MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 273 JUNIO DEL AÑO 2021 ISNN 0124-4388 elpulso@sanvicentefundacion.com icono facebook icono twitter

¿Una reapertura a destiempo?

Por: Redacción EL PULSO
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Desde el 8 de junio Colombia comenzó una nueva etapa de la ya larga historia de manejo de la pandemia de la COVID-19, y esta vez la directriz expedida por el gobierno nacional a través de la Resolución 777 se enfoca en la reactivación de toda la economía aunque bajo parámetros de bioseguridad que deberán seguir los ciudadanos para evitar el contagio. Las expectativas son altas y positivas desde la visión de quienes clamaban por un regreso a la “normalidad”, pero de gran preocupación para quienes consideran que la salud de las personas correrá un riesgo aumentado.

Para dimensionar las conveniencias de la nueva estrategia, el epidemiólogo Andrés Rangel plantea que la primera consideración es identificar los intereses inmersos en las decisiones que se toman para el control del contagio. “La pandemia ha demostrado que tiene una conjugación de condiciones de salud pero también sociales y en el transcurrir de la epidemia se han ido mostrando diferentes equilibrios entre esos intereses; en algunos momentos han primado las expectativas negativas de muertes y contagios, y en otros ha predominado una visión más económica. Este es un dilema, o por lo menos un conflicto, entre la economía y las medidas de control al COVID”.

Para el doctor Rangel el actual es el momento más duro desde que la epidemia llegó a Colombia, y donde su curso ha sido más complejo, entre otros motivos por el ingreso de las variantes de preocupación, la apertura y movilización social en general, y porque estamos ante una sociedad mucho más abierta, y en ese sentido, no se comprenden con facilidad las nuevas medidas si se miran desde la ciencia, pero cuando se mira todo el conjunto, incluyendo la afectación económica y social, se empieza a ver su justificación: “desde el punto de vista de la salud pública es muy negativo en términos del impacto de la mortalidad y la enfermedad, y negativo porque el sistema de salud está al máximo de su capacidad e incluso superado, pero además, el efecto de la mortalidad es costoso porque una vida podrá tener una valoración económica pero estamos hablando del impacto en miles de familias”.

Al definir el actual momento epidemiológico, el doctor Rangel aclara que si bien este tercer pico se observa como una meseta larga, cuando se ve por regiones se encuentra que estas han entrado y salido, como los departamentos de Atlántico y Antioquia que aportaron negativamente en este récord, pero luego fue Bogotá con una meseta muy larga, los Santanderes, el Valle del Cauca.



Lo que puede resultar más preocupante para el doctor Rangel es que: “a pesar de que la vacunación ha avanzado, tenemos la incertidumbre de que la gente se complique, porque si bien el efecto de la vacunación es evitar las complicaciones y hospitalizaciones, no sabemos si este efecto va a ser suficiente para detener una oleada de muertes que podría darse como consecuencia de un contagio masivo. La situación no es muy positiva y la esperanza que se tiene es que se pueda vacunar mucha gente para evitar nuevos picos”.

Una postura más crítica es la expresada por la Asociación Colombiana de Salud Pública, su presidenta, Dionne Alexandra Cruz Arenas, le manifestó a EL PULSO su alarma frente a la Resolución 777, y en general con el manejo de la pandemia en Colombia. “Es claro que en un momento tan complejo como el que se está presentando, esta medida es muy cuestionable. Lo que se plantea como una reactivación es completamente irresponsable y se da a destiempo, el escenario al que nos vamos a ver enfrentados es absolutamente dramático”.

La doctora Cruz va más allá al considerar que lo que está sucediendo va en contra de la Constitución: “no se acata la Constitución del 91 que establece que la finalidad esencial del estado es proteger y preservar la vida y eso no lo estamos haciendo infortunadamente, y este es un criterio grave porque cualquier actividad económica está supeditada y condicionada a la situación sanitaria, porque no podemos pretender tener un país productivo, ni económicamente sostenible cuando la gente está enferma”.

Pero además la Resolución 777 podría tener un efecto de rebote indeseado: “la medida es absolutamente contradictoria, no estamos para reactivaciones plenas, estas deben ser paulatinas, graduales, sometidas a análisis y a muchos criterios, pero decirle a la gente que las ciudades con ocupación del 85 % pueden salir a las discotecas y eventos, es todo lo contrario al concepto de prevención porque decir eso es un mensaje de relajación que puede llevar a que a los pocos días se aumenten los casos y las ciudades con bajas ocupaciones de UCI se verá de nuevo desbordadas. Lo que vemos acá es una imprudencia muy grande y eso va a costar muchas vidas, y en ese proceso de prueba y error estás jugando con la vida de las personas y esto no le conviene ni al empresariado”.

Pero la preocupación de la doctora Cruz supera la coyuntura. “La carga de la enfermedad que ha dejado la pandemia es demasiado alta y está sin estudiarse porque hasta el momento no se conoce un estudio que aborde el asunto por parte del INS, y esto en cualquier lugar del mundo es fundamental para saber cuáles son los impactos y efectos que ha dejado la COVID en quienes lo han padecido, sean sintomáticos o asintomáticos, no hay herramientas para saber cuál va a ser el costo para el sistema de salud, cuántos años de vida productiva perdida habrá para el país y es en eso lo que se debería estar pensando desde una visión económica”.

La presidenta de la ACSP indica que el problema no es de economía, y recuerda un estudio del Observatorio fiscal de la Universidad Javeriana que mostró que los recursos del fondo de emergencia destinado para la atención de la pandemia tuvieron una bajísima ejecución presupuestal, mientras solicitudes y propuestas, por ejemplo de una renta básica, fueron desatendidos. “Hoy tenemos por la desatención del estado más de siete millones de colombianos en pobreza extrema, o sea que no tienen la canasta alimentaria para cumplir sus requerimientos calóricos necesarios para vivir, y eso en una mega despensa alimentaria como Colombia es inaceptable y una vergüenza, pero tampoco genera condiciones favorables para enfrentar la COVID-19 ya que una herramienta fundamental para tener un sistema inmune fuerte es estar bien alimentado”.


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