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No son sus muros, ni sus
árboles, ni sus saberes, ni sus gentes. Tampoco son sus
aires ni sus espacios lo que constituye este queridísimo
hospital (
) Este Hospital de San Vicente de Paúl,
es todo esto y una magia; es un espíritu que flota por
aquí y por allá, y realza sus muros, y se transfunde
a sus gentes, y se transmite, no sé cómo, en deseos,
en buenas intenciones, en ciencia y en amor a todas sus gentes
y de manera muy especial a sus pacientes (
) Es la mano
de Dios que lo conduce dulcemente, bondadosamente, amablemente.
Esto dice, en mensaje de despedida, el doctor Julio Ernesto
Toro Restrepo, el pasado 5 de febrero en la vieja capilla del
Hospital. |
Atrás quedan
30 años de alegrías y dolores, logros y sueños
pendientes, para quien tiene demasiado qué contar. En
su mensaje de retiro, dio fe: He entregado mi amor, mi
libertad, mis sueños y mi vida al Hospital y he sido
completamente feliz. He vivido, podría
repetir con Barba Jacob.
En entrevista con la periodista Olga Lucia Muñoz, recuerda
su primera vez en el Hospital:
Fue en
la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, año
1968; yo entré como estudiante, en un programa de inducción
a la actividad hospitalaria. Nos pusimos la blusa blanca por
locos, nadie nos decía por dónde se entraba al
Hospital, ni por dónde se salía. No olvida
la primera cirugía que vio: la disección de vena
en cirugía infantil, vestido de ropa verde y gorro, ni
los fonendoscopios de látex amarillo que fueron a comprar
los estudiantes al centro de Medellín. Resalta la humanidad
de los médicos de su época: Tenían
un sentido muy humano del manejo del paciente. Valora
en especial a los pediatras. Lo que más me llegaba
era que esa enfermedad estaba en una persona y que esa persona
era tan común y corriente como yo, que tenía familia,
hijos, padres, y muchos incluso, la intuición de que
iban a morir. Desde entonces, entiende que para ser a
la vez buen médico y médico bueno,
es preciso no hacer daño. |
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La aventura
comienza
En el internado, Toro y sus colegas muestran casta:
En el año 1973, me pagaban 600 pesos. Los residentes
y los internos movíamos las salas, dábamos las
altas, los ingresos, ordenábamos los exámenes,
programábamos los pacientes para cirugía con los
profesores de la Universidad. Le resulta trabajo en Leticia,
Amazonas. Descarta puestos en Amagá, Concordia
Me fui para Telecom del barrio Belén, busqué
en el directorio el teléfono del hospital, hablé
con el director y le dije que estaba interesado en ese puesto.
Aunque le gusta la medicina y el contacto con el paciente, dice:
Yo lo que quiero es ser director de un hospital.
Lo llaman petulante, loco y equivocado de carrera.
Viendo un mosaico de fotos de alumnos, un profesor de parasitología
le sentencia: A ojo clínico, éste no va
a llegar a ninguna parte.
Así y todo, más tarde se le apunta a la dirección
del Centro de Salud del Barrio Popular, de la Secretaría
de Salud de Medellín: Hacía la administración
del Centro que era chiquito, las suturas, toda la consulta,
pequeñas urgencias, yo era feliz en la vida, no me importaba
que eso quedara en la porra. |
| Le apuesta a la dirección
de la Unidad Intermedia de San Cristóbal, en donde empieza
los programas de ginecología, obstetricia y cirugía
ambulatoria con la Universidad de Antioquia. Va bien el muchacho.
Luego, muestra calidad en su consultorio privado. Al principio
de 3:00 a 7:00 p.m. Luego todo el día: Me iba muy
bien, yo era muy buen médico, tenía mucha clientela,
la gente me llamaba a la casa. Pude ayudar a salvar muchas vidas.
No tarda el gran salto, al Hospital Universitario San Vicente
de Paúl, que lo aguarda con mil problemas por resolver. |
"Me
apunté a la Dirección
José Miguel Guzmán, entonces Secretario
de Salud departamental y presidente de la Junta Directiva del
Hospital, le ofrece al doctor Toro la Subdirección Médica:
Entré en 1981. Yo todavía estaba muy joven,
tenía 30 años si acaso. Me tocaba interactuar
con los jefes de Departamento, todos de la Universidad; los
profesores míos, que me habían regañado
tanto, ya eran mis subalternos, y me sentía complacido
de citarlos a mi oficina y darles instrucciones. De la
Subdirección pasa a la Dirección Médica.
Casi tira la toalla al principio: Yo le decía a
Jorge Cadavid, el director del Hospital: 'Yo me voy a retirar,
esto como que no tiene ni pies ni cabeza'. Pero se queda.
Y recuerda: Tuve días de espanto, no tenía
como cogedero, no estaba configurado. Le toca corregir
fallas, como muchos exámenes de laboratorio innecesarios
que ordenaban y no llegaban a la historia clínica.
En 1990, breve interludio en Suramericana, arranca su programa
de Medicina Prepagada. Viene la prueba de fuego: Me dijo
el doctor Ricardo Restrepo, que no era aún presidente
de la Junta, que si yo me le apuntaba a la Dirección
del Hospital San Vicente, tenía 31 o 32 años.
Dije: 'Si ustedes me orientan y me dan soporte, yo sí'.
Nada sabía de administración, recuerdo que me
iba a librerías del centro de Medellín a comprar
libros de contabilidad. |
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Su vida se traslada al Hospital;
de buenas a primeras, se las ve con informes de gestión,
balances, presupuesto, cuentas por pagar, cartera
Entre
el 75 y el 90 la crisis del sistema de salud arrecia y proponen
volver públicos todos los hospitales. Como en otras asechanzas
del Demonio, los santos patronos, incluso don Alejandro Echavarría,
el director y la Junta, salvan al Hospital de caer en tentación
y lo mantienen como fundación privada sin ánimo
de lucro. Siguiente jaque, adaptarse a los cambios que trajo
la Ley 10 de 1990 y la Ley 100 de 1993, cuando el Hospital deja
de recibir aportes del Estado y debió reestructurarse
para seguir cumpliendo su misión social a favor de la
comunidad dentro del sistema de salud actual. El dilema
era facturar o morir, se empieza a montar el sistema de
facturación, otra piedra de escándalo. En distintas
reuniones, Toro es rotundo: O empezamos a facturar o a
la vuelta de un año cerramos este Hospital. Y recalca:
Sólo a partir de 1996 el Hospital alcanza su punto
de equilibrio.
Como impulsor y apoyo de valiosos logros científicos
y administrativos en el Hospital San Vicente, la gestión
de Toro Restrepo es loable. El avance profundo de los trasplantes
de diversos órganos, la capacitación del personal
en todas las áreas, el saneamiento financiero, la construcción
de los Centros Especializados en Rionegro, la consolidación
de San Vicente Fundación con el Hospital Universitario
y Centros Especializados junto con Corpaúl y el Instituto
de Alta Tecnología Médica (IATM), el desarrollo
tecnológico y los altos estándares de habilitación
y la Acreditación institucional, son cosas que no reclama
como aciertos personales sino como obra colectiva.
En un entorno con problemáticas constantes para el acceso
al servicio de salud, su compromiso siempre fue fortalecer un
modelo de atención centrado en el paciente, bajo las
políticas de humanización, seguridad y rehabilitación,
y de una atención digna. El doctor Toro mantuvo siempre
la institución con una política de puertas
abiertas, pese a las crisis económicas, fortaleciendo
la contribución social y el liderazgo médico.
No me llevo nada que no sea mío
¿Cuál es el futuro del Hospital para el
médico Julio Ernesto Toro Restrepo? Dice: De la
medicina del cuerpo se pasó a la medicina del ser humano,
después a la de los órganos, y a la de los tejidos.
Hay que ir a la medicina de la célula e incluso a la
nanomedicina. Pero que sea humana, he ahí el problema;
el que haga eso, tendrá el éxito. Yo aspiro a
que este Hospital maneje lo más refinado del conocimiento
medico dentro del ser humano, eso sería lo fantástico.
Sostiene que nadie sabe medicina, porque ésta pertenece
a la naturaleza: Yo sé cosas de medicina o ejercerla.
Entonces, ¿cómo logro que la gente se alivie?
Poniéndome de parte de la naturaleza, o sea, de parte
del ser humano.
Todos aprenden con él. Y el doctor Toro aprende que un
Hospital es también para espantar soledades, de
esas espantosas, que aterran, que invaden el alma como una tintura
que cae en el agua limpia; y es para llenar silencios y vacíos
que pueda padecer el alma. Al partir de ésta, su
casa durante 30 años, dice: No me llevo nada que
no sea mío, puesto que nada de lo entregado a mi cuidado
es mío. Me llevo sí y como imposible excepción,
los recuerdos. |
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| A todo el mundo lo traté
bien |
El mundo actual no da
nada. Todo está en función del trueque y del interés.
Si las organizaciones que propenden por la vida y por lo que
ella es y significa no continúan en esa tarea, ¿que
sería del hombre, de sus angustias y sus preocupaciones?.
Dr. Julio Ernesto Toro |
De sus ancestros de Sonsón,
este paisa nacido en Bogotá supo desde chiquito que el
único destino del hombre es el bien y que la
compañía y el afecto es lo que más sana,
lo que más cura, lo que más alivia. El médico
Julio Ernesto Toro Restrepo, antes que gestor de la salud y
médico bueno, es un buen hombre.
En todas sus facetas, como profesional de la medicina, como
administrador, como escritor y poeta, como padre, esposo y amigo,
el doctor Toro es fiel a su credo: El mundo actual no
da nada. Todo está en función del trueque y del
interés. Si las organizaciones que propenden por la vida
y por lo que ella es y significa no continúan en esa
tarea, ¿que sería del hombre, de sus angustias
y sus preocupaciones?.
Muy temprano, aprende que el dolor es el primer maestro para
el alivio: Me acuerdo del caso de un muchacho llamado
William que tenía una falla cardíaca por un problema
valvular, se mantenía asfixiado, sabía que iba
a morir, todos lo sabíamos. |
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Se la pasaba desesperado
gritando; y uno saber que va a morir alguien igual a mí,
y que yo en ese momento talvez sabré que voy a morir
también, eso me daba mucha pensadera. En diciembre
de 2008 dijo en El Espectador acerca del esmero del médico
y de la medicina misma: Detrás de todo ello está
el alma. Sí, es el alma, porque es allí donde
reside y de donde brota la solidaridad, el respeto, el compromiso
y la responsabilidad, algo que además se puede resumir
con la palabra amor.
El contacto con el sufrimiento alienta su práctica profesional.
Cuando dirige la Unidad de Salud de San Cristóbal, le
pide ayuda al jefe de Epidemiología de la Secretaría
de Salud de Medellín, Alberto Vélez, para un programa
de manejo de los pacientes hipertensos. Vélez lo ignora
y ello es motivo de pelea. Y en el caso del programa de trasplantes
de riñón del San Vicente, además del soporte
científico y académico, se requirió gran
dosis de humanidad y amor por el enfermo, agobiado por la incómoda
y costosa diálisis; por ello para brindarle alivio, el
doctor Toro impulsa estos procedimientos a lo largo de su gestión. |
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La vida no
es meramente existir; aunque
parezca un círculo, hay que decir que la vida es existir
en función de la vida misma, es decir en función
de los
demás porque, en realidad, la vida tiene sentido no
por la soledad, el distanciamiento, la envidia o la rivalidad,
no, lo tiene por el otro.
Dr. Julio Ernesto Toro
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Cabe recordar que luego del primer
trasplante de riñón exitoso con donante vivo en
Colombia en 1973, el Hospital alcanzó destacados logros
científicos como el primer trasplante exitoso de riñón
con donante cadavérico (1974), el primer trasplante de
hígado en Latinoamérica (1976) y el primer trasplante
de médula ósea en Latinoamérica (1976).
Particularmente durante la gestión del doctor Toro, se
hizo el primer trasplante simultáneo de riñón-páncreas
en Colombia (1988), el primer trasplante de hígado-riñón
en Colombia (2000) y el primero de células de cordón
umbilical en el país (2001); también algunos de
los primeros de su tipo como el primer trasplante de tráquea
en el mundo en 2002, el primer trasplante combinado de laringe-tráquea
en el mundo (2003), el primer trasplante de esófago en
el mundo (2005), el segundo trasplante de laringe en el mundo
(2002); y otros como el primer trasplante de intestino delgado
en Colombia (2004), el primer trasplante autólogo de
células progenitoras de médula ósea por
vía intra-coronaria en Colombia (2004), y el primer trasplante
de células madre a miembros inferiores en 2006. |
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Julio Ernesto Toro es gestor,
mas no acepta la mercantilización de la salud en detrimento
del ser humano: Todos ellos (autoridades y ejecutivos),
han sabido que hay EPS que no tienen suficiente solvencia, y
no pasa nada; que miran con desdén a los enfermos y no
pasa nada; que no autorizan cirugías indispensables y
no pasa nada; que dilatan la atención en consultas y
no pasa nada. Y para colmo, no pagan su deudas con Hospitales
y Clínicas, y no pasa nada.
Lealtad profesional
El doctor Toro tiene ideas muy definidas y las defiende.
Pero su respeto por la diferencia es digno de encomio. En su
trasegar, ha conocido médicos de todos los pelambres
y a cada quien valora en su singularidad. |
En larga entrevista con la periodista
Olga Lucia Muñoz, pasó revista a esos profesionales,
desde sus profesores, agrios y dulces, el meticuloso Alberto
Gómez Arango y sus dietas de gelatina Royal, el insufrible
Jaime Borrero, el doctor Federico Olarte y su proverbial delicadeza
con el enfermo, Eduardo Escorcia, Julio Calle, y una pléyade
de directores de genios muy distintos. Escucharlos y aceptarlos
es lealtad. La lealtad no es un bien material que puede
adquirirse, como todo lo del mundo, sino un valor metafísico
que tiene que hacerse a partir de un credo, subraya el
líder saliente.
Humanista de vieja data, no le son ajenas las veleidades de
escritor y poeta (Ver Una vida de servicio), no
se le escapan los conciertos sinfónicos ni las muestras
de arte. El ámbito periodístico le debe la creación
del periódico especializado para el sector salud, EL
PULSO, en 1998: Yo juzgaba que el Hospital San Vicente,
frente a lo que se estaba viviendo en el sistema de salud que
estaba en ese momento funcionando bajo la Ley 100, tenía
mucho qué decir, qué aportar. |
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La lealtad
no es un bien material
que puedeadquirirse, como todo lo del mundo,
sino un valor metafísico que tiene que hacerse
a partir de un credo.
Dr. Julio Ernesto Toro
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No renuncia al espíritu
romántico y aventurero; a raíz de su pasantía
rural en Amazonas, no quiere abandonar la selva. Como amigo,
Julio Ernesto brinda a todos un trato sencillo y cálido,
sin excesos ni fanfarronerías. Le cuesta acostumbrarse
al ejercicio de la autoridad. Lo que sí me acuerdo
es que a todo el mundo lo traté bien, inclusive a algunos
profesores que cuando yo era interno me trataron mal, porque
no sabía la respuesta de una pregunta, como ¿cuál
es la vena que pasa por no sé dónde? Para mí,
todo era una adivinanza.
El doctor Toro enseña cosas grandes por lo sencillas.
Como que el primer ingrediente de lo bien hecho es el amor.
El pasado 18 de febrero, en la fuente del Hospital, en el último
conversatorio con su gente, dice lo que repetía a los
compañeros recién entrados: Mañana
cuando suene el despertador a las 5:00 de la mañana,
no digás 'qué pereza' porque no sabrás
lo que tenés: la relación con los pacientes, la
gran oportunidad de servir, se está enriqueciendo tu
corazón, tu mente; sacá la mano y dormí
5 minutos, pero porque te da pereza levantarte, no porque te
da pereza trabajar |
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Una vida de servicio
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Dr. Toro en inauguración de
Centros
Especializados de San Vicente Fundación, |
El
doctor Julio Ernesto Toro Restrepo nació en Bogotá
el 21 de junio de 1947. Casado con la enfermera Gloria Obando,
tiene dos hijos. Médico Cirujano de la Universidad de
Antioquia (1974), especializado en Gerencia Hospitalaria, Universidad
Eafit-Ces (1990). Experiencia laboral: Medicina Rural en el
Hospital de Leticia, Amazonas (marzo 1975-junio 1976); Secretaría
de Salud de Medellín: Médico Director Centro de
Salud (agosto 1976-mayo 1977) y Médico Director de la
Unidad Intermedia de Salud de San Cristóbal agosto 1977-junio
1980). Consultorio Particular 1978-1982 en Medellín.
Subdirector médico del Hospital Universitario San Vicente
de Paúl (julio 1981-marzo 1983) y Director General entre
marzo 1983 y noviembre 1990. |
Gerente
general de Susalud (Medicina Prepagada) noviembre 1990-enero
1995; gerente (E) del Instituto de Alta Tecnología Médica
de Antioquia -IATM- (agosto 1994-febrero 1995); Director General
de la Fundación Hospitalaria San Vicente de Paúl
febrero 1995-febrero de 2016. Presidente Corporativo de San
Vicente Fundación, enero 2014-febrero de 2016.
Editor del libro Hospital & Empresa (3 ediciones);
autor de Humanis Corpus Inc. (2007); autor y editor de los libros
de poesía Toda la culpa es mía (2003)
y Sentencia anticipada (2009). Director del periódico
EL PULSO (1988-2016). Miembro de la Junta Directiva del Club
Rotario de Medellín (2003-2004), miembro actual del Club
Rotario Medellín, actual presidente de la Junta Directiva
de Tecnostent (bioprótesis), de la Junta Directiva del
Instituto de Alta Tecnología Médica -IATM-, de
la Junta Directiva de Corpaúl y de la Junta Directiva
de Centros Especializados de San Vicente Fundación. |
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