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desde las cafeterías del centro hasta la Presidencia
de la República, desde el pasado 18 de mayo, cuando
se iniciaron las rondas de negociación en Cartagena
de Indias, con la participación de Ecuador y Perú.
Como la controversia se ha generalizado, la pregunta corriente
es si le conviene o no al país firmar un tratado de
esta índole y claro el sector salud no se podía
quedar atrás, porque como mínimo le afecta directamente
como prestadores de servicios y como trabajadores de la salud;
como usuarios, creadores, educadores o investigadores de ciencia
y tecnologías de punta (biotecnología, nanotecnología,
genómica, ingeniería genética, telemedicina,
etc.); como empresarios o empleados objetos de competencia
para entidades y aseguradoras extranjeras; y algo fundamental:
como responsables de velar por la salud pública de
los colombianos, pues deben estar atentos a otros rubros del
tratado como patentes, propiedad intelectual, seguridad alimentaria,
recursos naturales, medicina tradicional e indígena,
contaminación ambiental y recurso hídrico.
Este último es un aspecto clave de la negociación
que poco se ha discutido y es absolutamente estratégico,
más cuando se augura una guerra por el agua en el 2025
y Colombia es el cuarto país del mundo más rico
en este recurso. De firmarse el TLC con EU o en el futuro
participar del Alca como ahora le proponen, implicaría
que el agua "natural o artificial" se vuelve un
bien "comerciable" que no puede amparar el país
bajo sus leyes nacionales, sino bajo la norma internacional
del Tratado de Libre Comercio; y si prohíbe su exportación,
la empresa multinacional puede demandar indemnización
del Estado por perjuicios, por expropiación, competencia
ilegal, oportunidades perdidas o por restarle ganancias presentes
o futuras respecto del bien. Ese mismo efecto "comercial"
cobijaría todos los otros aspectos arriba señalados,
desde la prestación de servicios médicos profesionales,
la adquisición o el diseño de equipos, inversiones
en salud, desarrollo de ciencia y tecnología, alimentos
y semillas transgénicos, depósitos de desechos
tóxicos, recursos genéticos, plantas autóctonas,
producción farmacéutica, patentes sobre la medicina
tradicional indígena o campesina.
Las normas de estos tratados han sido cuestionadas precisamente
por eso en México, Chile, Canadá y hasta el
propio EU, porque la salud pública y los derechos humanos
a la salud, el trabajo, la ecología y un medio ambiente
sano, pasan a un segundo plano bajo esta "jurisdicción
internacional" de un TLC o un futuro Alca, porque la
justicia local se ve impelida al respecto, y las indemnizaciones
que han tenido que pagarse en otros países son multimillonarias
y en dólares; todas ellas, amparadas bajo el cuidadoso
texto ambiguo de los tratados que se prestan a todas las interpretaciones,
pero que son especialmente favorables a las transnacionales
cuando se habla de ofertar y licitar, y exigen tratarse como
si fueran una empresa "nacional" más; y cuando
se trata de reclamar, "demandan protección a la
inversión extranjera" en tribunales internacionales
creados por las partes, con la desventaja adicional de que
EU no firmó ni el Protocolo de Kyoto para proteger
el medio ambiente ni se acogió a las normas de la OIT
-con excepción del punto sobre trabajo infantil- pero
nuestro país sí tendría que reformar
hasta la Constitución para poder aceptar todas esas
condiciones, como ocurrió en México y ahora
pasa en Chile.
En tinieblas
Sin embargo, el texto preciso y completo del Acuerdo que propone
cada una de las partes, Colombia y Estados Unidos, no se ha
hecho público y con respecto al sector salud no fue
posible, hasta el cierre de esta edición, conocer las
propuestas que para el mismo tiene el Ministerio de la Protección
Social por parte de Colombia. Así que teniendo en cuenta
lo que públicamente han manifestado diferentes sectores
y personalidades de la vida nacional y lo que se ha publicado,
más la experiencia que se ha tenido en otros países
que ya han firmado estos acuerdos, a continuación presentamos
algunos elementos que consideramos importantes de analizar
en estos campos.
En primera instancia, el fenómeno de no conocer exactamente
y por escrito lo que cada parte propone, es un factor común
de estas negociaciones. Así pasó en Méjico,
Chile, Costa Rica y Centro América. Eso de ser transparentes
ante la sociedad civil sobre lo que se negocia no se cumplió
a plenitud en ningún país y es una de las quejas
más frecuentes de gremios y sectores sociales. Esto
incluye desde el proyecto de Área de Libre Comercio
de las Américas (Alca) hasta los tratados bilaterales
(TLC). Estos últimos con el agravante, según
expertos de economía internacional, de que van mucho
más lejos que las pretensiones de EU en el Alca, pues
superan las autorizadas por la Organización Mundial
de Comercio (OMC), especialmente en tema de salud pública
y patentes.
La economista Consuelo Silva, de la Alianza Chilena por un
Comercio Justo, Ético y Responsable (ACJR), asevera
en su texto "Notas Acerca del Tratado de Libre Comercio
entre Chile y EU", que "la información entregada
por el gobierno siempre fue sesgada e incompleta", y
que un aspecto crucial en la negociación fue que la
sociedad civil no logró que los representantes por
su país recogieran la esencia de sus propuestas en
el Tratado, puesto que "algunos de los acuerdos a que
se llegaron entre los organismos de la sociedad civil y los
negociadores que participaron en este proceso no fueron respetados".
Agrega la economista, que dicho accionar va en contra del
mandato entregado por el Congreso de Estados Unidos al presidente
Bush (hijo) cuando le otorgó el TPA (2) o Autoridad
de Promoción Comercial, violando con ello, además,
los acuerdos de la III Cumbre de Jefes de Estado de las Américas
(abril 2001), cuando se postuló en el Plan de Acción
de Québec: "Los gobiernos reconocemos el importante
papel de la participación de la sociedad civil en la
consolidación de la democracia y que dicha participación
constituye uno de los elementos vitales para el éxito
de las políticas de desarrollo".
Entre ángeles y demonios
En Colombia la situación no parece diferente: la información
es segmentada y la crítica a lo poco conocido fácilmente
satanizada. El Presidente Uribe dijo en el discurso inaugural
en Cartagena que muchos se oponían a estos tratados,
pero que cuando llegaban al gobierno, los auspiciaban -y como
no falta la malicia indígena, un ciudadano corriente
se preguntaría entonces ¿Qué pasa dentro
del gobierno?-, para a renglón seguido ofrecer "a
la discrepancia política, receptividad para mirar cláusulas
alternativas", mientras curiosamente su ministro de la
Defensa, Jorge Alberto Uribe, afirmaba públicamente:
"acá todavía tenemos cavernícolas
que opinan que el TLC es inconveniente" (Noticiero Caracol
Televisión) y lo más coincidencial fue que el
discurso presidencial de la inauguración fue transmitido
por los canales nacionales el 20 de mayo de 2004, el mismo
día en que los noticieros de televisión divulgaron
en sus diferentes horarios esta posición del ministro
de Defensa. Ello sin contar que algunos de los 120 congresistas
que se hicieron presentes para la negociación en La
Heroica se sintieron excluidos de las deliberaciones, mientras
otros que se unieron a las protestas contra el TLC de las
organizaciones sociales en las calles de Cartagena aparecieron
de nuevo en la televisión, ahora no para sustentar
sus tesis, sino para mostrar golpes y hematomas que no respetaron
ni sexo femenino ni inmunidad parlamentaria en las convulsionadas
avenidas de la capital de Bolívar.
En Colombia, el Ministerio de Comercio Exterior realizó
reuniones informativas sobre el Alca y el TLC, estableció
mesas de trabajo con representantes y gremios de la sociedad
civil y recibió documentos, cartas e infinidad de propuestas.
Más en reciente conferencia del director general de
la Fundación Misión Salud, Germán Holguín
Zamorano, sobre Acceso a la salud" en estos dos
tratados, comentaba la anécdota de que un día,
cuando estaba participando en la mesa de propiedad intelectual
del Ministerio, preguntó cuál era el destino
de las opiniones y de los documentos que ellos aportaban para
sustentarlas, y entonces se les respondió que eran
"testimonios históricos", de lo cual el director
concluye que "la sociedad civil no está contribuyendo
a enriquecer la negociación, sino la historia",
y por lo tanto las mesas se convierten en "buzones de
sugerencias" que pueden ser ignoradas, pero a su vez
"imprimen al proceso, habilidosamente, un sello de legitimidad".
Hasta los más amigos del proceso se quejan de la transparencia,
como el presidente de Acopi, Juan Alfredo Pinto, quien reiteró
en una entrevista a El Tiempo (mayo 25 de 2004) que "la
pequeña y mediana empresa es amiga del comercio libre
y de la competencia, siempre y cuando las negociaciones se
lleven a cabo de cara al país, de manera transparente",
puesto que para Acopi "sería una equivocación
que tratados como Mercosur, Alca y TLC con Estados Unidos,
se conviertan en acuerdos entre grandes empresas y los gobiernos".
Y aún se presentan críticas en el aspecto ético
más delicadas, como las realizadas por la Red Colombiana
de Acción Frente al Libre Comercio y el ALCA (RECALCA)
y de la cual hacen parte más de 500 organizaciones
de toda índole, desde científicas, académicas,
médicas, profesionales, hasta sindicales y comunitarias,
que en un documento sostienen: "Los criterios que Colombia
lleva a las mesas de negociaciones internacionales se elaboran
con participación de voceros de las multinacionales
y es evidente el propósito de conducir aceleradamente
la Nación, recurriendo a presiones y sin mayores análisis
sobre el impacto negativo del ALCA".
Cuestionamientos empresariales
Lo más grave es que no solo las organizaciones sociales
hacen estos cuestionamientos, sino también los empresarios,
como el Vicepresidente de Tecnoquímicas S.A., Emilio
Sardi, quien también pertenece a la Junta Directiva
de la Asociación de Industrias Farmacéuticas
(Asinfar), quien definió como grave el sesgo que a
favor de la contraparte, es decir, de Estados Unidos y sus
empresas, evidencian algunos integrantes del equipo de negociación
del gobierno, y explica que "este sesgo no es de extrañar
en un Ministerio que sistemáticamente invita en forma
masiva a los representantes de las multinacionales para definir
el interés nacional", y no duda en agregar que
"es malo para el país, como lo es también
su afán de ideologizar el debate, 'macartizando' a
quienes se preocupan por el daño social que pueda causar
una mala negociación".
Y el empresario no se queda ahí. Agrega a su crítica
a algunos de los negociadores del gobierno, el pretender aplicar
presiones "a los medios de comunicación que acogen
a colombianos muy respetables que manifiestan su inconformidad
con el proceso", y remata recordando el incidente con
Fedesarrollo, entidad que tras estudiar los efectos que la
norma de propiedad intelectual propone en el TLC, concluye
que de aprobarse se afectaría la balanza de pagos,
la economía del país y se "aumentaría
en 61% los precios de los medicamentos", lo que implicaría
"un costo social de más de US$777 millones al
año". Así, explica Sardi, "buscando
desestimar ese impacto, un alto miembro del equipo negociador
colombiano afirmó que el Ministerio de Comercio había
descubierto que "esta cifra es producto de un descalabro
metodológico por parte de Fedesarrollo, como jamás
se ha visto en la historia de la consultoría colombiana",
y que Fedesarrollo haría "los correctivos necesarios".
Fedesarrollo revisó su estudio y ratificó la
cifra"(3).
El vicepresidente de Tecnoquímicas recordó con
detalle un par de estudios: el del Banco Mundial en febrero
de 2003, que concluyó que por las deficiencias estructurales
del país, difícilmente Colombia podría
beneficiarse de un acuerdo de libre comercio; y otro de Planeación
Nacional sobre el TLC, que determina que sólo dos sectores
productivos crecerán y todos los demás se caen,
lo que a su juicio no es ético y podría generar
"los nuevos desplazados del TLC".
El representante del gremio farmacéutico afirma que
aún considerando que el director del equipo de negociación
colombiano es probo, inteligente y estudioso, no cree que
ese deba ser el grupo que represente los intereses del país:
"No deben ser ellos quienes determinen qué se
debe pedir y qué se puede aceptar. Su tendencia es
y ha sido facilitarse su trabajo posterior, definiendo posiciones
que le gustan a la contraparte, aunque sean dañinas
para el país. No permiten participar en su definición
a quienes serán perjudicados (empresarios, trabajadores
o consumidores), y tampoco dicen cómo se repararán
los daños que causarán". Por eso propone
que "el Congreso de la República, que nos representa
a todos, debe ser, como en Estados Unidos, quien defina los
parámetros de la negociación", puesto que
no puede ser "un convidado de piedra, a quien le llevarán
un documento para aprobación final rutinaria",
y pide que el Ministerio de Comercio que negocia, se apoye
en sus pares de Protección Social y de Agricultura,
y que todo el proceso se haga bajo la vigilancia de la Procuraduría
General de la Nación.
Respuestas ministeriales
En artículo de El Tiempo (mayo 16 de 2004) sobre el
equipo que acompañará al Ministro de Industria
y Comercio, Jorge Humberto Botero, en la negociación
del TLC con EU, se lee: "-Tenemos un buen equipo negociador-,
ha reiterado el ministro Botero, al defender esta nómina,
señalando, además, que detrás de todos
ellos hay asesores de toda la plantilla estatal y firmas extranjeras
contratadas para apoyarlos en temas específicos, como
el de propiedad intelectual". Ese mismo día el
ministro concedió una entrevista al diario El País
de Cali y cuando le preguntaron sobre el tema farmacéutico
dijo: "En la discusión pública sobre ese
tema hay quienes asumen que vamos a erradicar toda posibilidad
de competencia. Eso no tiene ningún fundamento. La
negociación que pretendemos hacer es extremadamente
cautelosa, y consiste en mantener las normas que hoy tiene
Colombia para el sector farmacéutico, lo cual deja
en una posición bastante equilibrada los intereses
de la salud y los intereses empresariales de la industria
multinacional y de la industria nacional", y aseguró
que "los precios de los medicamentos no van a tener un
comportamiento distinto del que hoy tienen, ni se van a acabar
los productos genéricos". Consideró que
algunos empresarios satanizaron el TLC, pero que su interés
debía estar en consonancia con los superiores de la
Nación, y sobre el equipo de trabajo del gobierno dijo
que estaba unificado y que no había divergencias.
Exportando hipocresía
Es evidente que el TLC con EU acapara el interés nacional,
porque la gente vivió la apertura económica
y tiene experiencias positivas o negativas y sabe que la magnitud
de este nuevo tratado ampliará con creces esos aspectos
en caso de firmarse -al menos sobre la base de lo conocido
hasta el momento -. Así que si presentan voces en contra
y a favor, sea en la calle, en las mesas de trabajo, en los
estudios de las entidades o en los medios de comunicación,
éstas debería recibirse no con policías
y piedras en las calles, ni con insultos a través de
la televisión ni con descalificativos para estudiosos
y académicos en los espacios de debate nacional, sino
con toda la atención del caso, porque supuestamente
aquí todos están trabajando para el mismo país.
Sin embargo, vale la pena recordar al ex asesor económico
de la Casa Blanca y Premio Nóbel de Economía
2001, Joseph Stiglitz, experto en analizar los efectos de
la asimetría de la información, es decir, cuando
entre dos negociadores se presenta el fenómeno de que
una de las partes involucradas está en inferioridad
de condiciones respecto de la información sobre la
materia negociada. Stiglitz explica que "la economía
de mercado se caracteriza por la imperfección de la
información, con graves consecuencias en el desarrollo
de las economías a nivel mundial. Por eso, los modelos
que se han aplicado son una ficción, porque ignoran
fenómenos importantes como el desempleo", y aclara
que esto se debe a que "los modelos existentes se han
basado en que la información es perfecta cuando el
libre mercado se caracteriza por la imperfección".
Stiglitz en su última visita a Quito, no tuvo reparos
en señalar sobre la proyección del 5% de crecimiento
dado por el FMI a Ecuador: "Yo no le daría mayor
peso a esa proyección, porque debe estar basada en
modelos antiguos. Ellos incluso se inventan los números".
Con base en su experiencia en la Casa Blanca, el Nóbel
de Economía sostiene que "a menudo los Estados
Unidos manifiestan que, si bien el comercio es bueno, las
importaciones no lo son", de lo cual se deduce que el
agro, sus patentes y los subsidios a las siderúrgicas
y el acero seguirán inamovibles, más cuando
precisamente estos sectores financian las campañas
presidenciales en EU, y en esas condiciones la relación
es injusta.
En su visita a Argentina, Stiglitz dio a conocer su visión
crítica sobre los tratados bilaterales y dijo: "Lo
que tendría que haber hecho Chile es un acuerdo de
libre comercio, pero no lo hizo, y en lugar de eso aceptó
nuevas amenazas a su soberanía. Aclaró
que Chile no obtuvo acceso libre a los mercados estadounidenses,
así como tampoco Méjico dejó de encontrar
barreras comerciales en Estados Unidos tras la firma del NAFTA.
Sobre el posible Alca entre los 33 países de América
Latina y EU, dijo: Si Estados Unidos siguiera su retórica
y fuera realmente un acuerdo de libre comercio, sin barreras
agrícolas o arancelarias ni cláusulas que socaven
la soberanía de algunas naciones, el ALCA sería
bastante bueno para Latinoamérica, pero es un
hecho reiterativo que no es así, porque EU ya
dijo que el tema agrícola no se discute, que las barreras
arancelarias tampoco y que se mantiene en la idea de una liberalización
total de los mercados de capitales. Conociendo a su
país en el manejo de sus relaciones comerciales internacionales,
no dudó Stiglitz en afirmar: Los norteamericanos
siempre fueron hipócritas en esta materia, y ahora
están exportando esa hipocresía a todo el continente.
Casos para pensar sobre el "libre
comercio"
- La empresa norteamericana Metaclad demandó en 1996
a México por violar el capitulo 11 del TLC, al impedírsele
montar un depósito de desechos tóxicos en San
Luis Potosí. Bajo las normas del TLC, esto se consideró
un acto de "expropiación" y el gobierno de
Méjico tuvo que pagar US$16.7 millones a Metaclad en
compensación.
- Sun Belt Water Inc., una empresa de Santa Bárbara,
California, EU, está enjuiciando al gobierno canadiense
por US$14.000 millones, porque no le permitió seguir
con su negocio de exportación de agua en grandes cantidades.
La razón: la Columbia Británica de Canadá
prohibió esta acción desde 1993 en su región.
- En el estado de Guerrero, Méjico, 15 consorcios privados
de EU desmontaron el 40% de las selvas en 8 años para
exportar sus maderas. Ahora, invocando el capítulo
11 del TLC, reclaman que se deroguen normas ambientales y
otras regulaciones o se les indemnice.
- EU es demandado por US$750 millones por la cadena funeraria
del grupo Lowen con base en el TLC, por una sentencia de la
corte de Mississippi que encontró culpable a una compañía
canadiense de prácticas fraudulentas y maliciosas,
injustamente dirigidas contra los negocios funerarios locales.
- Canadá tuvo que pagar US$13 millones y decir públicamente
que no tenía evidencia de que el aditivo MMT de la
gasolina -considerado un neurotóxico y contaminante
ambiental- perjudicara la salud, y tuvo que eliminar su prohibición
del mercado para salir de una demanda que por US$250 millones
le puso la empresa de EU, Ethyl Corporation, que producía
el aditivo.
- La empresa minera canadiense Glamis está demandando
por $50 millones a EU, por los perjuicios que considera le
son causados por una ley del gobierno de California que le
exige cumplir más normas para poder operar en zonas
próximas a reservas ambientales e indígenas,
y ella tiene una cantera al lado de la reserva sagrada de
la etnia Quechán.
Fuentes:
(1) Joseph Stiglitz, Premio Nobel de
Economía 2001, ex jefe de economistas del Banco Mundial
(BM) y ex presidente del Consejo de Asesores Económicos
durante el gobierno del presidente de EU, Bill Clinton (1993-2001).
Conferencia magistral durante el IV Encuentro de Economistas
sobre la Globalización y Problemas del Desarrollo.
La Habana. Cuba. Citado en el artículo: Expectativas
infundadas del "libre comercio" para América
Latina y el Caribe http://www.alcaabajo.cu/sitio/que_es_el_
alca/ articulos/expectativasinfun dadas.htm;
(2) Notas acerca del Tratado de Libre Comercio entre Chile
y Estados Unidos. Consuelo Silva, economista de la ACJR.
(3) Observaciones al TLC con Estados Unidos. Emilio Sardi.
http://www.deslinde.org.co/Dsl35/dls35_observaciones_al_tlc_con_estados_unidos.htm
(4) Periódicos El Tiempo, Portafolio, La República,
El Espectador, El País. Revistas: Cambio y Semana.
Televisión: Noticias Caracol y Programa El Senado Hoy.
Radio: Caracol noticieros, La Luciérnaga.
(5) Los siete mitos del TLC. Alejandro Nadal, Francisco Aguayo
y Marcos Chávez. Citan a Stiglitz. http://www.alcaabajo.cu/sitio/que_es_
el_alca/articulos/expectativasinfundadas.htm
(6) Nóbel de Economía: El ALCA es un riesgo
para América Latina. Por Kintto Lucas. Cita a Stiglitz.
http://www.alcaabajo.cu/sitio/que_es_el_alca/articulos/nobel_de_economia.htm
(7) El Proyecto de Área de Libre Comercio de las Américas
(ALCA): una grave amenaza para los derechos económicos,
sociales y culturales de los pueblos americanos. Comisión
de derechos humanos 2003. Intervención al tema 10:
los derechos económicos, sociales y culturales. Exposición
escrita conjunta presentada por el CETIM y la AAJ. ONU. Casos
presentados. http://www.cetim.ch/2003/03ac10ra.htm. Cetim
(8) ALCA, expansión del TLC. Casos presentados .http://www.alcaabajo.cu/sitio/tlc_el_esp
ejo_del_alca/articulos/expansiontlc.html
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