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Desde diciembre de 2003 cuando la Asociación Colombiana
de Hospitales y Clínicas (ACHC) advirtió en
el Congreso de la República del preocupante aumento
de cartera hospitalaria, que a esa fecha ya había
ascendido a $1.1 billones y el 61% estaba en mora mayor
a 60 días, y se conformó una Comisión
Accidental para revisar los aspectos problemáticos
de la Ley 100 y entregar recomendaciones, los actores del
sistema de salud han presentado el gobierno propuestas para
resolver la crisis financiera del mismo.
En estas mismas páginas escribíamos en diciembre
de 2004: Con el actual sistema no están contentos
los usuarios, no están contentas las clínicas
y hospitales, no lo están los médicos, y para
colmo, es curioso, tampoco lo están las EPS.
Precisamente por ese descontento, por sentirse en
el lugar equivocado, todos los actores en los últimos
15 años han presentado propuestas bien estructuradas
de cara a apoyar las soluciones para las muchas crisis por
las que hace aguas el sistema de salud.
Para la muestra, recuérdese como para la discusión
entre 2004 y 2007 de la propuesta de reforma al sistema
creado por la Ley 100, que desembocó en la expedición
de la Ley 1122 con algunos ajustes, se acumularon
17 proyectos de ley con toda clase de iniciativas desde
todas las orillas, y según especialistas, de los
mejores no se tomó ni un parágrafo. Igual
sucedió durante la discusión en 2012 en otra
intentona de reforma, cuando 11 proyectos de ley ordinaria
radicados fueron unificados, al igual que 3 propuestas de
ley estatutaria.
Hoy en 2015, cuando los prestadores denuncian que la cartera
hospitalaria ya supera los $15 billones porque el problema
nunca se ha intervenido de manera radical, todos los actores
del sistema insisten de manera bienintencionada en proponer
salidas. El punto es que ahora el problema desborda todos
los cálculos: si con la reforma tributaria que presentaría
el gobierno en el segundo semestre se aspira a recaudar
$18 billones, habría que considerar que solo para
pagar las deudas de cartera hospitalaria, tendría
que considerarse casi la opción de otra reforma tributaria
solo para oxigenar el sistema de salud.
Las propuestas parten del mismo gobierno cuando invita a
racionalizar el gasto, aumentar la eficiencia y evitar los
abusos con recursos del sistema, para lograr ahorros importantes
con recursos finitos. Los aseguradores y prestadores se
suman a la iniciativa de buscar nuevas fuentes de recursos,
y desde la academia se proponen soluciones como nuevo modelo
de atención de Urgencias, estudios para cálculo
de la UPC, nuevos impuestos, desarrollo avanzado de sistemas
de información, entre otros temas.
Ahora que el país se prepara para establecer los
desarrollos normativos que den cumplimiento a la Ley Estatutaria
en Salud que declaró formalmente a la salud como
derecho fundamental, sería la oportunidad de oro
de volver a unir esfuerzos para encontrarle salidas a la
crisis financiera del sistema.
Pero la historia muestra que más allá de las
buenas intenciones, si no hay verdadera y real voluntad
política para tomar las medidas heroicas que demande
el salvamento del sistema, seguiremos dando vueltas alrededor
de nada y cada vez más abocados al desbarrancadero
del sistema.
Tengo que insistir: Los hospitales del país necesitamos
que el gobierno central intervenga, porque no puede ser
que estemos tan cerca de la paz, pero tan lejos de la salud.
No puede haber paz sin salud, sin salud no hay paz. Necesitamos
la salud para que haya paz.
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