MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 15    No. 185  FEBRERO DEL AÑO 2014    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co

 

Reflexión del mes
“La salud no es sólo cuestión de los médicos” (2007).
"El número de grifos por cada mil personas es mejor indicador de la situación sanitaria de un país, que el número de camas de hospital" (1992).
“Los cocodrilos” de H. Mahler (1986): "...Una vez me regalaron un pequeño letrero para poner encima de mi escritorio que decía así: 'Cuando estés enfangado hasta el cuello con cocodrilos, no olvides que habías venido a desecar la ciénaga'. A veces pienso que estamos en esta situación. Vinimos a implantar unos sistemas basados en la Atención Primaria con el fin de alcanzar la Salud Para Todos en el año 2000 y nos encontramos hundidos hasta el cuello en una ciénaga verbal, luchando contra toda clase de cocodrilos conceptuales dispuestos a devorarnos vivos...”
Halfdan Mahler (Vivild, Dinamarca, 1923): Aparte de su discurso ante la Asamblea Mundial de la Salud, 6 de mayo de 1986. Mahler fue director de la Organización Mundial de la Salud (OMS) entre 1973 y 1988, y fue el máximo impulsor de las ideas de Alma Ata.
 
El derecho a enfermar
Jaime Hoyos, MD - elpulso@elhospital.org.co
La búsqueda de la eterna juventud parece mantener su vigencia en el mundo actual, así como permanece vigente la prueba de que no existe la fuente de tan anhelada condición.
Pareciera que el anhelo (ése sí perenne) de ser jóvenes toda la vida, se interpretara como el deseo de ser siempre saludables y bellos, a pesar de que la cruda realidad nos da pruebas diarias de que muchas personas jóvenes no gozan de cabal salud.
Volverse viejo es enfermarse. Y pareciera que la diaria constatación de este suceso no basta para nadie, ni siquiera cuando el envejecimiento cursa en carne propia y la prueba del paso del tiempo nos delata ante el espejo, las cámaras o los ojos de nuestros seres amados que viven lejos y sólo nos ven de vez en cuando (más viejos cada vez, eso sí).
Las discusiones sobre el modelo de salud que conviene a Colombia soslaya la tozuda realidad de que envejecer es enfermar y que es prácticamente imposible llegar sanos y rozagantes a la antesala de la muerte, especialmente a edades avanzadas.
Talvez enfermar no sea exactamente un derecho, sino un deber, en el sentido de que el paso inexorable del tiempo apareja el deterioro de nuestros sistemas funcionales y la declinación lenta, pero progresiva e irreversible, de nuestras facultades.
Los cultores de las teorías sobre modelos de salud insisten en que debería primar el mantenimiento de la salud de las personas saludables, mientras deploran que los recursos de la salud (siempre escasos, por supuesto) se deban asignar (o resignar) a cubrir las necesidades de atención de los enfermos, pero...
¿Acaso no hemos sido forjados los médicos para atender enfermos? ¿Acaso puede plantearse como secundaria, obsoleta o deplorable la labor del profesional centrado en devolver la salud de las legiones de enfermos? ¿Acaso no resultamos imprescindibles para cumplir aquella misión sagrada de “curar a veces, aliviar a menudo, consolar siempre”?
El corporativismo que se tomó nuestro sistema de salud desde hace tiempo parece creer que la compañía ineludible de la enfermedad y el desenlace final ineluctable en la muerte fueran culpa de “ineficiencia” en algún “proceso”. De tal suerte, la enfermedad y la muerte ya no serían la prueba fehaciente de nuestro trámite de vida, de la mano con la enfermedad y la muerte, sino la evidencia molesta de las fallas del sistema de salud, y la mejor prueba -a su parecer- de la falibilidad de los médicos.
¡Y no señor! Que se oiga alto y claro: la enfermedad y la muerte no son muestra del fracaso médico, tan solo son la más incontrovertible prueba de nuestra condición humana frágil y mortal.
“Que se oiga alto y claro:
la enfermedad y la muerte no son
muestra del fracaso médico, tan solo son la más
incontrovertible prueba de nuestra condición
humana frágil y mortal”.
Dr. Jaime Hoyos
La transición epidemiológica que sobrellevamos y que permite que ya no predominen enfermedades tercermundistas (no somos el África subsahariana, por supuesto), mientras pasan a predominar las patologías cardiovasculares y más adelante incluso hasta el cáncer en todas sus modalidades, sirve para refrendar que mientras haya vida enfermaremos de esto o de aquello, y que sólo la apacible muerte traerá el merecido descanso a nuestra ya cansada humanidad.
La promoción de la salud y la prevención de la enfermedad deberían dejarse en manos de aquellas profesiones que se ocupan de las condiciones de vida, empezando por los políticos, los responsables del saneamiento ambiental, la provisión de alimentos, etc., y terminando por los educadores y las familias, responsables directos de la adopción de hábitos de vida saludable entre la gente (alimentación sana y balanceada, actividad física moderada, evitación de excesos: licor, cigarrillo, etc.). Aunque nadie se lamenta siquiera de que no haya una cátedra de “comportamiento y salud” en el pénsum de las instituciones educativas.
Y si necesitan asesoría, que nos consulten. De hecho, eso es lo que mejor hacemos: consulta médica.
 
Cambios sustanciales al sistema de salud por reforma tributaria
Jairo Humberto Restrepo Zea - Grupo de Economía de la Salud Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Antioquia- elpulso@elhospital.org.co
La reforma tributaria impulsada por el gobierno del Presidente Santos, aprobada de manera veloz por el Congreso a finales de 2012 (Ley 1607), trae cambios sustanciales sobre la estructura tributaria nacional, ocasionará efectos sobre el recaudo de ingresos públicos y podrá afectar algunas variables económicas como el empleo y la producción. Todo parece indicar, según el análisis inicial sobre la propuesta presentada al Congreso, que esta reforma traerá un hueco fiscal y, por tanto, será necesaria una nueva reforma para equilibrar las finanzas públicas.
Aunque pudiera afirmarse que tal situación se compensaría por mejoras en la actividad económica, llama la atención que el esfuerzo tributario descansa sobre los ingresos de las personas, mientras se produce una desgravación importante sobre las empresas, y en el mediano y largo plazo se pone en riesgo la financiación del sistema de salud, del Sena y del ICBF.
La nueva estructura de los impuestos nacionales está determinada por la menor participación del impuesto a la renta a cargo de las empresas y por una mayor participación del impuesto a cargo de las personas.
En el caso de las empresas, se plantea un cambio que puede afectar favorablemente la actividad económica, pues reduce el impuesto a la renta de 33% a 25% para todas las empresas, y adopta el denominado Impuesto sobre la renta para la equidad (CREE) en un 8% sobre las utilidades de las empresas. Se daría así una redistribución de la carga tributaria que favorecería a las empresas intensivas en la generación de empleo y afectaría principalmente a sectores como el minero y el financiero. Además de esto, según las cuentas que en su momento presentó el gobierno, el recaudo del CREE superaría la reducción ordenada en el impuesto a la renta.
Pero las cosas no se quedan ahí. La reforma tributaria trajo cambios importantes sobre el impuesto a la renta de las personas, con una fuerte presión para que sectores de ingresos medios aporten mayores recursos por la vía del denominado IMAN (Impuesto Mínimo Alternativo Nacional). En este frente se concentran los aumentos de impuestos, pues sería con los cuales se cubriría la reducción de los parafiscales, los ingresos antes recaudados por el Sena, por el ICBF y por el sistema de salud.
Los principales efectos de la reforma tributaria sobre la recaudación de ingresos públicos recaen precisamente sobre estos tres pilares del desarrollo social del país. La reforma tributaria ordenó una nueva forma de financiarlos, ya no con las contribuciones a la nómina (13,5% de los salarios) sino mediante impuestos generales (el CREE). Resulta que las empresas del sector privado dejaron de pagar los aportes al Sena y al ICBF (5%) en 2103, en el caso de sus trabajadores con remuneración inferior a 10 salarios mínimos, y desde enero de 2014 hacen lo mismo en el caso de los aportes para salud (8,5%) y solo seguirán aportando lo que corresponde al trabajador (4%).
Se generaría un hueco fiscal que
deberá cubrirse para mantener los recursos
del contributivo. Aunque el presupuesto de la Nación
deberá cubrirlo, falta saber si el Ministerio de Salud
está preparado para demostrar cuánto sería el
faltante y garantizar su cubrimiento.
Dificultades y riesgos de sustitución
de cotizaciones por impuestos generales

Esta sustitución de fuentes para financiar la seguridad social, pasando de las cotizaciones a los impuestos generales, si bien puede ir en la dirección de lo que varios expertos han recomendado y de lo que enseñan experiencias de otros países, como España y Brasil, presenta varias dificultades y riesgos que no fueron considerados en la discusión de la reforma y que pueden ocasionar serias dificultades para la financiación del sistema de salud, así como del SENA y del ICBF. En primer lugar, pese a los anuncios optimistas y parece que sin fundamento, presentados por el Ministerio de Hacienda en el trámite de la ley, en el sentido de lograr un excedente de recursos producto de la diferencia positiva entre el recaudo del CREE y la reducción de las cotizaciones. En el último informe presentado por el Ministerio en diciembre de 2012, se afirmaba que el sistema de salud podría recibir $500.000 millones adicionales, pues el CREE aportaría $5,3 billones para salud (el 55% del recaudo, pues el resto corresponde al Sena y al ICBF) mientras la reducción de las cotizaciones sería de $4,3 billones.
Sin embargo, como parece despejarlo el proyecto de ley de reforma al sistema de salud, esta cifra está subestimada y sería más bien de $6 billones, así que lejos de aportar recursos adicionales la reforma tributaria le estaría quitando unos $700.000 millones al régimen contributivo. Pero este faltante puede ser mayor, pues el recaudo del CREE está por debajo de lo esperado por el gobierno; según el informe de rendición de cuentas de la DIAN, el cumplimiento en este recaudo estaba en el orden del 60%.
Otros efectos que podría traer este cambio de fuentes de financiación del sistema de salud, corresponden a la pérdida de competitividad que podrían tener empresas del sector público que participan en mercados en donde sus competidores privados se ven favorecidos con la reducción de costos producto de la eliminación de las cotizaciones. Además, en el caso de las empresas objeto del beneficio, al establecerlo exclusivamente para los trabajadores con menos de diez salarios mínimos, podrían darse incentivos para la evasión y para arreglos informales entre el patrono y el empleado, en particular cuando se trata de remuneraciones superiores pero cercanas a los 10 salarios mínimos.
Conclusión:
En conclusión: una medida como ésta merecía mayor debate y preparación. Aunque hace falta buena información para el análisis, se mantiene la hipótesis de un hueco fiscal que deberá cubrirse para mantener los recursos del régimen contributivo de salud. A pesar de establecer en la Ley 1607 que el presupuesto de la Nación deberá cubrir dicho faltante, hace falta conocer si el Ministerio de Salud y Protección Social está preparado para demostrar cuánto sería el faltante y garantizar su cubrimiento. Podría repetirse una historia como la del conocido pari passu, que el gobierno nunca cumplió.

 
  Bioética
Cinco lecciones de ética
Quinta: Ampliar conocimientos
médicos para servir mejor al paciente

Ramón Córdoba Palacio, MD - elpulso@elhospital.org.co
« Dame la fuerza, la voluntad y la oportunidad de ampliar cada vez más mis conocimientos, a fin de que pueda procurar mayores beneficios a los que sufren. Amén».
Rambam. RabbíMoshé Ben Maimónides

Una vez más, y para infortunio de la esencia de la atención médica a los pacientes, tenemos que afirmar que debido sin ninguna duda a la perniciosa Ley 100 de 1993, que contaminó el espíritu de servicio del verdadero médico con el del mercader, estamos muy lejos de cumplir, aún en lo más mínimo, la súplica de Maimónides.
Como afirmé en anteriores oportunidades, las instituciones creadas por la mencionada Ley -EPS, IPS, etc.-, son organismos de comercio donde se negocia con seres humanos, con su dignidad intrínseca, su libertad, su necesidad de atención médica, y se tasan no por lo que padece cada uno sino por lo que pueden contribuir a la economía de las mencionados organismos que es realmente su finalidad. La obligación legal y ética del gerente del establecimiento de comercio es acrecentar los ingresos monetarios para que éste pueda sobrevivir y progresar; queda el interrogante de si es ético, aunque puede ser legal, el sistema utilizado para ello; considero que no lo es, porque se negocia con la salud y la vida de seres humanos como lo afirmé antes.
«Dame la fuerza, la voluntad y la oportunidad de ampliar cada vez más mis conocimientos, a fin de que pueda procurar mayores beneficios a los que sufren»: Si contrastamos nuestra realidad con la súplica de Maimónides, tenemos que aceptar que «procurar mayores beneficios a los que sufren» no está en manos del médico, por buena voluntad que lo anime, sino que infortunadamente tiene que limitar su acción a los 15 minutos que generalmente asignan como tiempo disponible las instituciones dueñas del negocio y a lo que ellas permitan solicitar como ayudas diagnósticas e indicación terapéutica.
No cesa allí el daño que el actual sistema de atención médica ha traído: profesionales de la medicina abandonaron el interés por estar al día en sus conocimientos, lo que no es correcto ni está honestamente de acuerdo con su vocación, porque de nada les sirven sus conocimientos ante la vigilancia estricta de los gerentes de los diferentes negocios, como lo vimos en párrafos anteriores. No podemos aceptar como ético que la desidia encuentre como escudo las condiciones de la Ley 100 de 1993, con mayor razón cuando no fuimos capaces de defender como era debido a los pacientes y a la profesión, y muchos se plegaron a la posible seguridad de ser empleados en vez de médicos libres.
Más aún, cuando uno de los entusiastas defensores e impulsadores de la malhadada Ley 100 ante un grupo de docentes y alumnos de una de nuestras universidades fue objetado de que dicha Ley era contraria a la ética hipocrática, respondió palabra más palabra menos, “que esa ética era tan vieja que había que cambiarla”, y agregó: “Ustedes han tenido en sus manos un gran negocio y no lo han sabido explotar, ahora lo haremos nosotros”. ¡Y vaya si han sabido hacerlo! Basta mirar las edificaciones y otras adquisiciones que no benefician propiamente a los pacientes, en cuanto a la calidad científica de su atención.
Los defensores de la Ley 100 de 1993 alegan que se incrementó mucho el cubrimiento, pero tratándose de seres humanos no basta el número “de cabezas” -no somos manada de animales- sino, y en primer lugar, la calidad científica, humana y humanitaria de la atención.

NOTA: Esta sección es un aporte del Centro Colombiano de Bioética -Cecolbe-.
 

Maestro, ¿qué es eterno?

La reforma de la salud. Decían que salía antes de Navidad y nada que salió. Nos van a coger las elecciones de marzo y nada, en Semana Santa ni rezando todos los días la aprueban, después las presidenciales y tampoco. Nos va a coger el Mundial de Fútbol sin reforma de la salud, y nos llegará otra vez la época de la natilla, sin reforma, sin salud y sin natilla.

 
 











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