 |
|
|
 |
|
El ciudadano,
eterno caminante hacia la paz
Hernando
Guzmán Paniagua Periodista - elpulso@elhospital.org.co
|
|
Ágora, plaza pública
en las polis griegas, antiguas ciudades-Estado
|
Era
el año 68 después de Cristo. Después de
permanecer arrestados juntos San Pedro y San Pablo durante un
año, Nerón ordenó matarlos. Pedro fue crucificado,
como su maestro, pero Pablo reclamó ser decapitado y
no clavado en cruz como un judío cualquiera, alegando
su condición de ciudadano romano. ¡Y pensar que
muchos miles de años después, la igualdad ante
la ley y las prerrogativas ciudadanas no garantizan per se el
derecho a la vida y su disfrute con dignidad!
Hoy como ayer, en la polis griega, en la civitas romana, bajo
La Ilustración, bajo la Revolución Francesa, con
participación comunitaria o con ciudadanía global,
ser ciudadano debe significar, ante todo, el derecho y el deber
de ser hombre o mujer en plenitud y de habitar el mundo con
dignidad. |
Pocas palabras como
ciudadano han hecho correr ríos de tinta
tan caudalosos a lo largo de la historia. Hoy, cuando todo el
mundo reconoce la necesidad de construir ciudadanía,
dentro de los caminos de la paz y del progreso, todavía
se discute qué es eso que llaman ciudadano.
¿Qué es un ciudadano?
El término ciudadano no puede provenir
sino de ciudad, que originalmente era la unidad política
básica. El pensador español Fernando Savater,
en Diccionario del ciudadano sin miedo a saber,
compara el sentido de ciudadanía entre los antiguos griegos
y romanos: para éstos, el ser ciudadano otorgaba ciertos
derechos, pero no la posibilidad de participar en el gobierno
-reservada a los patricios-, mientras que la ciudadanía
griega implicaba la injerencia en la toma de decisiones políticas.
Así, quien no participaba era considerado un idiota,
incapaz de entender su condición social como forma de
la libertad.
|
| Savater expresa
al respecto: El ciudadano favorito de las autoridades
es el 'idiota', o sea, quien anuncia con fatuidad: 'Yo no me
meto en política'. ¡Como si eso fuera posible,
como si uno pudiera vivir en una sociedad política desentendido
de esa actividad, como si renunciar a la política no
fuese también una actitud política y por cierto
de las peores, porque cede a otros la capacidad de tomar decisiones
sobre lo que antes o después va a afectarnos!.
|
Declaración Derechos del Hombre
y del Ciudadano, Revolución Francesa, 1789, inspiradora
de declaraciones posteriores.
|
|
Para los griegos, quien
no participaba era considerado
un idiota, incapaz de
entender su condición social
como forma de la libertad.
Savater dice: El ciudadano
favorito de las autoridades
es el 'idiota', quien anuncia
con fatuidad: 'Yo no me
meto en política'. ¡Como si
eso fuera posible!.
|
Las mujeres en la
Grecia Antigua ningún derecho tenían a participar
en la vida política; en tanto, los remeros de los trirremes,
barcos atenienses de remo, reclamaban sus derechos políticos
por participar en la defensa de la polis. No existe
la noción de ciudadano en la Edad Media, cuando la ciudad
giraba en torno del castillo del Señor Feudal, y sus
habitantes no se veían como ciudadanos sino
como siervos cuyos derechos siempre fueron letra muerta. Al
cimentarse la unidad política en el Estado moderno, los
hombres derivan su condición de ciudadanos en relación
con el ente estatal.
La Revolución Norteamericana de 1776 sacude el dominio
imperialista inglés (así fuese reemplazado por
uno peor varios siglos después), y es hito fundacional
de las guerras de liberación y de naciones soberanas
en el sentido político. Su Constitución, la primera
democrática de América, en 1787 postula de entrada:
Que todos los hombres han sido creados iguales y
que entre sus derechos intangibles
se cuentan la
vida, la libertad y la aspiración a la felicidad,
semillas de ciudadanía, sin duda. Y la Revolución
Francesa de 1789, consolidó a sangre y fuego la noción
clásica de ciudadano propia de la democracia liberal
bajo las consignas de Liberté, égalité,
fraternité ou la mort.
|
Constitución norteamericana
de 1787, adoptada en nombre de Nosotros el pueblo.
| Para Elizabeth
Jelin (Igualdad y diferencia), la adquisición
de una conciencia de ciudadanía va acorde con la politización
del individuo, y el sentirse con derecho a estar en la esfera
pública, forma parte de la construcción de una
dimensión de la ciudadanía; su contra-cara es
la exclusión.
El colombiano Luis Jorge Garay Salamanca, en Ciudadanía.
Lo público. Democracia, reseña por boca
de Banhabib tres corrientes principales del pensamiento político
occidental sobre el espacio público, como ámbito
de ciudadanía:
|
|
Primera, la visión
de la virtud cívica o republicana, con Hannah Arendt
como referente básico; para ella, sólo es posible
asumir la condición de ciudadano como hombre público
en presencia de otros. En La condición humana,
Arendt plantea que todo ciudadano pertenece a dos órdenes
de existencia, distinguiendo lo suyo de lo comunal, y la esfera
pública presupone una pluralidad de individuos
desiguales por naturaleza, que son, sin embargo, construidos
como iguales políticamente.
Segunda: la tradición liberal, en particular con los
seguidores de Kant que plantean un orden justo y estable,
el modelo legalista del espacio público. Y finalmente
el modelo de Jürgen Habermas, el espacio discursivo
público, amén de otras corrientes que
son variantes de las anteriores.
|
| |
 |
|
El ciudadano, convidado
de piedra
|
|
Savater
menciona dos formas de falsear la
libertad ciudadana: ser consumidor en vez de
ciudadano, con compradores desiguales por
capacidad adquisitiva; y ser feligrés,
anteponiendo la devoción a la secta o partido, a
la reflexión racional sobre la cosa pública.
|
Jürgen
Habermas, inscrito en la llamada Escuela de Francfort
y afín al discurso de Hannah Arendt, liga su concepto
de espacio público discursivo al ámbito
de la sociedad civil. Señala que las esferas pública
y privada se permean mutuamente, y en el ejercicio del poder
concurren la administración pública, las burocracias
privadas, asociaciones de intereses y partidos. Dice: El
público como tal es incluido sólo esporádicamente
en este circuito del poder. Y aún cuando es consultado,
es únicamente para su aclamación (La transformación
estructural de la esfera pública).
Aparte, Fernando Savater menciona dos formas de falsear la libertad
ciudadana: ser consumidor en vez de ciudadano, siendo los compradores
desiguales por su capacidad adquisitiva; y ser feligrés,
miembro de una iglesia, anteponiendo la devoción a la
secta o partido, a la reflexión racional sobre la cosa
pública.
La disyuntiva Ciudadano vs. Consumidor la analizan diversos
teóricos. Dice el filósofo ibérico: En
una palabra, el ciudadano es el sujeto de la libertad política
y de la responsabilidad que implica su ejercicio. En la ciudadanía
son los ciudadanos quienes sustentan el sentido político
de la comunidad, y no al revés. |
| |
| |
|
|
El ciudadano de hoy, un protagonista
|
Un ciudadano
global es consciente de la amplitud del mundo y tiene
un sentido de su propio papel como ciudadano del mundo, respeta
la diversidad y desea actuar para hacer del mundo un lugar más
equitativo y sostenible.
Flor A. Cabrera |
| No es lo mismo
ser ciudadano en sociedades de la opulencia como la sueca, la
noruega, el principado de Mónaco o los Emiratos Árabes,
que en las sociedades famélicas del África ecuatorial
o en Colombia, desangrada por el conflicto armado y social.
|
| En todos los casos,
el ciudadano reclama cada día mayor protagonismo y la
conceptualización actual sobre la ciudadanía implica
la participación social. No el filósofo,
los ciudadanos han de tener la última palabra,
dice Jürgen Habermas. En un mundo donde todos los hombres
necesitan vivir en armonía con los demás y consigo
mismos, la paz sigue siendo un imperativo moral,
como decía Kant.
|
|
Es casi una
burla para una población
decir que todos los ciudadanos son iguales
ante la ley, si no lo son ante la vida.
Estanislao Zuleta
|
| En nuestro caso, según
el señalamiento de Luis Jorge Garay Salamanca, el
conflicto social que afronta Colombia es fundamental mente el
de la construcción de sociedad y no meramente el de negociación
de conflictos parciales (Ciudadanía. Lo público.
Democracia). Dice que nuestra crisis se define por subordinación
de lo público a lo privado, pérdida de la convivencia
ciudadana, conflicto armado, ilegalidad en diversos ámbitos
y narcotráfico, y las soluciones son profundas: respeto
a los derechos humanos, plena vigencia de la ley, aplicación
recta de la justicia y preponderancia del bien común
sobre el privado.
|
Guillermo Hoyos
Vásquez asevera en el prólogo de ese libro :
Antes
se hablaba del robo de Caldas o del Atlántico, ayer se
estaban robando la Cámara de Representantes, los puertos,
la banca, la seguridad social de los colombianos, sus ahorros
pero
no parece que todos se percaten de que el origen de toda esta
corrupción es el deterioro del tejido social, la perversión
del Estado, la insensibilidad manifiesta en las diversas violencias,
el amiguismo excluyente y la inmoralidad en la política,
todo aquello que permite apropiarse de lo público, sin
que el ciudadano proteste.
Necesitamos menos ciudadanos idiotas a la manera
griega y más ciudadanos activos, conscientes y tolerantes,
menos chauvinistas y xenófobos, y más ciudadanos
globales. Savater define la tolerancia como la disposición
cívica a convivir armoniosamente con personas de creencias
diferentes y aún opuestas a las nuestras, así
como con hábitos sociales o costumbres que no compartimos.
|
|
| En un mundo donde
se borran cada día las fronteras, la ciudadanía
global cobra vigencia. Karen O' Shea, en el Glosario
de términos de la educación para la ciudadanía
democrática (Organización de Estados Iberoamericanos
-OEI- 2003), dice que el concepto de comunidad trasciende la
noción de «Estado-Nación» y engloba
los marcos local, nacional, regional e internacional.
|
|
El concepto de comunidad
trasciende la noción de «Estado-Nación»
y engloba los marcos local, nacional,
regional e internacional.
Karen O Shea
|
|
La ensayista Flor A. Cabrera
Rodríguez, en su ensayo Hacia una nueva concepción
de la ciudadanía en una sociedad multicultural,
propugna por un ciudadano global, como quien es consciente
de la amplitud del mundo y tiene un sentido de su propio papel
como ciudadano del mundo, respeta la diversidad y desea actuar
para hacer del mundo un lugar más equitativo y sostenible.
Ante la xenofobia neonazi, Savater expresa: ¿Cómo
debemos recibir hoy a los emigrantes? Como a semejantes que
nos hacen el inmenso favor de recordarnos en qué consiste
nuestra humanidad. (
) Nacer es siempre llegar a un país
extranjero.
El mundo reclama ciudadanos respetuosos de la ley pero celosos
de sus derechos sociales; además del derecho, es necesaria
la posibilidad, decía Carlos Marx. Más de 25
siglos después de caer el imperio romano, no puede
el hombre tolerar la persistencia de privilegios absurdos,
ni permitir que haya eternos plebeyos, ni algún dictator
perpetuus.
Como ciudadano del universo o como simple habitante de su
ciudad, el hombre de hoy clama con Estanislao Zuleta en su
ensayo Democracia y participación en Colombia: Es
casi una burla para una población decir que todos los
ciudadanos son iguales ante la ley, si no lo son ante la vida.
|
| |
|
|
Ocioso
lector
|
|
|
La ciudadanía
en la literatura
|
Mario Vargas Llosa,
premio Nobel de Literatura 2011, apuntó certeramente
a la nueva Ilustración que representa la
literatura como pedagogía ciudadana, cuando dijo que
un ser impregnado de literatura es un ciudadano crítico
del mundo en el que vive, un ciudadano mucho más difícil
de manipular, de engañar que un lector que no ha pasado
por aquella experiencia enriquecedora de la sensibilidad y la
imaginación a través de la literatura.
Son innumerables los testimonios literarios que recrean el nacimiento
del ciudadano. Para poner un solo ejemplo, Historia de
dos ciudades de Charles Dickens, la clásica novela
de la Revolución Francesa, retrata la endeble noción
de ciudadanía de la sociedad victoriana con su injusta
justicia y su nula asistencia social; el autor desprecia a los
políticos, subraya el protagonismo histórico de
las masas populares y la génesis dolorosa del ciudadano
moderno.
|
Repudia a la vez a
una aristocracia causante de su propia desgracia por su prepotencia
y crueldad, y la barbarie mostrada por la violencia revolucionaria.
Y parte considerable de la novelística del Boom
traduce el devenir ciudadano de Latinoamérica, su heterogeneidad
cultural, la simbiosis de lo moderno y lo primitivo, el conflicto
campo-ciudad, el desarraigo, la marginalidad y todas las violencias,
pero también el progreso material y espiritual: Los
pasos perdidos, de Alejo Carpentier, Cien años
de soledad, de García Márquez, La
Habana para un infante difunto de Cabrera Infante, La
ciudad y los perros de Vargas Llosa, Rayuela
de Cortázar, Días de ceniza de Garmendia.
Los valores libertarios en el entorno de violencia, rock and
roll, alucinógenos y amoríos juveniles en Que
viva la música de Andrés Caicedo, la creciente
conflictividad urbana en Benedetti; y la puesta en escena de
un citadino en espacios urbanos desacralizados, en autores como
Mutis, Sarduy o Puig, entre muchas expresiones, delinean la
imagen del nuevo ciudadano latinoamericano.
|
| |
 |
|
|
|
 |
|
|
|