Balance del año, lecciones aprendidas y los retos que quedan por resolver
El sistema de salud colombiano terminó el 2025 con una evaluación mixta: ciertos progresos operativos evitaron un empeoramiento más profundo, pero no pudieron remediar los problemas fundamentales del financiamiento y el aseguramiento. El incremento del giro directo de la ADRES posibilitó que la liquidez de hospitales y clínicas se aliviara temporalmente, mientras que el monitoreo e intervención a distintas EPS hizo que las debilidades internas del sistema emergieran con mayor claridad.
Una de las enseñanzas más importantes del año es que las acciones administrativas, sin rediseñar el modelo de riesgo o capitalizarlo, no son suficientes para asegurar la sostenibilidad del sistema. A pesar de que las EPS intervenidas experimentaron algunas mejoras, continuaron funcionando con déficit; por su parte, la red hospitalaria tuvo que lidiar con el cierre de servicios, problemas para invertir en infraestructura y una presión persistente sobre el personal.
De cara a 2026, los retos que quedan por resolver son profundos y urgentes. El sector deberá avanzar hacia un saneamiento financiero real, una revisión técnica del modelo de aseguramiento, la actualización del cálculo de la UPC y mayores niveles de transparencia en las cuentas del sistema. Frente a una eventual presentación de un nuevo proyecto de ley, la discusión sobre una reforma sólida y viable, junto con el fortalecimiento de la atención primaria y de las redes integrales de servicios, será clave para evitar que la presión financiera continúe trasladándose a los prestadores y, en última instancia, a los pacientes.
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