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| Reflexión
del mes |
Es imposible
negar el poderío ético de la música y,
por consiguiente, la necesidad de que ésta forme parte
de la instrucción de la infancia.
Facilita
la música la catarsis emocional.
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La música
tiene el poder de producir cierto efecto
en
el carácter moral de el alma, y si tiene el poder de
hacer
ésto,
es claro que los jóvenes deben ser llevados hacia la
música, y deben ser educados en ella".
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| Aristóteles
(384-322 a. C.)
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Ministros y
superintendentes han sabido que hay EPS que no tienen suficiente
solvencia, y no pasa nada; que miran con desdén a los
enfermos, y no pasa nada; que no autorizan cirugías
indispensables, y no pasa nada; que dilatan la atención
en consultas, y no pasa nada. Y para colmo, no pagan sus deudas
con hospitales y clínicas, y no pasa nada.
Dr. Julio Ernesto Toro Restrepo
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En el tema de la salud en
nuestro país y particularmente en los temas de cartera
y servicios asistenciales, hay muchas cosas que hoy por hoy,
20 años después de la Ley 100, no están
claras. Eso no es grave. Lo grave del asunto es que parece
que esto no importa mucho al actual al actual ministro de
Salud, ni al anterior, ni al anterior del anterior, ni a ninguno
de ellos; tampoco le importa al actual superintendente de
Salud.
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Ni al anterior, ni al anterior del anterior.
¡A ninguno! Todos ellos han sabido que hay EPS que no
tienen suficiente solvencia, y no pasa nada; que miran con desdén
a los enfermos, y no pasa nada; que no autorizan cirugías
indispensables, y no pasa nada; que dilatan la atención
en consultas, y no pasa nada. Y para colmo, no pagan sus deudas
con hospitales y clínicas, y no pasa nada.
Y mientras, el Ministerio de Salud muestra con ínfulas
información, estadísticas y perfiles de morbilidad
y mortalidad de todas las acciones que no han hecho y que moralmente
no les pertenecen, porque no han pagado por ellas. |
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Ahora, si en nuestro país
una entidad financiera hiciera esto mismo en su campo, de no
cumplir como no cumplen casi todas las EPS, desde hace al menos
una década estaría intervenida y las autoridades
ya hubieran sacado pecho.
Es de la salud de los enfermos, de la estabilidad económica
de hospitales y clínicas, y de miles de empleos, de lo
que estamos hablando. Y no pasa nada . |
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R.I.P.
Requiescat In Pace (1)
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Sistema
de Salud Colombiano
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| El sector de la salud se
quebró". Así, con estas escatológicas
palabras, el ministro de Salud, Ingeniero Alejandro Gaviria,
se manifestó en reportaje al diario El Colombiano el
27 de septiembre pasado, al responder sobre las deudas que por
$14,4 billones tiene el sistema de salud con 5.010 clínicas,
hospitales y proveedores del país. |
Lo
más grave de esta declaración es que la hace el
ex decano de economía, un año después de
asumir el cargo para dirigir la cartera de la salud. Desde su
posesión, omitió con conocimiento lo que le decimos
todos los sectores de la sociedad, desde hace tiempo, sobre
la inviabilidad social y financiera del Sistema de Salud, que
él persiste obstinadamente en sostener.
Pero la posición de responsabilidad para el conjunto
del gobierno es mucho mayor: el primer ministro de Salud del
actual gobierno, Mauricio Santa María, ocupó el
mismo cargo por casi año y medio y nunca hizo una afirmación
de tal talante, a pesar de conocer los enormes desvíos
por las EPS de los recursos de la salud y los catastróficos
resultados en prestación de servicios, ocasionados por
el no pago de la deuda a instituciones públicas y privadas
de la salud en todo el país. El susodicho funcionario
pasó luego a ocupar la Dirección de Planeación
Nacional, hasta hace pocas semanas, ¡y todo tan callado!
Continúa Gaviria afirmando en el reportaje que la
contabilidad en el sector no pegó, con inusitado
lenguaje coloquial y frescura. |
| Como si se tratara
de alguna moda de tacón alto o de bordado con canutillos.
Cuando se trata es del registro contable de billonarios recursos
que los colombianos aportamos a la salud por la vía directa
de los impuestos o de aportes parafiscales, con destinación
específica, y que no pueden desviarse a otros menesteres,
como lo ejercieron depredadores ejecutivos de las EPS y permitido
los cooptados funcionarios de los ministerios y superintendencias.
Téngase en cuenta que la cifra de los recursos para salud
este año, incluyendo el gasto de bolsillo de los colombianos,
asciende a $46 billones que los pagamos todos por diferentes
vías directas o indirectas. |
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Tratándose de un funcionario
de la más alta dignidad en el Estado, le corresponde
iniciar todas las acciones que atañen ante los organismos
de vigilancia y control en relación con las anomalías
en los registros contables que haya detectado, correspondientes
a recursos públicos sobre los cuales el Ministerio
a su cargo -se supone-, ejerce rectoría. Por supuesto
que del tema son responsables y garantes todas las entidades,
públicas y privadas, que han manejado y manejan los
recursos públicos con destinación específica.
Incluidas las IPS, que reciben recursos de la capitación.
¡Y los revisores fiscales!
A esa situación se ha llegado por la acumulación
de varias fallas que se presentaron en el período 2006-2012,
dice el ministro. Por supuesto. Entendemos que el acumulado
de la crisis se inició en la administración
del presidente Uribe, cuyo ministro Diego Palacios -el eficiente-
estuvo 7 años en el ejercicio protector de EPS y farmacéuticas.
Pero la evidencia de las insalvables dificultades tuvo que
hacerse pública en los últimos meses.
Las consecuencias para los pacientes son dramáticas
y lo serán más. Muchas entidades ya dejaron
o dejarán de prestar servicios a la mayoría
de EPS que están en franca iliquidez. Las entidades
que contrataron servicios por capitación y a las que
les pagan fraudulentamente sólo una parte, restringirán
más los servicios con trágicas consecuencias
para los enfermos y sus familias. Todas las entidades de salud
perderán una parte muy importante de su cartera, la
cual ya es irrecuperable. El efecto repercutirá en
el pago a los trabajadores de la salud, a los que no se les
dará estabilidad laboral ni salarios dignos. Los elementos
e insumos médicos serán provistos mediando pagos
anticipados, puesto que la cadena de deudas impagadas afecta
al conjunto del sector. Y los medicamentos serán suministrados
a cuenta gotas.
Y finaliza el ministro: "No se podrá pagar todo
y tocará dejar unas deudas aparte. Se podría
pagar $1 billón que debe Caprecom; los $1,5 billones
de EPS intervenidas; lo adeudado por Saludcoop, que tiene
algo de activos para vender; las cajas de compensación,
como empresas en marcha, irían cubriendo lo que adeudan.
Hasta con Títulos de Tesorería (TES), el Estado
honraría obligaciones. No menciona nada sobre
la recuperación de ilícitas apropiaciones y
exportaciones de capital por EPS del contributivo. Y dijo
que las IPS no tienen más alternativa que aceptar el
duro sistema de "todos ponen".
Con este panorama en ciernes, nadie comprende que se siga
insistiendo en una reforma ordinaria que hace su curso en
el Congreso, con el mismo modelo de intermediación
financiera sustentada en las gestoras (EPS transformadas),
repartiendo utilidades y limitando el acceso a los servicios
de salud de los enfermos en todas las formas imaginables.
Pero esto no quiere decir que el diseño de un nuevo
sistema de salud no sea una necesidad imperiosa, urgente e
inaplazable, que debe tener prioridad nacional.
Mientras esperamos infructuosamente que los congresistas de
la Unidad Nacional decidan rediseñar el sistema de
salud de manera que responda seriamente por las necesidades
de nuestros compatriotas, llegó el momento del entierro
sin honores del Sistema de Salud que implantó Juan
Luis Londoño. El grave problema para nosotros es que
como las deudas de los muertos también se heredan,
quedaremos todos como responsables de las mismas, mientras
los felices depredadores del Sistema que saquearon los recursos
de la salud disfrutan sus fortunas, unos en el exterior y
otros en el interior de Colombia. Y otros regresan de España
a pelear el botín que queda en el país.
Con las grandes deudas que nos lega el naufragado Sistema
de Salud, y los nombres y apellidos de los responsables de
la catástrofe en las penumbras del anonimato o de las
investigaciones sin fin, no tendremos vocación para
rezar con los responsos de las 9 noches del difunto, el conocido
mantra que se repite en los funerales: Que le brille
para siempre la luz perpetua.
(1). Descanse en paz
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Iglesia
reclama reforma
integral
en
salud para acabar corrupto negocio
Redacción
El Pulso |
| En
carta al Congreso de la República, la Iglesia católica
reclamó una transformación integral del sistema
de salud que erradique las causas profundas de la crisis del
sistema y permita una mejora sustancial de la prestación
de los servicios sanitarios, acabar con el predominio mercantilista
que redujo el sistema a un negocio, y erradicar la nociva
existencia de intereses políticos, corruptos y corruptores,
caracterizados por el abuso de poder, el tráfico de influencias,
el enriquecimiento ilícito, la connivencia con grupos
ilegales, la falta de transparencia en la contratación
y otros numerosos hechos, delictivos e inmorales, que afectan
gravemente la eficacia de la sanidad pública. |
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El cardenal Rubén
Salazar, presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana,
Arzobispo de Bogotá y Primado de Colombia, advierte que
el país carece de un verdadero sistema de salud
preventiva y de políticas de Estado coherentes para ello,
al tiempo que pone de presente el calvario a que están
sometidos los usuarios por la excesiva tramitología y
los obstáculos para acceder equitativamente a los tratamientos
y medicamentos, además del escandaloso desvío
de cuantiosos recursos públicos destinados a la salud
en favor de intereses privados. |
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Señala además
que la reforma debe reafirmar la responsabilidad del Estado
frente al bienestar integral de los ciudadanos, donde la
salud no puede verse reducida a un negocio sometido a las
leyes de la oferta y de la demanda. También rechaza
cualquier tentativa de favorecer la injusta práctica
del aborto y pide al Congreso encontrar mecanismos que
ayuden al control de precios de medicamentos.
La carta presenta entre otras, las siguientes consideraciones:
1. La dignidad de la persona humana exige que la vida
de cada hombre y mujer se desarrolle en el marco de unas condiciones
materiales de vida que permitan el goce y el ejercicio plenos
de sus derechos y de sus deberes fundamentales. De ahí
que la Constitución considere responsabilidad primordial
e irrenunciable del Estado y de sus instituciones tutelar
los derechos de sus ciudadanos, garantizándoles los
medios suficientes e indispensables para llevar una vida digna.
Esta responsabilidad del Estado incluye la tutela eficaz y
prioritaria del derecho fundamental a la salud.
2. Aunque reconocemos claros avances en algunos frentes, los
Obispos de Colombia no podemos dejar de evidenciar los problemas
estructurales que aquejan al vigente sistema sanitario.
Aquí señalan: a) Las serias dificultades pese
a la ampliación de la cobertura, de acceso efectivo
a servicios de salud por los ciudadanos, especialmente de
los más pobres y de quienes viven en regiones apartadas;
b) Las condiciones lamentables de numerosas instalaciones
sanitarias, especialmente estatales, su notable escasez en
el ámbito rural y la carencia en ellas de modernas
tecnologías; c) El escandaloso desvío de cuantiosos
recursos públicos destinados a la salud en favor de
intereses privados; d) La carencia de un verdadero sistema
de salud preventiva y de políticas de Estado coherentes
para ello; e) La excesiva tramitología a la que se
ven expuestos los usuarios y los obstáculos para acceder
equitativamente a tratamientos y medicamentos requeridos;
f) Nociva existencia de intereses políticos, corruptos
y corruptores, caracterizados por el abuso de poder, el tráfico
de influencias, el enriquecimiento ilícito, la connivencia
con grupos ilegales, la falta de transparencia en la contratación
y otros numerosos hechos, delictivos e inmorales, que afectan
gravemente la eficacia de la sanidad pública; g) El
predominio de una mentalidad mercantilista que ha reducido
el sistema sanitario a un negocio; h) La falta de garantías
laborales para el personal sanitario; i) La promoción,
con dineros públicos y el apoyo de organismos internacionales,
de una mentalidad abortista y eutanásica contraria
a la dignidad humana, a los valores del pueblo colombiano
y a nuestros principios legales.
Ante tales situaciones de injusticia y corrupción,
los Obispos de Colombia renovaron su apremiante llamado al
Congreso para que lleve a cabo una reforma sanitaria
integral, que logre erradicar las causas profundas de la crisis
del sistema vigente y permita una mejora sustancial de la
prestación de los servicios sanitarios. Luego
afirman que con el deseo sincero de contribuir al bien común
de la Nación e inspirados en la Doctrina Social de
la Iglesia, el Episcopado colombiano brinda al Congreso las
siguientes recomendaciones:
a) La reforma del sistema sanitario debe partir del
reconocimiento de la salud como derecho fundamental y prioritario
de los colombianos, y, de la redefinición de estructuras,
organismos y modelos técnicos de funcionamiento y control,
debe estimular y reflejar un profundo cambio de mentalidad
ética que ponga el bien de la persona, del paciente,
por encima de otro interés legítimo. Para ello,
es necesario entender que la salud no se agota en la dimensión
biofísica sino que incorpora el bien emocional y espiritual
de la persona. b) La reforma del sistema sanitario debe reafirmar
la insustituible responsabilidad del Estado frente al bienestar
integral de sus ciudadanos. Para ello, la participación
de entes gubernamentales y entidades privadas en el sistema
debe estar supeditada a la tutela prioritaria del derecho
a la salud del que el Estado debe hacerse eficaz garante.
La salud no puede verse reducida a un negocio sometido a las
leyes de la oferta y de la demanda.
c) En un país caracterizado por notorias e injustas
desigualdades, la reforma del sistema sanitario debe favorecer
la equidad y la integración, valores esenciales de
un Estado Social de Derecho. De ahí que los más
pobres y desamparados, menores de edad y ancianos y toda persona
en situación de vulnerabilidad deban recibir atención
sanitaria prioritaria. d) Es necesario que el sistema de sanidad
pública incorpore la dimensión preventiva, hasta
convertirla en el carácter definitorio de su modelo
de funcionamiento. e) Es necesario establecer mecanismos efectivos
de control de precios de medicamentos, particularmente de
los productos monopólicos, que en Colombia registran
niveles muy superiores a los de países de América
Latina e incluso de países desarrollados. f) Es urgente
dignificar el trabajo del personal sanitario, brindando estabilidad
y garantías que permitan un ejercicio eficaz y competente
de sus responsabilidades. g) Es necesario administrar mejor
los recursos públicos de modo que pueda invertirse
en investigación y en la mejora sustancias de las instalaciones
sanitarias.
h) La dimensión ética del personal sanitario
y de las instituciones de salud debe ser una prioridad de
la reforma del sistema. En efecto, solo un personal capacitado,
no sólo en el campo técnico, sino también
ético y moral, podrá tomar conciencia de la
dignidad humana del paciente, buscando los medios más
adecuados para hacer frente a sus necesidades materiales y
espirituales. i) Por último, los Obispos de Colombia
rechazamos cualquier tentativa de favorecer la injusta práctica
del aborto u otra disposición que viole el inalienable
derecho a la vida, desde la concepción hasta su fin
natural.
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Bioética
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«Haz
que sea moderado en todo, pero insaciable en mi amor por la
ciencia» (1).
Rambam. RabbíMoshé Ben Maimónides
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Maimónides pide a Dios amor por una ciencia como es
la medicina, inabarcable porque no tiene límites definidos.
Laín Entralgo lo enseña claramente cuando afirma:
« [
] El médico no es médico por
conservar en su memoria lo que acerca de las enfermedades
dicen los libros de patología, o acerca de su tratamiento
los de terapéutica, sino en tanto que diagnostica y
trata a un enfermo de carne y hueso» (2), a un ser ontológicamente
irrepetible, único. Al respecto, Raúl Garza
Garza afirma: « [
] La persona se configura como
una realidad única e irrepetible y por tanto es insustituible.
El destino de todos los hombres no es ser 'como los otros',
sino tener cada uno su propia particularidad» (3) (Subrayado
mío).
Ciencia inabarcable porque aunque es un deber ético
conocer los mejores y más recientes textos de medicina
-diagnóstico, tratamiento, prevención-, para
servir honestamente a quien requiere nuestra atención,
sin embargo es a esta persona, a esta realidad única
e irrepetible (3), a quien tenemos que escuchar y valorar
el estado de su salud, que nunca es idéntico a la de
otro paciente, pues cada uno de éstos es una
realidad única e irrepetible (3), como lo acabamos
de ver. Atendemos enfermos cada uno con su peculiaridad, y
no enfermedades.
Pero, ¿sí es la medicina una ciencia o es simplemente
un arte que aplica conocimientos de la biología, de
la química, de la física, etc.? Laín
Entralgo (4) afirma que es una ciencia, la antropología
médica: « [
] Un conocimiento científico
del hombre en tanto que sujeto sano, enfermable, enfermo,
sanable y mortal». Y: « [
] El saber propio
de la antropología médica tiene a su vez otro
y más profundo fundamento, la antropología general
o conocimiento científico y filosófico del hombre
en cuanto tal» (4).
« [
] Un conocimiento científico del hombre
»
(4), es decir, de un ser espiritualmente animado, de una unidad
indestructible: espíritu encarnado o cuerpo espiritualmente
animado, imposible de definir porque es un misterio,
un ser persona, un quién y
no un qué, a quien sólo podemos
conocer si él se revela, lo que amplía el horizonte
de nuestros deberes: «El médico no lo es tan
sólo como cuando tal médico diagnostica, trata
y previene la enfermedad; lo es también cuando su actividad
le pone en contacto con las penultimidades o las ultimidades
de la existencia humana» (5).
«El médico es una piedra angular en la sociedad
humana y un intermediario entre el hombre y Dios» (6),
porque al médico le confiamos no sólo la salud,
sino la existencia, y por lo tanto nuestro total futuro que
implica «las penultimidades o las ultimidades de la
existencia humana» (5). Recordemos que no hay ateos
sino idólatras, porque todo ser humano despojado de
fanatismos ideológicos, tiene la seguridad de que hay
un ser superior, llámelo Dios, naturaleza, etc., que
dirige su existencia y a quien la confía en su totalidad,
incluyendo el más allá, lo que cree
que existe después de la vida terrenal.
Sublime misión la del verdadero médico que exige
un excelso amor, un amor que sólo busca, en colaboración
del paciente enfermo o sano, el Bien de éste -no su
bienestar-. El más hondo fundamento de la medicina
-escribió lapidariamente Paracelso- es el amor
Si nuestro amor es grande, grande será el fruto que
de él obtenga la medicina; si es menguado, menguados
también serán nuestros frutos. Pues el amor
es lo que nos hace aprender al arte, y fuera de él
no nacerá ningún médico»
(7).
Notas:
1. Rambam. Rabbí Moshé Ben Maimónides.
2. Laín Entralgo, Pedro. Antropología
Médica. Para clínicos. Barcelona, Salvat,
1984, p. XXVII.
3. Garza Garza, Raúl. En: Bioética. Una
toma de decisiones en situaciones difíciles.
México: Trillas, UDEM, 2000, p. 47
4. Laín Entralgo, Pedro. Antropología
Médica. Para clínicos. Barcelona, Salvat,
1984, p. XXXI
5. Laín Entralgo, Pedro. Antropología
Médica. Para clínicos. Barcelona, Salvat,
1984, p. XXXIII
6. Martí Ibáñez, Félix. Ser
Médico. MD en español, abril de 1975
7. Laín Entralgo, Pedro. El médico y el
enfermo. Madrid, Guadarrama, 1969. p. 159
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| NOTA:
Esta sección es un aporte del Centro Colombiano de Bioética
-Cecolbe-. |
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Maestro, ¿qué es eterno?
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El
cinismo de Saludcoop y sus amigos. Hizo y deshizo con los
dineros públicos, se gastó la plata de la salud
en campos de golf, en sus propias clínicas, varios
billones de pesos se fueron por el bolsillo de atrás
y tiene a un mundo de hospitales al borde del cierre. Al gerente
le pusieron una multa ridícula, lo inhabilitaron y
nada más, ni un día de prisión. Encima,
quería que el Estado lo indemnizara. Y el fiscal de
ahora que tan buenos servicios le prestó, ahí
sigue tan campante y tiene la cara de atacar a la Contralora
General de la República. ¡Qué cinismo,
mi querido saltamontes!.
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