MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 290 NOVIEMBRE DEL AÑO 2022 ISNN 0124-4388 elpulso@sanvicentefundacion.com icono facebook icono twitter icono twitter

Inversión, salud y presupuesto: una articulación que debe pensarse en beneficio de la población

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Inversión, buenas distribuciones del gasto, eficiencia y articulación son algunos de los aspectos claves que se quisieran mejorar dentro de los sistemas de salud. Sin embargo, nuestra región latinoamericana se ha caracterizado por la inequidad (el 29 % de la población vive por debajo del umbral de la pobreza y el 40 % recibe menos del 15 % de los ingresos). Adicionalmente son muy amplias las brechas entre los países, según la Organización Mundial de la salud un 30 % no tiene acceso al sistema de salud por razones económicas y un 21 % tiene acceso limitado por razones geográficas.

En cuanto a la eficiencia, la efectividad y el buen uso del gasto en salud, aún quedan varios asuntos por resolver, tales han sido los desafios agudos originados por la pandemia de COVID-19, los cuales evidencian la necesidad de ampliar los servicios y a su vez de asegurar el financiamiento para los sistemas de salud. Además, hay una obligación por aumentar el número de profesionales calificados y así poder reducir la inequidad. Hoy, más que nunca se necesita una reflexión profunda, análisis oportuno que permita la identificación de diferentes variables que causan un impacto financiero y social.

Actualmente, el sistema de salud colombiano está en disputa por las decisiones gubernamentales que se toman relacionadas con la reforma (siendo esta una de las propuestas más recurrentes de los políticos colombianos) con el fin de implantar otro modelo que en “un 2 por 3” resuelva todas las contingencias que se puedan estar presentando. A pesar de las críticas que resuenan una y otra vez, la salud pública en Colombia es mucho mejor que la de muchos países, incluyendo los altamente desarrollados.

Ahora a la propuesta de restructuración se le suma la necesidad de un incremento del presupuesto no solo por las carencias que han persistido con el tiempo y han generado barreras en el acceso, sino también por las causas macroeconómicas que están generando consecuencias sobre el sector. Varios análisis muestran cómo el efecto de la devaluación del peso puede ser absorbido por el Índice de Precios del Consumidor (IPC), lo que presionará aún más su incremento para este trimestre del año. Esto es relevante para el sistema de salud, debido a que el incremento de la Unidad de Pago por Capitación (UPC) es más sensible a las fluctuaciones del IPC. En definitiva, se crea una especie de reacción en cadena: la devaluación del peso colombiano hace que desde el sector salud se requiera más aumento del IPC y este, a su vez, obliga a que el presupuesto deba ser más alto para cubrir los nuevos precios de los medicamentos y tecnologías en salud, tanto nacionales como importadas.


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