diversos,
etc.?. Agregó que existe mucha normatividad sobre
las tierras y muy poca sobre alimentación y nutrición,
legislación que no es uniforme, data de distintas épocas
y no consulta las realidades locales. Concluyó Machado
Cartagena que en lo local se deben articular las acciones, y
con el orden central los principios y postulados. Idéntica
cosa señaló James Garrett del Banco Mundial: Trabajar
de forma multi-sectorial es difícil, depende mucho de
la falta de liderazgo y visión, hay celos institucionales,
a veces es difícil trabajar con personas de formaciones
profesionales diferentes y por eso tenemos que examinar en las
estructuras institucionales que tenemos, qué impulsa
y qué inhibe las acciones multi-sectoriales en bien de
la seguridad alimentaria y nutricional. A su vez, el experto
mejicano de la FAO Julio Baca del Moral anotó: La
FAO propone programas pero no puede imponerlos, pues dependen
del gobierno que los solicitó y de su respectiva opción
política. |
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Una globalización
y un desorden
económico cambiaron el patrón del consumo.
Sí hay conexión entre pobreza, desnutrición
y mala salud.
James Garret Banco Mundial.
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Los
costos económicos de la crisis agroalimentaria son enormes,
como lo precisó la directora del PMA, María Cuartas
Arango: El hambre en Latinoamérica y el Caribe
cuesta entre US$104.000 y 170.000 millones anuales, sólo
en atención de las carencias de salud, de los enfermos
y del lucro cesante. Ante este panorama, las gestiones
del PMA tales como suministros entregados a 6.6 millones de
personas en 2005 (incluidos casi 2 millones de niños)
y la asistencia alimentaria brindada por la sequía en
Cuba, por el huracán Stan en El Salvador y Guatemala,
y por las inundaciones en Haití, Guyana y Colombia, son
gestos de buena voluntad que están muy lejos de la solución
definitiva.
El reto del Milenio
Los retos son mayúsculos. Para el consultor del
Banco Mundial James Garrett: Una globalización
y un desorden económico cambiaron el patrón del
consumo. Sí hay conexión entre pobreza, desnutrición
y mala salud; para mejorar el estado nutricional se requieren
acciones del Estado y la sociedad civil, para generar ingreso,
disponibilidad de alimentos, precios accesibles a los más
pobres, servicios de salud y educación de las mujeres,
crear ambientes higiénicos para la familia, cuidados
a las madres gestantes y a los niños recién nacidos.
María José de Oliveira, representante de la FAO
para Colombia conceptuó: Una buena nutrición
es la base de una buena salud, y por eso nuestro plan debe garantizar
una buena alimentación en los años futuros. Si
los gobiernos tienen acuerdos con nosotros, podemos garantizar
que el plan no muere al terminar cada administración.
Por eso seguiremos trabajando con MANÁ y apoyando a la
Alcaldía de Medellín en la agricultura urbana.
Daniel Díaz, ingeniero coordinador de misiones internacionales
del Instituto Internacional de Tecnología Agropecuaria
de Argentina planteó: Estamos empezando a revertir
en toda la región un proceso de los años 90´s,
donde las políticas neoliberales desmantelaron los sistemas
de salud pública, educación y seguridad alimentaria
que se daban desde los 70´s. Esta inseguridad alimentaria
era ante todo falta de acceso económico a los alimentos,
pero en los últimos 3 ó 4 años se abrió
un debate para reconocer las buenas prácticas, las lecciones
aprendidas y remontarlas, porque dicen que quien no conoce la
historia está condenado a repetirla.
¿Podrá Colombia cumplir el primer Objetivo de
Desarrollo del Milenio definido por la ONU en la Cumbre de 2000,
a saber: Erradicar la pobreza extrema y el hambre, que implica
reducir a la mitad el porcentaje de personas con ingresos inferiores
a un dólar diario y bajar en la misma proporción
la población que padece hambre? La Contraloría
General de la República calcula que la pobreza en Colombia
llega a 60%. El gobierno dice que los pobres apenas son 49%
de la población. Según este dato, Colombia ya
cumplió este Objetivo y podemos dormir tranquilos el
resto del milenio...si bien con el estómago un poco vacío. |
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