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Los colombianos:
millonarios en agua.
Pero no todos
Juan
Carlos Arboleda Z. - elpulso@elhospital.org.co |
| La Constitución
Política de Colombia de 1991, devolvió a los nacionales
el derecho a realizar referendos como mecanismo de participación
ciudadana y manifestación válida de su voluntad.
Sin embargo, el derecho restituido hace 17 años ha sido
poco utilizado, y por eso llama la atención que en 2008
dos grupos de ciudadanos estén recogiendo las firmas
que respalden ante la Registraduría Nacional sus iniciativas.
Los primeros, con amplios despliegues en los medios de comunicación,
buscan una nueva reelección del presidente Álvaro
Uribe; los segundos, casi inadvertidos y sin ningún despliegue
informativo, pretenden que el acceso al agua se convierta en
un derecho fundamental y que el Estado garantice el acceso a
los mínimos vitales del liquido, sin condicionantes económicos. |
Millonarios
del agua
Colombia es uno de los países con mayores volúmenes
de agua del planeta y está lejos de sufrir un estrés
hídrico (mayor demanda que oferta). Diversos estudios
reportan 2´680.000 hectáreas de humedales, 743.000
cauces, una oferta hídrica de 58 litros por segundo por
kilómetro cuadrado, equivalentes a por lo menos 3 veces
la oferta de Sudamérica y 6 veces el promedio mundial;
una precipitación anual de 3.000 mililitros en el área
continental, suficiente para generar una escorrentía
amplia para ríos, quebradas y demás almacenamientos;
los volúmenes de agua en los principales ríos
son importantes: el Magdalena transporta 7.000 metros cúbicos
de agua por segundo, y el Caquetá lo duplica con 14.000;
hay 38 millones de metros cúbicos almacenados en lagunas,
embalses, ciénagas y pantanos, y en el subsuelo, acumulada
por infiltración, se estima un almacenamiento 70 veces
mayor a la cantidad en la superficie.
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Somos
millonarios en agua, y algunas proyecciones estiman que a cada
colombiano le corresponden 53.000 metros cúbicos al año,
mientras en la mayoría de países ésta cifra
llega a 1.000; más para Rodrigo Marín Ramírez,
agrólogo del IDEAM (Instituto de Hidrología, Meteorología
y Estudios Ambientales de Colombia), las cifras halagüeñas
ocasionan un daño: le resta importancia a la pérdida
real de los recursos existentes.
Entonces, ¿por qué muchos ciudadanos, de uno de
los países con más riqueza hídrica del
planeta, piden que el acceso al agua sea considerado un derecho
fundamental? El tema tiene varias facetas, y para percibir sus
dimensiones basta con hacer una radiografía a los centros
del desarrollo colombiano en donde se vive una paradoja: siendo
un país rico hídricamente, hay comunidades que
se mueren de sed.
Las gentes del agua, sufren de sed
Frente al mar Caribe se levanta Cartagena de Indias,
perla del turismo colombiano; no muy lejos de las murallas que
detuvieron piratas y ahora albergan turistas, miles de cartageneros
carecen de agua potable y la que consumen proviene de cisternas
artesanales o de la ciénaga a la cual caen las aguas
negras de la ciudad. El problema de aguas en Cartagena es muy
complejo: el sistema de acueducto, privatizado en 1995 y entregado
al consorcio Acuacar, conformado por la ciudad y la multinacional
Aguas de Barcelona, no ha logrado una cobertura del 100%; las
aguas negras están destapadas en amplias zonas, generando
los popularmente llamados caños, que además
son receptáculos de basuras que en las temporadas de
lluvias se desbordan. Pero el problema, definitivamente, no
es estético.
El Grupo de Investigación en Salud y Prácticas
Sociales de la Universidad San Buenaventura SYPRES, encontró
un panorama deprimente. La directora del grupo, Margarita Díaz,
relata como en La Boquilla la gente utiliza albercas comunitarias
para acceder al liquido, luego lo almacenan en platones y tarros
sin ningún cuidado higiénico, pasando por gran
cantidad de agentes contaminantes y que ponen a las personas
en alto riesgo de enfermar; paradójicamente, a escasos
20 metros se construyen actualmente los complejos residenciales
Los Morros, apartamentos de $3 millones de pesos el metro cuadrado,
que sí están dotados del servicio de acueducto.
En Cartagena mucha gente no tiene acceso al agua, en general
en los barrios subnormales, que son la mayoría, y en
lugares como La Boquilla existe un problema de legalización
de tierras que justifica desde la ley que no se les suministre
el servicio de acueducto, pero tampoco se legaliza la propiedad
aduciendo que las zonas presentan alto riesgo. El interés
histórico es sacar a los habitantes de La Boquilla, trasladarlos
al fondo de la ciénaga, para utilizar el sector en construcciones
turísticas, afirma Margarita Díaz
No es de extrañar la invisibilidad en el panorama nacional,
del problema de aguas en La Heroica. Hasta hace
pocos años los directorios telefónicos de la ciudad
mostraban mapas que sólo contenían las zonas turísticas:
la ciudad se concibe para el turismo y no para los cartageneros.
Esta ciudad sólo existe para la gente de afuera,
para que se case la hija del ministro y cierren las calles,
para que los presidentes y ministros pasen los fines de semana
y de nuevo cierren las calles, dice con pesar una residente
de la ciudad. Los cartageneros son seres del agua: cuando hay
lluvias torrenciales prefieren quitarse el calzado para atravesar
los caños contaminados o que los rebuscadores los pasen
cargados a la espalda a cambio de unas monedas; los niños
se tiran a jugar a la Ciénaga y a los caños de
aguas negras; la gente puede vivir en una casa con el piso de
tierra y aguas sucias, y no lo consideran riesgoso. Ellos
conciben el riesgo asociado a fenómenos naturales: estar
durante las temporadas de lluvia con el agua a la altura de
la cabeza, es riesgo, pero vivir con el agua en los tobillos
no lo es, porque hace parte de su cotidianidad, declaró
Liliana María Blandón, miembro del grupo SYPRES.
Para quienes tienen acueducto, los problemas también
existen. El humor popular ha renombrado a los medidores del
agua como Los Montoya, en alusión a la velocidad
con que marcan el consumo; y aunque fuentes del Departamento
Administrativo Distrital de Salud -DADIS-, dicen que la calidad
del agua es buena, es vox populi que las personas que viajan
del interior compran el agua envasada, porque al tomarla directamente
del grifo se enferman. El DADIS realiza permanentes monitoreos
sobre la calidad del líquido, y el director operativo
de Salud Pública del Distrito, Enrique Mazenett, asegura
que el agua es de buena calidad, aunque reconoce que se han
detectado y solucionado casos puntuales. Infortunadamente no
hay cifras confiables que muestren la magnitud del problema,
y sólo este año la nueva administración
municipal espera realizar estudios que correlacionen la contaminación
del agua con las patologías sufridas en la ciudad. Cartagena
tiene prevalencias altas de enfermedades parasitarias, infecciosas
y gastrointestinales, que pueden estar relacionadas con la deficiencia
en el servicio de acueducto y alcantarillado, pero no tenemos
la evidencia para demostrarlo, dicen en el SYPRES.
Copos caen en el trópico
A 18 kilómetros al sur de la capital del país,
en Soacha, los niños juegan en pleno trópico con
copos grisáceos traídos por la corriente del río
Bogotá, que son esparcidos por el aire por los fríos
vientos de la sabana; son copos del juego y que hacen soñar
con nieves de latitudes norteñas, pero llenos de los
contaminantes de un río que recorre 340 kilómetros
y recoge los desechos de la capital. Aunque no hay estudios
contundentes sobre la incidencia de la contaminación
del río en la salud, el director del hospital de Soacha,
Leonardo Sánchez, sostiene que en los pacientes que allí
acuden, se presentan patologías asociadas a la
contaminación del agua como Enfermedad Diarreica Aguda
-EDA- o Infección Respiratoria Aguda -IIRA-, y dermatitis
muy evidentes dentro del perfil epidemiológico de las
zonas aledañas al río.
En la Secretaría de Salud de Soacha hay preocupación
por los efectos de la contaminación del río, pero
sus manos están atadas, ya que por determinación
del Estado, la CAR (Corporación Autónoma Regional)
es la encargada de las intervenciones ambientales, aunque las
connotaciones del tema deberían involucrar a todo el
Estado. Las aguas del río Bogotá irrigan
los alimentos que se consumen en Soacha; investigaciones en
población no expuesta de forma directa al río,
muestran niveles de mercurio y plomo altísimos,
informó el Secretario de Salud, Cesar Jáuregui.
El problema desborda la jurisdicción territorial, ya
que estas hortalizas se distribuyen también en Bogotá,
como lo confirma Consuelo Pérez, directora de Gestión
ambiental de Soacha: Los productos son vendidos en grandes
cantidades en Corabastos; de acá salen todos los días
camiones llenos de hortalizas, y aunque el municipio ha promovido
la ubicación de tres plantas de tratamiento para las
aguas de riego, no son suficientes.
Varios estudios muestran que los alimentos producidos con riego
del río Bogotá presentan alto contenido de metales
tóxicos y microorganismos como bacterias y coliformes
en mayor cantidad que las permisibles en vegetales; además,
un trabajo publicado por la Universidad Nacional, señala
la presencia en niveles superiores a los permitidos por la FAO
de cadmio y arsénico en hortalizas regadas por el río
y que pueden producir graves alteraciones en la salud; y mientras
el apio, la lechuga, los repollos y el brócoli contaminados
viajan a los hogares bogotanos, el río Bogotá
espera la ejecución de un ambicioso proyecto de limpieza,
que tiene proyectadas algunas etapas que involucran a Soacha
para el año 2021. La administración municipal
poco puede hacer, porque el río requiere tratamiento
en toda su cuenca, e incluso soluciones como llevar el acueducto
a los barrios no legalizados podrían llevar al alcalde
a prisión bajo la figura de detrimento patrimonial. En
esas zonas tenemos episodios diarreicos generalizados en niños
y mucha dermatitis, dice el doctor Jáuregui; sin
embargo, aparece la paradoja: Si me preguntan como es
el agua potable en Soacha, digo que es de excelente calidad,
pero tenemos una dualidad: el agua que se consume es buena,
pero infortunadamente no todos los barrios tienen posibilidad
de recibirla. Agua buena, pero no para todos.
El futuro del agua
La privatización del agua en Colombia no es una
falacia: el documento Conpes 2912 promueve la participación
privada en el manejo del agua, el TLC con Estados Unidos abre
la posibilidad para el ingreso de capitales norteamericanos
para su explotación, y en varias ciudades el suministro
ya está en poder de operadores privados. Rafael Colmenares,
director ejecutivo de Ecofondo, ONG abanderada del referendo
del agua, considera que la concentración de la población
en ciertas áreas afecta las zonas de recarga como los
páramos, y genera deterioro del agua, incluso de los
depósitos subterráneos: Es el resultado
de una utilización depredadora.
Un referendo por el agua tiene muchas implicaciones: garantizar
el acceso a consumos mínimos vitales de manera gratuita
y obligación del Estado, evitar su privatización
indiscriminada, proteger las reservas futuras, pero también,
luchar contra la inequidad rampante que en elementos tan simples
pero tan vitales como el agua, campea en el país. El
referendo se justifica en esos niños que chapotean en
la inmundicia de la ciénaga en Cartagena o de los que
corren alegres tras los copos volátiles de mugre del
río Bogotá, sin saber que están jugando
con la posibilidad de una muerte temprana . |
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