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Reflexión del mes
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Ante cualquier desavenencia, no caigamos en el
error de dudar o bien de su inteligencia, o de su buena
voluntad.
Nunca se miente tanto como antes de las elecciones,
durante la guerra y después de la cacería.

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Otto von Bismark
(1815-1898). Político y militar prusiano, llamado
el Canciller de hierro, fue el artífice
de la unidad alemana y pieza clave de las relaciones
internacionales de la segunda mitad del siglo XIX. Contribuyó
a construir lo que puede considerarse el comienzo del
Estado de Bienestar, mediante mecanismos como la pensión
de jubilación obligatoria y sistemas de seguridad
social para la previsión de enfermedades y accidentes
para los trabajadores.
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No todo lo que brilla es oro
Como una invitación a la discusión amplia
y abierta, presento algunos argumentos -susceptibles de contradicción
y reconsideración- que pretenden incorporar nuevos
puntos de vista sobre algunas conductas que para muchos ni
siquiera deberían estar sujetas a examen. El revisionismo
aporta, sin embargo, la posibilidad de una nueva óptica
frente a viejos e inveterados problemas que aquejan a las
instituciones; para ello puede ser conveniente la reconsideración
y hasta la ruptura de viejos y no cuestionados paradigmas:
- Medicación parenteral: Aparte de que en pacientes
estables que toleren la vía oral no se justifica el
acceso venoso permanente, no es cierto que los medicamentos
parenterales sean más efectivos que los administrados
per oris. Tal vez tienen un efecto placebo más notorio,
pero también hay mayor riesgo de efectos secundarios
indeseables (un magnífico ejemplo es el controvertido
uso de dipirona -fármaco incluso proscrito- en detrimento
del uso justificado, económico y deseable del acetaminofén).
La vía parenteral siempre es más costosa también.
- Líquidos endovenosos: El acceso venoso no está
justificado en todos los pacientes atendidos en el Servicio
de Urgencias. Salvo en caso de niños deshidratados
o adultos con evidente hipotensión, la reposición
es eso: reposición (aporte de líquidos perdidos
y no recuperables por vía oral). Si el paciente tolera
la vía oral, ¿cuál es la justificación
de ordenar LIV indiscriminadamente? Si no se requieren, los
LIV son un gasto innecesario y en ocasiones irrecuperable
(sí, también hay glosas por este motivo).
- Paraclínicos: Los exámenes paraclínicos
sirven para confirmar los diagnósticos, no para hacerlos.
Sus resultados deben ser altamente predecibles y servir como
sustento para algunas decisiones que dependen de la magnitud
del fenómeno patológico que padece el enfermo
(v.g., no se maneja igual una anemia leve que una grave).
Los paraclínicos de urgencia no son un chequeo ejecutivo
ni un mecanismo de screening para patologías diversas,
por tanto el rigor científico y la austeridad deberían
ser las únicas condiciones a considerar al momento
de solicitar paraclínicos. Los recursos son escasos:
es nuestro deber ser cuidadosos (rayanos en la tacañería),
en su administración.
Un punto importante en consideración con los paraclínicos:
aún con los avances de la ciencia, el criterio clínico
-fruto de un acto médico cuidadoso y responsable- sigue
primando sobre cualquier otro elemento. Por eso resulta por
lo menos curioso el hecho de que algunos condicionen las valoraciones
y el seguimiento de la evolución clínica del
paciente a la disponibilidad de resultados de paraclínicos
(ej. TAC en pacientes de neuro).
- Imagenología: Como cualquier otro paraclínico,
el uso de rayos X debería servir primordialmente para
confirmar diagnósticos y para documentarlos. No para
descartar lesiones o condiciones que ni siquiera
se consideran; como con otros paraclínicos, los resultados
normales ponen en duda su pertinencia. Además, las
imágenes diagnósticas son costosas y su margen
de rentabilidad es mínimo para algunas IPS.
- Otros paraclínicos: Endoscopias terapéuticas
(en caso de hemorragia activa que requiere hemostasia directa)
y ecografías intervencionistas (en caso de drenaje
percutáneo de abscesos hepáticos, por ej.) estarían
más que justificados en Urgencias. Estos mismos estudios
pero con interés diagnóstico -no terapéutico-,
no son pertinentes o no serían prioritarios en el servicio
y exponen a glosas irrecuperables. Además son procedimientos
costosos que de ser glosados representan pérdidas ingentes
de recursos.
Es posible que la institución se beneficiara ampliamente
con la instauración de un filtro de solicitudes de
exámenes paraclínicos. Esto es: habría
una persona encargada de dar su visto bueno a los exámenes
verdaderamente justificados y negar aquellos que no resultan
pertinentes o prioritarios. Talvez se trate de una medida
impopular y no totalmente exenta de riesgos, pero lo indudable
es que generaría grandes ahorros a la institución.
- Inhaloterapia: En pacientes con síntomas respiratorios
agudos es necesario recurrir a la terapia con medicación
micronizada y se suele optar por ordenar micro-nebulizaciones,
soslayando la opción de usar inhaladores; talvez sea
más engorroso usar inhaladores y más exigente
para el personal de la salud (especialmente en pacientes pediátricos),
pero es más seguro y su uso se implementa en protocolos
de grandes hospitales como paso previo obligado, antes de
recurrir a opciones más complejas y costosas.
- Estancia: Es verdad que los pacientes de Urgencias no pueden
ser dados de alta tan pronto son atendidos, pero también
que un plazo de 6 horas es bastante razonable para lo que
bien se denomina observación. En ese lapso,
un paciente agudamente enfermo debe evolucionar hacia la mejoría
o al menos dar evidencia incontrovertible de ameritar una
estancia mayor, que justifique su hospitalización en
pisos; no tiene presentación que los pacientes duren
períodos mayores en el Servicio sin resolver este asunto.
Las valoraciones oportunas por parte de especialistas deben
garantizar que así sea; una estancia prolongada injustificadamente,
representa un sobrecosto cuantioso para la IPS.
- Medicamentos No POS: Por principio, el uso de estos medicamentos
debería estar severamente restringido, especialmente
en Urgencias, donde se deben mantener a la mano los recursos
terapéuticos. Es inimaginable que los aseguradores
mantengan en el Servicio un stock de medicamentos No POS,
sólo por si resultan indicados... Además, eso
sería una invitación a su uso... y los aseguradores
no suelen dar esos papayazos.
- Atención semi - especializada (a cargo
de médicos hospitalarios de Urgencias): Parte de las
dificultades del Servicio se relacionan con la peculiar dinámica
que impone la existencia de turnos de disponibilidad de los
especialistas, en lugar de turnos de permanencia. Esto condiciona
la toma de decisiones a la concurrencia de los mismos al Servicio,
en el mejor de los casos en las denominadas franjas.
Dada la permanencia de los médicos hospitalarios en
el Servicio, dado el nivel técnico-científico
que se presume de un profesional con tal responsabilidad en
un hospital de alta complejidad, debería permitirse
y hasta promoverse que los médicos generales de Urgencias
tengan la autonomía para tomar todas las decisiones
del caso, sobre todo en las especialidades no quirúrgicas.
Con esta medida aumentaría la eficiencia y la capacidad
resolutiva, y hasta disminuirían las glosas por elementos
fuera de cobertura del POS-S, por cuanto ampliaría
el alcance del concepto de Atención Inicial de Urgencias;
además, la experiencia demuestra que los especialistas
recurren con mayor asiduidad al uso de ayudas diagnósticas
y de medicamentos más costosos, que los médicos
generales.
- Los especialistas: Sin entrar en el espinoso tema que implica
definir quién le pone el cascabel al gato, existen
algunas conductas que deberían ajustarse: no son válidas
-ni recuperables en términos económicos- las
valoraciones por vía telefónica.
Las franjas de atención deberían cubrir la primera
hora de las 3 jornadas de trabajo institucional (mañana,
tarde y noche) para que el personal a cargo se aplique a cumplir
de manera adecuada y eficiente las conductas definidas por
los especialistas, evitando de paso que se prolonguen las
estancias o se posterguen las decisiones. A guisa de ejemplo:
si el especialista requiere un paraclínico o una gestión
administrativa (ej. solicitar una autorización para
llevar a cirugía), es mejor aprovechar el horario hábil,
para no postergar la resolución de dificultades, especialmente
en las noches, fines de semana y festivos.
Tanto como el hospitalario, el especialista de Urgencias debería
reconocer que el límite de 6 horas a la observación
impone un ritmo exigente en la toma de decisiones e implica
riesgo de glosas, entre otras por estancias prolongadas por
razones administrativas. Emplazar al especialista a definir
las conductas en períodos no superiores a 6 horas no
es abuso ni manoseo, ni mucho menos irrespeto a su propio
criterio: es una invitación a ajustarse a decisiones
con amplio respaldo institucional.
Un elemento que complementaría el anterior sería
establecer un filtro en el servicio de observación,
y cuya misión sería evaluar permanentemente
-y con plazo no superior a 6 horas para cada paciente- si
debe ser dado de alta u hospitalizado en pisos. Esto aumentaría
la rotación de camas y garantizaría la eficiencia
en el proceso de observación de los pacientes. Y por
supuesto, implicaría disminución de gastos.
- Estudiantes internos: Los convenios docente-asistenciales
refrendan algo que la experiencia ha demostrado hasta la saciedad:
los estudiantes (así sean de último año),
no deberían sobrellevar la carga asistencial -así
este supuesto no se cumpla cabalmente en la realidad-. Si
el Servicio de Filtro funcionara de manera idónea,
resultaría improcedente e inconveniente que los estudiantes
estuvieran al frente del manejo de patologías que ameritaron
el ingreso a un hospital de alta complejidad. Además,
los estudiantes son inexpertos y aún no tienen una
noción clara y definitiva del uso racional de los recursos;
su visión del trabajo asistencial está más
emparentada con asuntos académicos (incluso a veces
contaminados con el síndrome del último
journal) que con asuntos administrativos que no sólo
no son de su incumbencia sino que no suelen ser de su interés.
También representa un riesgo jurídico que debería
evitarse, así como un descomedimiento con los pacientes
aguda pero gravemente enfermos. Los únicos estudiantes
que deberían tener responsabilidad asistencial directa
con pacientes de Urgencias son los estudiantes de posgrado
(residentes) y ellos no abundan por estos lares. Para este
caso si valdría la pena intentar un ejercicio de empatía
(en su verdadera definición): uno no quisiera que sus
seres queridos, aquejados de alguna patología o condición
que realmente amenace su vida, estuvieran en manos de aprendices
(y no expreso el término en el sentido peyorativo con
que se suele usar). Debe aclararse que nada de lo aquí
planteado significa o siquiera sugiera que se restrinja el
imprescindible contacto del recurso médico en formación,
con los pacientes.
- El Filtro, otra vez: Más que un complemento para
todo lo anterior, el Servicio de Filtro debería ser
condición sine qua non para proceder a considerar la
conveniencia y la verdadera factibilidad de implementar las
demás acciones sugeridas. Existen algunas alternativas
que facilitarían la implementación del triaje:
cobrar por el servicio de filtro a los aseguradores, es el
que se antoja más conveniente. Otra alternativa es
permitir que el paciente ingrese como particular si así
lo desea, una vez se le confirma que su atención en
el hospital de alta complejidad no es procedente (al menos
con cargo al asegurador). Esto incluso generaría opción
de venta de servicios en condiciones favorables.
Estos son sólo algunos elementos que podrían
redundar en una sensible disminución del gasto de recursos
hospitalarios y que podrían aportar al tema fucú:
cómo hacer contención de costos sin herir susceptibilidades
ni menoscabar el amor propio y hasta el ego dilatado de algunos
de los actores institucionales... ¡Y que siga el debate!.
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Bioética
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Responsabilidad
y seguridad
Ramón
Córdoba Palacio, MD - elpulso@elhospital.org.co |
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Dada la condición estructural del ser humano, su racionalidad
y su ineludible necesidad en todas las circunstancias de su
existencia -incluyendo la satisfacción de necesidades
puramente orgánicas-, de optar por ejecutar alguna
acción en sentido positivo o negativo, la inmensa mayoría
de los sistemas de educación, por no decir la totalidad,
prefirieron como meta ideal crear ante todo un sólido
sentido de responsabilidad basado en el sumo respeto que exige
la persona, tanto de quien ejecuta el acto humano como el
de la persona o personas que reciben el resultado de esa acción.
Esta responsabilidad trae como lógica consecuencia
que se analice y se busque la mayor seguridad para que ni
el actor ni las demás personas puedan ser rebajadas
a la simple condición de objeto, ni que se desconozca
su dignidad incondicional reduciéndolas a la condición
de medio para conseguir un fin, por noble que éste
aparente ser.
Sin embargo, desde altas esferas del Estado, que deberían
tener como máximo empeño educar a los ciudadanos,
en formar en ellos principios de honestidad y de respeto por
la dignidad propia de cada persona y la de los demás,
se ha lanzado una intensa campaña en la que se invierten
los términos y se proclama que el sexo seguro se limita
al uso de preservativo, y se subraya esta idea facilitando
por todos los medios el logro de condones.
No es mi intención discutir los aspectos de seguridad
en el uso de estos elementos, pues aún cuando alcanzara
el ciento por ciento, lo aberrante es que desde esas altas
esferas estatales se prefiera la seguridad a la responsabilidad,
y con mayor razón en una campaña dirigida especialmente
a seres humanos que viven una etapa del desarrollo en la cual
se escudriñan los valores y las enseñanzas recibidas,
y se estructurán los que orientarán su comportamiento
en el futuro. Esto parece más una campaña de
adiestramiento que de educación, en el sentido verdaderamente
antropológico.
Es obvio, verdad de Perogrullo, que este adiestramiento no
va a funcionar únicamente en lo que hace relación
a la genitalidad, sino que conformará la manera de
enfrentar la vida en todos las áreas, que se hará
parte del ethos, de la conducta habitual de estas personas,
y no será la responsabilidad, la honestidad, lo que
oriente sus acciones sino la seguridad, sin importar los medios
que tengan que poner en práctica para lograrla.
Si como parece hasta ahora es una filosofía formativa
y social del Estado, es de esperar que también, y en
nombre de la equidad, se adelanten intensas campañas
en las que todos los ciudadanos recibamos las instrucciones
oficiales necesarias sobre: evasión segura de impuestos,
fraude seguro en las próximas elecciones, consecución
fraudulenta pero segura de títulos universitarios,
etc.
¿Debemos concluir que entre nosotros, que en el Estado
Colombiano, el delito de quienes hoy pagan condenas de cárcel
u otras penas no merecen las sanciones impuestas por sus crímenes,
sino por no haber sido lo suficientemente hábiles al
ofender a la sociedad y en burlar la ley para no ser descubiertos?
Se enseña y reclama no responsabilidad, honestidad,
sino habilidad para faltar sin poder ser señalado.
Esto es dar carta de presentación oficial, legal, a
la corrupción.
Nota:
Esta sección es un aporte del Centro Colombiano de
Bioética -Cecolbe-.
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