MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 328 ENERO DEL AÑO 2026 ISNN 0124-4388
Podría pensarse que encontrar un donante compatible para trasplantar un órgano, sumado a la desinformación y los mitos en torno a este procedimiento, son los principales desafíos en esta materia. Sin embargo, la promoción de la donación es apenas la punta del iceberg: de poco sirve recorrer el complejo y largo camino de los trasplantes si no existe la garantía de que ese órgano cuente con las condiciones biológicas y médicas necesarias para funcionar de manera óptima a largo plazo en el nuevo cuerpo.
Tal es el caso de uno de los puntos más críticos en este proceso en Colombia: el acceso continuo a los medicamentos inmunosupresores o antirrechazo, que, además de ser de alto costo, cumplen la función esencial de evitar que el cuerpo rechace el órgano trasplantado debilitando el sistema inmunológico, lo que, como efecto secundario, aumenta la probabilidad de que el paciente contraiga distintos tipos de infecciones.
Aunque siempre han existido barreras administrativas y burocráticas para acceder a los medicamentos de alto costo, en el caso de los inmunosupresores el problema principal actual es de tipo económico.
De acuerdo con Catalina Bello, directora de Acceso de Afidro, “hoy los farmacéuticos que trabajan con Nueva EPS no están comprando medicamentos porque 30 compañías farmacéuticas acumulan deudas por más de 5.2 billones de pesos al tercer trimestre de 2025”.
La situación cobra mayor relevancia si se tiene en cuenta que, bajo la coordinación del Instituto Nacional de Salud, en Colombia se han realizado más de 22.000 trasplantes en los últimos 20 años, lo que evidencia la magnitud de la población que depende de estos tratamientos para seguir con vida.
María Cristina Galeano, paciente trasplantada de hígado, reconoce que la incertidumbre frente al acceso a los medicamentos antirrechazo es una fuente permanente de angustia. “No me siento tranquila porque esos inmunosupresores no son medicamentos comerciales y no siempre están disponibles”, explica. Según relata, ante las fallas en la entrega, los propios pacientes han tenido que organizarse para no interrumpir los tratamientos. “Entre los trasplantados se ha creado una cadena de apoyo: uno dice ‘a mí me falta tal medicamento’ y otro responde ‘yo tengo este’. Entonces nos llamamos y nos ayudamos entre nosotros”.
Por su parte, la Asociación Colombiana de Trasplante de Órganos advirtió que la falta de estos medicamentos compromete la supervivencia de los órganos, al mismo tiempo que pone en peligro la sostenibilidad de los programas de trasplantes en Colombia.
Rubén Luna, presidente de la Asociación, aseguró que no se puede esperar a que una mesa de trabajo resuelva el problema de la reforma de la salud. En un contexto que requiere medidas de emergencia, los pacientes acuden a hospitales y clínicas en busca del suministro de estos medicamentos, pero no pueden permanecer hospitalizados, ya que la vulnerabilidad de su sistema inmune aumenta en un entorno intrahospitalario.
La crisis en el suministro comenzó a ser evidente en abril de 2024 y, para finales de 2025, ya se considera grave.
Esta situación pone en riesgo el esfuerzo médico y humano que implica cada procedimiento tras el incremento de pacientes que reportan retrasos, entregas parciales o, en algunos casos, la ausencia total del medicamento por parte de las EPS, especialmente afiliados a la Nueva EPS.
En medio del desespero, algunos pacientes intentan costear las dosis con sus propios recursos, pero el alto precio de estos medicamentos de uso vital y permanente hace que esto en la práctica sea insostenible. La situación no solo evidencia la precariedad del sistema, sino que también agrava el creciente problema del gasto de bolsillo en salud, que ya afecta a miles de familias colombianas.
Y es que el éxito de un trasplante no solo depende del procedimiento quirúrgico, sino también del cuidado postrasplante. De acuerdo con Colombiana de Trasplantes, saltarse una sola dosis de medicamento puede desencadenar un rechazo agudo.
A la fecha y mientras la ciencia no diga lo contrario, dichos medicamentos se usan de por vida y son esenciales para el éxito de los trasplantes de órganos, ya que su correcta administración permite al paciente mantener el órgano trasplantado en buen funcionamiento y gozar de una buena calidad de vida y estabilidad en su salud.
Investigadores de Mayo Clinic en Estados Unidos avanzan en un estudio que, mediante el desarrollo de terapias con células madre, busca evitar el rechazo de órganos trasplantados sin el uso prolongado de inmunosupresores.
El estudio mostró que el 75 % de los pacientes que recibieron un trasplante de riñón junto con células madre del donante, pudo suspender la medicación por más de dos años. Esta investigación abre la puerta a trasplantes más seguros, con menos efectos secundarios y una mayor duración del órgano. Si este tratamiento permite disminuir o eliminar el uso prolongado de inmunosupresores, podrían reducirse los gastos en el sistema de salud asociados a medicamentos de por vida, al manejo de efectos secundarios y a las hospitalizaciones por infecciones.
En Colombia, la necesidad urgente de acceder a los medicamentos no avanza al mismo ritmo que la esperanza que generan estos avances científicos. Miles de pacientes no pueden esperar a que estas tecnologías se implementen en el país y, mientras tanto, muchas vidas corren riesgo de perderse.
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