|
Como una propuesta indecorosa, catastrófica, incoherente,
poco clara, desfasada, fuera de la realidad, califican buena
parte de los actores del sector salud a la propuesta de
manual tarifario del Ministerio de Hacienda, presentada
durante el último Consejo Sectorial de Salud en enero
pasado.
No cabe en la mente de nadie que el objetivo de este Manual
tarifario pueda ser quebrar el sector prestador de servicios
de salud. Esa lógica es impensable. A fin de cuentas:
¿qué haría Colombia, los colombianos
todos, sin profesionales y sin instituciones de servicios
de salud, si éstos se quebraran? Ese escenario ni
siquiera se considera. Ese es el escenario al cual no se
puede llegar, el que hay que evitar a toda costa, con juicio,
con tino, con análisis económico y de costos
riguroso, con responsabilidad política y social,
en suma, con inteligencia y tacto, para no des-estructurar
el sistema de salud del país.
En principio, con pocas excepciones, ninguno de los actores
del sistema ve con buenos ojos este manual. Y aunque muchos
están de acuerdo con la regulación estatal
que impondría esta intervención en el sector
salud, afirman que de aplicarse este manual tal como fue
propuesto, serían muchas más las pérdidas
que los beneficios; y afirman además, que es preferible
seguir sujetos a las leyes del mercado en oferta y demanda
(aún con posición dominante de los pagadores),
antes que someterse a estas tarifas que consideran irrisorias.
Tener un manual de tarifas actualizadas, acordes con la
realidad del país y con la estructura de costos de
los servicios de salud, es el sueño acariciado por
el sector salud desde la última década del
siglo pasado. Y ahora, pese a los 6 años de trabajo
sostenido de la Asociación Colombiana de Clínicas
y Hospitales en conjunto con la Asociación Colombiana
de Sociedades Científicas, de equipos técnicos
del gobierno y de estudiosos de todos los actores del sector
salud, no se puede claudicar y aceptar a pie juntillas el
Manual de tarifas para salud que propone Hacienda. Habrá
que insistir y persistir en la búsqueda de un manual
si no ideal, por lo menos proporcional con las expectativas
y posibilidades de todos los involucrados. Y la tarea no
será fácil ni breve.
Para tener un manual de tarifas acorde con la realidad de
los servicios de salud en el país, faltan estudios
de costos reales que soporten las cifras, hay que volver
a analizar el Manual de tarifas elaborado por la Asociación
de Clínicas y Hospitales, hay que consultar con los
prestadores de servicios de salud de todos los niveles de
complejidad y en todas las regiones del país, hay
que evaluar la estructura de pagos de los últimos
años, hay que busca la mejor metodología (una
de ellas puede ser costear por proceso de atención
y no por actividad), hay que discriminar detalladamente
cada concepto y servicio, y fuera de eso, habría
que esperar además la modificación propuesta
a la Clasificación Única de Procedimientos
en Salud (CUPS) y esperar la redefinición del Plan
Obligatorio de Salud (POS) a que obligó la Sentencia
T-760, para determinar los costos de lo que quedará
allí incluido y lo de lo que quedará por fuera.
Salud es un servicio. Y como tal, debe ser reconocido y
pagado en su justo valor. Si no fuera así, mejor
apagar y cerrar. Con todo lo que ello implique para mal
de todos, porque todos perdemos.
¿Tal como está? Ese manual de tarifas propuesto
por Hacienda no es bueno para nadie. No debe salir. Es mejor
para todos que no salga.
|