EDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 10    No. 135 DICIEMBRE DEL AÑO 2009    ISSN 0124-4388    elpulso@elhospital.org.co

Fundado en Medellín, el 30 de julio de 1998. Director: Julio Ernesto Toro Restrepo. Comite Editorial: Juan Guillermo Maya Salinas, Alba Luz Arroyave, Jairo Humberto Restrepo, Javier Ignacio Muñoz y Gonzalo Medina. Dirección Comercial: Diana Cecilia Arbeláez. Editora: Olga Lucía Muñoz López. Asesoras comerciales: Amparo Abril Rojas y María Eugenia Botero. Web master: Santiago Ospina Gómez


Otro calvario

Luego de dos años de haber sido creado el Defensor del Usuario en Salud en la Ley 1122/07, esta figura vital sigue en suspenso y atraviesa un calvario jurídico y económico para poder resucitar. Sobrevivir y volverse realidad, depende ahora de dos proyectos de ley que cursan en el Congreso de la República, ante la declaratoria de inexequibilidad declarada por la Corte Constitucional en el aparte de su financiación.
El término “Defensor” alude por sí mismo a una relación de desigualdad, donde hay un “usuario” que utiliza el servicio y en cuya relación con el sistema que le ofrece el servicio de salud, debe intervenir el Estado para procurar equilibrar esa relación, haciéndolo objeto de una protección especial. Y reconocer la necesidad de esa protección especial, evidencia y prueba que el sistema de salud creado para atender sus necesidades, no cumplió esa promesa en las condiciones que fijó la Ley 100: “Calidad en la atención oportuna, personalizada, humanizada, integral, continua”.
Entretanto, los usuarios de los servicios siguen dando la pelea en solitario, cuando la dan, por la defensa de sus derechos de salud. Las ligas de usuarios son más simbólicas que otra cosa. Y por ello, proliferan y se multiplican las tutelas y las quejas constantes de usuarios desamparados, que invocan el servicio de salud recurriendo a la vía judicial.
Por eso ahora en el debate acerca del Defensor del Usuario en Salud, hay que escrutar minuciosamente su esencia y su filosofía, estar atentos a que se garantice su autonomía e independencia, y que no se convierta en una instancia de defensa de intereses de los más fuertes del sistema. También hay que exigir voluntad política del gobierno, para que se cree una institución que procure real participación de los usuarios en el sistema, como dice la Ley 100; que no tenga vacíos ni vicios; que la reglamentación sea clara y precisa; que la calidad en el servicio no sea un mero postulado de mercadeo, donde el usuario es cliente y el servicio de salud una mercancía más; que garantice mediación efectiva a favor del usuario; que sea verdadero instrumento de defensa del usuario ante los actores del sistema; y que en verdad contribuya a mejorar la calidad en la prestación del servicio de salud en Colombia.

 


Más allá de la emergencia

No por echar sal a la herida… pero desde las páginas de EL PULSO hace 11 años, insistimos con argumentos serios y rigurosos (desde la academia, desde voceros oficiales y expertos -nacionales y extranjeros-, desde la investigación e instituciones, desde los usuarios y sufrientes últimos de la cadena), que el sistema de salud necesita cambios radicales -una cirugía heroica- para enderezar su funcionamiento, o desmontar taxativamente su estructura y arrancar de cero. Como todo lo trascendental en la vida, salvarlo o que muera: el eterno dilema.
Un repaso juicioso a las soluciones coyunturales a sus problemáticas más sensibles y al intento de reforma que desembocó en el “ajustico” de la Ley 1122, demuestran inobjetablemente que no es simple cuestión de vendajes ni pañitos de agua tibia. Que si el derecho a la salud o el mercado, que si la financiación, que si la calidad, que si la transparencia y la ética, que si la Constitución o su reforma, que si la prima del seguro y sutiles límites del plan de beneficios, que si alto costo o atención primaria, que si medicamentos o prevención, que si la tutela, que si Panacea o Hygeia…
Todos los actores del sistema estamos en mora de cumplir una responsabilidad sagrada ante el país: hacer realidad la salud. Es brindar y garantizar un servicio de salud oportuno y con calidad a todos y cada uno de los colombianos, ajustado al Derecho y a la sostenibilidad financiera, con énfasis en promoción y prevención de lo primario en salud, con fin de mejorar la calidad de vida.
La emergencia social no puede quedarse en salvar -temporalmente- las finanzas de la salud. La emergencia social solo tendrá sentido y trascendencia, si va más allá del vendaje. Además, es la ocasión perfecta para los aspirantes a la Presidencia de la República, de plantear la mejor salida al estado de crisis permanente en que vive el sistema. Es la hora de ideas no reencauchadas, para reorientar el desestabilizado sistema de salud, o emprender la aventura de idear y establecer un sistema más fuerte y justo: Colombia tiene a su favor la capitalización de lecciones aprendidas en 15 años, para hacer reingeniería al sistema o diseñar uno nuevo.

 
 




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