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El listado del Plan Obligatorio de Salud -POS- actualizado
tiene poca tela cortada y mucha por cortar. Como quien dice,
un cierto número de inclusiones de medicamentos y
procedimientos importantes para las enfermedades más
prevalentes de la población colombiana, pero también
muchas exclusiones para las mismas enfermedades; en suma,
un paquete de servicios que sólo sobre la marcha,
en el terreno complejo de nuestro perfil epidemiológico,
sabremos de qué tamaño son los beneficios
que disfrutarán los usuarios. No obstante, de entrada
se advierte que el nuevo POS y las disposiciones en trámite
que lo avalarán, a saber, la Ley Estatutaria y la
Ley Ordinaria de la Salud, muestran en fin de cuentas la
medida de la generosidad de un sistema de salud poco generoso.
Uno de los puntos neurálgicos en la carga de enfermedad
de Colombia son las enfermedades de alto costo, que en los
últimos años han mostrado unas prevalencias
mucho más altas que en décadas pasadas. Ciertos
tipos de cáncer, dolencias cardíacas, respiratorias
y mentales, entre otras, dejaron de ser males de ricos
y hoy atacan a todos los estratos de la población,
y su difusión y morbi-mortalidad hoy son más
amplias en grupos de edades jóvenes, como nunca antes
se habían comportado.
Estas y otras enfermedades de alto costo, catastróficas,
raras y huérfanas tienen hoy un peso considerablemente
más alto en el perfil epidemiológico colombiano,
y su crecimiento se ha dado en progresión geométrica,
en comparación con el modesto crecimiento de la oferta
institucional de servicios, medicamentos y tecnologías
para combatirlos. Resulta halagüeño el sano
y prudente optimismo de entidades como la Liga Colombiana
de Lucha contra el Cáncer, que destaca la cobertura
de 80% de los tratamientos para el cáncer en el nuevo
POS, si bien advierte que entre las exclusiones hay otros
para enfermedades muy frecuentes que no se pueden descuidar.
Y si sumamos a ese 20% no cubierto en las enfermedades oncológicas,
los otros 20, 30, 40 o más por cientos descubiertos
en los demás grupos de enfermedades, el resultado
serán miles de pacientes que de momento quedarán
colgados de la brocha, a la buena de Dios, tal vez condenados
a muerte o a una existencia indigna.
En gracia de discusión, para no ser alarmistas y
obrar con prudencia, creámosle al señor ministro
de Salud, Alejandro Gaviria, sus reiteradas declaraciones
según las cuales se incluyeron en el POS los medicamentos
y procedimientos más recobrados, con el fin de evitar
un impacto mayor en las quebrantadas finanzas de la salud.
Pero es difícil creer que sea verdad tanta belleza,
así como es difícil asegurar que las nuevas
EPS o Gestores, ahora reforzado su poder con nuevos privilegios,
cambien su comportamiento tradicional que es la cultura
de la negación. No basta con incluir muchas cosas
en el papel, hay que entregarlas efectivamente en el consultorio:
valga recordar que más del 70% de las tutelas son
por cosas incluidas dentro del POS, demostró la Defensoría
del Pueblo.
Tampoco basta echarle incienso cada día a la tutela:
hay que rodearla de un entorno normativo y constitucional
favorable, en vez de ponerle todas las zancadillas jurídicas
que la hagan un mecanismo subsidiario y prácticamente
inocuo como se vislumbra. Todo este panorama nada alentador
no hace más que avizorar una consecuencia funesta:
el crecimiento del gasto de bolsillo, los injustos copagos
para los usuarios, que ponen nuevamente el derecho fundamental
a la salud como una mentira repetida pero bien dicha.
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