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Reflexión
del mes
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Si
no estáis prevenidos
ante los Medios de Comunicación,
os harán amar al opresor
y odiar al oprimido.
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| Malcolm
X (Nebraska 1925- Nueva York 1965). Malcolm Little, El-Hajj
Malik El-Shabazz, fue orador, ministro y activista de derechos
humanos. Es reconocido como uno de los más influyentes
afroamericanos (término que acuñó) en la
historia. Condenado a 7 años de prisión, se convirtió
a la Nación del Islam (NOI), liderada por Elijah Muhammad.
Pasó a un eficaz activismo político en defensa
de una minoría racial maltratada. |
Cambió su apellido por la «X»,
que simbolizaba el apellido africano original que los negros
americanos habían perdido. Su popularidad determinó
una rivalidad con Muhammad, que lo llevó a salir
de la organización en 1964, cuando conoció
planes para asesinarle. Peregrinó a La Meca y se
convirtió al sunismo, viajó por África
y Oriente Medio, contactó líderes africanos,
incorporó a su discurso la lucha contra el imperialismo
norteamericano y fundó la organización religiosa
La Mezquita Musulmana, y la secular Organización
de la Unidad Afroamericana, que proponía un nacionalismo
negro. Fue asesinado en Nueva York.
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Registro
electrónico de
datos y vida privada
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Se ha insistido
en la importancia de la genuina relación médico-paciente:
el acto médico, un encuentro particular y reservado
entre personas concretas, supone o exige una atmósfera
de confianza, de credibilidad mutua. Esto -lo sabemos quienes
estamos en la arena clínica- parece apenas un escenario
ideal, pues en la realidad, muchas amenazas se ciernen sobre
el tema de la confidencialidad y del respeto a la vida privada.
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El valor y la efectividad de la relación terapéutica
se elevan si ambas partes conocen y guardan los límites
en que suceden la confianza, la confidencialidad, el secreto,
la reserva. La palabra empeñada y la veracidad son
pilares de la buena relación interpersonal. No debieran
inmiscuirse terceras personas en esta relación terapéutica.
Reconociendo que ello es imposible bajo las actuales circunstancias
de la práctica de la medicina, cabe al menos señalar
que deben mantenerse mecanismos efectivos que controlen y
protejan el acceso de la información clínica
a terceras personas que podrían disponer de ella para
fines ajenos a lo curativo.
En el complejo escenario de la prestación de servicios
de salud se presenta un gran reto para el futuro inmediato:
el mantenimiento de la privacidad de los datos clínicos
del enfermo. Del mismo modo que se impone una imparable tendencia
a las aplicaciones de la tecnología en campos como
los de las imágenes diagnósticas o los avances
en cirugía de alta complejidad, el uso de fármacos
citostáticos y de modificación de respuestas
inmunológica y endocrina, también aparece la
necesidad de la aplicación de los asombrosos avances
en el manejo de la información clínica computarizada,
la transmisión efectiva e instantánea de datos,
los sistemas unificados de historia clínica electrónica.
Todo ello hace parte del entorno de innegables avances administrativos
y logísticos.
Sin embargo, el tema de la privacidad no deja de ser importante.
Como también sucede con información bancaria,
hay amenazas y debilidades reales de los sistemas de acceso
de la historia clínica electrónica por parte
del personal de la salud. Este tema es tan vital que importantes
declaraciones internacionales lo han considerado: el Convenio
Europeo de Bioética manifiesta: Toda persona
tendrá derecho a que se respete su vida privada cuando
se trate de informaciones relativas a su salud, y más
adelante añade: Se prohíbe toda forma
de discriminación de una persona a causa de su patrimonio
genético. Estas preocupaciones por la reserva
en la información son versiones actualizadas del clásico
compromiso hipocrático: Todo lo que viere o escuchare
en el ejercicio de mi profesión o fuera de ésta,
en relación con la vida de los hombres, si ello no
debe ser divulgado jamás, lo mantendré en silencio
teniendo tales cosas como secretas.
Puede haber estrategias para enfrentar estas dificultades:
1) Educación: todo el personal hospitalario debería
recibir de modo constante formación en este aspecto;
se debe reforzar racionalmente el sentido del respeto a valores
perennes de la intimidad y las potenciales consecuencias negativas
de la no vigilancia de esta norma, tanto para los enfermos
como para quienes las omitan. 2) Seguridad: existen los recursos
tecnológicos para afinar métodos informáticos
de seguridad, como claves de acceso, diseño y funcionalidad
de los sistemas para que los interesados tengan acceso a la
información pertinente, con las debidas y apropiadas
restricciones. Estos mecanismos deben aplicarse a los sistemas
informáticos y a la protección de las bases
de datos.
La protección de la intimidad hace parte insustituible
de la relación terapéutica. Con tanta razón
el pensador español Don Julián Marías
escribía sobre la vida privada: La vida -siempre
lo he creído- es ante todo vida privada. Si se la destruye,
se destruye la vida sin más, se la despoja de su condición
humana .
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Bioética
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Hace
algunos días los medios de comunicación presentaban
con detalles degradantes la querella entre dos distinguidos
especialistas: algo que podría calificarse de espionaje
sobre procedimientos, substracción o intento de sustracción
de manuales de procedimientos, medicamentos, etc. La noticia
original no daba más aclaraciones. |
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Desde cuando el hombre existe la historia recoge conductas
similares de disputas mezquinas, pero cuando los actores son
personajes que ejercen determinadas profesiones u oficios
la publicidad de sus actos crea más desazón,
mas incertidumbre y una atmósfera de desconfianza enormemente
perjudicial para los profesionales de esa área en general
y para quienes reciben en una u otra forma el fruto de su
quehacer.
Sin duda que los protagonistas de la infausta noticia son
Doctores muy preparados en el aspecto técnico, lo que
hace más aberrante la conducta difundida por los medios
de comunicación, porque es de esperar que entre colegas
con excelente acopio de conocimientos no se explican ni se
justifican estos procedimientos.
Este episodio que muchos calificarán de baladí,
debe preocuparnos si es el resultado de la información
meramente técnica con carencia del espíritu
humanístico propio y esencial en la formación
profesional y en el ejercicio de la medicina. Es un secreto
a voces que algunos educadores en el área de la medicina
consideran que el médico, como trabajador de la salud,
debe prepararse para laborar bajo las condiciones legales
del momento, es decir, formar médicos que sirvan adecuadamente
a las entidades comerciales creadas al amparo de la malhadada
Ley 100. Obviamente dichos educadores no pueden
inculcar en sus alumnos el espíritu hipocrático
de la medicina, porque aunque ostenten el título de
médico o de doctor en alguna especialidad de la medicina,
carecen de él. No siempre la vocación de médico
tiene como motivación primordial el deseo de servir
desinteresadamente al semejante sino -y en los tiempos modernos
más frecuentemente-, el afán de prestigio, de
ganancias económicas -muy pocas para el médico
honesto en general, pero jugosas en otras actividades relacionadas
con la comercialización de la atención a los
pacientes-.
El espíritu hipocrático, el que debe animar
la vocación del verdadero médico, está
clara y bellamente expuesto desde el siglo V antes de Cristo
en el juramento llamado hipocrático (Hórkos).
Destacamos algunos de sus votos: en la época en que
el médico era hijo de médico, igual que otras
profesiones u oficios que se heredaban de los padres, el juramento
enseña: « [
] considerar a sus hijos como
hermanos míos», fundamento de la hermandad
médica que entre nosotros consagra la Ley 23
de 1981 como juramento para graduar a los nuevos
médicos: « [
] considerar como hermanos
a mis colegas». « [
] haré uso del
régimen dietético para ayuda del enfermo, según
mi capacidad y recto entender: del daño y la injusticia
le preservaré
no daré a nadie, aunque me
lo pida, ningún fármaco letal, ni haré
semejante sugerencia. Igualmente tampoco proporcionaré
a mujer alguna un pesario abortivo. En pureza y santidad mantendré
mi vida y mi arte
lo que en el tratamiento, o incluso
fuera de él, viere u oyere en relación con la
vida de los hombres, aquello que jamás deba trascender,
lo callaré teniéndolo por secreto
En consecuencia
séame dado, si a este juramento fuere fiel y no lo
quebrantare, el gozar de mi vida y mi arte, siempre celebrado
entre todos los hombres. Mas si lo transgredo (sic) y cometo
perjurio, sea de esto lo contrario»..
NOTA: Esta sección es un aporte del Centro Colombiano
de Bioética -Cecolbe-.
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