En esta
primera década del siglo XXI, hemos sido testigos de
grandes avances científicos y sociales en áreas
donde el ser humano tenía mucha incertidumbre y poca
esperanza de cambio. La salud mental es ciertamente una de ellas,
pero lo es más aún, el abuso de sustancias: Éste
ha sido motivo de grandes debates políticos, pero por
fin se empieza a concebir como un problema de salud pública
y no moral.
En un momento de reflexión y de transición social
como el que vive nuestro país, se necesita un compromiso
común para que los avances en el sector salud no se conviertan
sólo en negocio de pocos, sino también en beneficio
de muchos.
La primera vacuna contra la cocaína, presentada en octubre
de 2009 por un equipo de científicos liderados por el
Dr. Thomas Kosten, profesor de Baylor College of Medicine en
Houston, es un primer paso que puede generar grandes cambios.
Con este avance, equiparable a los inicios utilizados para prevenir
enfermedades infecciosas, se abre un capítulo impredecible
en la ciencia médica. No hay duda que tendrá un
impacto social, y sobre todo en el individuo con algún
tipo de adicciones a cualquier tipo de sustancias que requiere
tratamiento. Este paso orientado a una vacuna, está íntimamente
asociado a los avances farmacológicos aprobados para
el tratamiento de la dependencia al alcohol y opiáceos,
tales como acamprosate en el primer caso, y la naltrexona, metadona
y buprenorfina en el segundo.
Estos avances, que infortunadamente son noticia de segunda página,
son sin duda oportunos, puesto que el consumo de cocaína
u otro tipo de sustancias es parte de un problema de salud que
ha cambiado la historia del mundo occidental. La mitad de los
consumidores de cocaína en el mundo se encuentra en el
continente americano con aproximadamente 9,5 millones de personas
entre los 15 y 64 años, según un estudio de la
Comisión Interamericana para el Control del Abuso de
Drogas (CICAD). De los consumidores del continente, el 75% se
ubica en Norteamérica, el 24% en Suramérica y
menos del 1% en Centroamérica y el Caribe.
Los resultados de esta vacuna son modestos por ahora; su denominación
de vacuna se basa en los anticuerpos, pero no previene
la adicción ni reduce el deseo de consumir. Su mecanismo
de acción consiste en que estos anticuerpos se adhieren
a las moléculas de cocaína que están en
el torrente sanguíneo, impidiéndole su paso por
la barrera hemato-encefálica. Con esto, la euforia causada
por la llegada de la cocaína a los receptores cerebrales,
no se logra. La cocaína pierde su efecto. El consumidor
no la deja por indeseable, sino por inútil.
Eficacia de vacuna contra cocaína
En el estudio publicado en la edición de octubre
pasado de Archives of General Psychiatry, realizado por el National
Institute of Drug Abuse (NIDA), participaron 115 pacientes que
seguían un tratamiento de metadona; los pacientes se
dividieron en dos grupos. Al primer grupo de participantes se
les administró 5 dosis de la vacuna contra la cocaína
en 12 semanas. Al segundo grupo de participantes, se les administró
igualmente la vacuna placebo (inactiva) en dosis y períodos
de tiempo similares al primer grupo. Luego se siguió
a todos los participantes durante 3 meses: se les hicieron análisis
de sangre para detectar la presencia de anticuerpos, y de orina
para comprobar si habían tomado opiáceos o cocaína.
El estudio reportó que la vacuna indujo suficientes anticuerpos
como para bloquear los efectos eufóricos de la cocaína
en un 38% de los 115 pacientes que participaron en el estudio.
De este grupo de pacientes en donde los anticuerpos lograron
altos niveles, 53% lograron abstenerse más de la mitad
del tiempo entre las semanas 8 y 20 del estudio, en comparación
con un 23% del grupo que desarrolló bajos niveles de
anticuerpos contra la cocaína. Los autores del estudio
calculan que el tratamiento duraría dos años y
que se necesitarían inyecciones repetidas para mantener
el nivel de anticuerpos.
Esta información científica es un inicio prometedor
en el tratamiento de las adicciones. En el estudio citado, no
hubo una completa abstinencia en el uso de la cocaína.
Pero con los resultados se podría vislumbrar que la disminución
en el uso conlleva a una mejoría psicosocial del individuo,
siendo ésta suficiente para considerar un avance en el
tratamiento de la persona. Además, estos cambios facilitan
la participación activa del individuo en intervenciones
psicoterapéuticas.
Hasta el momento, ninguna compañía farmacéutica
está interesada en desarrollar una vacuna contra la cocaína.
Esta reticencia se debe por un lado a razones de responsabilidad
legal relacionadas con el producto, y por otra a la suposición
que ésta no sería tan rentable como la vacuna
contra la nicotina, otro tema que amerita análisis. El
concepto de vacunas se puede claramente aplicar
a otras sustancias. La pregunta está en cómo y
cuándo podremos tenerlas disponibles para todo aquel
que sea candidato para ellas. Este paso, resultado de décadas
de esfuerzo, dará esperanza a todos aquellos que de una
u otra manera han experimentado las consecuencias de una adicción. |