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Mensaje
del Presidente de la República de Colombia, Juan Manuel
Santos, en los 100 años del Hospital Universitario
de San Vicente Fundación |
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Medellín,
17 de mayo de 2013
Aunque no he podido estar con ustedes el día de hoy,
como era mi deseo, quiero expresarles a través de
este mensaje la sincera admiración y honda gratitud
que siento y sentimos todos sus compatriotas por este siglo
de actividades en beneficio de los colombianos.
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De
no ser por la visión emprendedora y el espíritu
solidario de Don Alejandro Echavarría Isaza y un grupo
de líderes antioqueños, no habríamos
llegado hasta aquí. Ellos hicieron posible que existiera
la que es hoy la institución privada de salud con más
años en el país.
Pero no es solamente su antigüedad la que es de resaltar.
Están también su trabajo invaluable por los
más necesitados, sus avances médicos, científicos
y tecnológicos, y su excelente modelo de gestión.
Los hechos hablan por sí solos. Ustedes anualmente
subsidian en $5.000 millones de pesos a cerca de 30.000 personas
que no. tienen cómo pagar la atención hospitalaria,
una muestra de que ese compromiso social que asumieron en
1913 sigue creciendo.
Además, han sido pioneros en Colombia en trasplantes
de órganos, en cirugías de corazón abierto,
en auto-transfusiones y en injertos e implantes. La comunidad
médica y científica reconoce su aporte positivo
a las nuevas técnicas quirúrgicas en el país. |
Presidente de la República de Colombia,
Juan Manuel Santos
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Nada
de esto hubiera sido posible sin una solidez financiera y
administrativa, resultado de una administración eficiente
y capaz. Sea la oportunidad para enviar un saludo especial
al doctor Julio Ernesto Toro, director general del Hospital
Universitario de San Vicente Fundación, y agradecerle,
a él y a los demás directivos, su dedicado empeño
en la búsqueda continua de la excelencia.
Apreciados amigos:
es sabido que alguna vez en la vida, todos, absolutamente
todos, seremos pacientes. Por eso es tan importante que reconozcamos
el admirable trabajo de los médicos, enfermeros y demás
profesionales de la salud; que lo exaltemos y lo premiemos,
porque son ellos quienes velan por los enfermos día
tras día.
Felicitaciones por estos cien años de liderazgo en
materia de salud, por su apoyo incondicional a la comunidad,
por su misión.
Les agradezco, de corazón, por contribuir con generosidad
y solidaridad a la construcción de ese país
más justo y más moderno en el que queremos vivir. |
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Juan Manuel Santos
Presidente de la República de Colombia
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| Reflexión
del mes |
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| Solía
ser médico
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Solía
ser médico.
Ahora soy prestador de salud.
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Solía
practicar la medicina.
Ahora trabajo en un sistema gerenciado de salud.
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Solía
tener pacientes.
Ahora tengo una lista de clientes.
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Solía
diagnosticar.
Ahora me aprueban una consulta por vez.
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Solía
efectuar tratamientos.
Ahora espero autorización para proveer servicios.
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Solía
tener una práctica exitosa colmada de pacientes.
Ahora estoy repleto de papeles.
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Solía
emplear mi tiempo para escuchar a mis pacientes.
Ahora debo utilizarlo para justificarme ante los auditores.
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Solía
tener sentimientos.
Ahora solo tengo funciones.
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Solía
ser médico.
Ahora no sé lo que soy
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| Salomón
Schächter (1936, Argentina). Médico y profesor
universitario. Decano de la Facultad de Medicina (UBA, 1998-2000),
director de Residencia en Traumatología de los hospitales
Alvear, Fernández y Clínicas. Fundador de la
Escuela Superior de Educación a distancia de Cirugía
Ortopédica, Reparadora y Traumatológica. Autor
de 3 libros. Miembro de más de 40 sociedades científicas
nacionales e internacionales, y Facultades de Medicina. Distinguido
con los títulos Maestro de la Medicina Argentina (1998),
Cirujano Maestro de Ortopedia y Traumatología, y Médico
del Año (2001). Con coraje denuncia lo que actualmente
ocurre con la práctica médica deficiente, especialmente
en países en vía de desarrollo como Argentina
(similar a lo que ocurre en Colombia
).
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El
Hospital cumple 100 años
Reminiscencias
Bernardo
Ochoa Arismendy, MD |
¡El centenario de la fundación
de nuestro Hospital San Vicente aviva en mi memoria tantos
recuerdos! No somos muchos los que alcanzamos a entrar en
contacto con la querida institución antes del medio
siglo pasado. Aunque apenas iniciábamos estudios médicos,
nos dábamos el gusto de pasearnos por su avenida central
con el saco blanco que nos garantizaba que alguien nos iba
a llamar doctor.
Como médico a su servicio durante 65 años, recorrí
infinidad de veces sus avenidas y plazoletas, atendí
sus consultorios, trabajé en sus salas de hospitalización,
sus quirófanos y aulas. |
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Cuando regresé
de mis estudios en el exterior saqué de un sótano
el desvencijado escritorio que me remodelaron los carpinteros
para iniciar mi trabajo en el corredor. En otro sótano
me encontraría la mesa de cirugía que nos hacía
falta en el Hospital Infantil y que el inolvidable maestro
Alfredo reparó en su taller del sótano de cirugía.
Aquellos eran tiempos de gran estrechez económica que
el Hospital trataba de sortear en la mejor forma posible,
con la ayuda consciente de sus médicos. ¿Cuántos
recordarán hoy aquel termómetro enorme instalado
frente al teatro Junín que mostraba el nivel de la
colecta que se hacía en pro del Hospital?
Los recuerdos van mucho más allá de la estructura
arquitectónica del Hospital y de los episodios que
dan cuenta de las angustias económicas, y llegan a
confundirse con la propia esencia histórica de la Institución.
Terminados mis estudios médicos, y cumplido el servicio
social obligatorio en una población, regresé
al Hospital y en él me quedé para siempre en
cuerpo y alma. Estábamos ya en 1955 cuando asumí
responsabilidades en el Departamento de Cirugía y desde
entonces, esta relación entre los dos se hizo más
íntima y no tuvo solución de continuidad, ni
aún después de mi retiro pensional que para
nada afectó el vínculo afectivo que de cuando
en vez resalto y reanimo con una esquela o con un escrito.
Fue en los años 50 cuando tuve una palomita como subdirector,
cargo al cual me llevó Hernando Vélez Rojas,
encargado de la dirección en ese entonces.
A mediados del siglo pasado, el Hospital y la Facultad de
Medicina de la Universidad de Antioquia se preparaban para
poner en práctica la decisión tomada en 1948
por el decano, Braulio Henao Mejía y su Consejo Académico,
de cambiar el sistema de educación médica vigente
entonces, por el utilizado en Norteamérica. Y fue nuestro
grupo de estudiantes el que empezó a vivir aquella
transición impulsada definitivamente por el decano
Dr. Ignacio Vélez Escobar, miembro también de
la Junta del Hospital, que desde su fundación aceptó
sumar a su misión asistencial la de la formación
de los médicos. |
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En la segunda mitad
del siglo XX,
el Hospital empezó
a prestar servicios especializados,
como Anestesia, Neurocirugía, Ortopedia,
Cirugía Plástica;
Cirugía y Urología Pediátrica,
y un Servicio para niños
Quemados; y en Medicina Interna, Nefrología.
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En aquellos años
50, las salas del Hospital tenían gran actividad en
horas de la mañana cuando profesores y estudiantes
se hacían presentes desde las 7 para la clase magistral;
luego se pasaba la revista a los pacientes y los profesores
se iban a sus consultorios en la ciudad. Al medio día
sólo se advertía en las salas la presencia de
las Hermanas de la Caridad, los internos y algunos estudiantes
que se acercaban para aprender. Solamente Policlínica
y Maternidad se mantenían activas día y noche,
y allí nos refugiábamos algunos estudiantes.
La utilización de exámenes de laboratorio y
radiografías era muy escasa.
El cambio de sistema requería sin embargo algo más
que deseos de hacerlo: se necesitaban profesores que lo conocieran.
Fue entonces cuando la Universidad envió a Estados
Unidos un número de sus docentes jóvenes (entre
los cuales estuvo este servidor), con el propósito
de que se especializaran y se familiarizaran con la metodología
de la enseñanza médica, programa financiado
por Fundaciones como la Kellogg y otras. Este sería
el paso decisivo para que el Hospital diera el gran salto
a la modernidad.
En la medida en que regresamos del exterior armados con nuevos
conocimientos en diferentes especialidades, las salas de hospitalización
empezaron a mostrar una vitalidad no conocida en todos los
Departamentos. El enfermo se convirtió en eje central
de aquel sistema de enseñanza: a su alrededor se movían
docentes, internos, residentes, estudiantes y enfermeras profesionales
recién egresadas de la nueva escuela. Cada uno sabía
cómo hacer su trabajo sin interferir con los otros.
Se introdujo un nuevo modelo de historia clínica que
los estudiantes llenaban rápidamente, mientras internos
y residentes escribían notas de evolución, y
ordenaban exámenes de laboratorio y radiografías.
El internado, antes inestable, se convirtió en parte
integral de los estudios médicos: las residencias se
iniciaron formalmente en 1960. El diagnóstico presuntivo
que entonces se hacía en las consultas o en Policlínica,
se empezó a confirmar con evidencias obtenidas en el
laboratorio, en rayos X y en el estudio de las biopsias. Los
que fallecían eran llevados a la morgue y se les practicaba
la necropsia previa autorización de la familia. Fue
entonces cuando el famoso ojo clínico con
que se calificaban los mejores médicos empezó
a desaparecer en la medida en que el Dr. Correa Henao y sus
CPC (Conferencias de Patología Clínica) fue
demostrando la frecuencia de los errores de diagnóstico
en que podíamos incurrir todos los médicos,
pidiéndonos, sin decirlo, un poco de humildad.
El promedio de estadía de los pacientes empezó
a rebajar vertiginosamente. En las nuevas historias clínicas
el Comité de Historias aceptó mi sugerencia
de incluir hojas de colores: blancas para la evolución,
amarillas para prescripciones, verdes para notas de enfermería,
rosadas para trabajadoras sociales, lo cual facilitaría
su revisión a largo plazo; también se discutió
la utilización del llamado sistema dígito
terminal, que le daría mayor agilidad al manejo
de las mismas. El Hospital se esforzó en darle al archivo
de historias la mayor jerarquía posible. De los docentes
que tuvimos la oportunidad privilegiada de especializarnos
en distintas disciplinas del saber médico en el exterior,
y que al regreso deberíamos trabajar tiempo completo,
algunos nos concentramos en forma exclusiva a nuestro trabajo
en el Hospital. Sólo contábamos con el magro
salario de la Universidad y unas ganas difíciles de
contener de echar para adelante nuestro Hospital. Fue en estos
años que siguieron a la primera mitad del siglo, cuando
el Hospital empezó a llenarse de nuevos servicios especializados,
como Anestesia con Nacianceno Valencia, Neurocirugía
con Ernesto Bustamante y Luis Carlos Posada, Ortopedia con
Hernando Echeverri y Pablo Londoño, Cirugía
Plástica con León Hernández; Cirugía
y Urología Pediátrica, y un Servicio para niños
Quemados con el suscrito; y en Medicina Interna, ya organizada
por William Rojas, Nefrología con Jaime Borrero y Alvaro
Toro. Pronto llegarían más.
Estos cambios se reflejaron rápidamente en la calidad
de la práctica médica y de la medicina, en la
variedad de servicios que el Hospital empezó a ofrecer
a la comunidad que tuvo entonces oportunidades antes no conocidas
para recuperar su salud, y en la calidad del nuevo médico
formado en tal ambiente, incluyendo la presencia de unos nuevos
exponentes de la ciencia: los investigadores científicos.
En la próxima entrega ampliaremos cómo se desarrolló
todo aquello, pero cabe recordar que mientras estos hechos
tan positivos sucedían en nuestro entorno médico,
el mundo se sacudía con la Gran Marcha de Mao Tse Tung
en China; Rusia y Estados Unidos libraban su guerra
fría, Colombia iniciaba una nueva etapa de su
vida revolviéndose en el lodazal de una violencia
política absurda, sin justificación posible;
y Cuba sacudía la imaginación de la juventud
y los políticos latinoamericanos con la entrada de
los barbudos de Fidel Castro a la Habana. Nada de esto sin
embargo alteraba en aquellos años la paz del santuario
en que se había convertido nuestro Hospital Universitario,
donde enfermos, estudiantes y profesores celebrábamos
con alegría la nueva era y no se advertía interés
diferente al de sus inmediatos quehaceres: asistir bien a
los pacientes y enseñar a los estudiantes, y éstos,
estudiar y aprender para ser buenos médicos. Así
llegaríamos al año de 1960. |
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Con EPS mixta de Antioquia
se perpetúan
errores del sistema de salud: ACHC
Redacción
El Pulso
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Como gremio responsable,
como observador del sistema de salud y como un actor importante
de este sistema, debo advertir que al crear una EPS mixta
en Antioquia se perpetúan los errores de dicho sistema.
Así se pronunció el director de la Asociación
Colombiana de Hospitales y Clínicas, Juan Carlos Giraldo
Valencia, respecto de la creación de una EPS en un
momento de incertidumbre sobre el futuro de esta figura.
Y explicó: En un momento político en el
que se discute una reforma, donde uno de los puntos centrales
es el cambio del rol de las EPS, inclusive con una modificación
total, ¿cómo es que están creando una?
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Por lo menos se
debería haber esperado unos cuantos meses, hasta que
se esclarezca ese papel, y entonces ahí sí,
tomar una decisión de fondo. Creo que se tomaron decisiones
'con la cabeza caliente'. Debo advertir que ojalá se
puedan devolver en la oportunidad, lo más pronto posible,
para que lo creado sea algo acorde con lo que se va a aprobar
en la ley de reforma al sistema de salud. Con esa decisión,
en Antioquia se están anticipando y no de una manera
afortunada.
Y agregó: Es preocupante la creación de
una EPS mixta. Los entes territoriales que dan esos saltos,
deberían mostrar qué es lo que se busca construir:
¿se busca fortalecer el concepto de 'lo público',
incluido lo que es un servicio público y esencial como
la salud? ¿O se busca preservar algunos componentes
empresariales de otro tipo? Creemos que por lo menos desde
la denominación, el tema de una EPS mixta no debería
funcionar, sino que debería más bien pensarse
que un consorcio entre Antioquia y Medellín, podría
ser una prueba piloto muy importante para los 'Administradores
Regulados' o los 'Gestores de Salud', pero debe ser algo público,
conservar esa naturaleza de público . |
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Bioética
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Si
escuchamos o leemos las noticias con algún sentido de
reflexión sobre lo que el diario vivir aporta a la seguridad
y la solidaridad como ciudadanos, tenemos que concluir muy a
pesar nuestro que las autoridades encargadas de defender y custodiar
nuestras vidas y nuestros bienes son incapaces de cumplir su
delicada misión o, peor aún, son complacientes,
verdaderamente cómplices del acrecentamiento de asesinatos,
robos, asaltos, etc., que día a día nos azotan
con ímpetu mayor. Ya no hay lugar seguro ni dentro ni
fuera del hogar, ni de noche ni de día. |
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Esta criminalidad, al parecer imparable, es la consecuencia
del olvido cultural, consciente o no, del valor intrínseco
del ser humano, aclamado desde altas esferas del Estado cuando
proclaman como lícitos el aborto provocado, la eutanasia,
las prebendas concedidas a criminales confesos, etc.
Más aún, nuestros legisladores y penalistas
deben saber que los grandes criminales, los capos, están
corrompiendo a la juventud porque debido a la impunidad casi
total de que gozan los menores de 18 años y las necesidades
que muchos de ellos padecen, les pagan buena cantidad de dinero
-según comentarios de prensa- para que cometan el crimen
del cual los primeros beneficiados son dichos capos, pero
el menor tiene ya en su haber un delito, ya ha dado el primer
paso en el camino de la criminalidad y es víctima para
que lo obliguen a muchos más bajo amenaza de extorsión.
La pena legal por un crimen debe considerar no sólo
la edad de quien lo comente sino, y especialmente, la malicia
y la gravedad del delito. Si quien lo comete es un menor de
edad pero su falta tiene las características antes
anotadas, debe pagar una pena similar a la del adulto, obviamente
en reformatorios que ofrezcan verdaderas modalidades de educación.
Recordemos: ninguna ley humana puede convertir en aceptable
lo que es éticamente reprobable por su esencia.
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| NOTA:
Esta sección es un aporte del Centro Colombiano de Bioética
-Cecolbe-. |
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Maestro, ¿qué es eterno?
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El
ciclismo colombiano, pequeño saltamontes. Acuérdate
de Ramón Hoyos, el que ganó cinco vueltas a
Colombia en bicicleta a punta de panela (el dopping de ese
tiempo), de Rubén Darío Gómez El
tigrillo de Pereira, Pajarito Buitrago, Hernán
Medina Calderón, Álvaro Pachón, Rafael
Antonio Niño, del campeón mundial Cochise Rodríguez,
del Ñatico Suárez, de Lucho Herrera que ganó
la Vuelta a España, Santiago Botero y ahora en el Giro
de Italia Rigoberto Urán quedó sucampeón,
Carlos Betancur de quinto y campeón novato, y Sergio
Luis Henao de 16. Los colombianos son capaces de escalar hasta
las sagradas cumbres del Himalaya.
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