DELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 10    No. 126 MARZO DEL AÑO 2009    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 


Varios científicos concluyen que pese a las infinitas dimensiones del universo, su proporción de materia es comparable a un grano de arena en un cubo de 30 km. de lado.
Hernando Guzmán Paniagua - Periodista - elpulso@elhospital.org.co
¿Qué es el hombre terrícola: diminuto y solitario rey de un universo infinitamente mayor que su capacidad para sondearlo, o hermano de otros seres inteligentes cuyas manos están demasiado lejos para estrecharlas? Con la inquietud eterna llegamos a 2009, Año Internacional de la Astronomía, en un mundo amenazado por guerras contra hombres y naciones, y contra el propio e insustituible hábitat.
Ocasión para saber cosas tan maravillosas como que nuestro sistema solar es un joven con apenas un tercio de la edad del universo, que el sol que nos alumbra es una de los 14.000 millones de estrellas de la Vía Láctea, que ésta es una de las 100.000 millones de galaxias que existen, y el cielo, un eterno carnaval con luz de estrellas vivas y muertas, en la densa negrura donde a cada instante hay astros recién nacidos.
El Año Internacional de la Astronomía, declarado por la Unesco y por la Unión Astronómica Internacional, iniciado en París y Estocolmo, contempla actividades como “100 horas de astronomía” del 2 al 5 de abril, cadena de observaciones de astros en tiempo real, promoción, difusión, divulgación y enseñanza de las ciencias astrofísicas. El Planetario Distrital de Bogotá participa con divulgación, Villa de Leyva realizó en enero el Festival de las Estrellas que congregó a muchas personas para mirar el cielo por 30 telescopios. El Planetario de Medellín se asocia con charlas, cine-foros y talleres, por ejemplo, para construir telescopios similares al de Galileo y el gnomon, sencillo artefacto para calcular el radio de la Tierra. La revista Science, en sus 125 años, enunció 125 grandes interrogantes del hombre, 12 de ellos referidos al cosmos: ¿Estamos solos en el universo? ¿Cómo comenzó? ¿Cuál es su tamaño? ¿Es finito o infinito? ¿Existe una teoría del todo? ¿Cuál es la mínima unidad de materia? ¿Qué son los agujeros negros y la materia oscura ? ¿Qué es el sol? ¿Cuáles son los nuevos planetas, satélites y galaxias? Y, ¿cómo interactúan el espacio y el tiempo? Ante tales preguntas no hay respuestas definitivas, sólo caben probabilidades y conjeturas.
La “soledad” cósmica
¿Estamos solos en el universo? Nelson Miranda Ríos, difusor científico del Planetario de Medellín, expresa: “El universo es infinitamente grande, deben existir algunos planetas parecidos a la tierra: descartar la existencia de vida en ellos es absurdo, la probabilidad de que existan es muy grande. Pero no de seres inteligentes capaces de comunicarse con nuestro planeta: si los hubiera, la señal que emitieran tendría que viajar demasiado en el espacio-tiempo hasta nosotros.
Lo más probable es que la vida sea muy común en el universo, pero que los planetas 'vivos' estén muy separados”. Señaló que el proyecto Seti@home (búsqueda de inteligencia extraterrrestre) no ha recibido señales inteligentes y añadió que todo lo que sabemos se basa en la física experimental, conceptos pre-establecidos. “En todo caso, si hubiese extraterrestres, utilizarían una forma rápida para comunicarse, y lo más rápido que se puede concebir es la luz”, agrega Miranda Ríos.
Frank Drake enunció en 1961 su fórmula para calcular las posibilidades de comunicación inteligente con otras civilizaciones en la galaxia. Su ecuación incluye estos factores: ritmo de formación de estrellas/año, porcentaje de estrellas capaces de alojar planetas, fracción de planetas habitables, planetas con posibilidad de vida, planetas capaces de desarrollar vida inteligente y aptos para comunicarse, y tiempo de vida de esas civilizaciones. El cálculo da a los “optimistas”, el resultado de 100 posibles mundos vivos y comunicables, pero a los “pesimistas” les da 10 a la menos 6, o sea, posibilidad más que nula, explicable en un universo con 14.000 millones de estrellas donde la luz de la más cercana después del sol, Próxima Centauri, tarda 4.3 años en llegar; la galaxia Andrómeda, otra de las más “cercanas” está a 2 millones de años luz, y la respuesta a un mensaje enviado allá tardaría al menos 4 millones de años.
No obstante, la astrofísica italiana Giovanna Tinetti, investigadora de la Agencia Espacial Europea, asegura que es "ingenuo" pensar que "somos los únicos habitantes del universo". Con un equipo internacional, anunció el hallazgo de vapor de agua en la atmósfera del planeta extra solar HD 189733b, a 64 años luz de la Tierra, en la constelación de Vulpecula. Un mundo -dijo- lejos de ser habitable, ni siquiera por los organismos más resistentes, aunque el descubrimiento de moléculas de agua en su atmósfera abre cierta posibilidad de planetas extrasolares con condiciones mínimas para albergar vida. Científicos de la NASA, abrigan esperanzas similares a partir de las imágenes de radar de la luna Europa de Júpiter, bajo cuya corteza helada parece haber un océano de agua líquida; y a partir de las erupciones volcánicas (290 km. de altura) en Ío, otro satélite Joviano, y en Titán, primer satélite de Saturno y segundo del sistema, de “confirmarse” allí lagos de metano líquido, un océano de agua y amoníaco a 100 km. bajo la superficie, varios compuestos orgánicos y la única atmósfera densa de nitrógeno en el sistema solar, similar a la de la Tierra primitiva. La NASA tiene sospechas de agua líquida en Encélado, luna de Saturno, por sus chorros y géiseres, y de agua helada en Hyperion, otra luna saturnina. Con el tiempo, la historia de El Principito que vivía en un pequeño asteroide, calentando su desayuno con los volcanes, dejaría de ser mera ficción literaria.
Sobre el tamaño del universo, el difusor científico dice: “Para una hormiga, 5 metros es una distancia infinita; así para nosotros, concebir el universo es casi imposible por su tamaño prácticamente infinito. Se dice que sólo nuestra galaxia, que es mediana, tiene unos 200.000 millones de estrellas, el sol es una, y hay miles de millones de galaxias, con miles de millones de estrellas. No hay una cifra exacta, pero se la compara con la sumatoria de los granitos de arena del planeta tierra: así, la posibilidad de vida extraterrestre es muy alta. Dos o más galaxias pueden chocar y formar una sola, (canibalismo galáctico), así el número de mundos no es constante por el choque gravitacional de los núcleos de las galaxias, probables agujeros negros supermasivos”, señala el vocero del Planetario de Medellín. Y varios científicos concluyen que pese a las infinitas dimensiones del universo, su proporción de materia es comparable a un grano de arena dentro de un cubo de 30 km. de lado.
El vecindario espacial
Así como los personajes de Héctor Servadac de Julio Verne viajan por el sistema solar en un asteroide a raíz de un cataclismo terrestre, viajemos nosotros por nuestro “pequeño” vecindario espacial, donde la ciencia y la literatura compiten por la dualidad realidad - fantasía. Sobre el sol, Nelson Miranda, expresa: ”Es una estrella mediana de unos 10.000 millones de años, ya transcurrieron 5.000 millones. En el núcleo, el hidrógeno se transmuta en helio, los núcleos de hidrógeno que son muy livianos se vuelven pesados y liberan una ingente cantidad de energía.
El núcleo puede alcanzar una temperatura de15 millones de grados centígrados, luego se va 'enfriando' y la última capa, la 'atmósfera' solar -aunque el sol se compone todo de gases (no hay suelo solar), por las altas temperaturas-, ya no es gaseoso sino plasmático. En la superficie solar la temperatura es de 5.700 grados centígrados y en la corona exterior, aumenta a un millón. ¿Por qué aumenta tanto sabiendo que el sol se había enfriado un poco? Muy probablemente por el campo magnético que acelera las partículas haciendo que se muevan mucho”.
“Dentro de unos 5.000 millones de años -anota-, se presume que el sol empezará a aumentar su radio y su núcleo a disminuirlo, para transmutar materiales más pesados que el hidrógeno, que empezará a escasear. Al crecer, se cree que tragará a Mercurio y a Venus y castigará a la Tierra secando sus océanos, será un planeta sin vida por las altas temperaturas. Si se vuelve más grande y se contrae el núcleo, parte del sol sale expulsada y se genera la nebulosa planetaria, mundos de una estrella colapsada y cuyos posibles sistemas planetarios serían muertos”. Los astrofísicos aún observan las manchas solares, zonas “frías” del sol, de alta actividad magnética, para saber, entre otras cosas, por qué la producción de trigo en la tierra sube parejo con el número de esas “afecciones cutáneas” del sol.
Un tour espacial
Tan novelesco como el viaje de Julio Verne a la Luna en el siglo XIX, es el episodio del abogado chileno Jenaro Gajardo Vera, quien registró la propiedad de la Luna, por $42.000 pesos en 1953. Se dice que el Presidente Richard Nixon tuvo que pedirle permiso para el alunizaje de la Apolo11 en 1969. La Selene griega es 3.6 veces menor que la Tierra; si ésta fuese como una bola de baloncesto, la Luna sería como una pelota de tenis. Cada año se aleja 4 centímetros de la Tierra y va frenando su rotación, lo que nos dejará sin eclipses totales de sol en un futuro lejano; paradójicamente, la conversión del sol en una gigante roja en varios miles de millones de años, acercará mucho la Luna a la Tierra, su gravedad la destruirá y convertirá en anillos circundantes, como los de Saturno. Spencer Strong lo anticipó al revés, en 1950, en su cuento No hay tiempo como el futuro, donde un científico viaja en una máquina del tiempo, de 1968 a 1971, y se topa, eso cree, con Saturno, que en realidad es la luna con un anillo: “Ese anillo que rodeaba a la Luna era el polvo radiactivo de Barcelona, Londres, París, Nueva York, Moscú, India, China, de todo el globo terráqueo, en fin, que había estallado en una colosal explosión nuclear. Era el horror superlativo, cayendo sobre la humanidad”.
El planeta Mercurio (nombre del veloz mensajero de los dioses romanos), tiene la mayor diferencia de temperatura entre día y noche (600° C) y es el más cercano al sol. “Si quisiéramos ir allá, señala el experto del Planetario, se calcinaría el ser humano. Aunque tiene regiones muy heladas donde no llega el sol, en otras la temperatura llega a 450° C”. Venus es el planeta más cercano a la tierra y el más luminoso seguido por Júpiter. “Tiene mucho efecto invernadero por gases que retienen el calor del sol, y la temperatura que debería ser menor que en Mercurio, es mayor: unos 500° C”, dice Nelson Miranda.
En Marte está tal vez el monte más alto del sistema solar, el volcán Olympus, con más de 27 km. de altura, más de tres veces el Everest, y 600 kilómetros de ancho en la base. En la Tierra este gigante se hundiría, en Marte resiste por su escasa gravedad. El planeta rojo es rico en mitología y ficción literaria. El habitante de las profundidades de Marte (1933), de Clark Ashton Smith, narra las aventuras de expedicionarios terrícolas que buscan yacimientos de “platino pálido” y son víctimas de un monstruo metálico que los devora después de sacarles los ojos: “La 'cosa', así lo parecía, era tan vieja como aquel planeta moribundo: una forma desconocida de vida primaria que habitaba desde la noche de los tiempos en las aguas de los abismos cavernícolas”. Miranda Ríos expresa que a Marte una nave llegaría en 7 meses, pero al no permitir la vida, llevar humanos sería complicado y más aún regresarlos. Hoy se lo explora para mandar máquinas y transformar ciertas regiones en hábitats artificiales. Los primeros viajes tripulados a Marte se harían en 2040 y allá se podría vivir en 2100”.
Júpiter -para los astrónomos- es un planeta gaseoso (ante todo hidrógeno y helio) y con anillos, como Saturno, Urano y Neptuno, y se cree que tiene un pequeño núcleo rocoso del tamaño de la Tierra; tiene al menos 61 satélites, los 4 mayores descubiertos por Galileo, entre ellos Ganímedes, el más grande del sistema solar (mayor que Mercurio y Plutón). Saturno tiene superficie y anillos de partículas heladas; por ello refleja casi 100% de la luz solar. Urano (de Urania, musa griega de la astronomía, o de Urano, dios romano del infierno) tiene estaciones de 42 años terrestres de luz y otros tantos de oscuridad; algunos de sus 15 satélites se llaman como personajes de Shakespeare: Julieta, Ofelia, Cressida, Desdémona, Miranda, Titania, Oberón, Umbriel. Donald Wollheim escribió el tenebroso cuento Umbriel (1936), concebido como “retorcida carcasa de un animal muerto, un enorme monstruo de algún mundo colosal, que voló al espacio”. Cuenta que allí habita “una raza de increíble horror que se alimenta con los cuerpos de los gusanos, de la misma manera que éstos se alimentan con la carroña que es el planeta”.
Neptuno carece de estaciones. Sobre Plutón, el más lejano y pequeño mundo del sistema solar, Miranda señala que su órbita se cruza con la de Neptuno: “Por ello, desde 2006 no se considera planeta a Plutón, sino un planeta enano o cuerpo menor del sistema. El satélite Caronte tiene casi igual tamaño. Un viaje allí duraría unos10 años, pero no hay tecnología para llegar los astronautas con vida: se envían sondas, pero un ser humano necesita provisiones y de la gravedad para que sus mecanismos vitales funcionen”.
Así es, o parece, esta porción del ilímite espacio que se nos dio por vivienda, norte y sur de nuestros sueños. Esa bóveda donde el supremo arquitecto imprime a diario las huellas dactilares de los astros, es el escenario en la aventura de la humana supervivencia. En esta esfera azul que flota en el éter y donde la vida escogió aposento, bajo el titilar de los astros que es el parpadeo de los ojos de Dios, somos conscientes de que es imposible cortar una flor sin perturbar una estrella.
 
Ocioso lector
Suburbia

“Lo mejor de los astros en estos arrabales de espiral es que hay alguien que los mira, y los declara la más grande maravilla. Eso ya los justifica para siempre.
Tantos habrá que jamás han alojado o recibido una mirada: mediodía prodigándose en la sombra, calidez que se disipa en el vacío... Cuán en vano brilla un sol que a nadie dora, que no excita eclosiones, ni despierta la vida al contacto con sus mundos; cuán en vano orbita un mundo en cuya infértil epidermis ningún río clama cauce, ave alguna pide alas o elabora sus canciones.
Yo me agoto cada noche, abarcando el mayor número de estrellas con mis ojos, inventando las ausentes, e imaginando las que fueron y serán. Me esfuerzo en padecer el drama singular de cada sol, de cada mundo: arder su fuego, rodar su movimiento y poblar sus fabulosos panoramas, a fin de que ninguno quede sin ser justificado en este canto”.
Un toque de azul
“Columbrarte, oh madre Tierra, como un húmedo toque o joya azul en la tiniebla, y darse cuenta de que todo cuanto hay sobre tu faz es de ti parte, que somos poro vivo en la piel de un solo ser. Asistir a un mismo tiempo a tu día y a tu noche, y sentir que cada palmo de tu suelo es tan sagrado y tan precioso porque puede florecer en carne, porque puede germinar en pensamiento.
Sorprender -Adán ingrave- tu jaspeada esfera levitando ante las fauces del abismo, y llevarse en una sola mirada tu creciente curvatura, entendiendo que ese oasis trashumante es -hasta ahora- hogar y término de todo lo viviente; que es ahí donde habita lo que amamos; donde estamos decantando en doloroso tiempo nuestro rostro de criaturas; donde hacemos el poema y nos salva de pronto un acorde, una fragancia... Ser partícula consciente de la Tierra por una vez contemplándose a sí misma, sonriendo humano llanto en las alturas donde el azul se difumina en astros”.
(Del libro “Un Día en el Paraíso” de Carlos Framb).



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