MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 8    NO 102  MARZO DEL AÑO 2007    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Telemedicina en Colombia: ¿Peligro u oportunidad?
Patricia Ossa Ocampo - Periodista - elpulso@elhospital.org.co
La viceministra (E) de Salud, Blanca Elvira Cajigas, anunció que una meta para el cuatrienio 2006-2010 es la profundización del fomento a la telemedicina como forma de mejorar el acceso a servicios médicos especializados. Como toda tecnología nueva, la telemedicina aún no logra posicionarse en Colombia; se cuestiona incluso si una consulta especializada entre profesionales vía telefónica puede considerarse telemedicina, y la discusión sobre los alcances de este híbrido de informática y medicina apenas comienza.
El dolor de cabeza: la conectividad
En Colombia, el impulso dado por el gobierno a la telemedicina tiene su apalancamiento tecnológico en Compartel, pero en el área de la salud es un trabajo conjunto con el Ministerio de la Protección Social, según la doctora María Lucia Gómez, asesora del área de planeación del Ministerio de Comunicaciones. Compartel tenía previsto cumplir este mes de marzo con una segunda fase de conexión de los municipios colombianos, para terminar 2007 con el 100% del país conectado e incluir 80 hospitales de distintas zonas;
para esta fase dos, por solicitud técnica del Ministerio de la Protección Social, el ancho de banda se amplió a 512 KB de velocidad de descarga de información y 256 KB para subir información desde la institución a internet, explicó la doctora Gómez.
La proyección del gobierno es terminar el cuatrienio con 870 instituciones de salud con servicios de telemedicina, o sea un 89% de la red pública; según la viceministra Cajigas, actualmente más de 200 instituciones de salud en los departamentos de Amazonas, Antioquia, Boyacá, Caldas, Cauca, Guajira, Guaviare, Santander y Valle, y la ciudad de Bogotá, ya tienen acceso a través del Programa Compartel. Igualmente, resaltó que el Ministerio implementó programas de e-learning o cursos virtuales gratuitos de actualización médica, de los cuales se han beneficiado 981 profesionales; se espera que éstos sean “una herramienta para apoyar la educación en el marco de la recertificación de profesionales que se realizará una vez sancionada la ley de talento humano en salud”.
La legislación es clara cuando determina que
el médico tratante siempre es el médico físico presente,
y que la telemedicina es un accesorio que no reemplaza
al médico tratante ni asume su responsabilidad.
Pese al optimismo del gobierno, los resultados y el apoyo de Compartel no son suficientes, sostiene el doctor Nadín Miserque de la Fundación Cardiovascular de Colombia, entidad que acondicionó servicios de telemedicina enfocados en patología cardiovascular para población pediátrica y de la tercera edad, con énfasis en personas de menos recursos a través de la red pública hospitalaria, para simultáneamente entregar a dicha red una herramienta de competitividad en el mercado de la salud. Miserque señala que la conectividad del país no es de alta velocidad: “Son sistemas de solo 128 KB a pesar de que Compartel diga que tiene alta velocidad; además está limitada a unos 200 municipios y con la nueva fase llegará a unos 300. Compartel sirve pero no es suficiente”.
Otra dificultad es la sostenibilidad económica, pues quienes trabajan el tema debieron buscar financiación en entidades internacionales o desarrollar estímulos para que el Estado financie proyectos, pero cuando se acaba la financiación, terminan los proyectos. Un tercer factor que limita las pretensiones del gobierno, es la carencia de suficientes centros de referencia de alto nivel de complejidad que funcionen como soporte del sistema.
La Universidad Nacional de Colombia viene trabajando telemedicina con un enfoque esencialmente académico e investigativo, buscando impactar sobre la población. Eduardo Romero, su director de telemedicina, coincide en que las experiencias en Colombia son muy fragmentadas y dispersas por falta de comunicación y de una política clara de apoyo a los grupos de investigación que han abordado el tema; considera que la principal importancia de la telemedicina en nuestro país es el ahorro de costos sobre el sistema.
Conectividad de baja velocidad, insostenibilidad
económica y carencia de suficientes centros de referencia
de alto nivel de complejidad como soporte del sistema,
son las principales dificultades para la
implantar la telemedicina en el país.
Un ejemplo es el trabajo desarrollado en San José del Guaviare: en 10 meses se atendieron 1.700 casos evitando unas 170 remisiones que hubieran implicado unos $5 millones por paciente, acompañante, estadía, exámenes, lo que implica un ahorro real de unos $800 millones, mientras el montaje del proyecto costó mucho menos. Sin embargo, aclara que la rentabilidad de la telemedicina para nuestro país está en la posibilidad de vender servicios a otros países, lo que convertiría el tema en un renglón importante de la economía, ya que al interior del país la rentabilidad es poca y sólo sería una herramienta importante para las grandes entidades a las que les ahorra dinero.
A mayor tecnología, menos mano de obra
Los radiólogos en Estados Unidos sufren actualmente una pérdida acelerada de opciones laborales, por cuanto los hospitales están optando por contratar servicios de profesionales en la India y Pakistán. Este es un problema de fondo, pero el doctor Romero cree que no es debido a la telemedicina sino a la estructura del sistema de salud, y para algunas especialidades puede ser fundamental: “La telemedicina será una herramienta que van a tener las EPS para bajar costos y puede afectar la profesión médica, pero ahí es importante que el Estado asuma el control, marque la pauta y no deje la iniciativa a las empresas privadas, porque tener un centro de especialistas trabajando en red para atender a todo el país puede ser muy buen negocio para la aseguradora, pero no estoy seguro que mejore la calidad de la atención en salud”.
A su vez, el doctor Miserque es consciente del riesgo que se corre, no sólo para los especialistas sino para los médicos generales en municipios periféricos; por eso es fundamental entender que la telemedicina nunca puede suplantar a un médico físico, y hasta ahora la legislación sobre el tema -la resolución 082 de 2004-, es clara cuando determina que el médico tratante siempre es el médico físico, y que la telemedicina es un accesorio que no reemplaza al médico tratante ni asume su responsabilidad.
De norte a sur
En el mundo, las aplicaciones de telemedicina se enfocan en procesos de seguimiento a la recuperación de los pacientes, por medio de instrumentos de medición que envían datos a un dispositivo de recepción del médico tratante; se usa como complemento a un sistema muy bueno de salud. Pero en Colombia, la telemedicina es un complemento a un sistema de salud con problemas de acceso a los servicios de salud.
Es fundamental entender que la
telemedicina nunca puede suplantar
a un médico presente.
El Hospital Nuestra Señora de los Remedios, de Riohacha, está incursionando en telemedicina con apoyo de la Universidad Nacional, que entregó los equipos en comodato y le presta servicios de tele-radiología, cardiología y dermatología. Inicialmente se han enviado consultas de unos 100 casos mensuales, aunque la capacidad del sistema es de 2.000; esto se debe, según el director Cayetano Romero, a que aún están en el proceso de socialización, pero la intención es convertir la entidad en un referente para la red pública y privada de La Guajira. Hasta ahora, la gran ventaja es la posibilidad de acceder a servicios de tercer y cuarto nivel de complejidad, sin incurrir en costos de traslado de pacientes; para el hospital significa una reducción de costos de 30% aproximadamente.
En Amazonas, la Clínica Leticia opera con telemedicina desde hace 5 años, también en asocio con la Universidad Nacional y conectada gracias a un enlace satelital facilitado por la Embajada de Francia. Según su director Javier Gutiérrez, la dinámica ha sido constante: se han atendido centenares de casos y se han agilizado procesos en áreas como radiología de las que no hay profesionales en el departamento, y el tratamiento dermatológico se volvió una rutina semanal cuando antes había una visita del especialista 3 veces al año: “La meta es implementar nuevas áreas de trabajo y consultas en tiempo real; somos conscientes que ante obstáculos geográficos como el nuestro, de estar en medio de la selva, somos una zona donde estos proyectos se desarrollan muy rápido”.
Cómo facturar
Una de las discusiones más profundas en telemedicina se centra en la forma de facturar; el Ministerio de la Protección Social estudia la inclusión en el Manual Tarifario de una clasificación para los servicios prestados a través de esta modalidad. Para el doctor Nadín Miserque, deben considerarse los mayores costos por implementación tecnológica y homologarlos con un costo más alto; cree que la tarifa quedara entre un 10 y 20% más alta que un servicio tradicional: “Lo que tenemos que hacer es que ese porcentaje no se traslade a las áreas periféricas y que sea amortiguado por el Estado”.
Otra posición contraria parte de considerar que al tener un contrato con un centro de telemedicina, la atención al usuario y la interconsulta debe ser más económica, ya que no se tiene el costo de tener el profesional fijo en el sitio de atención y se podría pagar con un valor fijo mensual. “La economía es parte de la motivación que ha llevado a los centros hospitalarios a optar por la telemedicina”, según el doctor Cayetano Romero, para quien la propuesta de cobrar un valor por encima del costo normal, acabaría con su objeto.
 
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