MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 290 NOVIEMBRE DEL AÑO 2022 ISNN 0124-4388 elpulso@sanvicentefundacion.com icono facebook icono twitter icono twitter

Tarea de todos: atención en salud a pueblos indígenas

Por: Kelly Johana Cardona, Abogada con enfásis en bioética clínica y solución de conflictos éticos.
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Mediante la expedición de normas y políticas públicas, las entidades nacionales, departamentales y municipales han buscado desafiar los obstáculos que impiden poner en marcha la disminución de las brechas en salud. Especialmente en las comunidades indígenas, pertenecientes al Sistema Indígena de Salud Propio Intercultural (SISPI), creado a partir del Decreto 1953 de 2014 por el Ministerio del Interior. En la práctica, se han presentado retrasos y vacíos, los cuales llevan a la población a comunicar directamente o por medio de sus líderes y representantes de las autoridades indígenas, su inconformidad y preocupación, a veces no a los encargados de cada institución sanitaria, sino al personal de salud responsable de su atención. Ahora bien, ¿qué pueden hacer todos los ciudadanos para proteger el bienestar de esta población?

Para empezar, se debe analizar dónde radica la problemática. Principalmente, en que algunas de estas comunidades, día a día, se enfrentan a la discriminación, pobreza extrema, inseguridad alimentaria y sanitaria. Se han visto casos de niños y niñas en alto riesgo de desnutrición. Muestra de ello, fueron los razonamientos a los que llegó la Corte Constitucional, mediante la Sentencia T- 302 de 2017, considerando que la solución a la crisis de desnutrición de los infantes Wayú, requiere que todas las entidades públicas superen los prejuicios y los estereotipos étnicos.

Como plan de acción, por su parte, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) periódicamente presenta un balance de las acciones implementadas, en seguimiento a la decisión judicial, en relación con el “goce efectivo de los derechos fundamentales de la niñez Wayú en los municipios de Manaure, Maicao, Uribia y Riohacha”. Algunos de los resultados que presentaron el 21 de octubre de la presente anualidad fueron: “brindar el 70 % de los requerimientos nutricionales de niños y niñas, ampliar los cupos para la modalidad 1 000 días para Cambiar el Mundo, que hace parte de la Estrategia de Atención y Prevención de la Desnutrición y disponer de 6 314 cupos adicionales en los servicios de primera infancia. Alcanzando un total de 95 137 cupos, con una cobertura del 98,2 % de la demanda”.

En conjunto a estos planes de acción, el resto de las personas pueden aportar estando atentos a los llamados de las entidades nacionales e internacionales, con donaciones, voluntariados, capacitaciones y demás herramientas a su alcance.

Por otra parte, respecto a los pueblos indígenas, para su organización, encontramos divisiones llamadas comunidades indígenas. Estas se subdividen en grupos de familias con conciencia de identidad: son tradicionales, autónomas, legales y sociopolíticas, lo que conlleva a veces a tener el dominio colectivo con garantías de propiedad privada, donde los conflictos entorno al territorio y su vida interna se encuentran amparados por el fuero indígena y su sistema normativo propio. El Cabildo es una entidad pública especial, fundamentada en la representación, inspección, vigilancia y control de la población.

La información anterior permite recordar el deber de no pasar por alto su historia y lo que hoy en día los caracteriza, al momento de brindarles la atención en salud. Esta afirmación abre las puertas a un interrogante y es: ¿qué más puede aportar el Talento Humano en Salud en esta problemática?

Un paso importante es entender que este no es solo un compromiso único del Gobierno, ni de las IPS como tal. Es un compromiso de todos. La protección de nuestros pueblos originarios es asunto de todos. A esto se refiere la Constitución Política de 1991, en sus artículos séptimo y octavo, señalando que “el Estado reconoce y protege la diversidad étnica y cultural de la Nación colombiana” y “es obligación del Estado y de las personas, proteger las riquezas culturales y naturales de la Nación”, correspondientemente. El personal de salud podría construir con sus empleadores rutas de atención especiales, de acuerdo con las necesidades comprendidas en el nivel de atención solicitado. Teniendo en cuenta que, ni en todas las entidades de salud ni servicios asistenciales, se evidencian las mismas cargas y situaciones complejas, así como no todas las comunidades están siendo afectadas por los mismos niveles de discriminación, pobreza extrema, inseguridad alimentaria y sanitaria.

No obstante, en todos los centros asistenciales se comparten, en teoría, unos principios mínimos, los principios de la ética médica. En este caso, podemos plantearlos a modo de reflexión de la siguiente manera: beneficencia. ¿Quién decide qué es lo mejor para los miembros de los pueblos originarios? ¿Ellos en el desarrollo de su autonomía o el médico en virtud del principio? No maleficencia. ¿Es el mismo concepto de daño para las comunidades indígenas que para la ciudadanía? Justicia. ¿El profesional está distribuyendo los recursos, beneficios, conocimientos, experiencia y cargas equitativamente? ¿Cumple con la obligación de tomar medidas especiales para protegerlos como población vulnerable? Autonomía. ¿Se ha respetado la capacidad de los pacientes para tomar decisiones que conciernen a su propia vida, guiadas por sus leyes? Esto reafirma la obligación de tener rutas de atención especializadas en cada entidad de salud, con componentes que se centren en los conflictos éticos con los pacientes. Igualmente, indica que el personal tiene deberes por conocer y no esperar a que la entidad primero le instruya en ellos, pues se corre el riesgo de no conocerlos, porque los programas pedagógicos pueden o no desarrollarse a tiempo.

Anteriormente, se ha expresado en qué consiste el término de corresponsabilidad y se ha hablado sobre la trascendencia del enfoque étnico en el cuidado de la salud. Es momento de entender a qué se refiere el intercambio de conocimientos. Teniendo en cuenta que, en los servicios asistenciales, se debe conocer de manera más detallada cuáles son las necesidades de cada uno de los integrantes de estas poblaciones, es primordial señalar que, en este sistema, la sabiduría ancestral es fundamental. Los abuelos y líderes de las comunidades representan el dominio espiritual que les permite salvar muchas vidas. Desde las malocas y las escuelas le transmiten a la comunidad la importancia de proteger el territorio y los estilos de vida. Ellos buscan el equilibrio desde la mente-espíritu y materia-el terreno. El intercambio de conocimientos es una figura que opera combinando los saberes ancestrales con los conocimientos occidentales.

Pueblos indígenas en aislamiento

Si la pandemia generada por la COVID-19 no hubiese obligado a los colombianos a estar en asilamiento preventivo, tal vez muchos no se acercarían ni un poco a lo que significa este modo de vivir. Así como muchos desconocen que a la fecha hay poblaciones indígenas en aislamiento, y a diferencia de la cuarentena del año 2020, este tipo de aislamiento es voluntario y a lo largo de todas sus vidas. Sus integrantes no conocen muchas cosas de las existentes y algunos señalan no necesitar médicos. Ellos protegen nuestras riquezas naturales y culturales de la minería ilegal y deforestación. En lo que concierne a su propia salud, dicen bastarle su sabiduría en salud ancestral y los recursos que el bosque les ofrece. Entonces, ¿por qué en virtud de su autonomía no respetamos sus costumbres? ¿Por qué están trabajando ambientalistas, otras comunidades indígenas, organizaciones e instituciones, de forma silenciosa, en proteger a los habitantes indígenas en el Parque Nacional Natural Río Puré, ubicado en Amazonas?

Ellos tienen altos riesgos para su salud, debido a su condición de aislamiento no tienen defensas inmunológicas contra enfermedades y no están acostumbrados a interactuar con otras comunidades, lo que podría alterar su conducta. Frente a este último punto, sería interesante investigar qué hallazgos se pueden encontrar desde la psicología. De otro lado, son enfermedades que desconocen y podrían matarlos en pocas horas. La mejor manera de protegerlos es no contactarlos y respetar la manera en la que decidieron vivir. Además, es impresionante cómo la tecnología ayuda a hacer inspección, vigilancia y control, ya que gracias a satélites que capturan fotografías los expertos saben que están allí. Es importante que no sean olvidados por todos los colombianos como guardianes de nuestros bosques, tampoco por las entidades de salud nacionales y territoriales, organizaciones sociales relacionadas con los pueblos en aislamiento voluntario y comunidades indígenas no aisladas.


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