MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 10    No. 110 NOVIEMBRE DEL AÑO 2007    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 


En vos confío:
Biografía de un trasplante
Hernando Guzmán Paniagua Periodista - elpulso@elhospital.org.co
“¿Se justificará semejante cantidad de trabajo para tan poquitos pacientes, a los costos que tenemos? ¿Es justo que Colombia siendo un país tan pobre, con tantas dificultades y con tanta desigualdad, haga trasplantes? Mi respuesta es un absoluto SÍ.
Si nos hubiéramos quedado haciendo simplemente las cositas que permitieran sanar, la ciencia nunca hubiera progresado en el mundo, porque los países ricos de hoy también fueron pobres en su momento”.
David Ramírez recibió un trasplante de riñón en el Hospital Universitario San Vicente de Paúl de Medellín hace varios años. Al final de una valiosa charla del doctor Gonzalo Mejía, partícipe del primer trasplante renal efectuado en Colombia en 1973 en dicho hospital, David contó su experiencia: “Después de 9 meses de hemodiálisis, de diálisis peritoneal y de 40 exámenes, un día me llamaron cuando iba a almorzar y me dijeron: No almuerce, véngase para el Hospital que ya resultó el riñón para usted. Ese mismo día me trasplantaron. Es muy difícil describir con palabras lo que ese órgano nuevo le produce a uno…Recuerdo que al despertar me sentí diferente, como vital, con ganas de hacer cosas”.
¿Cómo llegaron David y los demás trasplantados a ese momento? Ese fue el tema de la conferencia En vos confío: Biografía de un trasplante, en el programa Ciencia en Bicicleta del Parque Explora de la Alcaldía de Medellín, el pasado 22 de septiembre. El expositor, nefrólogo Gonzalo Mejía, la inició aludiendo a esas realidades que empezaron como utopías: El teléfono tiene demasiadas deficiencias para ser considerado seriamente como un medio de comunicación. Este aparato no tiene ninguna utilidad para nosotros, decía un memorando de Western Union a fines del siglo antepasado. ¿Máquinas voladoras más pesadas que el aire? Eso es imposible, decía el presidente de la Royal Society de Londres. Todo lo que podría ser inventado, ya se inventó, dijo un funcionario de la Oficina de Patentes de los Estados Unidos. Los aviones son juguetes interesantes pero carecen de utilidad militar, lo dijo nada menos que el Mariscal Foch a finales del siglo antepasado. ¿Quién diablos podría querer oír a los actores hablar? Se preguntaba un funcionario de la Warner Brothers en la época del cine mudo. Y ésta: No existe ninguna razón para que alguien quiera tener un computador en la casa. Con este tipo de aseveraciones en que la actitud frente a los desarrollos científicos no es abierta, no avanzaremos en forma adecuada, indicó el doctor Mejía. Es un mensaje especialmente para los jóvenes: la mente tiene que estar abierta y dispuesta a cualquiera de los desarrollos.
“Pesa muchísimo más el trasplante frente
a la diálisis y a la permanencia en lista de espera,
en calidad de vida, en productividad y en supervivencia.
A un paciente sometido a cualquier tipo de trasplante
le va mejor que si se queda en diálisis esperando
que le resulte un riñón”.
PDespués de consideraciones generales sobre los trasplantes, el doctor Mejía entró en materia, el trasplante renal: “Un trasplante requiere donantes vivos, ya sean relacionados o familiares (papá, mamá, hermanos, hijos), relativamente relacionados (primos, sobrinos, tíos) o no relacionados (esposos, amigos, personas ajenas) o donantes fallecidos. Entre 3.500 trasplantes realizados en el Hospital San Vicente, apenas 15 casos son de donantes no relacionados con el receptor. En Estados Unidos hay más o menos mitad de donantes vivos y mitad de fallecidos. Desde 1998 más o menos cayó el número de donantes vivos y empezó a subir el de fallecidos; profesionalizamos médicos que iban a convencer a la gente de que aceptara la donación y en una ciudad como Medellín, con 35 años de historia de trasplantes no fue difícil. El problema fue que se nos olvidó seguir los trasplantes de donantes vivos y la violencia tristemente permitió este ascenso de trasplantes con donantes fallecidos; desde luego, gracias a Dios, a los gobernantes, a la conciencia ciudadana, al desarrollo mental, a la capacidad de convivencia”.
“La meta en países desarrollados es obtener de cada donante al menos 3.75 órganos utilizables en promedio. En Medellín logramos 2.75 órganos por donante, número muy bueno. Al donante vivo hay que hacerle nefrectomía unilateral, por cirugía abierta, una cortada en un costado o por laparoscopia: unas cortaditas en la cavidad abdominal para poner varios instrumentos, para ver, para 'instilar' aire o agua, para aspirar la sangre que se vierte y otro por medio del cual se hace el corte”.
Poder, servir y querer
“Para ser donante, -afirmó Mejía-, se requiere poder, servir y querer. Poder, es estar el donante vivo en buen estado de salud, no tener enfermedad manifiesta ni fumar, lo más dañino para cualquier organismo. Servir, significa ser compatible en grupo de sangre y antígenos HLA. Y querer es la voluntad y el consentimiento, estar dispuesto a donar ya sea vivo o fallecido, ser alguien que expresó en vida la voluntad de donar. En la legislación colombiana quedó la llamada presunción de donación: si la persona en vida no declaró que no quería donar, se entiende que sí lo quería hacer, pero nunca nos brincamos la autorización de la familia. Hay limitaciones de edad, por ejemplo, niños muy pequeñitos, menores de 10 años no son buenos donantes, y las personas mayores de 50 tampoco lo son. No se puede tener sida, hepatitis, cáncer, ni antecedentes de drogadicción; un indigente por ahí tirado debajo de un puente o pisado por un carro, un NN o alguien de conducta sexual dudosa, son favorecedores de infecciones y no usamos esos donantes. En Medellín, los donantes muertos resultan, sobre todo, por trauma encéfalo-craneal, de los accidentes de motos lamentablemente muchos, y del derrame cerebral o accidente cerebro-vascular, donantes que se solicitan a las Unidades de Cuidados Intensivos donde los declaran en muerte encefálica”.
“España es el país con más donantes fallecidos (95%); en cambio en Japón, por impedimentos religiosos, no se extraen los órganos a los muertos y 100% de los trasplantes tienen donantes vivos; en China, en todos los congresos internacionales de trasplantes hay mítines de protesta contra la extracción de órganos a prisioneros condenados a muerte. En Colombia 50% de los donantes son vivos y 50% fallecidos. En Medellín la mayoría de los donantes son muertos”.
Turismo y lista de espera
El doctor Mejía se refirió al turismo de trasplantes, en el cual, como dijo: “A un pobre le dicen: le doy tanta plata, camine vámonos usted y yo, y usted dice que es mi hermano o mi sobrino. Vienen al país donde les hacen la cirugía, práctica desaprobada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y que pone en gran peligro toda la actividad de los trasplantes”.
Sobre la lista de espera expresó: “En Estados Unidos lleva hasta tres y más años. En Colombia más o menos 10 meses. Por eso, en muchas partes nos prefieren. Hay una brecha grande entre pacientes en lista de espera y donantes. La cifra de 100 pacientes/año diría que el número de pacientes estuviera bajando, pero siempre habrá más receptores que trasplantes realizables. En Colombia hay 15.000 pacientes en diálisis y en lista de espera más o menos 500 en todo el país, muy poquitico”.
El oficio de escribir
Escribir es un acto sensual, del cual Carlos Fuentes se siente más cercano al hacerlo a mano, llenando cuadernos en la hoja derecha y corrigiendo en la izquierda: “Tengo un erotismo frente a la escritura, porque estoy cerca del material: la pluma, la tinta, el papel. Soy mañanero dependiendo de dónde estoy; en Londres, donde vivo, me levanto a las 6:00 de mañana, me hago el desayuno y escribo hasta las 12:00 del mediodía; luego paseo una hora por un cementerio por el miedo al tráfico de Londres -siempre viene en direcciones que no entiendo- y veo tumbas que son lo mejor de la literatura fantástica de Inglaterra”.
Pero la soñada “inspiración” no viene de la disciplina ni de sus caminatas, ni siquiera de la experiencia en el oficio: su origen está en otro mundo. “Los libros se escriben a golpe de calcetín, a lo largo de mucho tiempo, y no se puede decir que hoy empiezo un libro y lo termino en tal fecha; el libro tiene su vida propia.
De los exámenes para descartar enfermedades graves, los estudios de histo-compatibilidad y la autorización de las EPS, que señaló como lo más difícil, el doctor Mejía pasó al trasplante en sí, desde la extracción del riñón. Recordó el método artesanal de preservación utilizado en Medellín, a falta de la máquina de perfusión, invento del doctor Bélzer en la Universidad de Wisconsin, que sólo poseen Estados Unidos y Europa: “Nosotros, desde el principio, usamos la preservación simple en frío; metíamos los riñones en un recipiente de acero inoxidable, estéril, dentro de una olla de sancocho común y corriente, con hielo alrededor; tapábamos, le poníamos sábanas esterilizadas…y a la nevera. Ya hemos depurado la técnica y usamos unos enfriadores más eleganticos”.
Factores críticos de éxito
El científico Gonzalo Mejía aludió a 20 factores críticos de éxito. De ellos destacó la compatibilidad de grupo sanguíneo, de RH y de antígenos HLA, un grupo de trasplantes experto en manejar complicaciones, rescate óptimo de órganos, edad del donante menor de 50 años, preservación en frío menor de 24 horas. “Si el paciente pesa 85 kilos y le ponemos un riñón de un niño de 10 años que pesa 23 kilos, obviamente no tendrá suficiente masa renal”, anotó el cirujano. A ellos agregó, prevención de la insuficiencia renal aguda, diagnóstico precoz del rechazo con biopsia para descartar obstrucciones o coágulos en el uréter, o que quede muy apretada la costura que hace el cirujano. “Si el paciente orina mucho, no alcanza a pasar la orina por ahí; es como cuando uno le pone la mano a la punta de una manguera”, explicó Mejía.
También valoró la inmunosupresión óptima: “Que los remedios (medicamentos), inyectados o tomados, no le caigan mal a la persona ni tengan efectos secundarios. Además, que donante y receptor tengan edades relativamente compatibles y que los donantes sean sanos”. Sobre la fase post-operatoria, resumió: “Hospitalización 8 ó 10 días, si no pasa nada; seguimiento, de por vida. Consultas, los primeros meses una vez a la semana, luego cada 15 días, a partir del sexto mes mensualmente, a partir del segundo año cada dos meses, medicación indefinida”. El trasplante, recalcó el galeno, es un trabajo de grupo, de todos: Tan importante es que el mensajero lleve una muestra al laboratorio con responsabilidad y con presteza, como la labor del médico y del personal de enfermería.
En el Hospital Universitario San Vicente
de Paúl, en Medellín, se han hecho más de 3.500
trasplantes de riñón en 34 años.
Finalmente, mencionó la apoptosis: muerte celular programada: “Todas las células de los seres vivos tienen una vida programada: Las estrellas nacen, crecen, estallan y se vuelven agujeros negros, la materia continúa, pero las células van dando paso y saben cuándo decir: ya fui efectiva, ya hice mi papel, ahora le toca a otra. Los únicos que nos hemos rebelado contra eso somos los humanos, por fortuna. Es probablemente parte del salto cualitativo de la especie, que nos hace querer sobrevivir más. Muchos de los elementos vistos afectan la apoptosis, unos la aceleran, otros la impiden, y éste se convierte en otro factor crítico de éxito”.
Calidad de vida y costo-beneficio
“Sin duda -concluyó el especialista-, pesa muchísimo más el trasplante frente a la diálisis y a la permanencia en lista de espera, en calidad de vida, en productividad y en supervivencia. A un paciente sometido a cualquier tipo de trasplante le va mejor que si se queda en diálisis esperando que le resulte un riñón. En el Hospital Universitario San Vicente de Paúl hemos hecho más de 3.500 trasplantes de riñón en 34 años. ¿Se justificará semejante cantidad de trabajo para tan poquitos pacientes, a los costos que tenemos? ¿Es justo que Colombia siendo un país tan pobre, con tantas dificultades y con tanta desigualdad, haga trasplantes? Mi respuesta es un absoluto SÍ. Si nos hubiéramos quedado haciendo simplemente las cositas que permitieran sanar, la ciencia nunca hubiera progresado en el mundo, porque los países ricos de hoy también fueron pobres en su momento”.
David Ramírez, el trasplantado de riñón presente en la conferencia, remató la charla del doctor Gonzalo Mejía con su testimonio: “Para mí, sentirme querido, como arropado por un montón de gente, es algo muy importante…”. Y agregó: “El doctor Mejía habló del costo-beneficio: Les aseguro que eso no se puede medir, y con todo lo que él explica, a uno le parece como muy teso un proceso tan complejo para que uno pueda volver a hacer cosas tan simples… Para uno que recibió un órgano, lo primero es agradecer la generosidad de alguien que en un momento tan duro como la muerte de su ser querido, aceptó que me lo donara… O sea, yo tengo ya dos cumpleaños, porque el día en que recibí el riñón, fue como recibir la vida nuevamente” .
 
Ocioso lector
Doris Lessing
y el apocalipsis de hielo
En la novela “Mara y Dann”, la ganadora del Premio Nobel de Literatura 2007 Doris Lessing, reflexiona sobre previsibles catástrofes del mundo, a partir del comportamiento del hombre actual. Es la historia de dos hermanitos que abandonan su hogar y su país, y viven aventuras futuras en un continente africano asolado por el hielo. En el prólogo, anota: “…Un día, dentro de miles de años, nuestros descendientes podrían decir: en el período de 12.000 años que medió entre una glaciación y la siguiente, transcurrió todo un capítulo de la evolución humana, desde el salvajismo y la barbarie hasta la más exquisita civilización. Y todas nuestras civilizaciones y lenguas, y nuestras ciudades y destrezas e inventos, nuestras granjas y jardines y bosques, y las aves y las bestias que con tanto ahínco tratamos de proteger de nuestros estragos, no ocuparán más que un frase o un párrafo en una larga historia”.
De “Mara y Dann”
“Un granjero del norte de Yerrup a finales del duodécimo milenio; ese era el período que más les gustaba a los creadores de aquellos museos, debido al auge que experimentaran los inventos en aquella época.
Pero, en todos los edificios, el final era siempre la guerra, y las formas de hacer la guerra se volvían cada vez más crueles y más terribles. En una habitación de un edificio donde sólo había máquinas de guerra, una pared enumeraba las formas en que se creía que aquellos pueblos antiguos habrían acabado con sus civilizaciones aún antes del Hielo. La guerra era una. Mara no lograba entender las armas: eran muy difíciles y complicadas. Y aún cuando las explicaciones resultaban lo bastante claras para comprenderlas, no daba crédito a lo que leía. ¿Proyectiles que transportaban enfermedades diseñadas para matar a toda la población de un país o una ciudad? ¿Qué eran esos pueblos antiguos para ser capaces de hacer tales cosas? “Bombas” que podían… No entendía las explicaciones.
El modo que tenían de utilizar la tierra y el agua era imprudente. “Estos pueblos no mostraban ningún interés por las consecuencias de sus actos. Exterminaron a los animales. Envenenaron a los peces del mar. Talaron los bosques, de forma que, uno tras otro, países en su día densamente arbolados se volvieron áridos o desérticos. Destruían todo lo que tocaban. Probablemente les fallara algo en el cerebro. Son muchos los historiadores que creen que estos antepasados nuestros se tenían bien merecido el castigo del Hielo”.
(Op.cit. Ediciones B, Barcel
 



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