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| Hace más de
25 años participo en los órganos de gobierno de
la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Consejo
Ejecutivo 2 veces por año y en la Asamblea Mundial de
la Salud (AMS) que reagrupa una vez por año en mayo,
las delegaciones de 193 países miembros de la OMS. Mi
participación es silenciosa, primero como staff de la
OMS, que asiste para escuchar puntos de vista de los delegados
de los gobiernos y la sociedad civil; es silenciosa también
como representante del Centro Sur que asiste para escuchar y
entender mejor y aconsejar a los 54 países en desarrollo
miembros del Centro Sur. Participación silenciosa
pero no pasiva, pues la presencia permanente al final es casi
aceptación o complicidad de lo que se delibera y decide. |
Este
silencio, de presencia y complicidad, lo quiero romper hoy denunciando
lo que se convirtió en una farsa y decadente gesticulación
diplomática que debate cínicamente mientras millones
de enfermedades y muertes, muchas evitables, siguen sucediendo
independientemente de lo que se discute en estas altas
esferas de la salud pública internacional. Tanto
el Secretariado de la OMS como los países miembros, así
como el grupo de los observadores en los que me incluyo, tendríamos
que tener la honestidad de confesar que hemos fracasado
Que estamos presenciando el naufragio de la Agencia Pública
multilateral de referencia para asuntos de salud del planeta.
Nunca en 65 años de existencia de la institución,
un director y su secretariado había sometido a estudio
de los países miembros de manera |
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insistente, documentos
clave que fueron rechazados reiteradamente por los países
miembros, 3 y 4 veces durante los últimos 4 años
de manera consecutiva. Algunos de estos intentos de hacer aceptar
propuestas se han referido a: Reforma de la OMS, papel de los
actores no estatales -FENSA- (Framework of Engagement with Non-State
Actors), el diálogo financiero, asuntos ligados a calidad
o propiedad de medicamentos CEWG (Consultative Expert Working
Group on Research and Development: Financing and Coordination)
y SSFFC (Substandard/spurious/falsely-labelled/falsified/counterfeit
medical products-).
Pero no solo esto: la actual directora general, Margaret Chan,
lanza al final de su primer mandato (2012) una gran reforma
de la institución en temas que se confunden, enredan
y se desarrollan de forma desarticulada y a veces contradictoria,
sobre cómo financiar la OMS, cómo se gobierna,
cuál es o será el papel de los llamados actores
no estatales, y el rol que jugarán las urgencias,
catástrofes naturales y enfermedades o epidemias nuevas
o viejas que aparecen o reaparecen en distintas partes del mundo
(Ébola, Zika).
Gro Harlen Brundtland, antigua directora general (1998-2003),
reformó la Organización para darle un carácter
más de carácter normativo que operacional, para
consolidar a la OMS como órgano rector en salud global.
La gripe aviar, la H1N1, el Ébola y ahora el Zika, confundieron
a la actual directora general y a los países, que ya
no saben si la Organización debe ser normativa o de acción
humanitaria, o las dos.
El principal y más grave problema de la OMS es la pérdida
progresiva y vertiginosa del control del presupuesto regular
de origen público obligatorio. Actualmente se lleva a
cabo una privatización progresiva de la agencia, que
en 8 años pasa de tener un presupuesto de 50% procedente
de fondos públicos constituidos por contribuciones obligatorias
de países miembros, a solo 18%. La agencia está
actualmente en las manos (casi 82% de su presupuesto) de fundaciones
filantrópicas como Bill y Melinda Gates, y de un pequeño
número de países industrializados que ofrecen
contribuciones voluntarias, pero además, de la gran industria
farmacéutica. Estos aportes son contribuciones voluntarias
destinadas a los temas que deciden los donantes y no los órganos
de gobierno de la OMS.
Reformas urgentes que requiere la OMS
En mi concepto, varias reformas deben emprenderse de
manera urgente para reorientar el rumbo de la Organización
Mundial de la Salud (OMS). La primera y más urgente sería
establecer un plan para retomar progresivamente el carácter
multilateral público de sus recursos, condición
fundamental para recuperar la independencia y credibilidad.
Una segunda reforma urgente y necesaria es la recuperación
del poder central de este monstruo de 7 cabezas (Sede en Ginebra
y 6 oficinas regionales, cada una con buena dosis de autonomía
y desarticulación de los órganos de gobierno -Consejo
Ejecutivo y AMS-). Existe hoy en OMS, como lo demostró
el caso del Ébola, una desarticulación en la línea
jerárquica del poder entre la sede en Ginebra y las 6
oficinas regionales autónomas, que no reportan a la Dirección
General. Las relaciones de poder entre la Sede Central y las
oficinas Regionales y el brazo operacional, que son cerca de
150 oficinas nacionales, no están claras, lo que lleva
a una institución sin mando central, incapaz de responder
con eficacia y a tiempo a problemas como la gripe aviar o la
pandemia de la H1N1 o el Ébola.
El tercer problema por resolver es el dilema entre la naturaleza
de ser una agencia normativa encargada de la formulación
y puesta al día de estándares internacionales,
la administración del Reglamento Sanitario Internacional
y la formulación de instrumentos vinculantes en el ámbito
de la salud, versus una agencia humanitaria para implementación
de proyectos financiados por la caridad internacional,
compitiendo y duplicando esfuerzos con agencias como el Global
Fund, agencias de Naciones Unidas como UNICEF o el UNDP, o grandes
ONG como Médicos Sin Fronteras (MSF). La culpabilidad
de los errores cometidos con la H1N1 y el Ébola crearon
un movimiento tendiente a dar a la OMS una doble misión:
Normativa y operacional. La agencia sin embargo debería
concentrarse exclusivamente en lo normativo y no en lo operacional.
Un cuarto aspecto, consecuencia de los tres anteriores, es la
necesidad de una reducción drástica del número
de funcionarios en la sede y las 6 oficinas regionales. La Organización
que rige el comercio internacional -OMC- solo tiene 400 funcionarios
en Ginebra y no posee ninguna oficina regional ni de país.
Estas ideas y otras que ayudarían a una reorientación
de la agencia, como son el lugar de la salud pública
en el contexto de las actuales reglas internacionales de inversión
y del comercio, o los desafíos de la COP 21 sobre cambio
climático en el campo de la salud, deberían ser
el objeto del debate para la selección y nombramiento
de nuevo director (a) general de la OMS en la próxima
elección que se prepara actualmente. |
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