MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 6    NO 72   SEPTIEMBRE DEL AÑO 2004    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co

Fundado en Medellín, el 30 de julio de 1998. Director: Julio Ernesto Toro Restrepo. Comite Editorial: Augusto Escobar Mesa, Juan Guillermo Maya Salinas, Javier Ignacio Muñoz. Editora: Albaluz Arroyave Zuluaga. Dirección Comercial: Diana Cecilia Arbeláez. Asistente de edición: Olga Lucía Muñoz López. Web master: Santiago Ospina Gómez

¿Se acreditarán
cerrados?

Desde mediados del año 2002 se viene hablando con insistencia sobre la acreditación de las entidades de salud. Recordemos que lo que hay del sistema, partió de un estudio contratado por el gobierno con el Consejo Canadiense de Acreditación de Servicios de Salud y Qualimed de Méjico, en consorcio temporal con el Centro de Gestión Hospitalaria.
Este componente, que es voluntario dentro del Sistema Obligatorio de Garantía de la Calidad en Salud, se estableció en Colombia con el decreto 2309 de aquel año.
De ahí en adelante sobre el tema se han escuchado muchas preguntas en el sentido de: ¿cuáles son las verdaderas y últimas razones que entraña el sistema de acreditación? ¿Cuáles son los motivos que tiene el gobierno para impulsar de manera tan persistente el sistema en medio de semejante crisis hospitalaria? Igualmente, surgen las preguntas: ¿Hay o no suficiente desarrollo del sector para entrar en el proceso de acreditación? ¿Si habrá o no apoyo a las instituciones por parte del Ministerio de la Protección Social para emprender el proceso? ¿La acreditación es una preparación del sector para las sorpresas que nos trae el TLC? Y hay mucha más inquietud sobre la forma como se adelantará el proceso y por las consecuencias negativas que pueda generar a las entidades no dispuestas a iniciar ese camino de la acreditación.
Como se ve, todo no está resuelto ni todo está entendido. Quedan cosas en el camino que deberían ser bien esclarecidas y justificado su afán, antes de iniciar con algo que si bien es importante y bonito, no es esencial para la vida de los niños, maternas y en general de los pacientes.
Evidentemente hay asuntos más urgentes que la acreditación y necesidades mayores que ella en las instituciones. Por ejemplo: ¿Qué va a pasar con las funciones que hoy realiza el Invima si se elimina esta entidad? ¿Cómo se atacará la falsificación de medicamentos? ¿Volverá el problema de las vacunas? ¿Reaparecerá la fiebre amarilla y encontrará al Ministerio enfrascado en la acreditación? ¿Cuándo se resolverá de raíz la disparidad de criterios que originan las glosas? ¿Cómo se le garantizará a los niños acceso a los servicios de salud, o eso no importa? ¿Cómo se controlará que todos los empleadores afilien a sus trabajadores a la seguridad social, o eso es problema de ellos? ¿Quién velará por evitar la contaminación ambiental, o eso sólo es tema de los ambientalistas y agitadores? ¿Nos ganará la batalla, sin sonrojarnos, la desnutrición infantil? ¿Vamos a dejar persistir el vergonzoso parasitismo intestinal? Y en general, ¿cómo abocará el país la desprotección social en que está sumido? Que no suene a ironía de este medio para el Ministerio. Es cierto y necesario examinar el asunto de la protección social, porque hasta ahora es una oportunidad burocrática solamente.
Los hospitales desfallecen: las directivas, los alcaldes y los gobernadores no saben qué camino coger, porque allí en esas entidades se concentra una problemática de la gente común, que salta a la vista. La crisis hospitalaria no sólo es desprotección a los pacientes, sino que es falta de ingreso para trabajadores y proveedores, con las consecuencias que ello tiene en la calidad de vida de sus familias. Esto lo traemos acá no obstante haber sido tratado en números anteriores de El Pulso, sólo para poner de presente que sí hay temas y asuntos en los que el Señor Ministro de la Protección Social debe poner los cinco sentidos, antes de concentrar su mente y su gente en otras tareas que no son vitales, porque dígase lo que se diga, la acreditación no es vital. No la entendemos así, y con seguridad nadie en el sector privilegiaría ese trabajo por encima de la propia supervivencia de las entidades candidatas a acreditarse. Es más: tal y como van los hospitales, dentro de poco tiempo no habrá a quién acreditar. O, ¿se acreditarán cerrados?
 




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