DELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 14    No. 171  DICIEMBRE DEL AÑO 2012    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

 
Hospital Universitario
de San Vicente Fundación,
un hospital salvado por el arte

Hernando Guzmán Paniagua - Periodista - elpulso@elhospital.org.co
La Madre”, del maestro Aníbal Gil, ubicado en Neurocirugía. Foto: Rodrigo Peláez
El fin del mundo que algunos esperan para el 21 de diciembre de 2012, para muchos pacientes del entonces Hospital Universitario San Vicente de Paúl llegaba el 23 de noviembre de 1979, con el fuerte sismo que semidestruyó varias ciudades colombianas y cobró muchas vidas.
Mural de Ramón Vásquez. Foto: Rodrigo Peláez
“¡El juicio final!”, gritó más de uno, varios enfermos hubieran huido de las salas si las enfermeras y empleados no lo hubieran impedido. Parte del instrumental médico se fue al piso. Pacientes inválidos durante meses, de súbito recuperaron la movilidad. Algunos imploraron de rodillas la misericordia divina en tan duro trance, y los más serenos sostenían los cilindros de oxígeno para evitar una tragedia. Y hoy, en lugar de los daños del temblor, vemos en el Hospital preciosos murales artísticos.
Diversos edificios del Hospital sufrieron grandes averías, entre ellos la Capilla. Se imponía una doble labor: restauración del patrimonio artístico existente un tanto descuidado, y realización de nuevas obras.
Expresó Jorge Luis Jiménez, secretario general del Hospital Universitario de San Vicente Fundación: “El enriquecimiento del patrimonio artístico fue ante todo participación de la comunidad. En 1979, el sismo afectó muchísimo las instalaciones del Hospital, esa cruzada la lideró Camacol; se logró una remodelación completa, se aprovecharon las terminaciones de los edificios de modo que quedaran involucrados dentro de las salas los servicios sanitarios que estaban por fuera y se ubicaran mejores puestos de enfermería, aprovechamos las alturas, modificamos accesos y tuvimos unas áreas para el personal médico y de salud en general.
Mural del pintor Jorge Cárdenas, en la sala Perpetuo Socorro. Foto: Rodrigo Peláez
Así, quedaron unos paredones aptos para la pintura, con una serie de frescos se embellecieron las salas y el laboratorio clínico, lo cual generó todo un patrimonio artístico para la ciudad, con obras de grandes pintores”. El doctor Jiménez resaltó el impulso dado a la vinculación artística por el grupo de arquitectura e ingeniería liderado por Luis Fernando Vélez, por la Dirección General del Hospital y la generosidad de Camacol y sus afiliados, y de los artistas que donaron su trabajo.
“El arte nos salvará”, dijo Jean Cocteau, y esto sí que se cumplió en la restauración de las salas del Hospital San Vicente con el valioso acervo artístico que contribuyó a la restauración de sus pabellones.
El pintor santarrosano Jorge Cárdenas, quien plasmó en la sala Perpetuo Socorro una bella composición: niños, ancianos, herrero, músicos, iglesia, perro, el edificio Coltejer…ponderó la vinculación de la pintura regional: “Por lo menos sostiene los muros, ayuda a la rehabilitación de los enfermos y es motivo para la contemplación.
Fue un trabajo muy agradable para mí (el Hospital me permitió plasmar los motivos que yo quería), y una labor muy ardua pues la técnica de pintura al fresco requiere un cartón con el dibujo total del mismo tamaño del mural para calcarlo allí. Puede haber clínicas muy buenas, pero el patrimonio hospitalario de Medellín, el baluarte en ese concepto clínico es el San Vicente de Paúl. Las formas de arquitectura se avienen con las formas de arte, y en este sentido, es un hospital sui generis”.
El maestro Ramón Vásquez descubrió su talento artístico en un hospicio que lo albergó de niño. Vásquez plasmó en la Unidad de Cuidados Intensivos un hermoso mural de temática familiar y en el pabellón de Salud Mental, 6 pinturas pequeñas con escenas de la lúdica infantil: muñecas, pájaros, gatos, el yo-yo, pesca… Considerado el pintor con más metros cuadrados de pintura mural después de Pedro Nel Gómez, el maestro Ramón Vásquez valora así su trabajo: “Yo pinté en uno de los murales, un montañerito y una montañerita en un paisaje, para que los pacientes se deleiten mirándolos, montañitas y unas casitas muy bonitas, para recrear a los internos, y que no vean enfermos”.
El notable acuarelista, vitralista y grabador Aníbal Gil continúa esta veta con su mural en acrílico en la sala Pío X (Neurocirugía), con la madre, dadora de vida y de paz y con un corazón de margarita, como figura central de la composición. Dice el artista: “Mi idea es la mitigación del dolor, la cual ofrece esa gran figura femenina asociada con una serie de palomas. El significado que quise darle es de elementos agradables, simpáticos, de paz y de ternura, que fuesen un alivio”.
Mural de Byron Vásquez. Foto: Rodrigo Peláez
Byron Vásquez, hijo del maestro Ramón y autor del mural a la vida en la planta de sueros de Corpaúl, y de las esculturas Prometeo en la Fuente y La Bachué, habló a EL PULSO sobre su aportación al Hospital San Vicente: “Mi obra está en el frontis del pabellón de Salud Mental, un mosaico que representa un personaje que se libera de una situación muy fuerte, para que quienes vean el mural sientan algo de liberación, se quiten las ataduras que puedan tener, es una esperanza de libertad”.
 
Imágenes de vida en el Hospital
“Alegoría de la Vida”, Marco Aurelio Sáenz, en Oncología. Foto: Rodrigo Peláez
Continuando la relación de los murales instalados en diferentes espacios del Hospital Universitario de San Vicente Fundación, pintados dentro del proceso de restauración vivido por el Hospital tras el sismo de 1979, encontramos “Alegoría de la Vida”, homenaje a la maternidad y a la cultura ancestral, para la refacción del área de Oncología en Pensionado, obra del maestro Marco Aurelio Sáenz, hijo del gran Rafael Sáenz.
Mural de Teresa de la Cruz, en el Laboratorio Clínico. Foto: Rodrigo Peláez
Teresa de la Cruz honró la ciencia y al ginecobstetra con un mural en el Laboratorio Clínico. En la Sala Cristo Rey, la misma artista, con una línea que recuerda al gran Rafael Sáenz, recrea una fiesta campesina.
Mural de Camilo Isaza, sala San José. Foto: Rodrigo Peláez
Mural de Luis Fernando Bocanumenth, sala San Rafael. Foto: Rodrigo Peláez
En la sala San Camilo, el fallecido maestro Francisco Valderrama ejecutó un mural a la témpera con motivos terrígenos: bailes populares, la familia, el tiple, un Cristo tutelar, la ciudad distante y un gallo.
Un mural casi monocromático de Luis Fernando Bocanumenth, recientemente muerto, preside la sala San Rafael; contrasta la clase de medicina, niños hambrientos, ancianos y la guerra, con orquídeas, pájaros y frutas.
Y en la Sala San José, interactúan imágenes familiares, médicas y científicas en un conjunto alegórico y onírico bañado en azules, lleno de poesía, del fallecido maestro Camilo Isaza. Decía el artista: “El entorno plástico en que me muevo, no es la realidad cruel, ni la violencia cotidiana: me impulsan más la fantasía y la ficción, los sueños”. Una de las locaciones para filmar la película “Rosario Tijeras” fue el Hospital San Vicente, en especial esa sala, cuyo mural requirió protección especial por la potente luminotecnia empleada.
 
Nuestra Pequeña Capilla Sixtina
La compleja restauración de la capilla del Hospital San Vicente en 1979 revivió la heroica cruzada benéfica de la Madre Sor Seraphín al frente de las Hermanas de la Presentación, que allegó fondos para comenzar el templo en 1937.
Aparte de los frescos, vitrales y tallas, el trabajo de restauración en la Capilla comprendió el refuerzo de los arcos, cambio del piso, renovación de las lámparas, refacción del jardín circundante e instalación de un nuevo mosaico artístico de cerámica en el arco exterior de la puerta sur, con la obra de Claver Ramírez, “San Vicente da el pan a los pobres”.
La Capilla en forma de cruz es adaptación del proyecto enviado por el arquitecto francés Augusto Gavet. La restauración de los murales y vitrales fue confiada al artista Byron Vásquez: “Yo respeté al máximo el sentido original de las pinturas, me limité a reconstruir las partes dañadas y a buscar el mismo color que tenían. La dificultad era la luz, me tocó trabajar con dos tipos: la natural de día y la artificial, para reproducir el colorido exacto. Se trataba de interpretar lo mismo que quiso hacer el artista original, al no haber documentación fotográfica de las obras”.
Por el pincel restaurador de Vásquez pasaron los frescos y obras en tela del español José Claró, a saber: las escenas bíblicas de El Leproso, La Adúltera, Bodas de Caná, San Vicente de Paúl, San Alejandro Papa, La adoración de los magos, la Crucifixión, La huída a Egipto y La Presentación en el templo, las cuales datan de 1941, y adornan el ábside, los arcos central y del altar, y los remates de las puertas.
Asimismo, el precioso altar de madera tallada, obra del artista payanés Cristóbal Reyes, esculpió “el triunfo de la Iglesia”, donde el carro de las tres virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad, contempladas por la Santísima Trinidad y ayudadas por santos y Doctores de la Iglesia, arrolla a su paso a los herejes. Obra de Reyes es también el crucifijo de naranjo policromado.
La labor de microcirugía se detuvo además en los vitrales, donación de doña Luisa Echavarría de Uribe. Cuatro son belgas, instalados en 1950, de la casa Les vitraux d´art 37 Bruxelles: La Anunciación, La Visitación, Nacimiento y Presentación de Jesús; y hay 11 de Vidrieras Artísticas, Cali: La Huída a Egipto, Jesús con los doctores, Sagrada Familia, Muerte de San José, Bautismo de Jesús, La Ascensión, La Resurrección y La Coronación de María.
Como guardianes del tesoro artístico están los Grifos en las puertas de la capilla, seres míticos del viejo oriente, con cabeza y alas de águila, garras y cuerpo de león. La capilla-pinacoteca fue reinaugurada el Lunes Santo 13 de abril de 1981. Ese día marcó una de tantas resurrecciones de un hospital que vive naciendo permanentemente, que no lo derriban ni las adversidades de todo tipo que ha enfrentado, ni los terremotos. Por algo, es testimonio de una vida entera por la vida.
 



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