MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 269 FEBRERO DEL AÑO 2021 ISNN 0124-4388
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Como nunca en la historia reciente, un producto farmacéutico ha renovado la discusión sobre el acceso a los medicamentos como un bien que debe tener una categoría especial por fuera de las leyes del mercado debido a su vinculación directa con la vida y la salud.
Desde el momento en que se anunció por parte de varios laboratorios la disponibilidad de una vacuna contra la Covid-19, se desató una carrera por su adquisición encabezada por las naciones más poderosas del mundo. El primero en la carrera fue Estados Unidos, que al no ser partícipe del acuerdo de voluntades denominado Covax, su entonces presidente Donald Trump anunció la compra de varios cientos de millones de dosis, acto que impulsó que la comunidad europea respondiera un día después con la misma estrategia. Aunque los llamados a la solidaridad mundial por parte de la ONU y la OMS han sido repetitivos, hasta ahora la primer opción para inmunizar a las poblaciones se ha visto mediado por la capacidad económica y el poder de negociación de los gobiernos.
Según Bloomberg, los contratos suscritos con las farmacéuticas le permitirían a Canadá vacunar hasta cinco veces a toda su población, el Reino Unido, tres veces y Estados Unidos, 1.7, mientras que Latinoamérica y el Caribe apenas inmunizarían a menos de la mitad de sus habitantes. Sobre esta situación y las condiciones actuales de la vacuna contra la Covid-19 conversó EL PULSO con el doctor Germán Velásquez, una de las autoridades mundiales en el tema.
La aceleración es una moneda que tiene dos caras, lo positivo es que debido a una movilización de fondos públicos sin precedentes y que fueron trasladados a la industria privada, se lograron acelerar muchos pasos que de otra forma hubieran tardado años, y esto es bastante positivo en una pandemia y una crisis como la que estamos viviendo. La cara complicada porque trae interrogantes frente a los cuales no hay respuesta. Existen algunas pistas de que probablemente tendríamos que vacunar cada seis meses, y a mi juicio cuando uno habla de un tratamiento cada 6 meses no se tendría el derecho de llamarse vacuna, ya que esta implica tener una inmunidad de años y ahí tenemos un problema grave en cuanto a la incertidumbre. Por ejemplo lo que pregunta todo el mundo es si cuando una persona se vacune deberá seguirse colocando la mascarilla? La respuesta es sí porque lo único que sabemos es que la dará la enfermedad de manera más benigna pero no sabemos si va a seguir siendo contagioso, entonces el contagio no está solucionado”.
“En cuanto a la calidad no sé hasta qué punto las autoridades regulatorias se están moviendo con criterios rigurosamente científicos, solo para dar un dato me parece que hay una incoherencia que Inglaterra esté vacunando con la vacuna de Astrazeneca y la UE que era la misma agencia hasta hace mes y medio, aún no la ha avalado y un dato de Astrazeneca, el director de la OMS hizo un llamado pidiendo tener acceso a todos sus estudios científicos y eso asusta porque quiere decir que la OMS no tiene los resultados de los ensayos clínicos de esta vacuna. Estas cosas no deberían estar sucediendo”.
¿Cómo ve los planes de vacunación y los criterios de priorización que se vienen promoviendo en todo el mundo?
Acá hay algo demasiado importante que se ha dejado al margen, porque todos los criterios que ha emitido la OMS y demás organizaciones, y que han aceptado los países, se basan en una decisión muy clásica, y teórica, la tercera edad, comorbilidades, etc., pero están olvidando un elemento que no es nuevo, y es que cuando uno es pobre y está desnutrido, se muere más fácil que quien está bien nutrido y tiene acceso a un hospital. En Madrid o Londres no es en los barrios ricos, que tienen espacios para mantener las distancias sociales o sentarse a la mesa, de donde salen los muertos, muy distinto donde viven los migrantes, un espacio de 6 metros donde conviven 10 personas, y habría que pensar que esas personas en otras categorías sociales son más vulnerables que quienes tengan 80 años pero viven en buenas condiciones, o un diabético controlado que se hace su diálisis y vive solo en un apartamento, frente a otro que tiene que salir a trabajar obligado, y este es un componente que la OMS ni siquiera ha sugerido y creo que la categoría social debe ser fundamental para establecer una primera línea de vacunación, quien tiene una comorbilidad controlada es menos vulnerable que quien también la tiene pero tiene que salir a trabajar y no se puede aislar. Ese es un criterio que sería fundamental si estamos hablando en términos de salud pública y parar la transmisión, porque quienes la están transmitiendo y los que están enfermando y muriendo son las personas de esas clases sociales.
Eso es totalmente cierto. Hace unos días en Alemania en algunas regiones se acabaron las jeringas y esto muestra que se requiere una gran logística coordinada más allá de la cadena de frío; si se piensa en las condiciones de los países en desarrollo creo que la vacuna de Pfizer y de Moderna, no van a tener fácil manejo, ni tendría sentido adquirirlas por las dificultades que genera una geografía tan compleja como la de Colombia. Creo que debemos pensar que el tratamiento pueda ser más fácil y coherente, y si los efectos de la vacuna no son a largo plazo no estaríamos hablando sino de una ola comercial. Y es que todos los discursos sobre la vacuna, liderados por la industria, ellas mismas salen a decir su eficacia cuando quien debería decirlo es la autoridad sanitaria y no un gerente comercial que tiene como principal objetivo subir las acciones. Lo que se necesita es que estas estrategias surjan de las autoridades sanitarias y el lucro caiga a un segundo término y no estar pendientes de los anuncios de la industria para aplaudirlos.
Colombia no es la excepción y está haciendo exactamente lo mismo que los demás, haciendo anuncios sobre los que no tienen la certeza, para anunciar 120 mil vacunados por día antes se debe tener la certeza de que esas 120 mil van a estar disponibles, y las autoridades no deben tener esa certeza y menos cuando le van a llegar. Las industrias se comprometieron, pero si la cuota que iba para Colombia las pide un país como Alemania, con seguridad que no llegarán a Colombia, eso es lo que está pasando con los compromisos del Covax, pero además, Colombia también violó el Covax puesto que hicieron compromiso para compras bilaterales y eso muestra que en el país se está manejando el tema de forma más política que sanitaria.
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