MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 328 ENERO DEL AÑO 2026 ISNN 0124-4388
En silencio, millones de personas en Colombia conviven a diario con la depresión, un trastorno de salud mental que continúa creciendo y que sigue enfrentando barreras de acceso, estigmas sociales y respuestas institucionales insuficientes. En el marco del Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, la Defensoría del Pueblo alertó sobre la magnitud de esta problemática y los desafíos que enfrenta el sistema de salud para garantizar una atención oportuna, integral y digna.
De acuerdo con cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y del Ministerio de Salud, en el país el 4,7 % de la población sufre depresión, lo que equivale a alrededor de 2.5 millones de personas que conviven con esta condición. Esta prevalencia se ubica por encima del promedio mundial, que, según la OMS, alcanza el 3,8 % de la población global, lo que evidencia un reto mayor para el sistema de salud colombiano.
A esta situación se suma una brecha crítica en el acceso a la atención: solo cerca del 20 % de las personas con depresión mayor recibe tratamiento profesional adecuado, lo que deja a la mayoría de los pacientes sin el acompañamiento oportuno que se requiere.
Las cifras nacionales se inscriben en un contexto global igualmente preocupante. Se estima que el 4 % de la población mundial experimenta depresión, incluido el 5,7 % de los adultos (4,6 % entre los hombres y 6,9 % entre las mujeres) y el 5,9 % de los adultos de 70 años o más. A escala mundial, aproximadamente 332 millones de personas sufren depresión.
La enfermedad es 1,5 veces más frecuente entre las mujeres que entre los hombres. También, más del 10 % de las mujeres embarazadas y de las que acaban de dar a luz experimentan depresión. Además, el suicidio se convirtió en la tercera causa de muerte entre las personas de 15 a 29 años, con 727.000 muertes registradas en el año 2021, lo cual es una consecuencia extrema del deterioro de la salud mental.
Según la OMS: “A pesar de que en los países con ingresos altos la depresión es un padecimiento común, solamente un tercio de quienes la sufren recibe atención sanitaria. Esto evidencia las barreras estructurales que persisten. La escasez de proveedores capacitados, la falta de inversión en atención para la salud mental y el estigma social relacionado con los trastornos mentales son algunos de los problemas más destacados”.
La Defensoría del Pueblo enfatizó que la salud mental es un derecho humano esencial y tiene que ser asegurada de forma digna, integral y a tiempo. La entidad subrayó de manera especial la condición de los universitarios y jóvenes, que han experimentado un aumento considerable en los riesgos psicosociales en años recientes.
En esta situación, comunicó que seguirá fomentando estrategias preventivas, robustecerá líneas de atención y creará campañas pedagógicas para establecer redes de apoyo, promover el cuidado emocional y luchar contra la estigmatización relacionada con los trastornos mentales.
Por último, la Defensoría del Pueblo instó al Estado y a la sociedad a actuar de manera rápida y coordinada para eliminar estigmas y barreras, garantizando el derecho esencial a la salud mental. Al hacerlo, reafirmó su compromiso con la dignidad, el bienestar y la defensa de los derechos humanos.
Alerta desde el gremio médico
A este llamado se sumó la Asociación Colombiana de Psiquiatría (ACP), que advirtió que los indicadores actuales reflejan una situación de urgencia que no puede ser ignorada. Según la Encuesta Nacional de Salud Mental más reciente y los informes epidemiológicos del Instituto Nacional de Salud (Sivigila), aproximadamente el 5 % de los adultos colombianos ha sufrido un episodio de depresión en el último año.
El gremio médico alertó, además, sobre el incremento de síntomas de ansiedad y depresión en adolescentes y adultos jóvenes tras la pandemia, un fenómeno que se ve agravado por factores estructurales como la violencia, la desigualdad económica y el desplazamiento forzado, los cuales actúan como determinantes sociales que aumentan el riesgo de padecer trastornos afectivos.
Uno de los ejes centrales del mensaje de la ACP fue la necesidad de combatir el estigma asociado a la salud mental. Persisten creencias erróneas, como que acudir al psiquiatra o al psicólogo es “solo para personas locas” o que la depresión puede superarse únicamente con fuerza de voluntad.
Estas ideas, advirtió la Asociación, constituyen una barrera invisible pero potencialmente letal, al retrasar o impedir la búsqueda de ayuda profesional. “La depresión es una enfermedad y tiene tratamiento”, insistió la ACP, al tiempo que subrayó que pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino un acto de valentía y autocuidado.
La Asociación destacó el papel fundamental de las redes de apoyo —familia, amigos y comunidad— como factores protectores clave. No obstante, aclaró que no basta con estar presente, sino que es necesario aprender a escuchar sin juzgar, validar las emociones y brindar un acompañamiento activo y constante.
En cuanto al abordaje clínico, fue enfática en señalar que el tratamiento de la depresión es integral e incluye intervenciones psicoterapéuticas y farmacológicas, todas ellas respaldadas por evidencia científica. Suspender los medicamentos sin indicación médica es una de las principales causas de recaída, mientras que la psicoterapia resulta esencial para comprender el proceso emocional de cada paciente. Ambos enfoques, precisó la ACP, no son excluyentes, sino complementarios.
Finalmente, la ACP hizo un llamado a la responsabilidad colectiva en la forma de comunicar sobre salud mental. Recalcó la importancia de difundir mensajes basados en evidencia científica, que brinden esperanza y orienten a la ciudadanía hacia recursos confiables, como líneas de atención y señales de alerta.
Asimismo, advirtió sobre los riesgos de promover “curas milagrosas”, dietas o suplementos como sustitutos del tratamiento médico. “La voz de todos puede salvar vidas si se utiliza para normalizar la búsqueda de ayuda profesional y no para banalizar los trastornos mentales”, señaló la Asociación.
Las diferencias entre la depresión en adultos y en niños y adolescentes no solo se reflejan en sus síntomas visibles, sino también en la forma en que cada grupo logra expresar lo que le ocurre. Según explicó el psiquiatra Javier Quintero, a través de sus redes sociales: “En las personas adultas, la depresión suele manifestarse como tristeza persistente o pérdida clara del interés por la vida diaria”.
Más allá de la tristeza, en los adultos son frecuentes otras señales. Quintero subraya que “en adultos es frecuente la astenia. Esto es un cansancio que no se recupera tras el descanso y, también, las alteraciones en el sueño y en el apetito”. Estas manifestaciones suelen poder ser verbalizadas, ya que “el adulto suele poder poner en palabras lo que le pasa, cómo se siente, ese sentimiento de vacío, de culpa o desesperanza”.
En contraste, la depresión en niños y adolescentes tiende a expresarse desde otro ángulo. Como explica Quintero, “es mucho más frecuente que se exprese a través de la conducta. Lo vamos a observar como irritabilidad o cambios en el comportamiento”. Estos cambios pueden afectar su vida escolar y su salud física, ya que “en niños y adolescentes son mucho más frecuentes las somatizaciones. Esto es, molestias físicas repetidas que incluso muchas veces los llevan a faltar a clase”.
La dificultad para verbalizar las emociones marca otra diferencia clave: “Los niños y los adolescentes no siempre van a poder expresar con palabras cómo se sienten y lo vamos a observar más en su comportamiento, incluso en su rendimiento académico”.
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