MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 15    No. 181  OCTUBRE DEL AÑO 2013    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co

 

Reflexión del mes
El buen médico y la buena enfermera
“En general se suele entender como un buen médico o una buena enfermera a quienes tienen las capacidades, conocimientos, criterio clínico o de manejo, capacidad de lectura e interpretación de signos, gestos, rasgos emocionales de aquellas personas sobre las cuales recae el cuidado o la atención. A su vez, estas características cognoscitivas no pueden estar ancladas en una estructura inerte, sino que como agentes morales deberán estar revestidos de aquellos valores que verdaderamente harán posible la relación profesional con la persona en necesidad de comprensión y ayuda.
Creo que en nuestro tiempo escasea la empatía para ubicarse y entender al que sufre, y se gravita más en las medidas técnicas y en los medicamentos. Probablemente muchas personas lo que necesitan es el interlocutor que escuche y en muchos casos, no tanto el arsenal de pruebas de laboratorio que a veces no se alcanzan a cotejar. Tanto el médico como la enfermera precisan de aquello que la naturaleza ha dispensado con generosidad a las madres: la capacidad de lectura de aquello que aún no se ha dicho o no se ha permitido decir, así como el cuidado y diligente atención de quien sufre. Nos acercamos así a un esperanzador y confiable equilibrio".
Dr. Jaime Bedoya, médico psiquiatra, presidente del Comité de Ética del Hospital Universitario de San Vicente Fundación.
 
Oligopsonio en salud
Julio Ernesto Toro Restrepo, MD - elpulso@elhospital.org.co
“La tan mentada decantación de EPS que promete el Ministerio de dejar sólo unas pocas, conducirá a que los vendedores (IPS) tengan muy pocas alternativas para ofrecer sus servicios. Es decir, se verán obligados a vender al precio fijado por el comprador (EPS), máxime que la capacidad de producción ya está instalada. Un oligopsonio. Se ve venir un control de precios que será devastador”.
Dr. Julio Ernesto Toro Restrepo
El sueño de que nuestro país tuviera un sistema de seguridad social ideal, fue conduciendo a que sobre la Ley 100 de 1993 se hicieran permanentemente remiendos. Total, que el actual sistema es un galimatías y además ineficiente. La masa de dinero que se ha destinado para salud en los últimos años es verdaderamente descomunal: ya sabemos que hoy puede estar por el orden del 9% del PIB.
Pero los remiendos no han parado. Lo que está conduciendo el Ministerio de Salud en los últimos tiempos muy posiblemente llevará al fracaso del sistema, porque no olvidemos que estamos en un sistema, y el perjuicio de uno o varios de sus elementos desajusta el conjunto.
La tan mentada decantación de EPS que promete el Ministerio de dejar sólo unas pocas, conducirá a que los vendedores (IPS) tengan muy pocas alternativas para ofrecer sus servicios. Es decir, se verán obligados a vender al precio fijado por el comprador (EPS), máxime que la capacidad de producción ya está instalada. Un oligopsonio. Se ve venir un control de precios que será devastador.
“El asunto que debe salvaguardar el gobierno que es brindarle salud a la población, quedará expósito hasta que en 15 o 20 años se pueda enmendar el error y reponer la infraestructura hospitalaria del país”.
Dr. Julio Ernesto Toro Restrepo
Y el mismo Ministerio, como para coadyuvar a la debacle, viene estableciendo el control de precios a los medicamentos a nivel del vendedor final (IPS), sin mirar la cadena de intermediación desde el productor hasta los hospitales. Pareciera que la consigna es socavar la estabilidad de los hospitales y clínicas privadas, porque las públicas ya, esas sí, se están cerrando por estos días.
Después de todo esto, el señor Ministro de Salud quedará, al final de su gestión, como un mal economista y como un pésimo ministro. Y el asunto que debe salvaguardar el gobierno que es brindarle salud a la población, quedará expósito hasta que en 15 o 20 años se pueda enmendar el error y reponer la infraestructura hospitalaria del país.
En el ranking de hospitales y clínicas de Suramérica, correspondiente al mes de septiembre del presente año, realizado y publicado por la revista “América Economía”, entre las 45 primeras instituciones de esta sección del mundo hay 18 de Colombia, un 42% de esa muestra que enorgullece, pero que tienen un futuro oscuro .
   
Escuela de crimen
Ramón Córdoba Palacio, MD - elpulso@elhospital.org.co
Quizás, de tanto repetirse, nos volvimos insensibles a las vidas que cuesta por asesinato a sangre fría cada partido de fútbol por el “delito” de llevar una camiseta que no es del agrado del homicida. Esto, sin contar la destrucción de bienes muebles de personas que nada tienen que ver con el triunfo o la pérdida del equipo preferido por estos criminales. Soy consciente de que algunos de mis lectores me condenarán al ostracismo por criticar el llamado deporte del “balompié” o “fútbol”, ya que la pasión que despierta lleva, con razón o sin ella, a condenar a quien no comparta su fanatismo y ese, diga lo que diga, sólo es digno de no ser escuchado, de no ser tenido como persona.
¿Escuela de crimen? ¿A quién se le ocurre semejante barrabasada? Debe ser un tarado que no comprende ni disfruta de la profunda emoción que despierta el arte expresado en las patadas que dan los veintidós jugadores, y en el ir y venir del árbitro en la cancha o templo del fútbol. Lo demás no cuenta.
¿Asesinados por no llevar la camiseta del equipo preferido por el homicida, destrozos de bienes muebles e inmuebles? Son gajes normales del arte que no se pueden atribuir al fútbol en sí, no importa que sea el único llamado “deporte” que tenga en su haber mundialmente estos crímenes. No olvidemos que el mencionado “deporte” se practicaba en tribus germanas que después de la batalla descansaban jugando con las cabezas de los prisioneros degollados.
Y, ¿qué hacer? No soy quién para dar soluciones. Éstas quedan en manos de los que orientan el Estado: legisladores, ministros, asesorados de psicólogos, sociólogos, etc., pero no podemos seguir indiferentes ante los crímenes que enlutan a Colombia cada fecha en la cual se lleva a cabo lo que llamo “escuela de crimen”.
“Escuela de crimen” que por desgracia es un mal universal y para el que hasta ahora nadie que yo sepa ha dado una solución adecuada.
¡Pongamos fin a la “escuela de crimen”!
 
   
“Cuidado intensivo en trauma”: libro con autoridad y pertinencia
Redacción ElPulso - elpulso@elhospital.org.co
El libro “Cuidado intensivo en trauma”, publicado con el sello editorial de Hospital Universitario de San Vicente Fundación, es un libro con autoridad y pertinencia. La autoridad que da su origen en el Hospital Universitario de San Vicente Fundación, institución centenaria, el centro de mayor trayectoria en el manejo del paciente traumatizado en Antioquia y en Colombia, cuya Policlínica es reconocida por la atención especializada del trauma en todos los niveles: general, ortopédico, quirúrgico, cuidados intermedios y cuidados intensivos especializados en esta área.
Su autor, el doctor Diego José Duque, anestesiólogo e intensivista, con más de 20 años de práctica clínica en las unidades especializadas y actual jefe de Urgencias del San Vicente, comparte sus revisiones más decantadas acerca del cuidado crítico aplicado a pacientes traumatizados, con mirada general e integradora, útil para el médico general en cualquier servicio de urgencias y para especialistas que manejen estos pacientes.
El autor hace un recorrido desde la calidad en la atención del paciente crítico, los criterios de ingreso a las unidades de cuidados intensivos, pasando por los diferentes tipos de trauma: craneoencefálico, de tórax, abdomen y politrauma. Además revisa aspectos transversales de manejo del paciente traumatizado como la ventilación mecánica, la nutrición, el manejo de la sepsis y el trasporte de los mismos. Finalmente, plantea unas reflexiones éticas desde la experiencia en el tema.
La pertinencia de este nuevo volumen es innegable: de un lado, es un hecho que el trauma ha acompañado al hombre a través de su historia; la modernidad, los desarrollos tecnológicos, la velocidad, las alturas, la electricidad, la fuerza, el desarrollo industrial, traen consigo nuevos riesgos, nuevas dinámicas de vida donde el trauma adquiere otra dimensión. Paralelamente, el conocimiento médico en todas las áreas impulsa el desarrollo tecnológico y entrega nuevas herramientas médicas: el monitoreo, el sostenimiento de las funciones vitales y la ventilación mecánica entre otras, que facilitan el manejo de pacientes traumatizados con compromisos cada vez mayores.
Los dilemas éticos también se multiplican: la limitación del esfuerzo terapéutico, las terapias fútiles, el encarnizamiento terapéutico y la calidad de vida, aparecen como temas que debe manejar el médico traumatólogo. Todo ello sustenta la pertinencia e importancia del conocimiento sobre el manejo del paciente traumatizado para la mayoría de las áreas de la medicina.
 
  Bioética
Cinco lecciones de ética
Primera: reconocer el Bien y el Mal
comovalores universales y permanentes

Ramón Córdoba Palacio, MD - elpulso@elhospital.org.co
«Haz que no vea más que al hombre en aquel que sufre»
Rambam. RabbíMoshé
Ben Maimónides

Qué distantes estamos hoy de este ideal que surge como fundamento primordial de toda acción humana, porque es el reconocimiento de la dignidad intrínseca de la persona, tanto de la que recibe la acción como del que la ejecuta, cualquiera sea su edad, sexo, raza, condición patológica -incluyendo la llamada “fase terminal”- nivel académico, creencia religiosa, ideales políticos, situación legal, etc., dignidad que no se pierde por ninguna razón y a la cual nadie puede renunciar porque es un atributo esencialmente inherente a la condición de persona, de ser humano.
Las instituciones comerciales que legalmente creó la malhadada Ley 100 de 1993 -por decir lo menos-, como EPS, IPS, etc., mezclan el ruido de registradoras que suman el monto en dinero que les puede dejar un procedimiento médico al diálogo sereno, fundamento de la honesta philía hipocrática e inherente a nuestra profesión. La ambición de ganancia económica, obligación legal y también ética de todo gerente de cualquier entidad comercial como son las citadas EPS, IPS y similares, el culto a la técnica deshumanizada -no puesta al servicio del hombre-, han creado un relativismo en el cual “todo vale” porque “nada vale”, y en el cual el verdadero sentido del Bien y del Mal como valores universales, permanentes, fueron sustituidos por una moral subjetivista, en la cual el propio bienestar es el único norte de la conducta humana.
Ese alboroto ensordecedor, ese estrépito, impide con más frecuencia de lo deseado que se escuche la voz interior de la conciencia, o que sirva de excusa para no escucharla y que se tolere o se incite al exterminio de personas inocentes: el aborto, la eutanasia, labor de sicarios con títulos universitarios.
«A Sócrates, que enseñaba a pensar con libertad, su actividad le costó la vida y conocemos numerosos ejemplos de otros 'Sócrates' que por pensar libremente fueron recluidos en campos de concentración o asesinados, simplemente para que dejaran de pensar» (1). Como en el tiempo de Sócrates, pensar con libertad es inusual y, a veces, sumamente peligroso, se aísla a quien así procede como a subversivo, obstruccionista, retardatario, etc.
¿Será posible hablar de conceptos válidos universalmente y que deban ser aceptados sin objeciones por toda persona que se despoje del fanatismo enceguecedor? Si por “Bien” entendemos todo aquello que permite el desarrollo pleno, total, de la persona humana, incluyendo la dimensión trascendente al Absoluto, desde la concepción hasta cuando los recursos biológicos de la persona se han agotado naturalmente, por Mal entendemos todo lo que entorpezca dicho desarrollo. Esta verdad, esta realidad, se impone por sí misma como una vivencia de meridiana claridad, como un concepto radiante por su nitidez y que compromete el sentido del propio valor de cada persona.
Es infortunado que nuestros legisladores, pese al cúmulo de quejas bien fundamentadas y bien documentadas, insistan en mantener vigente el inicuo negocio -negocio de seres humanos- creado por la Ley 100 de 1993, con graves perjuicios, a veces fatales, para los pacientes. La salud no es indispensable para la realización de la existencia, pero sin ésta aquélla no tiene posibilidad.
La medicina es vocación de servicio a la persona humana, al hombre como ser individual, ser sociable, y normalmente en sociedad y desde la época de Hipócrates tiene una regla de oro: «Ante todo no hacer daño».
Nota:
1. Pineda, Rafael Luis. “El médico frente a la objeción de conciencia: tensiones y problemas”. En: Bioética y persona. Escuela de Elio Sgreccia. Compilado por BOCHATEY, Alberto. Buenos Aires, Universidad Católica de Argentina, 2008, p. 342.

NOTA: Esta sección es un aporte del Centro Colombiano de Bioética -Cecolbe-.
 

Maestro, ¿qué es eterno?

Los paros en Colombia y en el mundo. Son tan eternos como la injusticia social. Pararon los estudiantes de la Universidad Nacional en tiempos del general Rojas Pinilla y mataron varios muchachos, lo mismo en la de Antioquia hace tiempo; pararon los obreros de las bananeras en 1928 y mataron un montón. Paran los maestros para que les paguen, paro cafetero, paro agrario, paro minero, paro camionero, paro de buses, paro de taxis… Solamente los políticos no paran de robar…

 
 











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