DELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 11    No. 143 AGOSTO DEL AÑO 2010    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

“Iberomúsicas”:
el laberinto de los idiomas musicales
Hernando Guzmán Paniagua Periodista - elpulso@elhospital.org.co
En la España post-franquista, en el cono sur de los millares de desaparecidos, para loar las 'grandezas' de la patria o para generar conciencia, en guerras frías o en globalización, en la Arcadia bucólica o en otro Viet Nam, “no hay cómo detener la evolución de la música en su eterno camino de construcción de identidad”, concluyó un grupo de panelistas en el Tercer Congreso Iberoamericano de Cultura celebrado en Medellín en julio pasado.
Por encima de los compromisos gubernamentales de los países participantes, por un gran fondo de financiación conjunta y otros ideales, que dentro de diez años pueden ser felices realidades o nuevas frustraciones, el certamen fue fructífero como “Ágora” de reflexión, para sabernos habitantes de una torre de Babel planetaria donde la confusión de lenguas es la riqueza común, donde “las músicas iberoamericanas son mestizas como la sangre”, como dijo en Medellín Silvio Rodríguez.
¿Fusión o confusión?
El diálogo de las músicas iberoamericanas en los espacios académicos del Congreso de Cultura se tradujo en los vibrantes conciertos populares, dos escenarios para una misma comunión de encuentros y desencuentros, la búsqueda de las identidades en la cantera común. Pasado, presente y futuro de las músicas iberoamericanas fue la temática, donde se dijo millones de veces la palabra “fusión”, de la cual no hay un concepto acabado. Al fin, como dijo uno de los ponentes, “más que fusión, hay con-fusión”.
El músico colombiano Iván Benavides, director artístico del Congreso Iberoamericano, conceptuó a EL PULSO: “Cada individuo es un universo, no hay una sino muchas identidades; más que identidad, busquemos sentidos, mapas y posibilidades de construcción. La palabra fusión no me gusta pues significa, a veces, la desaparición de elementos. España no era sólo mora: era judía, asturiana, catalana, gallega... y los indígenas latinoamericanos: nómadas amazónicos, mayas, chibchas, incas...”. También habló de 'interacciones normales': “Toda la música es fruto del encuentro con el otro y en la medida en que nos encontremos nos enriquecemos”.
El bandoneonista argentino Rodolfo Mederos, en un conversatorio, dijo: “Estoy convencido de que un pueblo no tendrá futuro, si no tiene pasado”. Y anotó: “Lo híbrido no debe asustarnos. Elementos de distintas culturas deben terminar mostrando su esencia”. Fito Páez cuestionó la globalización que destruye la diversidad cultural, pero admitió la influencias recibidas de Charly García, Alberto Spinetta, del tango, el folclor y otras expresiones. En el laberinto de las músicas iberoamericanas, distinguir lo autóctono de lo foráneo, y extraer lo puro, es ya una quimera.
El cantautor Silvio Rodríguez dijo que las influencias son buenas, siendo consciente de ellas. Para Jorge Ignacio Zorro Sánchez, decano de la Facultad de Música de la Universidad Juan N. Corpas, “es una maravilla encontrar la unidad en la diversidad: múltiples formas de pensamiento en la música”. Y anotó: “No estamos celebrando una independencia, sino una interdependencia”.
El cantante español Antonio Carmona dijo de Juanes: “Nos juntamos a tocar, con un casco de costilla, o de jamón, horas y horas”, y se declaró buscador de su identidad con la música y con el cine: “Quiero hacer un documental para saber de dónde venimos los gitanos, y ver el encuentro de las músicas de la India y España”. Y valoró el idioma Castellano como vínculo real de muchas músicas.
Para Andrés May, músico y director de la Feria Musical Buenos Aires (Argentina), “son muy grises los límites, por más que haya géneros tradicionales de las comunidades latinoamericanas”, y puso como ejemplo “una movida muy fuerte de música uruguaya dando vueltas por Argentina, por Brasil y por Chile, candombe moderno mezclado con rock, especie de rock con estilo rioplatense. No tiene por qué ser sorpresivo que las músicas tradicionales de cada región crucen fronteras, y se creen nuevos vínculos, nuevas músicas y nuevos sonidos”. Así, es tan admisible “Bozá-Nueva Gaita de Barranquilla (diálogo entre la tradición gaitera del Caribe y músicas universales) como “Sixto Delgado y los Gaiteros de Punta Brava” (gaitas tradicionales), si la calidad musical y la sinceridad artística son los requisitos, y el prurito mercantil, un asunto secundario”.
La auténtica “fusión” no brota del cerebro de los nuevos “genios“, especie de Deus et Machina que juntan dos o más géneros de moda best seller; así creó Alfredo Gutiérrez el “pasebol” (paseo y bolero), una de las perversiones del vallenato clásico, como el “rancherizado”, y el “abaleado” (vallenato y balada).Y así nacen varios “géneros” citadinos con el pobre patrón rítmico del regguetón.
La real fusión o hibridación de expresiones musicales es un proceso natural que trasciende lo musical, inserto en el torrente evolutivo de la sociedad. Por ello, está en la génesis misma de los grandes géneros populares, mal llamados “puros”: el rock (híbrido de blues, Folk Song y otros elementos), necesitó la abolición de la esclavitud y una interacción social intensa entre las comunidades negras y blancas de Estados Unidos. El pasillo colombiano, transformación criolla del vals vienés, no habría surgido sin todo el proceso de mestizaje en la Nueva Granada, como el bambuco, la danza, la polca, la contradanza, el torbellino o la guabina, forjados en el crisol de influencias locales y foráneas. Todo ese devenir histórico de la música es lo que muchos músicos mesiánicos pretenden ignorar con sus inventos, insostenibles sin la ayuda mediática. Y una cosa es estar abierto a las influencias externas y otra, utilizar esa apertura como pretexto para ignorar y pervertir la identidad musical.
Identidad: resistencia y construcción
Tema de agitado análisis fueron las “músicas en resistencia”, contravía de la cultura dominante. Propuestas con distintos rumbos, desde el panfleto político-folclórico cerrado, hasta las “avant garde”, comprometidas pero abiertas a nuevos aires y sonidos. La cantante peruana Susana Baca resaltó esas resistencias contra una cultura dominante “que generalmente deshumaniza y obstruye, sino es que destruye las posibilidades de la expresión artística”.
Marita Fornaro, directora de la Escuela de Música de la Universidad de la República de Uruguay, expuso que a principios del siglo XX Uruguay le cantaba a la gloria de ser campeones del mundo, y la “suiza de Latinoamérica”, pero en la época de las dictaduras de los 70's, ciertas modas musicales se transformaron en metáforas de la resistencia.
Juan Pablo González, investigador del Instituto de Música de la Pontificia Universidad Católica de Chile, fustigó a los organizadores del XII Festival de Viña del Mar, por cancelar la “competencia folclórica”, en ese Chile donde Violeta Parra cruzó elementos locales y andinos, por los mensajes que enviaba contra el régimen golpista de Pinochet; el folclor retornó al Festival en 1980. Dijo: “Ante todo, se busca una ‘sensibilidad globalizada más que una cultura globalizada’, como la de los grupos chilenos que reinterpretan músicas de sus ancestros celtas o gitanos”.
El investigador español Albert Recasens, analizó su exposición “A tres bandas”, que exhibe el Museo de Antioquia, como reflejo del sincretismo de España, África y América en el espacio sonoro hispanoamericano, y Héctor Fouce, investigador de la Universidad Complutense de Madrid, invitó a Europa a retomar las influencias latinoamericanas venidas del “rock en español”, testigo de una sociedad española ávida de cambio, tras la caída del régimen franquista. Para Benjamín Taubkin, músico y programador del mercado cultural de Bahía (Brasil), “si hay algo que no está en riesgo son nuestras culturas. Las dictaduras fueron el período de más grande riesgo cultural, ya pasó y sobrevivimos”. Destacó sus vivencias en el proyecto Músicos de América del Sur: “Cada uno vive en su país, nos encontramos dos o tres veces al año y tocamos juntos”, con un grupo argentino, con la cantante brasileña Tatiana Parra, y con Puerto Candelaria de Medellín. El Continente existía antes de nuestros países, hay culturas comunes; el gaucho tiene de Argentina, de Uruguay, un poco de Paraguay, y el chamamé, de Paraguay, de Argentina y de Brasil; nuestros países son ficciones, aunque tienen representaciones reales”.
Lo más valioso: el encuentro, el
reconocimiento mutuo, y apreciar la riqueza de
una fiesta o asamblea de sonoridades que reúne
techno-gaita, bullerengue tradicional, cumbia
underground, chamamé típico, tango, canción
social, rock alternativo, flamenco...
Y lo clásico universal, expresiones todas
que hablan el mismo lenguaje: la música,
idioma en que se expresa el
alma de los pueblos.
Ante más de 50.000 personas, el cantautor argentino León Gieco desplegó en Medellín su genial sincretismo de rock y canción social, en una conferencia cantada y multimedial. Andrés May opinó: “Gieco siempre es un caso muy particular, un artista comprometido con la acción social. Su cruce de géneros se da también en el cine: con su música y con la película 'Alas', recorre el país y ayuda a personas con distintas aflicciones, mezcla rock con folclor argentino, con música norteña, con candombe rioplatense, ha cantado con artistas de heavy metal y se siente cómodo con ellos”.
Y Víctor Víctor, cantautor dominicano, pidió rescatar la canción, que ha perdido espacio para cederlo a la música para bailar, no porque sea malo bailar sino por la necesidad de la canción como arte, no como simple objeto, e invocó el espíritu de la Nueva Trova Cubana, la vuelta a la canción que cuenta una historia.
El III Congreso Iberoamericano de Cultura Medellín 2010 deja un balance halagador, a 22 naciones en pos de un Comité Permanente de trabajo que analice una agenda a diez años, un gran fondo financiero, un mercado común iberoamericano para la música, un portal que integre los sistemas de asociación públicos y privados, y un modelo de legislación para el sector musical de Iberoamérica.
La ministra de Cultura, Paula Marcela Moreno, declaró a EL PULSO: “Queda una agenda de las músicas iberoamericanas con proyectos específicos. Tenemos el compromiso del presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Luis Alberto Moreno, y del secretario general de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), Enrique Iglesias, de armar el Fondo de financiación, de establecer un acuerdo iberoamericano. Hubo muchos encuentros que se pueden medir con el tiempo, se generaron espacios de gran nivel”.
Compromisos importantes, sin duda; aún más valioso el encuentro, el reconocimiento mutuo, y apreciar la riqueza de una fiesta o asamblea de sonoridades que reúne la techno-gaita, el bullerengue tradicional, la cumbia underground, el chamamé típico, el tango, la canción social, el rock alternativo, el flamenco... Y lo clásico universal, expresiones todas que hablan el mismo lenguaje: la música, idioma en que se expresa el alma de los pueblos.
 
¿Kómo ce dise?
El tema nos va a matar
La cultura semántica es condición básica del buen hablar. Para hablar con sentido, hay que conocer el significado de cada palabra. Cuando se empobrece el vocabulario, el habla pierde precisión y a falta de términos adecuados a cada idea, utilizamos comodines y muletillas (“cosa”, “cosiámpira”, “cosiampirar”). Una de las peores tragedias semánticas tiene más de 15 años: la bendita palabra TEMA, recurso de funcionarios públicos, ejecutivos, profesionales, locutores, periodistas (sobre todo, los deportivos) y de los míseros mortales.
El Diccionario de la Real Academia Española trae como acepciones de TEMA: 1) Asunto principal o materia de una conversación, discurso, escrito o tratado. 2) Parte autónoma de un manual, libro o texto. 3) Idea básica de una composición musical. 4) Canción o composición musical. 5) En gramática, raíz o radical de una palabra. 6) Idea fija de un loco.
Vaya a saber quién inventó la palabra TEMA como sinónimo de problema: “Se reemplazó un registrador en Yalí por tema de enfermedad”, “Hay dificultades en la votación por el tema de la lluvia” (RCN Radio). Como disyuntiva o dilema: “El tema es si el técnico Capelo renuncia o no a la Selección de Inglaterra” (Antena Dos). O como solución, ingrediente: “El desempleo no se resuelve con un solo tema sino con varios temas”. Un secretario de Agricultura de Antioquia decía: “Impulsamos un tema de diversificación, un tema de fríjol y un tema de crédito”, refiriéndose a programas o planes. ¡Temas, temas y temas! Comodines que reemplazan todo y nada reemplazan. Hablemos con precisión, para enriquecer el vocabulario, LEAMOS, ¡y se acabó el TEMA!
 



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