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| Reflexión
del mes |
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El
buen médico y la buena enfermera
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| En
general se suele entender como un buen médico o una
buena enfermera a quienes tienen las capacidades, conocimientos,
criterio clínico o de manejo, capacidad de lectura
e interpretación de signos, gestos, rasgos emocionales
de aquellas personas sobre las cuales recae el cuidado o la
atención. A su vez, estas características cognoscitivas
no pueden estar ancladas en una estructura inerte, sino que
como agentes morales deberán estar revestidos de aquellos
valores que verdaderamente harán posible la relación
profesional con la persona en necesidad de comprensión
y ayuda.
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| Creo
que en nuestro tiempo escasea la empatía para ubicarse
y entender al que sufre, y se gravita más en las medidas
técnicas y en los medicamentos. Probablemente muchas
personas lo que necesitan es el interlocutor que escuche y
en muchos casos, no tanto el arsenal de pruebas de laboratorio
que a veces no se alcanzan a cotejar. Tanto el médico
como la enfermera precisan de aquello que la naturaleza ha
dispensado con generosidad a las madres: la capacidad de lectura
de aquello que aún no se ha dicho o no se ha permitido
decir, así como el cuidado y diligente atención
de quien sufre. Nos acercamos así a un esperanzador
y confiable equilibrio".
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| Dr.
Jaime Bedoya, médico psiquiatra, presidente del Comité
de Ética del Hospital Universitario de San Vicente
Fundación.
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Oligopsonio
en salud
Julio Ernesto Toro Restrepo, MD - elpulso@elhospital.org.co |
La
tan mentada decantación de EPS que promete el Ministerio
de dejar sólo unas pocas, conducirá a que los
vendedores (IPS) tengan muy pocas alternativas para ofrecer
sus servicios. Es decir, se verán obligados a vender
al precio fijado por el comprador (EPS), máxime que la
capacidad de producción ya está instalada. Un
oligopsonio. Se ve venir un control de precios que será
devastador.
Dr. Julio Ernesto Toro Restrepo |
El sueño de
que nuestro país tuviera un sistema de seguridad social
ideal, fue conduciendo a que sobre la Ley 100 de 1993 se hicieran
permanentemente remiendos. Total, que el actual sistema es un
galimatías y además ineficiente. La masa de dinero
que se ha destinado para salud en los últimos años
es verdaderamente descomunal: ya sabemos que hoy puede estar
por el orden del 9% del PIB.
Pero los remiendos no han parado. Lo que está conduciendo
el Ministerio de Salud en los últimos tiempos muy posiblemente
llevará al fracaso del sistema, porque no olvidemos que
estamos en un sistema, y el perjuicio de uno o varios de sus
elementos desajusta el conjunto.
La tan mentada decantación de EPS que promete el Ministerio
de dejar sólo unas pocas, conducirá a que los
vendedores (IPS) tengan muy pocas alternativas para ofrecer
sus servicios. Es decir, se verán obligados a vender
al precio fijado por el comprador (EPS), máxime que la
capacidad de producción ya está instalada. Un
oligopsonio. Se ve venir un control de precios que será
devastador. |
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El
asunto que debe salvaguardar el gobierno que es brindarle
salud a la población, quedará expósito
hasta que en 15 o 20 años se pueda enmendar el error
y reponer la infraestructura hospitalaria del país.
Dr. Julio Ernesto Toro Restrepo
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Y el mismo Ministerio, como para coadyuvar
a la debacle, viene estableciendo el control de precios a
los medicamentos a nivel del vendedor final (IPS), sin mirar
la cadena de intermediación desde el productor hasta
los hospitales. Pareciera que la consigna es socavar la estabilidad
de los hospitales y clínicas privadas, porque las públicas
ya, esas sí, se están cerrando por estos días.
Después de todo esto, el señor Ministro de Salud
quedará, al final de su gestión, como un mal
economista y como un pésimo ministro. Y el asunto que
debe salvaguardar el gobierno que es brindarle salud a la
población, quedará expósito hasta que
en 15 o 20 años se pueda enmendar el error y reponer
la infraestructura hospitalaria del país.
En el ranking de hospitales y clínicas de Suramérica,
correspondiente al mes de septiembre del presente año,
realizado y publicado por la revista América
Economía, entre las 45 primeras instituciones
de esta sección del mundo hay 18 de Colombia, un 42%
de esa muestra que enorgullece, pero que tienen un futuro
oscuro .
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| Escuela
de crimen
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| Ramón
Córdoba Palacio, MD - elpulso@elhospital.org.co |
Quizás, de tanto repetirse,
nos volvimos insensibles a las vidas que cuesta por asesinato
a sangre fría cada partido de fútbol por el delito
de llevar una camiseta que no es del agrado del homicida. Esto,
sin contar la destrucción de bienes muebles de personas
que nada tienen que ver con el triunfo o la pérdida del
equipo preferido por estos criminales. Soy consciente de que
algunos de mis lectores me condenarán al ostracismo por
criticar el llamado deporte del balompié
o fútbol, ya que la pasión que despierta
lleva, con razón o sin ella, a condenar a quien no comparta
su fanatismo y ese, diga lo que diga, sólo es digno de
no ser escuchado, de no ser tenido como persona.
¿Escuela de crimen? ¿A quién se le ocurre
semejante barrabasada? Debe ser un tarado que no comprende ni
disfruta de la profunda emoción que despierta el arte
expresado en las patadas que dan los veintidós jugadores,
y en el ir y venir del árbitro en la cancha o templo
del fútbol. Lo demás no cuenta. |
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¿Asesinados por no
llevar la camiseta del equipo preferido por el homicida, destrozos
de bienes muebles e inmuebles? Son gajes normales del arte
que no se pueden atribuir al fútbol en sí, no
importa que sea el único llamado deporte
que tenga en su haber mundialmente estos crímenes.
No olvidemos que el mencionado deporte se practicaba
en tribus germanas que después de la batalla descansaban
jugando con las cabezas de los prisioneros degollados.
Y, ¿qué hacer? No soy quién para dar
soluciones. Éstas quedan en manos de los que orientan
el Estado: legisladores, ministros, asesorados de psicólogos,
sociólogos, etc., pero no podemos seguir indiferentes
ante los crímenes que enlutan a Colombia cada fecha
en la cual se lleva a cabo lo que llamo escuela de crimen.
Escuela de crimen que por desgracia es un mal
universal y para el que hasta ahora nadie que yo sepa ha dado
una solución adecuada.
¡Pongamos fin a la escuela de crimen!
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Cuidado
intensivo en trauma: libro con autoridad y pertinencia
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| Redacción
ElPulso - elpulso@elhospital.org.co |
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El libro Cuidado intensivo
en trauma, publicado con el sello editorial de Hospital
Universitario de San Vicente Fundación, es un libro con
autoridad y pertinencia. La autoridad que da su origen en el
Hospital Universitario de San Vicente Fundación, institución
centenaria, el centro de mayor trayectoria en el manejo del
paciente traumatizado en Antioquia y en Colombia, cuya Policlínica
es reconocida por la atención especializada del trauma
en todos los niveles: general, ortopédico, quirúrgico,
cuidados intermedios y cuidados intensivos especializados en
esta área.
Su autor, el doctor Diego José Duque, anestesiólogo
e intensivista, con más de 20 años de práctica
clínica en las unidades especializadas y actual jefe
de Urgencias del San Vicente, comparte sus revisiones más
decantadas acerca del cuidado crítico aplicado a pacientes
traumatizados, con mirada general e integradora, útil
para el médico general en cualquier servicio de urgencias
y para especialistas que manejen estos pacientes. |
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El autor hace un recorrido
desde la calidad en la atención del paciente crítico,
los criterios de ingreso a las unidades de cuidados intensivos,
pasando por los diferentes tipos de trauma: craneoencefálico,
de tórax, abdomen y politrauma. Además revisa
aspectos transversales de manejo del paciente traumatizado
como la ventilación mecánica, la nutrición,
el manejo de la sepsis y el trasporte de los mismos. Finalmente,
plantea unas reflexiones éticas desde la experiencia
en el tema.
La pertinencia de este nuevo volumen es innegable: de un lado,
es un hecho que el trauma ha acompañado al hombre a
través de su historia; la modernidad, los desarrollos
tecnológicos, la velocidad, las alturas, la electricidad,
la fuerza, el desarrollo industrial, traen consigo nuevos
riesgos, nuevas dinámicas de vida donde el trauma adquiere
otra dimensión. Paralelamente, el conocimiento médico
en todas las áreas impulsa el desarrollo tecnológico
y entrega nuevas herramientas médicas: el monitoreo,
el sostenimiento de las funciones vitales y la ventilación
mecánica entre otras, que facilitan el manejo de pacientes
traumatizados con compromisos cada vez mayores.
Los dilemas éticos también se multiplican: la
limitación del esfuerzo terapéutico, las terapias
fútiles, el encarnizamiento terapéutico y la
calidad de vida, aparecen como temas que debe manejar el médico
traumatólogo. Todo ello sustenta la pertinencia e importancia
del conocimiento sobre el manejo del paciente traumatizado
para la mayoría de las áreas de la medicina.
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Bioética
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«Haz
que no vea más que al hombre en aquel que sufre»
Rambam. RabbíMoshé
Ben Maimónides
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Qué distantes estamos hoy de este ideal que surge
como fundamento primordial de toda acción humana, porque
es el reconocimiento de la dignidad intrínseca de la
persona, tanto de la que recibe la acción como del
que la ejecuta, cualquiera sea su edad, sexo, raza, condición
patológica -incluyendo la llamada fase terminal-
nivel académico, creencia religiosa, ideales políticos,
situación legal, etc., dignidad que no se pierde por
ninguna razón y a la cual nadie puede renunciar porque
es un atributo esencialmente inherente a la condición
de persona, de ser humano.
Las instituciones comerciales que legalmente creó la
malhadada Ley 100 de 1993 -por decir lo menos-, como EPS,
IPS, etc., mezclan el ruido de registradoras que suman el
monto en dinero que les puede dejar un procedimiento médico
al diálogo sereno, fundamento de la honesta philía
hipocrática e inherente a nuestra profesión.
La ambición de ganancia económica, obligación
legal y también ética de todo gerente de cualquier
entidad comercial como son las citadas EPS, IPS y similares,
el culto a la técnica deshumanizada -no puesta al servicio
del hombre-, han creado un relativismo en el cual todo
vale porque nada vale, y en el cual el verdadero
sentido del Bien y del Mal como valores universales, permanentes,
fueron sustituidos por una moral subjetivista, en la cual
el propio bienestar es el único norte de la conducta
humana.
Ese alboroto ensordecedor, ese estrépito, impide con
más frecuencia de lo deseado que se escuche la voz
interior de la conciencia, o que sirva de excusa para no escucharla
y que se tolere o se incite al exterminio de personas inocentes:
el aborto, la eutanasia, labor de sicarios con títulos
universitarios.
«A Sócrates, que enseñaba a pensar con
libertad, su actividad le costó la vida y conocemos
numerosos ejemplos de otros 'Sócrates' que por pensar
libremente fueron recluidos en campos de concentración
o asesinados, simplemente para que dejaran de pensar»
(1). Como en el tiempo de Sócrates, pensar con libertad
es inusual y, a veces, sumamente peligroso, se aísla
a quien así procede como a subversivo, obstruccionista,
retardatario, etc.
¿Será posible hablar de conceptos válidos
universalmente y que deban ser aceptados sin objeciones por
toda persona que se despoje del fanatismo enceguecedor? Si
por Bien entendemos todo aquello que permite el
desarrollo pleno, total, de la persona humana, incluyendo
la dimensión trascendente al Absoluto, desde la concepción
hasta cuando los recursos biológicos de la persona
se han agotado naturalmente, por Mal entendemos todo lo que
entorpezca dicho desarrollo. Esta verdad, esta realidad, se
impone por sí misma como una vivencia de meridiana
claridad, como un concepto radiante por su nitidez y que compromete
el sentido del propio valor de cada persona.
Es infortunado que nuestros legisladores, pese al cúmulo
de quejas bien fundamentadas y bien documentadas, insistan
en mantener vigente el inicuo negocio -negocio de seres humanos-
creado por la Ley 100 de 1993, con graves perjuicios, a veces
fatales, para los pacientes. La salud no es indispensable
para la realización de la existencia, pero sin ésta
aquélla no tiene posibilidad.
La medicina es vocación de servicio a la persona humana,
al hombre como ser individual, ser sociable, y normalmente
en sociedad y desde la época de Hipócrates tiene
una regla de oro: «Ante todo no hacer daño».
Nota:
1. Pineda, Rafael Luis. El médico frente
a la objeción de conciencia: tensiones y problemas.
En: Bioética y persona. Escuela de Elio Sgreccia. Compilado
por BOCHATEY, Alberto. Buenos Aires, Universidad Católica
de Argentina, 2008, p. 342.
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| NOTA:
Esta sección es un aporte del Centro Colombiano de Bioética
-Cecolbe-. |
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Maestro, ¿qué es eterno?
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Los
paros en Colombia y en el mundo. Son tan eternos como la injusticia
social. Pararon los estudiantes de la Universidad Nacional
en tiempos del general Rojas Pinilla y mataron varios muchachos,
lo mismo en la de Antioquia hace tiempo; pararon los obreros
de las bananeras en 1928 y mataron un montón. Paran
los maestros para que les paguen, paro cafetero, paro agrario,
paro minero, paro camionero, paro de buses, paro de taxis
Solamente los políticos no paran de robar
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