MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 273 JUNIO DEL AÑO 2021 ISNN 0124-4388 elpulso@sanvicentefundacion.com icono facebook icono twitter

El VIH, otra pandemia sin erradicar y con altas tasas de desigualdad

Por: Andrea Ochoa Restrepo
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El VIH sigue siendo una pandemia de desigualdades y uno de los mayores problemas para la salud pública mundial. Se estima que, a finales de 2019, había 38 millones de personas con VIH.

La primera desigualdad se encuentra en las políticas encaminadas para erradicar el virus, las cuales en algunos lugares y grupos de población se aprecia que se han trabajado intensamente logrando avances significativos en la lucha contra el VIH, mientras que la pasividad es lo que predomina en otros lugares y ha permitido que la epidemia se expanda y que las muertes aumenten.

Según el Informe “Superar las desigualdades y enderezar el rumbo para acabar con el sida de aquí a 2030” realizado por el Secretario general de Naciones Unidas: “seis años después de que la Asamblea General se fijara el objetivo mundial para erradicar el sida en 2030, el impulso está perdiendo fuelle”.

El informe aborda la necesidad de replantear el rumbo. “Para retomar la senda será necesario tomar medidas urgentes y transformadoras para reducir y acabar con las desigualdades, así como aumentar la inversión nacional e internacional en el VIH, la salud, la protección social, las respuestas humanitarias y los sistemas de control y preparación ante una pandemia”.

Cabe destacar que frente al objetivo mundial para erradicar el sida se ha incorporado la acción internacional contra el VIH a la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, una constatación de que la salud y el bienestar no solo dependen de los servicios sanitarios, sino también de la educación, los medios de vida sostenibles, los derechos humanos, la igualdad de género, la implicación comunitaria y la formación de diversas alianzas.

El informe aborda de manera explícita el incumplimiento de las metas propuestas. Para la Organización: “no se cumplieron las metas mundiales para 2020 acordadas en 2016 en la Declaración política sobre el VIH y el sida: En la vía rápida para acelerar la lucha contra el VIH y poner fin a la epidemia del sida para 2030”. Esto quiere decir que el marcado contraste de los éxitos cosechados en ciertos ámbitos, y los fracasos registrados en otros, confirma que el VIH sigue siendo una pandemia de desigualdades.

Por su parte la OMS ha señalado que: “el éxito ha variado según la región, el país y la población. La reducción de nuevas infecciones y muertes ya se había estancado incluso antes de la pandemia de COVID-19. Así, no será posible lograr el objetivo mundial «90-90-90» para 2020” (que el 90 % de las personas que viven con el VIH conozcan su estado serológico respecto al VIH. El 90 % de las personas diagnosticadas reciban terapia antirretrovírica continuada y el 90 % de las personas que reciben terapia antirretrovírica tengan supresión viral).

Y agregó: “Debido a las deficiencias en los servicios relacionados con el VIH, en 2019 murieron 600.000 personas por causas relacionadas con el VIH y 1,7 millones de personas se infectaron”.

La OMS enfatizó que para alcanzar el nuevo objetivo mundial «95/95/95» propuesto: “tendremos que redoblar nuestros esfuerzos para evitar el escenario más desfavorable: medio millón de muertes adicionales en el África subsahariana, un aumento de las infecciones por el VIH como consecuencia de las interrupciones en el servicio del VIH durante la pandemia de COVID-19 y la ralentización de la respuesta de salud pública al VIH”. Sin embargo, preocupa la nula atención que reciben algunas poblaciones, que siguen siendo marginadas y criminalizadas por su identidad de género, orientación sexual, medios de subsistencia, dependencias o, sencillamente, por vivir con el VIH.

De otro lado, según afirmó la Asamblea General de las Naciones Unidas: “la desigualdad y la violencia de género aumentan especialmente el riesgo del VIH entre las mujeres y las adolescentes, sobre todo en entornos con una carga viral elevada. Los niños que viven con VIH tienen muchas menos probabilidades de recibir tratamiento que los adultos, y sus resultados en términos de salud son peores porque los medicamentos pediátricos no son los más adecuados”.

Si bien, el aumento de la vulnerabilidad al VIH suele estar asociada a factores legales y sociales, lo que aumenta la exposición a situaciones de riesgo y crea obstáculos para acceder a servicios de prevención, detección y tratamiento del VIH eficaces, de calidad y asequibles. Dar prioridad a las poblaciones clave en la respuesta al VIH mediante intervenciones adecuadas sería lo más eficaz ante la epidemia y reduciría las nuevas infecciones. También, otros grupos poblacionales pueden ser particularmente vulnerables y correr un mayor riesgo de infección por el VIH, como las adolescentes y las mujeres jóvenes de África meridional y oriental y los pueblos indígenas de algunas comunidades.

¿Qué ha pasado con el SIDA en Colombia?

A escala local, en Colombia, según datos de ONUSIDA, durante 2019 vivieron 190. 000 personas mayores de 15 años con VIH (160.000; 240. 000) y la prevalencia nacional de personas viviendo con VIH fue de 0.5% (0.4%; 0.6%). De acuerdo con el informe de eventos del INS para VIH/SIDA, período epidemiológico XIII, con fecha 2020-1, la tasa de incidencia fue de 271 casos por 100. 000 habitantes; 13 .606 casos nuevos fueron reportados ese mismo año con diagnóstico de VIH. La distribución porcentual por sexo entre hombres es de 80.6 % y en mujeres del 19.4 %, el mecanismo de transmisión en el 98 % fue por transmisión sexual; la edad de los afectados estuvo dado en un 25.3 % entre los 15 y 24 años y 37.1 % entre los 25 y 34 años. De la totalidad de personas que viven con VIH solo 119.472 (69 %) tienen conocimiento de su enfermedad, 89.022 (57 %) se encuentran en tratamiento con antirretrovirales y 74.630 (53 %) están en supresión viral.

En términos de mortalidad, con corte al 31 de enero de 2019 se presentaron 1.802 muertes en las personas con diagnóstico de VIH, de las cuales el 34,07 % correspondieron a muerte por SIDA, el 14,59 % se consideró muerte por otra enfermedad no definitoria de SIDA y el 29,74 % fue por muerte por causa externa. Se desconoce la causa de la muerte en el 21,59 % de los casos.

Frente al panorama, en Colombia se actualizó la Guía de Práctica Clínica (GPC) basada en la evidencia científica para la atención de la infección por VIH/SIDA en personas adultas, gestantes y adolescentes, esta contará con un enfoque de Salud Pública y Equidad, priorizando subgrupos de población afectadas por inequidades respecto a la prevención, diagnóstico, tratamiento y seguimiento y retención.

La opinión de los expertos en cuanto a la discriminación por VIH/SIDA

La American Academy of Pediatrics (AAP) apoya las leyes y políticas públicas enfocadas a eliminar cualquier forma de discriminación de niños o adolescentes infectados con VIH. En el caso de los niños, la academia expresa: “Todos los niños y adolescentes infectados con VIH deben tener el mismo derecho de asistir a la escuela y al cuidado infantil que aquellos sin la infección, y deberán tener acceso a educación especial y otros servicios relacionados (incluyendo educación en el hogar) en caso de que su enfermedad progrese o surja la necesidad. Se deberá respetar la confidencialidad del estado de la infección de VIH de un niño o adolescente, únicamente se divulgará con el consentimiento de los padres o tutores legales”.

Desde otro punto, según afirman las investigadoras Maggie Campillay y Maribel Monárdez en su estudio “Estigma y discriminación en personas con VIH/SIDA, un desafío ético para los profesionales sanitarios”, el estigma y la discriminación pueden tener consecuencias devastadoras en el cuidado de las personas con VIH/SIDA pues representa un costo importante tanto para los individuos que la padecen como para la salud pública de los países que se esfuerzan por contar con políticas para controlar la enfermedad.

Campillay y Monárdez resaltan: “cuando las personas perciben estigma y discriminación se ha asociado a una reducción en la utilización de los servicios sanitarios de prevención. Diversos estudios a nivel global, dan cuenta del estigma y discriminación a la que son sometidas las personas con VIH/SIDA. Esto se presenta de formas muy diversas y se han descrito actitudes de rechazo caracterizadas por maltrato psicológico, físico y expulsión de sus lugares de residencia”. Y concluyen: “la atención de salud es uno de los contextos donde más se ha descrito discriminación que se manifiesta inclusive con altos grados de agresión hacia las personas con VIH. Estas prácticas generan una grave vulneración a los derechos humanos de estas personas”.

Por ello, es importante tener en cuenta los aspectos éticos en la atención, ya que estos permiten que se genere una relación de confianza que favorece de manera directa la actitud de la persona frente a su enfermedad.


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