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¿Se
acreditarán
cerrados?
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Desde mediados
del año 2002 se viene hablando con insistencia sobre
la acreditación de las entidades de salud. Recordemos
que lo que hay del sistema, partió de un estudio contratado
por el gobierno con el Consejo Canadiense de Acreditación
de Servicios de Salud y Qualimed de Méjico, en consorcio
temporal con el Centro de Gestión Hospitalaria.
Este componente, que es voluntario dentro del Sistema Obligatorio
de Garantía de la Calidad en Salud, se estableció
en Colombia con el decreto 2309 de aquel año.
De ahí en adelante sobre el tema se han escuchado muchas
preguntas en el sentido de: ¿cuáles son las
verdaderas y últimas razones que entraña el
sistema de acreditación? ¿Cuáles son
los motivos que tiene el gobierno para impulsar de manera
tan persistente el sistema en medio de semejante crisis hospitalaria?
Igualmente, surgen las preguntas: ¿Hay o no suficiente
desarrollo del sector para entrar en el proceso de acreditación?
¿Si habrá o no apoyo a las instituciones por
parte del Ministerio de la Protección Social para emprender
el proceso? ¿La acreditación es una preparación
del sector para las sorpresas que nos trae el TLC? Y hay mucha
más inquietud sobre la forma como se adelantará
el proceso y por las consecuencias negativas que pueda generar
a las entidades no dispuestas a iniciar ese camino de la acreditación.
Como se ve, todo no está resuelto ni todo está
entendido. Quedan cosas en el camino que deberían ser
bien esclarecidas y justificado su afán, antes de iniciar
con algo que si bien es importante y bonito, no es esencial
para la vida de los niños, maternas y en general de
los pacientes.
Evidentemente hay asuntos más urgentes que la acreditación
y necesidades mayores que ella en las instituciones. Por ejemplo:
¿Qué va a pasar con las funciones que hoy realiza
el Invima si se elimina esta entidad? ¿Cómo
se atacará la falsificación de medicamentos?
¿Volverá el problema de las vacunas? ¿Reaparecerá
la fiebre amarilla y encontrará al Ministerio enfrascado
en la acreditación? ¿Cuándo se resolverá
de raíz la disparidad de criterios que originan las
glosas? ¿Cómo se le garantizará a los
niños acceso a los servicios de salud, o eso no importa?
¿Cómo se controlará que todos los empleadores
afilien a sus trabajadores a la seguridad social, o eso es
problema de ellos? ¿Quién velará por
evitar la contaminación ambiental, o eso sólo
es tema de los ambientalistas y agitadores? ¿Nos ganará
la batalla, sin sonrojarnos, la desnutrición infantil?
¿Vamos a dejar persistir el vergonzoso parasitismo
intestinal? Y en general, ¿cómo abocará
el país la desprotección social en que está
sumido? Que no suene a ironía de este medio para el
Ministerio. Es cierto y necesario examinar el asunto de la
protección social, porque hasta ahora es una oportunidad
burocrática solamente.
Los hospitales desfallecen: las directivas, los alcaldes y
los gobernadores no saben qué camino coger, porque
allí en esas entidades se concentra una problemática
de la gente común, que salta a la vista. La crisis
hospitalaria no sólo es desprotección a los
pacientes, sino que es falta de ingreso para trabajadores
y proveedores, con las consecuencias que ello tiene en la
calidad de vida de sus familias. Esto lo traemos acá
no obstante haber sido tratado en números anteriores
de El Pulso, sólo para poner de presente que sí
hay temas y asuntos en los que el Señor Ministro de
la Protección Social debe poner los cinco sentidos,
antes de concentrar su mente y su gente en otras tareas que
no son vitales, porque dígase lo que se diga, la acreditación
no es vital. No la entendemos así, y con seguridad
nadie en el sector privilegiaría ese trabajo por encima
de la propia supervivencia de las entidades candidatas a acreditarse.
Es más: tal y como van los hospitales, dentro de poco
tiempo no habrá a quién acreditar. O, ¿se
acreditarán cerrados? |
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