MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 12    No. 159  DICIEMBRE DEL AÑO 2011    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Habilidades para la vida
Diciembre es un mes cargado de afectividad, tanto positiva como negativa. Durante las fiestas decembrinas y de fin de año, la mayoría de las personas buscan celebrar con sus familiares y amigos más cercanos, visitar parientes, irse de vacaciones con la familia y estar “todos juntos y unidos”. Pero esta visión idealizada de la navidad, es sólo eso: una visión idealizada, no es una “camisa de fuerza” y que por tanto, podemos transformar y resignificar la navidad de acuerdo con nuestros deseos, necesidades y posibilidades personales.

Cuando llega el fin de año, la gente tiende a realizar un balance de su vida. Este balance, consciente o inconsciente, que busca una sumatoria de éxitos y fracasos obtenidos a lo largo de los últimos 12 meses, puede precipitar todo tipo de sentimientos y pensamientos. Para algunos el balance será positivo y reportará alegría y satisfacción, pero para otros el balance traerá tristeza y frustración.
La pregunta que debería hacerse cada uno de nosotros es: ¿Qué significa para mí la navidad? Y con base en esa respuesta, empezar a construir las adaptaciones necesarias para hacer de esta época un tiempo de oportunidades personales, de crecimiento, de aprendizaje.
Y el espíritu navideño

Se habla del espíritu navideño como sinónimo de amor, paz, buenos sentimientos, pero también de compras y gastos; esto último, impulsado por el comercio que puede encadenarnos a un consumo sin freno, con la promesa de felicidad, amor y satisfacción personal. Este desenfocado significado del espíritu navideño, debemos reevaluarlo y volver a lo esencial: el amor. Amor que se expresa de diversas formas y que no necesita de grandes cajas, ni papel de regalo. El amor que siempre tiene la talla y el color perfecto. Amor que empieza conmigo mismo, porque es la única posibilidad que tenemos de luego brindárselo a alguien más.
La “tristeza blanca”
Uno de los temores frecuentes en la época navideña es el encuentro con parientes y amigos. Esto que aparentemente debería ser motivo de felicidad y regocijo para todos, en realidad no lo es y con frecuencia es el elemento nuclear del malestar asociado con la navidad. Comentarios, preguntas, críticas, bromas, recuerdos, y en fin, toda una amplia gama de situaciones y sentimientos que remiten a la infancia o al pasado, y que sin importar si la tonalidad del recuerdo es positiva o negativa, pueden molestar y generar sufrimiento. Y entonces aparece lo que algunos han denominado la “tristeza blanca” o tristeza decembrina.
Podemos tomar esta época como
unaoportunidad de reflexionar, dar respuestas
y significados, como un ejercicio personal
que permitirá crecer y transformarse
de cara al futuro.
Una larga tortura
Los orígenes de la tristeza navideña pueden ser muy diversos, bastante parecidos a los que se presentan en celebraciones como el día de la madre, del padre o el día de los enamorados. Sin embargo, la navidad se diferencia de estas celebraciones porque se trata de un período de tiempo mucho más largo (que en la actualidad empieza en noviembre y finaliza en febrero), lo que puede llegar a ser una auténtica tortura. A esto hay que sumarle que la navidad posee símbolos alusivos presentes en todas las culturas y se hace presente en todos los escenarios, públicos y privados.
Soluciones mágicas
Como para casi todas las cosas de la vida, no existen soluciones mágicas. Pero podemos comenzar por comprender cómo me relaciono con la navidad y qué significados tiene para mí; podemos tomar esta época del año como una oportunidad de reflexionar, dar respuestas y significados. Todo esto como un ejercicio personal, que permitirá crecer y transformarse de cara al futuro.
 
Algunas ideas para resignificar LA NAVIDAD
Puedo vivir la navidad a mi manera: Comprender que no existe una sola forma de vivir la navidad y que la publicidad y los medios de comunicación nos inundan con frases y exigencias consumistas que no nos van a resolver nuestras necesidades fundamentales. Así que cada uno de nosotros está en la posibilidad de decidir de qué forma expresa sus sentimientos, si celebra o no la navidad, y cómo la celebra.
La navidad no es sinónimo de familia: Si bien la familia es importante en la vida de cualquier persona, no tiene por qué ser la única forma apropiada de vivir la época navideña; la familia no siempre brinda la comprensión, unión y el apoyo que todos necesitamos. Más frecuente de lo que se cree, al interior de las familias existen profundos conflictos que generan sufrimiento; por tanto, considere la posibilidad de pasar la navidad con otras personas o incluso en soledad si esa es la decisión propia, y si con esto se asegura tranquilidad y bienestar.
Reconozco lo positivo que hay en mí: Todos tenemos algo positivo y el reconocerlo y valorarlo puede ayudar a ver la vida de otra forma. La buena salud, la compañía de quienes nos quieren, la posibilidad de trabajar, los logros personales, son elementos que se deben valorar.
Puedo ayudar a otros: Puede brindar una profunda satisfacción el hacer algo útil por personas menos afortunadas o en situaciones desfavorables. Esto para algunos puede traer un poco de reconciliación personal en la época navideña.
No me refugio en la bebida ni las drogas: El supuesto olvido y bienestar que ofrece el alcohol y las drogas, es un escape transitorio que puede empeorar la tristeza y frustración; por eso es recomendable tenerlos alejados, o en el caso del alcohol, usarlo con moderación.
Busco actividades que me hacen sentir bien: Trate de hacer lo que le gusta, vea una buena película, prepare su comida preferida, mímese, cuídese, y recuerde lo importante que es Usted y el poder de transformación que tiene sobre su propia vida.
Planeo mi futuro: La época navideña permite reflexionar y planear el futuro. Aproveche estos momentos para reconocer lo aprendido, lo logrado, y con base en esto determinar cómo orientar los recursos personales para alcanzar los dos o tres objetivos básicos que lo guiarán en el futuro.
 
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