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Una de las conclusiones de la Escuela de Harvard en 1994,
luego del establecimiento del Sistema General de Seguridad
Social en Salud con la Ley 100/93, era que la falta de política
en materia de recursos humanos era uno de los aspectos críticos
para el desarrollo del Sistema. Otra conclusión era
que el Sistema generaba otras necesidades en materia de
conocimiento por parte del recurso humano, como era fortalecer
las habilidades del recurso humano en administración
y planeación.
Por ello, el gobierno promovió diversos estudios,
para saber quiénes y cuántas personas conformaban
el grupo del recurso humano en salud en el país,
y a fines del siglo XX y comienzos del XXI se empezaron
a formular propuestas sobre una legislación que cobijara
la formación y el desempeño en las áreas
de la salud.
Según la OMS, los Recursos Humanos en Salud son el
activo más valioso de cualquier empresa de salud,
tal como lo reiteró en su informe sobre la Salud
en el Mundo 2006: "La atención en salud es un
conjunto de servicios basado fundamentalmente en el capital
humano". De ahí entonces la importancia de garantizar
las condiciones que posibiliten y favorezcan el desarrollo
del recurso humano que se necesita en el área de
la salud.
Para no ser inferior a ese desafío, Colombia debatió
en el Congreso de la República dos proyectos de ley
entre 2002 y 2006, y finalmente el 3 de octubre de 2007,
fue expedida la Ley 1164 llamada Ley de Talento Humano en
Salud.
Según algunos de los estudios realizados, en el país
existen por lo menos 250.000 profesionales de la salud que
no están registrados y que nadie vigila; por eso
la Ley crea diversas instancias de registro y desarrollo
de políticas públicas, acerca de la formación,
vigilancia y desempeño profesional y ético
de quienes laboran en el servicio de salud. Ahora se surte
el período de la reglamentación, y la expectativa
es que todos los actores puedan plantear y hacer escuchar
sus inquietudes, con miras a lograr una ley que no sea letra
muerta y que verdaderamente atienda las necesidades del
personal de la salud.
Para que ello sea posible, deben abrirse amplios espacios
de discusión, cuyas voces está obligado a
escuchar el Ministerio de la Protección Social, si
en realidad quiere cumplir con el mandato constitucional
de la participación ciudadana en la elaboración
de las normas que le atañen. No basta con recibir
sugerencias a través de la página web del
Ministerio, porque ello no da lugar al debate ni a la sana
discusión, en la búsqueda de la reglamentación
más adecuada para esta ley que llega a atender una
necesidad sentida del sistema de salud.
El tiempo apremia: a principios de abril próximo
se vence el plazo, para que haciendo acopio de las propuestas
presentadas, el Ministerio establezca la reglamentación
que precisa la ley. Y los diversos actores involucrados
esperan ser escuchados y atendidos. Y cada subsector defenderá
sus intereses. Y el Ministerio debe dirimir. Pero por encima
de todo, debe primar la búsqueda del bien común
del conglomerado que se forma y labora en el área
de la salud. Ese es el principio, el medio y el fin. Y es
la esencia de la ley, que no se puede ni se debe desvirtuar
en la reglamentación que se adelanta.
Hay que aplaudir que esta vez el referente principal de
la ley sean las necesidades en salud de la población
y no el sistema, como ocurrió antes; pero hay preocupación
porque la ley no resuelve el conflicto que subsiste entre
el modo de ejercer en las profesiones de la salud, especialmente
de la medicina, y que parte de la visión de los códigos
de ética, con la visión eminentemente mercantilista
del ejercicio que implantó la Ley 100/93.
Sólo si el país responde efectivamente al
compromiso de crear un ámbito jurídico propicio
y promotor de la mejor y más adecuada formación
del talento humano en salud, y si crea las condiciones necesarias
y suficientes para favorecer su desempeño, podrá
Colombia dar la cara al futuro, garantizando un talento
humano en salud lo suficientemente competente y ceñido
a las normas éticas y bioéticas, que atienda
a las necesidades en salud de la población de manera
oportuna, eficaz, con calidad, y con sentido humano y solidario.
Esa es la cuestión.
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