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La salud de los niños en Colombia está tan
maltratada como el sistema que la rige. Hablar de salud
infantil es hablar del mejor parámetro de evaluación
de la situación de salud de la población colombiana.
Dicho de otro modo: un sistema que no garantice los mínimos
derechos en salud a los sectores más vulnerables,
difícilmente los garantizará a la población
del país en su conjunto. El alto déficit de
atención a la salud en la infancia, es otra forma
de manifestarse un orden de cosas que falla desde los cimientos.
Las tasas de mortalidad infantil son imposibles de soslayar
acudiendo a las modestas cifras de reducción en los
últimos 10 años. Decir que muchos infantes
siguen muriendo de desnutrición, enfermedad respiratoria
y enfermedad diarreica aguda, y de leucemia, es decir que
el sistema de salud fracasó hace mucho tiempo, no
sólo en su concepción: también en su
incapacidad para enfrentar con decisión los determinantes
sociales de la salud. Que el Estado y las clases dirigentes
muestran una vez más su irresponsabilidad para impulsar
políticas públicas de seguridad alimentaria
y empleo, y que estamos muy lejos de una sociedad equitativa
que distribuya la riqueza de manera justa. Que inmensas
porciones de la geografía siguen sin agua potable,
sin alcantarillado y sin saneamiento básico. Que
la promoción y la prevención y los hábitos
saludables se mantienen como palabras vacías en el
vocabulario oficial, y que estos conceptos no trascienden
las limitadas cartillas del Ministerio de Salud y las ridículas
y eventuales charlas de las EPS.
Al Estado colombiano y a los todopoderosos grupos privados
por él protegidos, amparados y tolerados, poco les
interesa la salud de los niños. De no ser así,
garantizarían la salud de las madres. Porque la salud
infantil empieza por la salud materna, y dan tristeza los
pobres indicadores de salud materno-infantil, de crecimiento
y desarrollo infantil, los elevados porcentajes de embarazo
adolescente, de embarazos no planeados y de abortos inseguros.
Una vergüenza: Colombia no cumplirá la Meta
del Milenio en reducción de mortalidad materna, uno
de los indicadores más importantes del desarrollo
de un país. Y ni qué decir del esquema general
de atención para la población infantil y juvenil;
en este punto se expresa con mayor elocuencia el problema
central de la atención en salud: la fragmentación,
fruto de un sistema que privilegia la intermediación
financiera sobre los objetivos sociales. Bajo las premisas
actuales que rigen la red pública y privada de prestación
de servicios, es imposible una atención integral
de la niñez y con mayor razón, la superación
de los indicadores principales en enfermedades prevalentes.
La situación de salud de los niños en Colombia
es muy deficiente, y si no es caótica, se debe a
un factor que actúa como tabla de salvación:
la acción de organizaciones no gubernamentales y
privadas, que trabajan por el bienestar integral de la niñez.
Es digna de encomio la labor de instituciones sin ánimo
de lucro que sí brindan atención integral,
con oportunidad, calidad, equidad y sobre todo, con cariño,
sentido cristiano y responsabilidad social. Pero el Estado
no puede olvidar su compromiso constitucional y legal en
salud con los sectores vulnerables, ateniéndose a
la acción de esos organismos.
Para colmo de males, los proyectos de ley de la redefinición
del sistema de salud no cambian esta situación, si
no es para empeorarla. Por ello, sobran razones para señalar
que en Colombia, la salud infantil está en pañales.
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