MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMÉRICA No. 334 JULIO DEL AÑO 2026 ISNN 0124-4388
Todo comenzó con un dolor de rodilla. Para un adolescente que acababa de terminar un entrenamiento de fútbol, parecía una molestia propia del deporte. Una madre pensó que la pequeña masa en la pierna de su hijo era consecuencia del crecimiento. Un joven decidió seguir entrenando, convencido de que el malestar desaparecería con unos días de descanso.
Historias como estas se repiten todos los días y, en la mayoría de los casos, no esconden nada más que una lesión pasajera. Sin embargo, para algunos pacientes representan el inicio silencioso de un sarcoma, uno de los cánceres más agresivos y menos frecuentes del sistema musculoesquelético. Su capacidad para confundirse con dolores cotidianos hace que el tiempo sea determinante para el pronóstico: un diagnóstico temprano no solo aumenta las posibilidades de curación, sino que también puede significar conservar una extremidad y la calidad de vida.
Los sarcomas representan aproximadamente el 1 % de los cánceres diagnosticados en el mundo y pueden desarrollarse tanto en los huesos como en los tejidos blandos, como músculos, grasa, nervios y tejido fibroso. Aunque pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo, cerca del 60 % compromete las extremidades, especialmente las rodillas, los brazos y las piernas.
En Colombia, las cifras del Instituto Nacional de Cancerología indican que se presentan entre 300 y 400 casos nuevos de sarcomas de tejidos blandos cada año.
En el Hospital San Vicente Fundación Medellín, la atención de estos pacientes se ha consolidado durante más de dos décadas gracias a un modelo multidisciplinario de alta complejidad que integra especialistas, tecnología y un recurso diferenciador en el país: el Banco de Tejidos, que permite realizar cirugías de salvamento de extremidades, especialmente en pacientes pediátricos.
“Los sarcomas son lesiones malignas del sistema musculoesquelético, sobre todo de los huesos y los músculos. Tienen una particularidad: su agresividad”, explica el doctor Jorge Eduardo López Valencia, ortopedista oncólogo del Hospital San Vicente Fundación Medellín.
Uno de los principales desafíos del sarcoma es que rara vez genera sospechas en sus etapas iniciales. La mayoría de los pacientes son niños, adolescentes o adultos jóvenes que llevan una vida activa y practican deporte, por lo que es frecuente asociar el dolor con un traumatismo o con el sobreuso físico.
A diferencia de otros tipos de cáncer, el sarcoma no siempre produce un deterioro evidente del estado general. En muchas ocasiones, el paciente continúa asistiendo al colegio, practicando deporte o desarrollando su rutina habitual mientras el tumor crece silenciosamente.
Las señales de alerta suelen ser una masa de crecimiento rápido, un dolor persistente que no mejora con el reposo o una limitación funcional sin una causa aparente.
“Una masa de rápido crecimiento, un dolor que no mejore con el reposo o una limitación funcional ameritan una revisión médica”, insiste el doctor López.
Reconocer estos síntomas resulta determinante porque el tiempo influye directamente en el tratamiento. Para el ortopedista oncólogo, “un rápido diagnóstico va a hacer que las cirugías sean menos agresivas y el pronóstico sea mucho mejor”.
Cuando la enfermedad avanza sin ser identificada, aumenta el riesgo de que el tumor se disemine hacia otros órganos, especialmente los pulmones, lo que reduce las posibilidades de supervivencia.
El manejo del sarcoma va mucho más allá de una cirugía. Requiere la participación coordinada de ortopedistas oncólogos, oncólogos clínicos y pediátricos, radiólogos, patólogos, anestesiólogos, rehabilitadores, psicólogos, psiquiatras, personal de enfermería y otros profesionales que intervienen en cada etapa del proceso.
Desde la confirmación diagnóstica mediante estudios de imágenes y biopsias hasta la quimioterapia, la cirugía reconstructiva y el seguimiento posterior, cada decisión se toma de manera conjunta para ofrecer el tratamiento más adecuado según las características de cada paciente.
“Se requieren instituciones que tengan todas estas especialidades y los recursos para poder manejar a estos pacientes. Deben ser manejos muy centralizados”, afirma el especialista.
Esa articulación es una de las fortalezas del Hospital San Vicente Fundación Medellín.
“Tenemos todas las especialidades quirúrgicas y clínicas, y la experiencia de más de 20 años manejando pacientes con sarcomas”, agrega el doctor López.
Hace algunos años, el diagnóstico de un sarcoma óseo significaba, con frecuencia, perder un brazo o una pierna. Hoy, los avances en la cirugía oncológica y reconstructiva han cambiado ese panorama. En muchos pacientes es posible extirpar el tumor y reconstruir el hueso comprometido, preservando la extremidad y su funcionalidad.
En ese propósito, el Banco de Tejidos del Hospital San Vicente Fundación Medellín se ha convertido en un aliado fundamental. Gracias a la disponibilidad de injertos óseos provenientes de donantes, los cirujanos pueden reemplazar segmentos del hueso afectados por el tumor y ofrecer alternativas reconstructivas que, de otra manera, serían mucho más limitadas.
Su impacto es especialmente significativo en niños y adolescentes. Como sus huesos continúan en crecimiento, las prótesis metálicas no siempre son la mejor opción, por lo que los injertos óseos favorecen reconstrucciones biológicas que acompañan mejor su desarrollo.
“La ventaja del Banco de Tejidos es que nos permite realizar cirugías de salvamento en niños teniendo como recurso el mismo hueso. Nos permite hacer más cirugías de salvamento donde las prótesis todavía no son la mejor opción”, explica el doctor López.
“El Banco de Tejidos favorece que podamos hacer más cirugías de salvamento, sobre todo en niños. Si no lo tuviéramos, muchas veces tocaría pensar en una prótesis metálica o incluso en una amputación”.
Aunque existen situaciones en las que la amputación continúa siendo necesaria para controlar la enfermedad, la disponibilidad del Banco de Tejidos y el trabajo de un equipo altamente especializado amplían las alternativas para preservar la extremidad y recuperar la funcionalidad. Mucho más que tratar un tumor Cada paciente con sarcoma enfrenta una enfermedad distinta. No solo cambian el tipo de tumor, su localización o su comportamiento biológico; también cambian la edad, los proyectos de vida y las expectativas de quienes reciben el diagnóstico.
Por eso, el tratamiento no busca únicamente eliminar el cáncer. También procura preservar la movilidad, reducir las secuelas físicas y ofrecer las mejores condiciones para que niños, adolescentes y adultos puedan retomar su vida cotidiana.
Para el doctor López, el mensaje es contundente: “Si hacemos un diagnóstico precoz, la cirugía será más pequeña y la probabilidad de curación será mucho mayor. Si nos demoramos, la cirugía puede volverse muy compleja y, en algunos casos, llegar hasta la amputación”.
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