MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 7    NO 86   NOVIEMBRE DEL AÑO 2005    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co
La ética médica: Entre la ética comercial y el ajuste fiscal
Conrado Gómez Vélez Especialista en salud pública y en evaluación social de proyectos conradog@cable.net.co
Pocas cosas son casuales en el mundo de la política. La eliminación del adversario por ejemplo, siempre requiere preparativos cuidadosos para que sea efectiva, no sólo como supresión física sino también como muerte simbólica y moral. Para que sea aplaudida, la destrucción del adversario debe ser precedida siempre de la suficiente información, tanta como para asegurar que sus artífices serán vistos como héroes y no como villanos. De los mensajes y los conceptos que posibiliten la construcción del adversario como enemigo, depende todo: de hacerlo ver como un monstruo, alguien que no es humano y en quien no se puede confiar.
Luego, como "por sus aberraciones no merece ninguna clase de existencia", será eliminado y todos aplaudirán. Por eso son tan importantes los técnicos, y las derogaciones que saben hacer son indispensables para inflingir primero la muerte ideológica y simbólica: del resto se encargarán otros. Por eso, pocas veces los "técnicos" son tan imparciales como quisieran.
De profesionales de salud a funcionarios técnicos
En este mismo sentido, hace años se viene desacreditando a los profesionales de la salud, insistiendo en sus altos costos, en su ineficiencia, y particularmente en conflictos de intereses, que los llevan a prescribir tratamientos innecesarios, sea buscando reconocimiento o beneficios. También se impuso la idea de que los profesionales de la salud no son aptos como administradores, que la ética médica es anacrónica porque es mejor un buen sistema de pagos y que las instituciones públicas son ineficientes: la muerte simbólica. La material le vendría después al papel del profesional con la introducción de terceros en la relación medico-paciente, las aseguradoras, para que promovieran la salud y resolvieran los problemas mencionados. Como resultado, no sólo en Colombia sino también en otros países del mundo, los profesionales vienen convirtiéndose en funcionarios técnicos que aplican el mandato de organizaciones diseñadas y reguladas para contener los costos.
Se equivocan quienes creen que el papel del profesional es técnico, y que la ética está prescrita porque la reemplazaron los incentivos económicos.
Con estos cambios no sólo se descalificó el papel del profesional: también se le marginó de las decisiones clínicas más importantes, y se viene colocando en desuso la tradición ética y las normas que deben regular la prestación y el suministro de servicios a partir de principios que según muchos son caducos. De otra manera, se supone que la combinación de los incentivos económicos y los controles adecuados solucionarán los problemas de la ética que no hemos logrado resolver en cientos de años.
Lo que resulta paradójico, sin embargo, es que los problemas éticos y jurídicos alrededor de la salud no se han resuelto sino que se han multiplicado. Asimismo, que el deseo de contener el gasto fiscal y reducir los costos, que es también un objetivo de estas medidas, parece amenazado. El debate de los medicamentos y las tutelas que se viene exponiendo recientemente, demuestra reposadamente estas inconsistencias.
¿Incerntivo económico o criterio técnico?
Por un lado la prevención y con un criterio adecuado de complejidad, en lugar de avanzar viene retrocediendo. La presión por servicios más costosos y de mayor complejidad es cada vez más incontrolable. Según vienen informando fuentes oficiales, el costo de los recobros por medicamentos excluidos del Plan Obligatorio de Salud -POS- supera los $350.000 millones. Este valor corresponde al costo de 20 productos patentados, que son autorizados a los pacientes por los jueces, luego que los primeros interpusieran acción de tutela. Por otra parte, según se pudo establecer consultando a algunas EPS, el valor por medicamentos de la Unidad de Pagos por Capitación (UPC), supera en muchos casos el 20%, no obstante que en sus cálculos de factibilidad se estimó un 13% para ese propósito. La explicación que muchos se hacen, es que por una lado se está promoviendo la tutela como estrategia comercial, y por otro, que a las aseguradoras eso les conviene porque cuando los jueces condenan al Fosyga, éste debe pagar el 100% del valor y no el 50% del exceso entre el producto homologado, como correspondería a un medicamento autorizado por el Comité Científico Técnico. Quedaría entonces así prescrito el papel de los médicos y profesionales de la salud, optando por la tutela y no por el concepto técnico.
Nuevas estrategias de mercadeo
Por otro lado, es evidente que los productores de medicamentos vienen cambiando su estrategia a escala mundial (no sólo en Colombia), haciendo énfasis en productos protegidos con patentes y de tecnología más refinada, como ingeniería molecular y biológica que no se puede copiar tan fácilmente, y que en esencia difícilmente tendrán genéricos. Es decir, como las aseguradoras representan una amenaza muy grande para los laboratorios porque imponen compras masivas de productos esenciales y además también vienen integrando verticalmente la fabricación de medicamentos, estos últimos vienen encontrando su refugio en la tecnología y las patentes con un puñado de productos de elevadísimo nivel, dedicado a enfermedades crónicas. Mejor quince productos así, que cincuenta de los otros peleándose con los fabricantes de genéricos.
¿Y la ética?
La ética es la competencia, es comercial, es sobrevivir. El paciente como cualquier actor dispone de un instrumento por excelencia para hacer valer sus derechos individuales, que es la tutela. Por eso encontramos que muchas compañías premian con viajes y otras cosas a sus médicos por lograr niveles de gasto bajos y que a los vendedores de afiliaciones se les estimula económicamente según la edad y tipo de afiliado que enganchen. El que no lo haga se descompensa y sale del mercado, porque existe competencia desleal, porque muchas compañías y municipios no son precisamente angelitos a la hora de buscarles una afiliación a los enfermos. Por eso, para entrar a una Empresa Promotora de Salud (EPS), existen declaraciones voluntarias en donde las personas dicen si están sanas o enfermas, cosa que en otros países no se acostumbra o se ve mal, porque atenta contra los derechos de las personas.
¿Quien tira la primera piedra?
Naturalmente resulta muy extraño que las EPS le hagan recomendaciones éticas a los profesionales y a los laboratorios farmacéuticos, porque el papel de tener que bajar los costos y extraer las utilidades de la UPC es un proceso polémico. Es muy difícil argumentar la ética en compañías, por ejemplo, en donde un ingeniero o un administrador corta los gastos cuando se acaba la doceava del presupuesto para la que rindió la UPC y aplaza hasta el próximo mes todo lo que puede, porque de todo esto depende mantener el gasto bajo y el equilibrio presupuestal. Tampoco creo que los laboratorios le puedan dar lecciones de ética a los profesionales ni a las EPS, y mucho menos se me ocurre que el Consejo Nacional de Seguridad Social tenga los estudios y las investigaciones para darle lecciones a las EPS, a los laboratorios y mucho menos a los afiliados, como para decirles que no acudan a la tutela.
Negarle a las personas el derecho a la tutela en un país en donde no hay cobertura universal y en donde los planes que tienen los pobres son inferiores a los de quienes tienen empleo, es un imposible moral, ético y práctico, y sería también una mala decisión de salud pública.
Negarle a las personas el derecho a la tutela en un país en donde no hay cobertura universal y en donde los planes que tienen los pobres son inferiores a los de quienes tienen empleo, es un imposible moral, ético y práctico, y sería también una mala decisión de salud pública. Naturalmente, el uso indebido de la tutela, la desprestigia y la amenaza como institución. ¿Y que decir de la moralidad o la ética de negarle a un paciente con una enfermedad crónica, mortal o prevenible los servicios, porque no tiene las semanas o no puede cubrir el pago compartido? Muy espinoso que alguien con cédula y derecho a la vida, garantizado en la Carta Constitucional, tenga que creer que se tiene que morir para preservar la justicia distributiva, la ecuación de equilibrio contractual de la compañía o el equilibrio fiscal, cuando existen medicamentos o tratamientos disponibles para reducir su sufrimiento o ganar alguna esperanza de vida.
El profesional de la salud entren dos fuegos
Todo esto para decir que la judicialización de la salud, que sean los jueces y no los profesionales del ramo quienes pueden indicarles el tratamiento a los pacientes, está muy mal. Que todo el número y las causas de las tutelas demuestran que acá cada uno trata es de salvarse a sí mismo, pegándose a la letra menuda. Que tarde o temprano tendremos que recoger de nuevo la discusión de la ética profesional para anteponerla a los problemas financieros de corto plazo, porque el corto-placismo en el manejo de las finanzas y la pérdida de la perspectiva de atención primaria y de prevención, no ayuda justamente a lograr el equilibrio financiero de largo plazo. Que como es lógico, la combinación de incentivos económicos no resuelve un problema que es esencialmente de otra naturaleza, y que la solución de estos problemas si pasa por el medio de unos principios éticos que no están tan caducos, como algunos creen. Se equivocan quienes creen que el papel del profesional es técnico, y que la ética está prescrita porque la reemplazaron los incentivos económicos.
 
 
 







 



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