MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 265 OCTUBRE DEL AÑO 2020 ISNN 0124-4388 elpulso@sanvicentefundacion.com icono facebook icono twitter

La salud mental: una prioridad en la pos pandemia

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El diez de octubre de cada año, por recomendación de la Organización Mundial de la Salud, se dedica a nivel mundial a celebrar el día de la salud mental, y en este 2020, un año atípico por la emergencia generada por la Covid-19, el tema amerita una reflexión especial en la medida que este es uno de los efectos secundarios de la enfermedad que debería ser durante los próximos meses, centro de atención de los sistemas sanitarios.

Y las causas para que la afectación sea entendible son varias. La pandemia tomó por sorpresa a todo el planeta incluyendo quienes en teoría deberían haber estado preparados, las autoridades sanitarias globales y locales, lo que se tradujo de inmediato en dos sentimientos que pueden ser contradictorios pero igual de perjudiciales, angustia en millones de personas por la incertidumbre frente al futuro cercano, e incredulidad entre quienes pensaron, y que aún muchos piensan, que los anuncios eran en realidad alarmismo injustificado o incluso el fruto de alguna conspiración. En ambos casos, las reacciones comportamentales se vieron modificadas de manera abrupta con consecuencias tal vez diferentes pero disruptivas para el funcionamiento mental.

La Covid-19 también ha producido depresión en miles de personas con un aumento, que empieza a medirse en algunos estudios, de ideaciones suicidas, altos niveles de estrés, y sentimientos de culpa asociados a la responsabilidad de no contagiar a otras personas, y a lo que se debe sumar la perdida de la posibilidad de socializar causada por los confinamientos y cuarentenas, la disminución radical de las actividades al aire libre, el alejamiento de los entornos familiares, e incluso el aumento de los niveles de violencia intrafamiliar, todos elementos ideales para armar bombas de tiempo para la salud mental.

Estas afectaciones se han trasladado a la sociedad. Estamos viviendo en ciudades estresadas y angustiadas donde las dinámicas de interacción se han modificado, donde la vitalidad urbana se ha cambiado por la desconfianza frente al otro o el mismo entorno, y si bien no se puede generalizar pensando que esta sensación es compartida por todos, si lo es por muchos, y algunos efectos se prolongarán en el tiempo, como los traumas producidos por la quiebra de negocios, la pérdida del sustento diario, y la muerte de personas cercanas.

Estos efectos de la pandemia se extienden a toda la sociedad pero tienen un agravante en el personal que trabaja en el sector salud, considerado desde el principio como la primera línea contra la Covid-19.

Estudios realizados en Colombia como el de la universidad CES o el de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Antioquia, muestran que en el caso del talento humano en salud se deben sumar otras condiciones como el estrés postraumático ocasionado por la presencia permanente de la muerte de pacientes, la estigmatización social que de manera absurda hace pasar de héroes públicos a villanos en el microcosmos a quienes tratan de salvar vidas, el temor constante de estar de frente a la posibilidad de contagio y su probable transmisión a la familia, son variables que agudizan la intranquilidad del personal de la salud y por ende redundan en su bienestar y en la disposición para prestar la mejor atención.

Ante este panorama es el momento preciso para planificar el mejoramiento del componente de atención, prevención y promoción de la salud mental en el sistema de salud. Durante años este subsector no ha recibido la atención suficiente, y si bien en Colombia se cuenta con normatividad sobre el tema, es también claro que subsisten problemas como las barreras de acceso, dificultades para el diagnóstico oportuno, falencias en la continuidad y extensión de los tratamientos.

La primera estrategia contra la Covid-19 se implementó y los resultados se evaluaran con el tiempo, es el momento entonces de comenzar a fortalecer y planificar cómo enfrentar las secuelas y en esta tarea abordar de manera amplia la salud mental de la población, debe ser una prioridad.


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