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| En la dedicatoria a
los lectores que hace François Rabelais, médico
y escritor ilustre, nacido de su libro Gargantúa
y Pantagruel, hace énfasis en que: |
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Si no aprendéis,
reiréis al menos;
mi corazón no puede otra materia elegir
al ver el pesar que os consume y mina;
mejor es de risa que de llanto escribir,
pues lo propio del hombre es reír. |
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| La risa es considerada
un factor esencial para el fortalecimiento de las relaciones
sociales. Algunos investigadores médicos llegaron más
lejos: sostienen que tiene efectos sobre el sistema inmunológico,
estimulando los niveles de las células T que ayudan a
combatir las infecciones, sirve para reducir la presión
sanguínea, reduce las hormonas que producen el estrés,
aumenta la flexión muscular. Una dosis de risa influye
en la producción de endorfinas, los analgésicos
naturales del cuerpo que propician que tengamos un sentido general
de bienestar. Según otros investigadores, los seres humanos
reímos más durante una conversación que
mediante el contacto físico, lo que quiere decir que
reimos más en contextos sociales. Algunos pensadores
dicen que somos animales políticos, otros
que animales de juego, y algunos más dicen
que somos animales que ríen. |
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Algunos pensadores dicen
que los seres
humanos somos animales políticos, otros
que animales de juego, y algunos más dicen
que somos animales que ríen
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En la literatura
existente, cada vez que se refiere una anécdota cómica
sobre un médico o un procedimiento médico, lo
más probable es que sea negativa en el sentido en que
será el saber del galeno el que salga perdiendo; esto
cuando no es que enfrenten el saber de un profesional al de
un tegua
¿Cuántas veces hemos escuchado
de una cirugía en la cual se olvidaron unas pinzas o
un bisturí dentro del cuerpo de un paciente? Y esto dicho
así no tiene nada de cómico.
El saber médico en Don Quijote
Miguel de Cervantes tuvo médicos en su familia
su abuelo lo fue- y su padre era cirujano-sangrador: conocía,
al menos de oídas, sobre el oficio. En Don Quijote
de la Mancha aparecen pocos médicos, pero el conocimiento
que explota Cervantes está basado en dos grandes saberes
de la época, que nunca podríamos considerar independientes
aunque hayan querido, algunos genios de barba y pipeta, mostrar
como irreconciliables: la medicina y la farmacia popular; esta
que todo lo cura con las hierbas que se encuentran a la vera
de los caminos o en los bosques, a la mano de cualquiera. Todo
el texto está plagado de ungüentos, bálsamos;
Don Quijote se había convertido en autoridad de muchos
saberes; a partir de sus lecturas dejó para la medicina
una receta cuyo potaje era tan potente que revivía moribundos
y hasta servía para volver a pegar a un hombre que hubiera
sido partido con espada, por un gigante descomunal, en dos.
Levántate, Sancho, si puedes, y llama al alcaide
de esta fortaleza, y procura que se me dé un poco de
aceite, vino, sal y romero para hacer el salutífero bálsamo,
que en verdad creo que lo he bien menester ahora, porque se
me va mucha sangre de la herida que esta fantasma me ha dado.
Este es el bálsamo de Fierabrás, y antes había
hecho referencia Sancho Panza a un ungüento blanco que
servía para detener hemorragias.
Lo que viene después de estar listo tal brebaje es cosa
de locos, como lo es casi todo en esta historia genial. Don
Quijote lo bebe: Quiso él mismo hacer luego la
experiencia de la virtud de aquel precioso bálsamo que
él se imaginaba, y, así, se bebió lo que
no pudo caber en la alcuza y quedaba en la olla donde se había
cocido... y apenas lo acabó de beber, cuando comenzó
a vomitar, de manera que no le quedó cosa en el estómago;
y con las ansias y agitación del vómito le dio
un sudor copiosísimo, por lo cual mandó que le
arropasen y le dejasen solo. Luego de tres horas de sueño
se despierta restablecido de sus dolencias, dispuesto a emprender
de nuevo cualquier aventura.
Estas recetas, que según lo aseverado por Don Quijote,
vienen de los libros de caballería, son en realidad,
muy populares en la época y ampliamente utilizados por
gentes de todas las pelambres, especialmente por el pueblo,
que conocía bien las propiedades de las diferentes plantas,
y de las que no sabía le inventaba su utilidad y le asignaba
las que no tenían; al pasar de boca en boca, este saber
se convertía en autoridad sin haber sido confirmada por
ninguna. No hay datos estadísticos de los estragos causados
por el uso indiscriminado y sin indicación por parte
de un conocedor serio de las características de tales
plantas y su conversión a diferentes mejunjes. Recordemos
también que a España estaban llegando nuevas hierbas
provenientes del Nuevo Mundo, que ayudaban a completar la bien
amplia variedad de plantas medicinales: el tabaco y la quina.
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En cierta medida, Don
Quijote asume un papel:
el de curar a las personas de los males que
les hayan propiciado los bellacos; es casi
un médico preocupado por sanar a la
humanidad y salvarla de los malos.
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Con la lectura de
este pasaje podemos enterarnos la manera como se autorrecetaban
los enfermos durante aquella época; claro que no varía
mucho respecto de lo que actualmente ocurre
Recordemos que son más bien pocos los médicos
que aparecen en esta obra. Hay otro en la segunda parte, después
que Sancho Panza se ha instalado en la ínsula Barataria
y está ejerciendo un gobierno caracterizado por su prudencia
y buenos manejos de la justicia: nos sorprende que sea él
como un sanador, un médico que pretende curar a las gentes
del proceder errático de aquellos que han llevado la
batuta, de los que han dominado de manera arbitraria las vidas
y el destino de las personas bajo su poder. Pero debemos recordar
al mismo tiempo, que en cierta medida, Don Quijote asume un
papel: el de curar a las personas de los males que les hayan
propiciado los bellacos; es casi un médico preocupado
por sanar a la humanidad y salvarla de los malos.
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Este médico
es el encargado de velar por la salud del gobernador de la ínsula,
en este caso Sancho Panza. La forma como él mismo se
introduce deja entrever la calidad de personaje que es: Yo,
señor gobernador, me llamo el doctor Pedro Recio de Mal
Agüero, y soy natural de un lugar llamado Tirteafuera,
que está entre Caracuel y Almodóvar del Campo,
a la mano derecha, y tengo el grado de doctor por la Universidad
de Osuna. Una de las cosas más simpáticas
de toda estra introducción de nuestro galeno es que es
graduado de una universidad menor, que para la época
no tenía facultad de medicina
Su labor radica en velar por lo que el gobernador debe y no
debe comer, y sobre todo esto último; ya podremos imaginarnos
qué puede ocurrir, cuando es una persona que considera
que comer es la labor más importante. Todo se lo prohibe,
no puede comer, porque todo lo que ingiera le acarreará
enfermedades; pero Sancho no está para dejarse manipular
su estómago, que es en últimas, lo que él
piensa que quiere hacer Pedro Recio. |
Una de las características
principales que comparten los libros de esa época, es
el trato satírico que da a los médicos; la reacción
de Sancho ante tanta prohibición no se hace esperar:
...quíteseme luego delante, si no, voto al sol
que tome un garrote y que a garrotazos, comenzando por él,
no me ha de quedar médico en toda la ínsula, a
lo menos de aquellos que yo entienda que son ignorantes, que
a los médicos sabios, prudentes y discretos los pondré
sobre mi cabeza y los honraré como a personas divinas.
Algunas lecciones de Rabelais
En 1530 François Rabelais se inscribe en la Facultad
de Medicina de Montpellier, donde, debido a falta de recursos,
solo puede obtener el diploma de Bachiller, más no la
Licenciatura. Su primer trabajo como médico es comentar
los Aforismos de Hipócrates y El pequeño
arte médico de Galeno, debido a su amplio dominio
de la lengua griega; con esto adquiere gran prestigio. La escritura
de Rabelais oscila entre el humanismo y la jocosidad mordaz,
que se vale de la parodia para plantear los grandes problemas
de la época. Su horror al ascetismo, a la superstición,
a la rutina y a la ignorancia, y su fe en la ciencia, hizo que
criticara a la Iglesia pidiendo una serie de reformas que le
relacionan con Erasmo. Rechazó todo dogmatismo y encontró
en la razón su serenidad. Su estilo literario posee el
gusto por el detalle concreto y pintoresco, y sus obras son
un malicioso y divertido retrato de la sociedad que vivía
en esa época.
El nacimiento de uno de sus personajes, el gigante Gargantúa,
después de pasar cerca de 11 meses en el vientre materno,
es una de las primeras exageraciones cómicas a la que
nos somente Rabelais. Este largo periodo de gestación,
ha sido interpretado de diferentes formas. La sátira
nos muestra el poco respeto que el autor tenía por todo
tipo de instituciones, fuera la que fuera, incluido el saber
médico y biológico de la época. |
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Tenemos que volver a
algunos textos
para reírnos, para reencontrarnos con
la vida, para salvarla, para hacerla
más justa y más vivible.
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Adentrándonos
en sus textos, encontramos la risa como centro del universo
que construye; nunca da tregua al humor ni a la sátira
cuando se trata de desmitificar, de lacerar, en parte, los ídolos
que se van encumbrado sin darnos cuenta. Cualquier situación
puede ser cómica: la muerte, que deja de ser un misterio,
el nacimiento, el dolor, la alegría, la religión
y sus representantes, el niño que está en la esquina
temblando de miedo y de otras cosas.
Hace 510 años aproximadamente nació éste
que habría de convertirse, con sus historias y sátiras,
en un estandarte del respeto y el aprecio por la vida, en un
admirador de la sabiduría popular y en un sabio de todo
aquello que emana de la naturaleza, bastante compleja, del ser
humano. Entre las anécdotas que se refieren de Rabelais
está la del también escritor francés Anatole
France: Siendo el médico de Guillermo del Bellay,
al presenciar una comida de este señor, señaló
con su varilla un plato que contenía un hermoso pescado,
y lo declaró indigesto. Al oír su opinión
los criados volvieron intacto a la cocina el pescado, que Francisco
Rabelais fue luego a devorar; y cuando el señor del Bellay
sorprendió a su médico muy ocupado en esa tarea
y le preguntó por qué razón comía
de lo que había declarado perjudicial para el estómago,
Rabelais respondió: No era el pescado lo que yo señalé
con mi varilla designándolo como indigesto, era la fuente
que lo contenía.
Siendo fraile, Rabelais viajó a lo largo y ancho de Francia,
y como médico entró e Italia, adquiriendo, además,
mucho conocimiento de las costumbres y formas de hablar del
pueblo, sus leyendas, sus dialectos, que influirían luego
sobre toda su obra. Por su formación científica
conocía muy bien las funciones saludables de la defecación;
como escritor utilizó muy bien este saber, puesto que
sus gigantes, de apetitos voraces eran adeptos a mesas llenas
de comida y bebida, además de que regularmente estaban
hablando de heces corporales.
François Rabelais siempre aconsejó la risa, la
alegría y la bebida: ¿qué sentido tiene
la vida si no hay buen vino para beber? Muchos años después
de él han descubierto las propiedades terapéuticas
de la risa en cualquiera de sus modalidades, pero en especial
el de la carcajada. Tenemos que volver a algunos textos para
reírnos, para reencontrarnos con la vida, para salvarla,
para hacerla más justa y más vivible. Ellos no
se equivocaron. Fueron médicos muchos de ellos, otros
compartían el respeto por este saber: Miguel de Cervantes,
por ejemplo. Pero también grandes escritores que supieron
arrancarnos todas las carcajadas, con sus dichos, historias
y exageraciones. No tenían punto medio. Y eso lo sabían.
El comienzo de la risa es una mentira bien narrada, o más
bien una exageración reducida a niveles de credibilidad,
pero siempre pensando que lo más importante siempre estará
faltando.
Claro que en medio de esto también aparecerá quién,
como el comediante Garrick, después de visitar un médico
para que le mandara un remedio para curar su gran tristeza y
éste le propone visitar a Garrick, le contesta: Yo
soy Garrick, cambiadme la receta. |
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El Ministerio de Cultura celebrará
en 2008 el Año de Tomás Carrasquilla, con motivo
de los 150 años del natalicio del escritor antioqueño,
considerado un autor de talla universal.
La Academia Nacional de Medicina
y y el Centro del Pensamiento Creativo, acaban de publicar el
libro Cien años de la medicina en Colombia a través
de la comunicación, dirigido y editado por el reconocido
publicista barcelonés, José María Raventós.
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La serie Numb3rs,
que muestra la matemática como algo cotidiano, que
nos rodea, intriga, atraviesa y cautiva, es un peso
pesado de la televisión estadounidense desde
hace 4 años y es citada en universidades. Demuestra
que la matemática es más que fórmulas
y ecuaciones: es lógica, es racionalidad, es utilizar
la mente para resolver los misterios más grandes, como
delitos, epidemias, seguridad informática.
El diario sueco The Post Och
Inrikes Tidningar, el más antiguo del mundo según
la Asociación Mundial de Periódicos, dejó
de imprimirse en papel, y desde el pasado 1° de enero
sólo se publica en su edición digital. Desde
1645, el rotativo publica los anuncios gubernamentales de
bancarrotas y compañías.
Con el título El
Deseo, el perpetuo deseo, Arango Editores reunió
la obra poética de Juan Gustavo Cobo Borda en el sexto
volumen de su colección, dedicada a la poesía
de los mejores escritores colombianos, como Álvaro
Mutis, Piedad Bonnet y Mario Rivero, entre otros.
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