MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 273 JUNIO DEL AÑO 2021 ISNN 0124-4388 elpulso@sanvicentefundacion.com icono facebook icono twitter

Algo no va bien en Colombia y el COVID-19

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Para quienes hemos dedicado nuestra vida profesional a trabajar por la salud de las personas, muchas veces más por vocación que por otros intereses, resulta sumamente preocupante el actual momento del país. Pero también lo es para todos aquellos que piensan que Colombia es una nación maravillosa, que su gente es buena, y que decir patria significa más que una frase y se traduce en acciones para el mejoramiento de las condiciones de vida de todos nuestros connacionales. Y como el asunto no es de emotividad, ni de discusiones políticas en torno al sistema de salud, es bueno atenerse a los simples hechos.

Junio comienza con Colombia como uno de los países que genera mayor preocupación mundial en el manejo de la pandemia por COVID-19. La Organización Panamericana de la Salud señaló que el nuestro es el país de América Latina que ha mostrado el aumento porcentual más alto en contagios de todo el continente. Aunque existe cierta movilidad en las cifras, y eso hay que decirlo, el 5 de junio ocupábamos el puesto 12 en el nefasto escalafón de casos totales de contagio de COVID-19 en todo el mundo desde cuando se declaró la pandemia. Esto ya es preocupante, pero es solo el inicio.

Para ese mismo día fuimos el tercer país con mayor número de casos nuevos (21.949) solo superados por la India y Brasil; ocupamos el mismo lugar, tercero, en cantidad de muertes (535) mientras este indicador en la mayoría de países ya no supera los dos dígitos. En casos críticos mostrábamos 6.582 solo superados por la India con 8.994 y Brasil con 8.318. En muertes por millón de habitantes estábamos en el puesto 19 con 1.800 mientras que en pruebas por millón de habitantes nos vamos al final de la tabla hasta el puesto 96 con 343.002. Esta fotografía, no refleja el peor de nuestros días de pandemia, en mayo se marcaron cifras récord con hasta 30.000 casos nuevos en un día, y un promedio que supera las 500 muertes diarias. Ocupamos el séptimo lugar por mortalidad total en el mundo, y probablemente el lugar sea peor si se tiene en cuenta el reporte del DANE de mortalidad, que el 9 de mayo mostraba que la cantidad de fallecidos por COVID superaba los 100.000, pero ya estar entre los diez, considerando además las diferencias poblacionales con India, México, Brasil, Estados Unidos, entre otros, ya debería ser muy alarmante.

Dentro de los indicadores vistos uno llama especialmente la atención, el bajo número de pruebas. Si bien al principio de la pandemia en Colombia, marzo de 2020, el gobierno nacional realizó un gran esfuerzo para aumentar la capacidad de los laboratorios y pudimos tener un crecimiento significativo en este ítem, también es cierto que parece que nos estancamos desde hace muchos meses. Los 3´593,016 casos reportados hasta el 5 de junio podrían ser muchos más ya que nos enfrentaríamos a un profundo sub registro que no permite conocer la verdadera dinámica y proporción del COVID-19 en Colombia. La positividad en el mes de mayo se ubicó en el 25 % cifra ya bastante alta, pero hay ciudades con morbilidades del 45 % como Bogotá donde casi la mitad de las pruebas realizadas resultan positivas, y esto se debe interpretar como una expansión impresionante de la infección, que incrementa el riesgo para todo el sistema de salud, ya completamente saturado. En Boyacá y Casanare las UCI se encontraban al 100 %, en la capital al 97 % y el Valle del Cauca, Antioquia, Santander, Meta no bajan de ocupaciones del 95 %.

Los estudios iniciales muestran descensos importantes en la mortalidad y gravedad de los casos en los países que han avanzado en el proceso de vacunación, sin embargo nuestras coberturas aun no son útiles para esperar que en las próximas semanas impacten las cifras generales. Con solo 3´369.264 personas vacunadas con el esquema completo, es mucho lo que falta para alcanzar la meta de 35´700.000 personas vacunadas que se necesitan para el 70 % de la inmunidad de rebaño.

Ahora bien, el PRASS se estableció como estrategia para controlar la expansión del coronavirus en el país a la vez que se impulsaba una primera gran reactivación de la economía, sin embargo por lo menos en su primer objetivo parece no haber sido efectiva, y ahora con la Resolución 777 de 2021 se busca lograr la reactivación final de los sectores productivos que más riesgos pueden generar, los eventos masivos y la industria del entretenimiento, y es evidente que estos involucran un componente social de gran importancia en la generación de empleo y por ende de ingresos a los ciudadanos, entendiéndose así la apuesta del gobierno nacional, pero también se debe tener la conciencia que la medida en este momento específico puede acarrear un mayor colapso del sistema de salud con alto costo en vidas, salud y bienestar de la población.

La coyuntura es difícil, y tomar medidas perfectas lo es aún más en un país con niveles de pobreza que según el DANE nos llevan a los niveles de hace una década. No es posible tampoco ubicar un justo medio que permita reducir los efectos en la salud producidos por la COVID-19 a la vez que se reactiva la economía. Lo que sí se puede hacer es extremar las medidas de control con mayor cantidad de pruebas, cumplir a cabalidad los lineamientos del PRASS flexibilizando las responsabilidades hacia los entes territoriales para sí disminuir la fragmentación ocasionada por la simultaneidad de EPS en las regiones, y agilizando el giro de recursos compensatorios para las personas que se vean obligadas a permanecer aisladas. No es nada novedoso ni complejo, es cumplir a cabalidad la estrategia diseñada por el mismo gobierno nacional, y si los resultados esperados no se logran, tener la humildad e inteligencia para tomar acciones correctivas oportunas. De lo contrario estaremos abocados a continuar durante todo 2021 navegando entre oleadas y picos del virus que desgastaran mucho más a la misma economía del país.


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