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Grandes estadistas colombianos y extranjeros, tratadistas
del Derecho y personas simplemente sensatas han expresado
que por encima de la voluntad recta o torcida del gobernante,
está la conciencia jurídica y moral del país,
siempre atada a los intereses generales del pueblo, y el
pueblo siempre está por encima de sus dirigentes,
como decía Gaitán. Es esto y no otra cosa
lo que triunfó con la inexequibilidad de la emergencia
social, madre de un conjunto de decretos tan inconstitucionales
como el decreto madre, inadecuados, incongruentes con la
problemática invocada por más real que fuesen
sus premisas, y en más de un caso, atropellos a derechos
muy sensibles de la población.
Ojalá la lección haya quedado bien aprendida
por los gobernantes actuales y por los que aspiran al poder.
Resultaron asombrosos los pronunciamientos de representantes
del gobierno y actores del sistema de salud ante el fallo
de la Corte Constitucional, cuando manifestaron: Respetamos
y acatamos la decisión, así no la compartamos.
¿Cómo así? ¿Acaso el Ejecutivo,
funcionarios del gobierno, directivos gremiales y actores
del sistema de salud, indistintamente de su figura o poder
y competencia, pueden asumir una postura distinta ante una
decisión autónoma y con carácter vinculante
del poder constitucional? NO. El acatamiento se presupone
o se debe presuponer en un Estado Social de Derecho como
se precia de ser el colombiano, donde se respeta la separación
funcional de los poderes y sus órbitas de competencia.
La Corte simple y llanamente sentenció negativamente
el estado de emergencia social en respeto a la norma superior,
la Carta Política, la más sagrada de las leyes
del país, la que reconoce los derechos de los ciudadanos
en el país, derechos que nadie puede atropellar.
El camino por recorrer ahora es duro, escabroso, no es ningún
sendero de rosas. Pero al menos, es claro, por lo menos
sabemos por dónde no transitar en materia de salud.
Los expertos más sabios coinciden en la consecuencia
última que tiene el fallo de la Corte: finalmente,
lo malo, lo absurdo de todo esto no son tanto las decisiones
coyunturales de un gobernante, sino el sistema de salud
que valida esta cadena de atropellos. Un sistema que ya
cumplió su ciclo, sin lograr sus propias metas, hay
que cambiarlo. De lo contrario, persistiremos en un sinfín
de remiendos a una colcha que no puede despedazarse más.
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Al próximo
presidente de Colombia, le corresponderá redefinir
el rumbo del sistema de salud: Tras la caída de la
emergencia social que reveló el fracaso histórico
del modelo creado por la Ley 100/93, el presidente de la república
y su nuevo gobierno deberán definir en consenso con
el país, si se hace una cirugía profunda al
sistema o si se cambia totalmente. Ya no es cuestión
de simple analgesia, porque el paciente está en cuidados
intensivos de tiempo atrás y no da espera.
Al decir de un respetable directivo de la salud que escuchó
las propuestas para salud de los candidatos presidenciales
a la próxima contienda electoral, todas parecían
ideadas por el mismo asesor. Es cierto que existen unos puntos
centrales y neurálgicos que deben atravesar dichas
propuestas, pero no por ello es válido presentar ideas
al facilista copiar y pegar. Para empezar, el
fallo negativo de la Corte Constitucional a la emergencia
social abrió la puerta al debate nacional sobre el
sistema de salud que queremos y necesitamos y podemos financiar
los colombianos; la misma sentencia de la Corte arrojó
algunas luces sobre los temas por resolver, siempre a la luz
del respeto a la norma constitucional. Y en cumplimiento de
su deber, el gobierno deberá promover y liderar ese
necesario debate.
El candidato que llegue a la Presidencia también deberá
enfocarse en lo ateniente a promoción y prevención,
cobertura real del aseguramiento, sostenibilidad financiera
del sistema, separación o no de los ministerios de
Salud y Trabajo, atención a determinantes básicos
de la salud, entre muchos otros.
Por ahora, la esperanza de los colombianos está en
que la salud no siga sobreviviendo en cierto estado de suspensión,
a los ensayos de propuestas improvisadas y desfasadas de la
realidad. |