Hablando de recursos para la salud, queda muy claro que es necesario
echar mano de todas las fuentes posibles. En realidad estos nunca
sobran, por el contrario, las necesidades de la gente siempre
serán superiores a las disponibilidades de dinero. Una
fuente muy importante para el sector salud son los juegos de suerte
y azar. En el año 2001 se expidió la Ley 643, "por
la cual se fija el régimen propio del monopolio rentístico
de juegos de suerte y azar", que junto con las modificaciones
introducidas por la Ley 715 del presente año, configuran
el eje que establece lo pertinente para que la salud reciba una
no despreciable cantidad de dinero.
Dentro de los principios de la citada ley quedó establecido
que "todo juego de suerte y azar debe contribuir eficazmente
a la financiación del servicio público de salud,
de sus obligaciones prestacionales y pensionales". Y más
específicamente, señala que "los recursos obtenidos
por los departamentos, el Distrito Capital y los municipios, como
producto del monopolio de juegos de suerte y azar, se destinarán
para contratar con las empresas sociales del Estado o entidades
públicas o privadas, la prestación de los servicios
de salud a la población vinculada o para la vinculación
al régimen subsidiado".
Los aportes totales por el concepto de juegos de azar de 1998
a 1999 crecieron el 11.8%, al pasar de $179.000 millones a $200.000
millones. Las apuestas permanentes, en ese mismo período,
aumentaron cerca del 31%: pasaron de $ 66.622 millones a $87.419
millones. En cambio, las loterías en el período
comprendido entre 1993, por coincidencia año de la Ley
100 de Seguridad Social, y 1999 disminuyeron sus aportes en cerca
del 20%; su monto final en ese año fue de $113.000 millones.
Queda claro que esta es una importante fuente de recursos, por
tanto ese gusto que tenemos en Colombia por el juego, debe aprovecharse
en beneficio de la salud de la gente. Eso está perfecto.
Adicionalmente, hay que hacer gestiones muy contundentes sobre
la evasión y la elusión, que es mayúscula.
Hay que hacer una gran tarea en controlar el desvío de
esos recursos que por su destinación son sagrados. Lo siguiente
como tantas otras cosas, todo el mundo lo sabe: con cargo a las
loterías y demás juegos, es decir con sangre y vida
de pacientes, se financia una cantidad de eventos, actos y certámenes
que no tienen nada que ver con lo pretendido por la ley. Para
decirlo sin ambages, el desvío de ese dinero, le arrebata
posibilidades a la gente de superar su enfermedad y obtener la
salud.
Está sobre la mesa el debate de la lotería única
nacional. La idea tiene sus pro y sus contras y también
sus defensores y contradictores. Con ella se corre el riesgo de
generar una inmensa burocracia, y ya sabemos que esta ha demostrado
su voracidad; por otro lado la lentitud en los trámites,
el papeleo y los apadrinamientos necesarios por un congresista,
o por un funcionario de alto turmequé que sea recibido
en los despachos, genera esperas y costos increíbles, claro,
muchas veces insensibles, pues esos costos son la cirugía
que no se hizo o el medicamento que no se suministró o
la consulta que se pospuso.
El debate de la lotería única hay que darlo y debe
ser a fondo. Los departamentos que maneja "bien" sus
empresas no querrán ceder de ningún modo lo que
con ello se gana en cuestión de puestos, de votos y contratos.
Unos dicen que en las loterías no se salva nadie y otros,
que siempre hay un ganador...
El desempleo, la pobreza y las necesidades vitales que nos agobian
a todos, no dejan un momento ni un peso para que las loterías
y rifas sean realmente fuertes.
La idea de la lotería única es centralista ciento
por ciento, no por eso es mala, pero, ¿cómo se asegura
el señor ministro que ella no generará más
gastos y corrupción que las de los departamentos? ¿cómo
se asegura que los rendimientos serán mayores y las transferencias
más altas? y ¿cómo hará para controlar
la intriga y la burocracia que desangra?
Si el señor ministro logra responder a favor de la gente
esta y otras tantas preguntas que nos surgen a todos, que siga
con su idea. De lo contrario, que no le quite lo poco que le queda
a la gente en materia de recursos para lograr su salud.
Señor ministro Londoño: muy posiblemente usted no
volverá a tener nunca las oportunidades que ahora tiene
para tomar decisiones trascendentales a favor de la gente. Usted
cuenta con un jefe de gobierno excepcional, comprometido, decidido,
capaz y Usted también tiene cualidades sobresalientes;
no deje pasar esta oportunidad que es única para la gente
común y corriente, no se deje distraer y centre su esfuerzo
en prestar su corazón a quienes en realidad necesitan que
se les ayude. No preste su oído a temas secundarios ni
a comentarios retaliatorios contra hospitales o clínicas,
ni a apuntes economicistas, ni a guarismos deshumanizantes que
embelesan porque suenan, pero que al final... no calman ningún
dolor ni alivian ningún sufrimiento.
La gente está padeciendo como nunca: los prematuros mueren
sin una mínima atención; las madres de alto riesgo
son asistidas por cualquiera en cualquier parte; los pacientes
con enfermedad coronaria son dejados en observación no
se sabe de quién ni por cuanto tiempo; los que tienen enfermedad
cerebro vascular son catalogados como irrecuperables. Levante
por favor por un momento sus ojos de las estadísticas y
mire la gente. Si ve con ojos humanos lo que sucede, su corazón
dará un vuelco.