DELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 11    No. 142 JULIO DEL AÑO 2010    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Entrevista a
cadáveres ilustres de la
Independencia

Hernando Guzmán Paniagua Periodista - elpulso@elhospital.org.co
¿Murió Ricaurte “en átomos volando” o de un balazo? ¿Falleció Bolívar de tisis o envenenado con arsénico? ¿Entregó Bolívar a Miranda por traidor o por celos? En búsqueda de la verdad o de mentiras más creíbles que la crónica oficial sobre las muertes de nuestros próceres, EL PULSO viajó por el oscuro túnel de la historia patria y “entrevistó” a varios de sus protagonistas, incluyendo a los propios muertos.
En Nueva Granada, nuestro “corresponsal” de guerra, el general francés Louis Perú de Lacroix, edecán de Bolívar, escribió el polémico “Diario de Bucaramanga” (abril-junio de 1828), cuando el Libertador seguía de cerca la Convención de Ocaña que definía el futuro político de la Unión. Una de sus “herejías” alude a las muertes de Ricaurte y Girardot (ver recuadro Ocioso lector).
La versión oficial sobre la ejecución del líder comunero José Antonio Galán, sería legendaria, de ignorar la crueldad española: ahorcado y descuartizado, su cabeza se exhibió en Guaduas, la mano derecha en El Socorro, la izquierda en San Gil, el pie izquierdo en Mogotes y el derecho en Charalá. A José María Carbonell, condenado por el Pacificador Morillo, lo ejecutó un verdugo inepto, quedó colgado vivo, la escolta abrió fuego contra él y los tiros incendiaron sus ropas.
A Simón Bolívar y Francisco Miranda, unidos por la guerra, los desunen celos, y traiciones propias y ajenas. Bolívar, sólo buen espadachín, pagó su impericia militar ante al avezado Miranda -veterano de las huestes napoleónicas y de la Independencia de Estados Unidos- al perder el fortín de Puerto Cabello y fugarse los presos españoles, por confiar en oficiales traidores. Enviado especial a Puerto Cabello (Venezuela), el gran escritor Emil Ludwig: “Aquí, cuando debía custodiar el fuerte, Bolívar 'se distraía con sus libros y un poco de música, y hacia la noche paseaba por el parque, unas veces en busca de fáciles aventuras de amor…' (Bolívar, Caballero de la gloria y de la libertad)”.
En Puerto Cabello, ¿qué cara le puso a Miranda?: “¡De gracia -le escribió Bolívar- no me obligue usted a verle la cara! Yo no soy culpable, pero soy desgraciado y basta” (Ludwig, op. cit).
¿Y cómo actuó Bolívar cuando Miranda pactó la capitulación ante el general realista Monteverde, que él vio como prematura e inútil?:
“...Estaba aterrado, considerándose a sí mismo la causa inocente de la derrota (...) Otro testigo afirma que Bolívar, según su propio relato, quiso matar a Miranda y que sus compañeros se lo impidieron... Bolívar y otros dos oficiales dan la orden de arresto. A las tres de la madrugada, penetran en la habitación de Miranda, de cuya puerta el comandante había hecho quitar los cerrojos”.
¡¿Cómo?! ¡¿Entregó Bolívar a Miranda, a los españoles?!
Sí, lo enviaron a Puerto Cabello, “la fortaleza perdida por Bolívar, después a Puerto Rico, y dos años más tarde a una prisión de Cádiz, de horrenda fama, donde, encadenado al muro, murió al cabo de otros dos” (Ludwig). Su nombre está inscrito con los de otros 300 generales en el Arco de Triunfo de París, e irónicamente, junto al de Bolívar en su sepulcro de Caracas, “pero sus cenizas no reposan allí; fue enterrado por los españoles” (Ludwig).
Maestro, ¿tiene esto relación con la muerte del general Piar? ¿Lo mandó matar Bolívar, por celos, después de zarpar de Haití en un bergantín y dos goletas hacia Venezuela? “Ni Mariño ni Piar -dice Ludwig- querían servir a sus órdenes”. Piar lo odiaba desde la prisión de Miranda, apoyó a sus adversarios políticos, y le fue desleal supuestamente. Bolívar lo arrestó y fusiló.
Libertador: ¿cómo explica esto?
“El general Piar ha sido ejecutado por sus crímenes de lesa patria, conspiración y deserción”, respondió tajante (Ludwig).
“Ustedes hablan con un cadáver”: Nariño
Del mar Caribe pasamos a Villa de Leyva; nuestro corresponsal, con una nota increíble pero bonita del historiador oficial José María Vergara y Vergara, sobre la muerte de Don Antonio Nariño, cuando llegó en 1823. ¡Adelante profesor!.
Ala, cómo no, Nariño dijo: “Ahora estoy tan bueno, que voy a buscar y señalar el sitio en que quiero ser enterrado, porque quiero morirme pronto”. El 12 de diciembre, a caballo, se despidió de las gentes que le preguntaban adónde iba, y él respondía:
“Para la eternidad; y no pido órdenes, porque no se me ocurre qué pueden mandar decir de allá”. También dijo: “Qué chasco el que voy a jugar a los españoles: me voy al cielo, antes que ellos”. Y a sus médicos, mostrando el pulso cesante: “He muerto ya, ustedes hablan con un cadáver”. Dícese que Nariño se sentó en un sillón a las doce del día a esperar la muerte… que no se hizo esperar.
Córdoba, el “niño mimado de la Patria”
Separado del Ejército del Sur y temiendo que éste proclamara rey a Bolívar, el general José María Córdoba Muñoz capitaneó la insurrección contra el Libertador en 1829. En Popayán está el enviado especial de EL PULSO, general Joaquín Posada Gutiérrez:
Aquí, se informó que Córdoba estaba “hablando y amenazando sin discreción ni precauciones, y todas sus palabras eran transmitidas por espías al cuartel general, acabando de persuadir al Libertador de que le era infiel” (Memorias Histórico Políticas).
¿Qué piensa, general Bolívar?
“Córdoba es el único valiente y militar, pero tiene un carácter duro y absoluto, una soberbia ridícula, una vanidad excesiva, y sólo es bueno en el campo de batalla; fuera de él es peligroso” (De Lacroix).
Habría un complot extranjero detrás de la revolución de Córdoba. El Ministro de Guerra, Rafael Urdaneta, reveló que el encargado de negocios de Méjico Torrens, el cónsul general británico Henderson y el ex ministro de Estados Unidos Harrison, conocían la conspiración y mantenían correspondencia y juntas clandestinas con el Héroe de Ayacucho; ello les valió la expulsión por “indebida injerencia en los negocios internos del país”. Pero vamos al sitio de los hechos, con los colegas de El Sagitario de Antioquia…
Aquí, Hacienda de El Santuario, oriente antioqueño. ¡Atención! Menos de 400 reclutas “sin la menor disciplina”, enfrentaron a mil veteranos. “Su jefe solo, que no conoció jamás medio entre la victoria y la muerte, combatió como un león en medio de mil enemigos, hasta que traspasado de heridas, exhausto de sangre y no pudiendo mantenerse ya en pie, fue a caer a una casa que había allí inmediata…” (...) La casa estaba rodeada, y el ilustre general entre sus manos; lo hallaron tendido en unas varas nadando en sangre e inerme, porque agotadas las fuerzas, su brazo no podía ya empuñar la espada tantas veces vencedora. En esta situación el héroe de Pichincha y Ayacucho, el terror de los enemigos de América, la esperanza y la gloria de su patria, fue vilmente asesinado a sablazos por un infame extranjero...” (El Sagitario de Antioquia No. 5).
El jefe del ejército oficial, general Daniel Florencio O´Leary, dijo que él “prodigó a Córdoba moribundo, y a los demás heridos, cuantos auxilios y consuelos pudo; pero ya Córdoba estaba expirando”. El asesino, Ruperto Hand, a quien O´Leary destituyó y llamó “hombre de la ínfima plebe de Irlanda”, dijo que obró así “para que el herido no penara más, terminando su agonía”.
El ocaso de Bolívar
8 de mayo de 1830, en Honda, a orillas del río Gualí, el corresponsal, Joaquín Posada, dialoga con Bolívar, a punto de emprender el viaje hacia la muerte.
“Recuerde vuestra excelencia que Alejandro Magno murió en la flor de su edad por haberse bañado estando acalorado...”
“Cuando Alejandro se bañó acalenturado -repuso el Libertador- estaba en el apogeo de su gloria: yo no corro ya ese peligro” (Memorias).
Corresponsal póstumo, el médico de cabecera de Bolívar, Alejandro Próspero Reverend, emitió 33 boletines sobre la evolución de su enfermedad terminal (más completos que los “partes médicos” de hoy). El número 1 dice que llegó en silla de brazos, “cuerpo muy flaco y extenuado; inquietud de ánimo constante. La voz ronca, una tos profunda con esputos viscosos y de color verdoso. El pulso igual pero comprimido. La digestión laboriosa”. El 33 reza: “Desde las ocho hasta la una del día que ha fallecido S. E. El Libertador, todos los síntomas han señalado más y más la proximidad de la muerte. Respiración anhelosa, pulso apenas sensible, cara hipocrática, supresión total de orines, etc. A las doce empezó el ronquido, y a la una en punto expiró el Excelentísimo Señor Libertador, después de una agonía larga pero tranquila”. Paul Auwaerter, investigador de la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins de Maryland, dijo que estos signos y síntomas apuntan a envenenamiento crónico y lento con arsénico, que Bolívar ingirió como remedio para dolores de cabeza, debilitamiento, hemorroides y pérdida crónica de conciencia.
Tras la autopsia, practicada el 17 de diciembre de 1830 a las cuatro de la tarde, en presencia de los generales Mariano Montilla y José Laurencio Silva, en la Quinta de San Pedro Alejandrino, se dictaminó que Bolívar murió por “un catarro pulmonar que habiendo sido descuidado pasó al estado crónico y consecutivamente degeneró en tisis tuberculosa”, y sólo fueron causas secundarias las complicaciones posteriores. Reverend lo embalsamó, por estar enfermo el único boticario de la ciudad y le puso una camisa del general Silva, pues la única de Bolívar estaba rota. Así, casi desnudo quedó su cuerpo, como su historia que sólo el tiempo revelará por completo.
 
OCIOSO LECTOR
“Ricaurte murió
a balazos”: Bolívar
Bolívar mitificó y luego desmitificó las muertes de Atanasio Girardot y Antonio Ricaurte: “Ya desde el año 13, en que meditaba la unión de Nueva Granada y Venezuela, mi política tendía a hacerme valer y querer de los granadinos...” Sobre su decreto dado en Valencia, a 30 de septiembre de 1813, para honrar la memoria del coronel Girardot, Bolívar dijo: “Fue un bravo seguramente; murió como un valiente en el campo del honor, en Bárbula y como había combatido en Palacé, pero ese es el deber de todo militar, y sin un motivo político tal como el que me movía, no hubiera dado el decreto mencionado.
Ricaurte, otro granadino, figura en la historia como un mártir voluntario de la libertad, como un héroe que sacrificó su vida para salvar las de sus compañeros y sembrar el espanto en medio de los enemigos, pero su muerte no fue como aparece, no se hizo saltar con un barril de pólvora en la casa de San Mateo, que había defendido con valor; yo soy el autor del cuento, lo hice para entusiasmar mis soldados, para atemorizar a los enemigos y dar la más alta idea de los militares granadinos.
Ricaurte murió el 25 de marzo del año 14 en la bajada de San Mateo, retirándose con los suyos; murió de un balazo y un lanzazo, y lo encontré en dicha bajada tendido boca abajo, ya muerto y las espaldas quemadas por el sol» (Perú De Lacroix, Diario de Bucaramanga).
Suicidio de De Lacroix
Perú De Lacroix, derrotado en la Revolución de las Reformas (1835), fue expulsado de Venezuela. Destruido física y moralmente, se suicidó en París en 1837. Esta es su esquela póstuma: “Cincuenta y siete años, una nueva caída política, separado de mi mujer y de mis hijos hace seis años, sin esperanzas de reunirme a ellos, sin fortuna, sin estado, la realidad de la miseria ya presente, y la perspectiva de sus inseparables compañeras, la humillación y la ignominia, son los motivos que me determinan a abreviar mis días, convencido, por otra parte, de que hay más valor en darse la muerte que en dejarse degradar...”.
 
 
¿Kómo ce dise?
Bobos y bobas
El mundo moderno es rico en modas ridículas y en gramáticas arbitrarias, que pretenden corregir la plana a la Real Academia Española. Una de tales modas, con carácter impositivo, que nadie se atreve a infringir so pena de ser considerado machista o culpable de “violencia de género”, es la de “todos y todas”, “bienvenidos y bienvenidas”, “niños y niñas”, “servidores y servidoras”.
La Nueva Gramática de la Lengua Española es clara y tajante en su dictamen: No se puede confundir género con sexo, son conceptos independientes. El género es propiedad inherente de los nombres y pronombres con efecto en la concordancia con los adjetivos. El sexo se aplica a las personas como tales; por ello, es incorrecta la expresión “violencia de género”. Lo correcto es violencia sexual, violencia doméstica o violencia intrafamiliar, según el caso. La Real Academia estima que las expresiones “ciudadanos y ciudadanas”, “niños y niñas” son circunloquios innecesarios, utilizaciones redundantes del masculino y el femenino, “uso empobrecedor, artificioso y ridículo”, al decir de un académico. Esto contradice el criterio básico de toda lengua: economía y simplificación. El género común, que abarca masculino y femenino, evita pérdida de tiempo. Ni las inequidades sociales y sexuales, ni la violencia terminarán, al corregir el trato verbal. “Este pueblo me honra con los labios pero su corazón anda lejos de mí”, dijo Jesús.
 



Arriba

[ Editorial | Debate | Opinión | Monitoreo | Generales | Columna Jurídica | Cultural | Breves ]

COPYRIGHT © 2001 Periódico El PULSO
Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular
. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved