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Una de las primeras preguntas que surge durante la gestación
es ¿Cuál es el sexo del nuevo ser?, en algunos
casos resulta difícil establecerlo y lógicamente
surgen muchos sentimientos de temor e incluso de rechazo.
La identidad sexual es determinante para el desarrollo psicológico
y el rol social de todos los individuos, cuando este no puede
ser definido adecuadamente se reflejará en la calidad
de vida de estos y en su desempeño como persona.
Cuando hablamos de desórdenes del desarrollo sexual
(DDS), termino propuesto en el año 2006 por el comité
internacional de estados intersexuales, y antes conocido como
hermafroditas, estados intersexuales o genitales ambiguos,
debemos tener en cuenta que intervienen diferentes factores:
Biológicos, Psicológicos, Sociales, Bioéticos
y de una forma especial los legislativos. En la actualidad
se acepta que 1 de cada 5.500 nacidos vivos presentan desordenes
del desarrollo sexual. Biológicamente hablando, podemos
hablar de un sexo genético, genital (internos y externos)
y hormonal; cuando existe un desfase en alguna de estas categorías
nos encontramos ante un DDS.
En nuestra cultura, con valores conservadores, solo existen
dos opciones ser hombre o mujer, no hay intermedios. En 1960
la Universidad de Johns Hopkins postuló en estos pacientes
definir el sexo lo más rápido posible y reconstruir
los genitales inmediatamente, desde entonces esta es la postura
que ha prevalecido en muchas escuelas.
En los últimos años surge Intersex Society
of North América (ISNA), quienes afirman que
en algunos lugares hay otros conceptos y otras maneras menos
estigmatizantes de entender los estados intersexuales. Los
DDS se consideran una población dicriminada y en muchas
ocasiones se perciben a sí mismos como rechazados.
En estos pacientes observamos que entran en pugna varios principios
bioéticos, como el de beneficencia Vs autonomía,
en donde debemos decidir entre la asignación temprana
de sexo y evitar futuras frustraciones y rechazo, pero por
otro lado el respeto a que el mismo individuo escoja libremente
su identidad. El problema es que estamos hablando de niños
con una autonomía limitada, y en donde en muchos casos
puede haber un conflicto de intereses por parte de los padres
o del personal de salud. También está la no
maleficencia, esto consiste en no realizar procedimientos
irreversibles o mutilantes sobre el cuerpo del niño.
Debemos considerar a todo niño con un DDS un ser humano,
que nació libre con igualdad en dignidad y en derechos,
sin importar su asignación sexual; tiene derecho a
la vida, la seguridad social, a la salud, además de
una personalidad jurídica, no ser discriminado ni estigmatizado.
En el campo de la salud tiene derecho a ser tratado de forma
integral, en todas sus esferas, por un grupo multidisciplinario
y participación pluralista. En el plano terapéutico
debe practicársele todo el bien posible disminuyendo
al máximo los efectos nocivos y respetando su autonomía.
Siempre cuidar la privacidad del paciente y manejar con cuidado
los datos consignados en la historia clínica.
El manejo inicial debería ser no asignar sexo hasta
no tener la seguridad de este, por eso debe ser remitido a
una institución que goce de recursos para un adecuado
diagnóstico.
Después de un adecuado proceso diagnóstico los
pacientes deben ser llevados a una junta médico-quirúrgica
multidisciplinaria de toma de decisiones. Debe consignarse
en la historia clínica, la conclusión del grupo,
aclarando el diagnóstico, la probable asignación
de sexo y por último un posible tratamiento médico
quirúrgico.
Es importante la opinión del comité de bioética
hospitalaria, quienes deberán plantear dilemas éticos
y crear un ambiente de reflexión y dialogo entre los
diferentes actores. Los dilemas que surgen son: ¿Cuál
es la asignación de sexo más adecuada?, ¿Quién
debe decidir la asignación de sexo?, ¿Cuándo
y que procedimientos quirúrgicos de remodelación
de genitales y/o intervención hormonal se debe realizar
en este paciente?, ¿En qué momento este paciente
debe conocer su condición clínica?
Para salvaguardar la autonomía del paciente y a la
vez permitir que encaje en nuestra sociedad, la recomendación
actual es asignar un sexo en el momento del diagnóstico,
realizando un tratamiento médico quirúrgico
seguro, evitando procedimientos mutilantes o irreversibles,
que permitan en el futuro que el mismo paciente pueda tomar
su decisión. Es fundamental el diligenciamiento del
consentimiento informado, el cual debe ser Cualificado, Repetitivo
y Persistente. Debe descartarse conflictos de intereses de
los diferentes actores ya que es un acuerdo de voluntades
destinado a producir efectos jurídicos, y siempre debe
quedar diligenciado en la historia clínica.
Todo verdadero aprender es mutuo; el saber no es tráfico
de dirección única, sino de ida y vuelta; para
dar hay que abrir la mano, como para enseñar hay que
abrir la mente y las ideas; y esa mano, esa mente y ese corazón
abiertos quedan así dispuestos a recibir, a dejar entrar,
a ser fecundados hermafroditamente por el mismo entorno que
ellos han ayudado a fecundar.
Charles Walles.
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