MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 276 SEPTIEMBRE DEL AÑO 2021 ISNN 0124-4388 elpulso@sanvicentefundacion.com icono facebook icono twitter

Aumento de capacidades: el efecto entre la demanda y la oferta futura

Por: Andrea Ochoa Restrepo
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La capacidad hospitalaria del país, específicamente en unidades de cuidados intensivos, y su distribución por territorios, ha sido un tema recurrente en el desarrollo del plan de expansión implementado para preparar el sistema de salud ante la epidemia de COVID-19.

En Colombia, hasta marzo de 2020 antes de que fuera confirmado el primer caso de COVID-19, ningún departamento tenía más de dos camas de cuidado intensivo para adulto por cada 10 mil habitantes. En ese momento departamentos como Vaupés, Vichada, Guainía, Amazonas y Guaviare, no tenían ni siquiera una UCI para atender casos críticos, según datos de la base abierta del Registro Especial de Prestadores de Servicios de Salud (REPS).

Según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, toda Colombia, a 2017, tenía menos de dos (1,7) camas hospitalarias por cada mil habitantes, uno de los promedios más bajos entre los miembros de la OCDE, superando apenas a México, Costa Rica, Indonesia e India.

Fue en 2020 al extenderse la capacidad de UCIS para atender la pandemia, cuando la Asociación de Medicina Crítica y Cuidado Intensivo (AMCI) alertó que aproximadamente el 80 % de las camas de UCI estaban ocupadas., y resaltó que con relación a las cifras de UCIS, menos del 10 % tenían una infraestructura biosegura, y menos del 2 % contaban con presión negativa; es decir, todas las condiciones de aislamiento necesarias para atender las patologías más delicadas.

Un año después, el Ministerio de Salud y Protección Social afirmaba que se había logrado pasar de tener 5.346 camas UCI a 12.002 en toda Colombia (corte al 4 de marzo de 2021), y los territorios que no contaban con UCI, ahora contaban con oferta, como es el caso de Chocó y Buenaventura.

“En cuanto a equipos médicos entregados por el gobierno nacional para la ampliación de capacidades en el país, fueron 5.131 los ventiladores asignados, 4.211 monitores, 50 equipos de rayos X portátil, 5.612 bombas de infusión, 1.025 camas UCI, 1.000 camillas, 57 desfibriladores y 11 ecógrafos”. Afirmó el ministerio.

De otro lado, es importante mencionar que el aumento de capacidad de UCIS conlleva un incremento de intensivistas. En casi ocho meses de pandemia, la cantidad de médicos intensivistas en Colombia ha pasado de 1.200 a 1.500, es decir, creció 25 %. Estas cifras difieren de los datos que tiene el Registro Único de talento Humano en Salud (Rethus), donde el número de intensivistas alcanza solo los 638.

La AMCI recalca que es importante dar fluidez al movimiento en las UCI. “Además, es necesario buscar escenarios de menor complejidad para atender a pacientes hospitalizados que tienen patologías crónicas de larga estancia. Ellos ocupan un porcentaje importante de las camas”.

¿Demanda y rentabilidad de UCI durante y después de la pandemia?

Según explicó el director del Hospital Universitario de la Universidad del Norte, Diego Castresana, el costo aproximado de la operación de una cama de cuidados intensivos es de $1.500.000 cada día, representados principalmente en talento humano, especialista en cuidados intensivos y el médico internista. También, cada una de las camas debe contar con especialistas interconsultantes, enfermeras especializadas en cuidados intensivos, fisioterapeutas, nutricionistas, entre otros profesionales.

Por otro lado, paradójicamente se dio una crisis financiera en los hospitales públicos y privados por la caída del 26 % en la demanda de servicios distintos de la atención de COVID-19. Esta reducción está produciendo un déficit de ingresos que, para el caso de Bogotá se estima en más de medio billón de pesos en las cuatro subredes públicas.

Iván Jaramillo, Magíster en Administración Pública del CIDE (México) y consultor internacional, señala en cuanto al aumento de UCIS y la demanda de este y otros servicios, que “hay que considerar que la baja ocupación de los servicios hospitalarios ha afectado la utilización y remuneración del talento humano, y causado desempleo para médicos y enfermeras. Como muchos no están en la planta de los hospitales y deben trabajar por prestación de servicios, se han quedado sin ocupación”.

Y agregó: “La cadena funciona así: la escasa producción de servicios distintos de la atención de COVID-19 implica una subutilización de la capacidad instalada, y esto causa desempleo y afecta la remuneración profesional. En forma inesperada, los hospitales han alcanzado el equilibrio presupuestal desvinculando técnicos y profesionales no necesarios en las UCI”.

En relación con la demanda actual y la necesidad de UCI, Marta Cecilia Ramírez Orrego, directora de la IPS Universitaria León Xlll, indicó: “la IPS Universitaria continúa sumando esfuerzos para habilitar más camas UCI, nuevas salas de cuidados especiales en quirófanos y para evitar que las dificultades administrativas limiten la posibilidad de salvar vidas”.

Durante los meses de marzo y abril, señala Ramírez, “la necesidad de atención en las unidades de cuidados intensivos ha crecido de manera abrupta, hasta el punto de llegar a requerir más de 300 camas UCI en un día para Antioquia”.

Esta situación puso a prueba las capacidades del sistema de salud, por lo que la IPS Universitaria, y demás instituciones, implementaron estrategias para responder a la demanda. La institución, por ejemplo, pasó de tener 44 camas UCI, al inicio de la pandemia, a contar con 161 en la actualidad. Además se redistribuyeron los espacios para mejorar la capacidad instalada. De los 14 quirófanos con que cuenta la IPS Universitaria, nueve se están utilizando para cirugías y cinco para recuperación; así, la zona de rehabilitación de los pacientes operados pasó a ser una unidad de cuidados especiales. También, en asocio con la EPS Sura, se habilitaron 24 unidades de cuidado respiratorio intermedio (UCRI).

Ramírez Orrego destacó, además, la inversión de cerca de 1.500 millones de pesos, con el apoyo de la Fundación EPM, para fortalecer la producción y distribución de oxígeno en la Clínica León XIII. «Con los equipos que se importaron podemos decir que todo el Bloque 3 está en capacidad de brindar terapias respiratorias de alto flujo», añadió.

Para un futuro, cuando la pandemia termine o por lo menos los picos de contagio disminuyan y a su vez merme la utilización de UCI COVID-19, se presentará un efecto inmediato sobre la empleabilidad de los intensivistas. Varios expertos coinciden en que hay gran incertidumbre para los Hospitales para destinar esas UCI a otras patologías, escenario más viable. Sin embargo, los costos de mantenimiento de los equipos y los profesionales son factores que están sujetos a la demanda y a la oferta de cada Hospital.

En el caso, de las “donaciones de UCI” varios hospitales concuerdan en que, al ser donadas, las instituciones pueden disponer de ellas para otro tipo de patologías. Caso que para las UCI en asocio no es igual, puesto que depende de la demanda que haya en el momento. También, si se llega a acuerdos sobre si deben utilizarse para otras patologías dentro de la institución donde actualmente se encuentran, o sí se trasladarán a otra institución, escenario que puede presentarse con más probabilidad en los asocios con EPS. Todo dependerá de los costos, los beneficios, la necesidad de los pacientes, el apoyo financiero al talento humano entre otros factores.

Adicionalmente, las decisiones futuras sobre las UCIS COVID están sujetas a los estándares establecidos por el Ministerio de Salud.

Frente a estos, Caridad Herrera y Juan Ernesto Rojano, Magísteres en Administración en Salud, plantean en su investigación: “Oferta y demanda de camas en unidades de cuidado intensivo para adulto. Una revisión sistemática de literatura”: “Desde el punto de vista de las autoridades que vigilan la prestación de los servicios de salud, una UCI es un sitio que debe reunir una serie de requisitos mínimos de diferente tipo para poder atender pacientes. Y desde el punto de vista de un inversionista, una UCI es una inversión muy alta que debe estar ocupada la mayor parte del tiempo que sea posible, para que se justifique su construcción y operación”.

En relación al Talento Humano y las decisiones sobre las UCIS a futuro, Sergio Isaza, presidente de la Federación Médica Colombiana expresa, “una UCI no es solamente camas y ventiladores, requiere de muchos más equipos y medicamentos para garantizar la supervivencia de un paciente. La UCI es una estructura de altísima complejidad para atender a pacientes con alto riesgo de muerte, por lo que se requiere un espacio amplio para la atención”.

Isaza destacó que poner solo a un médico a cargo de una UCI no es viable para el tratamiento de pacientes, pues también se necesitan enfermeros, fisioterapeutas, microbiólogos y bacteriólogos que puedan atenderlo. De lo contrario, va a ser poco lo que se va a poder hacer para garantizar su adecuado funcionamiento.

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